martes, 6 de noviembre de 2012

¿ES LA GUERRA ALGO PROPIO DE LA NATURALEZA DEL HOMBRE? El hombre lleva combatiendo con su semejante desde que es tal, como demuestran pinturas rupestres de hace unos 6000 años, aunque seguro que muchos milenios antes los vecinos ya se daban de porrazos

La guerra se representó en las pinturas rupestres; en esta de Castellón,
 España, hay batalla con arcos y flechas y cuerpo a cuerpo

“¿Pero quién inventó las guerras?”, preguntó con ingenuidad infantil un niño de menos de diez años al contemplar un documental sobre las guerras olvidadas de África. Curiosamente, la guerra es la única actividad humana que ha sido una constante prácticamente desde que el hombre es homo sapiens sapiens (dejando aparte, claro está, las necesidades y tareas básicas). La actividad bélica es anterior incluso a conceptos tan humanos y generadores de gresca como el de la propiedad, puesto que ésta no aparece hasta el Neolítico (en torno a los 8.000 años antes de Cristo), que es cuando surgen la agricultura y la ganadería, o sea, cuando el hombre empieza a poseer tierras y animales; hasta ese momento sus propiedades eran sus armas y herramientas, sus adornos y vestidos, cosas que despertarían escasa o nula codicia. Pero el enfrentamiento violento, con total seguridad, es anterior, es decir, el hombre ya luchaba muchos milenios antes de que apareciera la propiedad. Las razones primarias de la pelea, por tanto, han de ser otras; tal vez por dominio de territorio, tal vez con el fin de raptar mujeres… Sea como sea, seguramente el enfrentamiento violento no ha cesado desde que el hombre actual apareció en África hará algo más de 100.000 años.  
  
Existen escenas de combate entre guerreros prehistóricos que demuestran que la gente ya se zurraba entre sí hace alrededor de 6.000 años; concretamente, en los abrigos rocosos de Castellón (El Cingle de la Gasulla) aquellos hombres representaron escenas de batalla tremendamente ilustrativas, cargadas de movimiento y dinamismo y que exhiben gran violencia; los dibujos muestran pelea  tanto con arcos como cuerpo a cuerpo (tal vez se trate de la representación de lucha más antigua, y además, una de las más viejas imágenes donde los hombres aparecen armados con arcos y flechas). En fin, que la guerra ya era una tarea a la que los mediterráneos del epipaleolítico dedicaban mucho tiempo y esfuerzo.

Por otro lado, el historiador inglés Keith Lowe ha publicado un apasionante libro titulado ‘Continente salvaje’, en el que explica cómo la violencia extrema de la II Guerra Mundial se prolongó hasta muchos años después de 1945. Asimismo, este autor demuestra que la crueldad con el semejante se retroalimenta: la agresión se hizo algo cotidiano y habitual en Europa durante dicha contienda, de modo que esa asimilación de la crueldad y el ensañamiento no terminó con el armisticio, sino que los europeos habían interiorizado tanto la hostilidad con el prójimo, que durante muchos años después se siguieron produciendo abundantes y terribles casos de masacres y ejecuciones, palizas mortales, violaciones en masa, linchamientos públicos…, todo con el conocimiento y consentimiento de las autoridades y en época teóricamente de paz.

La guerra, la violencia entre personas parece consustancial al hombre; tal vez anteriores especies de homo (neandertal, erectus, antecesor, heidelbergensis…), se masacraran a la mínima oportunidad, pero en realidad tenían la disculpa de que en ciertos sentidos estaban todavía cerca de la animalidad.

Han pasado muchos años desde aquellas escenas de guerra pintadas en las rocas del levante español, y las personas siguen pegándose por cualquier razón. ¡Quién sabe!, quizá si un día los hombres dejan de pelearse y abandonan el uso de la violencia para conseguir sus fines dejen de ser hombres, acaso sea tan humana como la propia humanidad. O es posible que, simplemente, estemos más cerca de la animalidad de lo que pensamos.

CARLOS DEl RIEGO