viernes, 23 de noviembre de 2012

LOS NUDISTAS DE SAN FRANCISCO TENDRÁN QUE LLEVAR ROPA PARA SALIR A LA CALLE Al parecer, los naturistas de la ciudad californiana ya paseaban sus desnudeces por las calles sin el menor recato, sin el menor respeto, pero los legisladores les ha dicho que nada de eso, que a vestirse. Y es que esa pretendida ‘libertad de expresión’, eso de ir por las aceras con las lorzas (o abdominales) al aire es un primer paso hacia la animalidad

Exigen su derecho a ir por la calle en 'traje de Eva', olvidándose de su obligación de ir como personas, pues desnudos van los animales.

Los nudistas de San Francisco (California) habían exigido que se les permitiera vagar por la ciudad desnudos, en porreta picada. Pero los legisladores votaron que no. De hecho, tal práctica se había convertido en algo bastante habitual en ciertos barrios de la ciudad, sobre todo en el barrio gay de Castro. Según parece, en este distrito sí que se permitía o se hacía la vista gorda, pero claro, hay ciertos colectivos que no acaban de entender los límites de la libertad, de forma que la cosa se estaba extendiendo por toda la ciudad con la consiguiente avalancha de quejas de comerciantes y ciudadanos. Eso sí, ya hay abogados que han puesto demandas contra el ayuntamiento de la ciudad, al que acusan de privarles de la ‘libertad de expresión de los nudistas’ al impedirles exhibirse por la ciudad tal y como su madre los trajo al mundo. Por cierto, sí se permitirán en fiestas del tipo del Día del Orgullo Gay (¿para cuándo un día del orgullo no gay?).

El asunto no deja de resultar chocante. Ahora reclaman su derecho a ir en bolas, pero si eso llegara a ser legal, en poco tiempo empezarían a exigir también el derecho a defecar y orinar a la vista de todos, y más tarde llegaría la reivindicación para copular en la calle sin que nadie les importunase, y la cosa no se detendría ahí, sino que seguro que iría a más. Hay que tener en cuenta que una de las diferencias entre el hombre y el animal reside precisamente en que aquel posee ciertos sentimientos ajenos a la animalidad, como es el pudor, la vergüenza, frenos eficaces para muchos impulsos instintivos que sólo las personas pueden controlar y sujetar. Así, esos que reclaman el derecho a mostrarse sin ropa, en realidad están pretendiendo dar un primer paso para regresar al estado animal, donde en ausencia de inteligencia imperan los instintos, donde todas las necesidades se llevan a cabo cuando surgen, sin importar que haya quien mire, sin el menor decoro, corte o bochorno; o sea, el animal carece de dignidad (lo que no quiere decir que pueda ser maltratado o que la persona no tenga obligación para con él), y quien quiere conducirse según pautas características de las bestias…

Pero su pretendido derecho choca, además de todo, con las reglas de la sociedad, es decir, si desean vivir sin usar calzones pueden irse al desierto y construir allí su sociedad nudista, pero si quieren vivir en la ciudad han de cumplir las normas, como todos; eso sí, si en su casa quieren estar ‘en traje de Eva’ allá ellos. Por no hablar de otros detalles, como que cada vez que un nudista se sienta puede manchar o contaminar (y no digamos si padece algún tipo de incontinencia), o como que la visión de esos cuerpos (generalmente poco serranos) puede producir desde náuseas hasta inapetencia, o que obligan a los demás a ver cosas que no quieren ver (del mismo modo que se prohíbe obligar al prójimo a escuchar ruidos excesivos o evidentemente molestos).
Algo parecido sucede con el tema de las playas nudistas. Este colectivo exige (y ya ha conseguido) tramos de playa acotados en donde tomar el sol y bañarse como toman el sol y se bañan los perros o los chimpancés, pero ¿sería tratado con la misma complacencia y permisividad un grupo que reclamara una playa exclusiva para cojos, mancos o amputados?, ¿o una sólo para hombres o sólo para mujeres?, ¿sería correcto entregar un terreno cercado donde sólo pudieran acceder tipos apolíneos, musculosos y guapos?, ¿y para entrados en carnes? Puestos a dar rienda suelta a la estupidez…

Tampoco hay que olvidar que desde que el hombre toma conciencia de sí mismo, cuando siente que ya no es un animal, se procuró vestidos, pues entendió que eso también lo diferenciaba de los cuadrúpedos que cazaba y comía.

De momento les han dicho que no, pero tarde o temprano volverán a la carga, como suelen hacer aquellos que exigen pretendidos derechos sin preocuparse lo más mínimo de sus obligaciones ni de los derechos de los demás. Hasta que un día el legislador pusilánime y medroso ceda ante voces y gestos.  
     
CARLOS DEl RIEGO