domingo, 13 de enero de 2013

RAMONCÍN PROTAGONIZA EL PENÚLTIMO ESCÁNDALO DE LA SGAE, PERO SEGURO QUE PRONTO HABRÁ MÁS El ex-punk se las está viendo con jueces y fiscales a causa de sus dudosos negocios con la dudosa sociedad, de la que fue directivo. Es fácil deducir que, a poco que se investigue a sus ex jefes, aparecerán muchas más irregularidades

El ex punk va a tener que dar muchas explicaciones y, seguramente, muchas veces no van a ser convincentes.

Parece que quedan pocas dudas de que la SGAE era una organización dudosa (uno de sus ex agentes recaudadores la tildó de “muy tóxica”), por lo que no puede sorprender que quienes manejaban los hilos también estén hoy en tela de juicio. El último en visitar a jueces y fiscales es Ramoncín, personaje que lleva viviendo en el ambiente musical desde hace décadas, al principio actuando y vendiendo discos, en los últimos años de la SGAE, como integrante, directivo o cliente. El caso es que Ramón Márquez ha sido imputado por varios delitos administrativos, incluyendo aquello tan viejo de contratar desde el organismo a una empresa propia, a la que encarga y paga un trabajito (programa de televisión, herramienta informática…) que nunca llega a ver la luz. Dicho sea de paso, la desprestigiada sociedad general ha sido durante muchos años algo muy parecido a un partido político, algo así como una agencia de colocación de amigos y correligionarios, una distribuidora de cargos y destinos, una fuente de ingresos para quienes supieran manejarse en los pasillos y despachos.

Lógicamente, a pesar de la contundencia de las pruebas, Ramoncín niega y niega; según la Guardia Civil, la SGAE le ingresó dinero por un programa de televisión que no existió ni siquiera sobre el papel, por un software del que no se sabe una palabra, y por si fuera poco, el ex cantante facturó cantidades a la sociedad que no hay forma de justificar… Sin embargo, se define a sí mismo como “una persona honesta, honrada e inocente”…, sólo le ha faltado aquello de tengo la conciencia muy tranquila o al final quedará demostrada mi inocencia.

Es curioso cómo muchos saben sacar tajada de su conocimiento de los lugares donde se gestiona dinero y, claro, de su amistad con los que autorizan pagos. La cosa no deja de tener sus similitudes con el caso Urdangarín; éste también ha sabido aprovecharse de sus extraordinarias circunstancias para presuntamente hacer caja y, a pesar de que las pruebas contra él son abrumadoras, proclama una inocencia que cada día parece más imposible. ¿De verdad uno y otro quieren hacer creer que existe algo así como una conspiración intergaláctica para implicarlos en delitos de corrupción? Del cantante se saben (parece que más allá de cualquier atisbo de duda) unas pocas irregularidades, pero del ex deportista la lista es kilométrica y promete aumentar; ¿de verdad pensaban que podían trincar y trincar permanentemente, eternamente, sin que nadie se diera cuenta nunca?, debe ser que la codicia termina por oscurecer la mente del sujeto y le hace creerse invulnerable, de forma que llega a pensar que puede manipular números, dineros y documentos a su antojo y engañar a todos por los siglos de los siglos.

Ramoncín (su cuero negro ya no “lleva el nombre de Los Clash”, parafraseando su viejo tema ‘Muerte en Putney Bridge’) formó parte de la cúpula de la SGAE varios años. Al respecto, el antes mencionado ex agente de la manchada entidad, para la que trabajó 14 años, contaba en 2007 que “el problema es que existe un núcleo pequeñísimo de directores (Teddy Bautista, Ramoncín, Víctor Manuel...) que llevan varias décadas manejando grandes cantidades de dinero y que son los únicos que están contentos con la SGAE, además de los grandes vendedores. Se mueve muchísimo dinero, así que la sombra de la corrupción aparece como en otros sectores; y luego está el problema (tal vez el más grave) de que sean los mismos quienes lo manejen todo desde hace tanto tiempo”. No se puede decir más claro, aunque es muy posible que jamás se lleguen a conocer todos los tejemanejes e irregularidades que se han perpetrado en la oscura organización, tan hermética y vertical, tan dictatorial, “tan tóxica”; y ello sin contar con el disparate de ir a exigir derechos de autor a una residencia de discapacitados mentales que representaban una obra de un autor que, además, les había dado permiso personalmente; o sin mencionar a los agentes que se colaban en las bodas a tomar nota de lo que tocara la orquesta; o sin tener en cuenta que los espías no aparecían si quien tenía que pagar los derechos era uno de los de la cúpula…

Ahora le toca a Ramoncín, pero La SGAE ha funcionado de modo parecido a una secta durante muchos años, por lo que poco a poco irán descubriéndose todas sus maniobras, sus movimientos de efectivo, sus facturas, sus anomalías e ilegalidades. A día de hoy se puede afirmar que se trata de una sociedad dudosa, por lo que se puede aplicar idéntico calificativo a quienes han estado tanto tiempo manejándola. 

CARLOS DEL RIEGO