domingo, 20 de enero de 2013

LA ERA DEL DISCO HA TERMINADO El cierre de la emblemática tienda de discos HMV (His Master´s Voice) viene a dar la puntilla un mercado discográfico que llevaba alrededor de dos décadas de penosa agonía

En poco tiempo las tiendas de discos serán tan obsoletas como
las de máquinas de coser.

Más de un siglo llevaba comercializando discos la firma HMV (La voz de su amo), pero ni siquiera una empresa tan asentada, reconocida y organizada ha resistido el cambio de los tiempos. La caída de las ventas fue verdaderamente escandalosa en el ejercicio pasado, en torno al 75%, pero a nadie ha sorprendido, pues la tendencia de los últimos años ha sido un desplome continuado, imparable. Y es que es imposible no rendirse a la evidencia: casi nadie compra discos, la música se compra en Internet en soporte virtual, y los pocos cedés que se despachan también se facturan a través de la red; es decir, el comprador de música ha dejado de ir a la tienda y, lógicamente, sin clientes no hay negocio. Afirman los especialistas (que aciertan tanto en sus predicciones como los profanos) que en poco tiempo el disco físico sólo será un 10% de la facturación total de música.

Con tiendas en las grandes capitales del mundo y muchos miles de trabajadores, HMV no ha sabido adaptarse a su entorno, lo que en la naturaleza es sinónimo de extinción. Hade alrededor de dos décadas, al ver las orejas al lobo intentó entrar en el terreno de la música en vivo, probó a vender equipos electrónicos, DVD, juegos…, pero para entonces esos mercados ya vivían feroces competencias. El resultado es la quiebra de la cadena discográfica, pero la escena que se pinta tiene mayor alcance: el final de la era del disco físico. Dylan lo dibujó perfectamente: ‘Los tiempos están cambiado’, y nunca dejan de cambiar, y quien no se adapta desaparece.

La vida del disco no ha sido muy larga. Aunque anteriormente se vendían muchos discos, es en los 60 del siglo pasado cuando se consolida verdaderamente el negocio a escala global; es cuando aparecen las primeras tiendas que venden discos, un nuevo mercado que aprovechan en principio las que comercian con aparatos de radio y similares; las radios empiezan a difundir masivamente las novedades discográficas y, en fin, el disco se hace el rey. En los 70 se vive la época del auge del rock y de la tienda especializada en discos, que se integra perfectamente en ciudades grandes y pequeñas; cierto que la música rock estaba como en un gueto, que jamás se escuchaba rock en la tele o en la radio y los conciertos eran escasísimos y casi clandestinos, pero pocos momentos había más excitantes que ir a la tienda de discos aunque sólo fuera a ojear, así que cuando se iba a comprar, aunque se supiera exactamente qué disco llevarse al plato, el melómano se pasaba un largo rato paseando sus dedos por los bordes de las vistosas carátulas, ahora en la estantería del rock duro ahora en la de música negra, ahora probando este single o aquel álbum en la cabina ahora revisando las listas; era como una pequeña liturgia, ya que también era habitual coincidir con otros (dependientes incluidos) con los que compartir gustos, descubrimientos o recomendaciones. El disco era entonces un objeto casi de culto, se le limpiaba y cuidaba con mimo, se presumía cuando se mostraba y pinchaba ante los amigos y, por supuesto, se escucha de principio a fin y se escudriñaba todo lo que hubiera escrito en las carpetas. Es cuando se publican ediciones especiales, cuando se lanzan piezas para coleccionistas, ediciones limitadas…, es el gran momento de este insuperable soporte para la música.

En la década de los 80 del siglo XX se disparan las ventas, pues la información y la distribución llegan a cualquier rincón del planeta. Y a finales de ese decenio irrumpe el cedé, anunciado como soporte definitivo y de duración casi eterna, que eleva las ventas a alturas jamás vistas; y la tendencia se mantiene en la primera mitad de la última década del siglo, sobre todo porque los que habían comprado en vinilo lo sustituyen ahora por el cedé. Sin embargo, en los últimos años de la centuria todo el mundo tiene acceso fácil y económico a Internet, lo que desencuadernó en poco tiempo las estructuras de la industria, llevándose por delante los soportes físicos y las tiendas (entre otros integrantes del sector).

Las tiendas de discos han ido desapareciendo paulatina pero inexorablemente en los últimos años, por lo que la quiebra de este gigante del sector (identificado desde hace un siglo por el perrito y el gramófono) es ilustrativa respecto al futuro: habrá tiendas del tipo de las de libro viejo con muchos vinilos que otrora formaran parte de orgullosas colecciones, con piezas especiales para fanáticos de un grupo o estilo, curiosidades y antigüedades…, y también habrá cintas de casete, películas en VHS, Beta y 2000 y, por supuesto, compact disc, que en poco tiempo serán tan obsoletos como aquellas C-60 ó C-90. Lo que parece que sí sobrevivirá es el vinilo, dado que es un formato muy atractivo, muy coleccionable, poseedor de un gran encanto, de arte y belleza antes de ser reproducido y, en fin, porque las grandes leyendas de la música popular pertenecen a la época del elepé y el single; por esto siempre habrá vinilos en movimiento y siempre quien se atreva a publicar en la entrañable rodaja negra.
Pero esto será residual, pues la era de un soporte físico y específico para la música ya ha pasado.  

CARLOS DEL RIEGO