miércoles, 2 de enero de 2013

LA SOCIEDAD VASCA ESTÁ PARCIALMENTE GANGRENADA Las muestras de apoyo a los asesinos etarras y el desprecio hacia las víctimas y sus familiares son demasiado habituales en Vascongadas, lo que deja bien a las claras que, al menos en parte, es una sociedad enferma

El gran dibujante Antonio Mingote señaló de modo claro y contundente cómo piensan los nazis vascos.

Hace unos días se difundió la noticia de que unos ex futbolistas vascos jugarían un partido de fútbol para apoyar a los presos etarras. Ahora, nada menos que 450 personajes de la cultura, el deporte o la política de Vascongadas han manifestado que tomarán parte en una marcha a favor de los presos de la pandilla mafiosa y asesina. 

Es otra demostración de que gran parte de aquella sociedad está enferma, y de ello viene dando muestras desde hace años. Ya mostró síntomas cuando se hizo una encuesta que arrojó que los vascos (hombres y mujeres) se fiaban más de un dirigente etarra que de un presidente del gobierno de España; y hay que ser fanático para pensar así, pues es sabido que el tal etarra no tendría problema en pasar por encima de quien fuera (vascos incluidos) para conseguir su objetivo, mientras que el presidente en cuestión será lo que sea pero jamás celebraría la muerte de inocentes. Asimismo, aun se recuerda que uno de los más abyectos y despreciables terroristas, Josu Ternera, fue integrante de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco…, sin que nadie levantara la voz para denunciar semejante insulto. Y situaciones, posturas y declaraciones en ese sentido se vienen produciendo desde hace décadas.

Ahora, casi medio centenar de nombres destacados de dicha comunidad se manifestarán abiertamente a favor de los asesinos. Así, desfilarán bajo el lema “Sí. Derechos Humanos, resolución, paz. Presos y presas vascas (sic) a Euskal Herría”. Es asombroso, exigen Derechos Humanos para quienes asesinaron o ayudaron a asesinar a otras personas, es decir, quieren esos derechos sólo para ellos y para sus compatriotas asesinos, pero ni una palabra, ni un derecho, ni siquiera la vida para las víctimas. También piden paz, cuando quienes han buscado la guerra son los etarras y los vascos (hombres y mujeres) que les ayudaron material o moralmente; además, nunca ha habido una guerra, sino una pandilla mafiosa y nazi que se ha encargado de amedrentar, amenazar, extorsionar, secuestrar, asesinar y, en fin, coartar la libertad de quienes no pensaban como ellos, y por ello, las fuerzas legítimas han hecho su trabajo; pero eso no quiere decir que haya una guerra del mismo modo que no hay conflicto vasco sino una mafia de asesinos vascos que es combatida por la policía. 

La cosa sería (en realidad es) una auténtica mamarrachada si no procediera de alucinados fanáticos, de degenerados mentales, ya que estos amigos de los prehomínidos hablan del “dolor y el sufrimiento” causado a los familiares de etarras, que también son así “castigados”; sin embargo, ni una sola palabra de aliento, apoyo, empatía, solidaridad o cualquier sentimiento amistoso para los muertos y sus familiares, quienes, como se ha repetido miles de veces, desearían sinceramente tener que recorrer mil kilómetros para ver a sus seres queridos, a los que sólo pueden llorar en el cementerio; además, en gran parte, los familiares de los pistoleros tienen también la culpa de su fanatización. Y yendo más allá en el absurdo más criminal, animan a marchar junto a ellos para “compartir los principios más elementales”, pero ¿acaso el derecho a la vida no es un principio elemental o sólo les corresponde a ellos y nunca a las víctimas? Sin la menor duda, seguro que esa forma de entender los derechos propios negando los ajenos fue la imperante en la Alemania nazi. 

¡Cómo puede una persona sentirse más cerca de quien pone la bomba que de aquellas gemelas de dos o tres años vilmente asesinadas en Zaragoza! ¡Qué tipo de sociedad se pone de parte de los asesinos porque sus víctimas tienen opinión contraria! ¡Cuál es el modo de pensar de alguien que pide por quien puso una bomba en un juguete que, lógicamente, acabo y estalló en manos de un niño! 

Si esa opinión favorable a la jauría de hienas es mayoritaria en Vascongadas se demuestra, más allá de cualquier duda, que el nazismo ha arraigado allí y que, por tanto, allí reside una sociedad gangrenada.

Los asesinos y quienes así les apoyan están mucho más cerca de la animalidad que de la humanidad. Y los amigos de los cobardes prosimios encarcelados y ensangrentados se avergonzarán un día de figurar en esa lista (y si no, sus descendientes), de igual modo que en Alemania nadie quiere hoy saber nada de sus antepasados nazis hasta el punto de cambiarse el apellido.   
    
CARLOS DEL RIEGO