miércoles, 16 de enero de 2013

DOS GEMELOS BELGAS DE 45 AÑOS SE SOMETIERON A LA EUTANASIA Hace más o menos un mes dos hermanos gemelos fueron voluntariamente al patíbulo de un hospital para ser ejecutados con las leyes de su parte; eran sordos de nacimiento y padecían una enfermedad que les dejaría ciegos, y ante tan negra perspectiva, tiraron la toalla

Estos desdichados hermanos prefirieron arrojar la toalla a una vida mermada

Sin juzgar ni mucho menos censurar ni reprobar la conducta de quienes han practicado esta modalidad de suicidio, sí que se puede reflexionar sobre algunos aspectos que rodean a la eutanasia y este caso concreto.

Si se piensa con detenimiento, el suceso de los gemelos belgas que se sometieron a la eutanasia con sólo 45 años es ciertamente escalofriante. Sordos de nacimiento, vivieron y trabajaron siempre juntos y, por lo que se ve, coincidían en todas sus decisiones, deseos, inquietudes, miedos... Según se sabe, solicitaron ser ejecutados porque se les había detectado una enfermedad en los ojos que, progresivamente, terminaría por dejarlos ciegos, trágica perspectiva que colmó el vaso de su aguante, pues declararon que no soportarían perder la vista y, por tanto, el contacto entre ellos y el resto del mundo. En Bélgica está totalmente legalizada la eutanasia, la muerte de quien la solicite, desde hace diez años, y el caso de los gemelos entra perfectamente en los supuestos de la ley. A mediados de diciembre de 2012 su deseo se cumplió y, acompañados por sus padres y hermano, fueron exterminados en un hospital de Bruselas.
Hay que comprender la desesperación, la angustia de estos dos hombres, pero desmoraliza pensar que alguien se atreva a pedir tranquilamente a otra persona que mate, aunque sea al mismísimo peticionario, desmoraliza que existan leyes que permitan a una persona matar a otra con total frialdad, que un médico se vista de nazi y asesine con alevosía (asegurarse de que la ejecución se consuma sin peligro para el asesino) y premeditación a un semejante, que la familia de los reos voluntarios asista y apoye la ejecución, que la sociedad se haya acostumbrado. 
    
Pero, lamentando profundamente las terribles desgracias que sufrían estos hermanos, lo más descorazonador es que se tire la toalla con 45 años, que se firme la rendición incondicional renunciando a muchos años de vida y a todo lo que ésta pueda dar aunque sea de menor calidad, limitado, con menos alicientes…, aquí viene al pelo el dicho judío que se escucha en la película ‘La lista de Schindler’: “Una hora de vida es vida”. Son muchas las personas que padecen similares y peores mermas y padecimientos físicos que, a pesar de su desdicha, viven y tratan de ser felices. Y por otro lado se puede pensar que si estos dos gemelos hubieran nacido en una tribu de las selvas amazónicas, de la India o de Ruanda en lugar de en Europa, seguro que jamás hubieran recurrido a una solución tan aterradora, tan antinatural.

Con respeto total a la decisión que cada persona tome llegado a ese punto, no parece muy educativa la lección: cuando la vida se te ponga muy difícil, desecha toda esperanza y ríndete.   

CARLOS DEL RIEGO