viernes, 18 de enero de 2013

EL CAMPEÓN MUNDIAL DEL ESCAQUEO Escabullirse de las obligaciones laborales es un deporte practicado en todo el planeta, aunque la mayoría lo hace ocasionalmente; sin embargo, un informático norteamericano ha alcanzado la perfección en el campo del escaqueo: no dar golpe y aparentar ser el trabajador más eficaz


Algunos han perfeccionado enormemente las técnicas del escaqueo
 y el toreo del deber
Seguro que desde que se ‘inventó’ el trabajo asalariado existe el escaqueo. Que si salir a fumar un cigarrito, que si un cafelito, que si un recado, el dentista, el tráfico…, las excusas para librarse de las obligaciones laborales son infinitas. Claro que hay algunas actividades donde abundan más los escurre el bulto, sobre todo las que están pagadas con dinero público; así, las probabilidades de encontrarse con un torero del trabajo suelen ser proporcionales al cargo y al sueldo y, en fin, es en la política donde tradicionalmente se aprecia más evolución y mayor perfección en las técnicas de esquiva del deber y la responsabilidad.

Sin embargo, acaba de saberse de alguien que ha superado todos los récords, todos los trucos y pretextos del mejor escaqueador. La cosa es increíble. Resulta que un tipo llamado Bob trabajaba de modo satisfactorio para una empresa de alta tecnología en Estados Unidos; estaba considerado un gran desarrollador y programador del sector tecnológico y uno de los mejores empleados de la firma. Era puntual y jamás faltaba a su puesto y a su obligación. Entraba a las nueve y salía a las cinco, a media mañana hacía un descanso para comer y media hora antes del fin de la jornada enviaba a sus jefes un informe sobre el trabajo que había realizado a lo largo del día. La dirección de la empresa lo tenía por un “empleado modelo y comprometido con su empresa, y un hombre de familia inofensivo y tranquilo”.

Un día los encargados del sistema operativo de la empresa en cuestión advirtieron que alguien se conectaba a la red interna de la misma ¡desde China! Lógicamente pensaron en un ataque informático pero, tras las primeras investigaciones, se descubrió que todo era obra el ‘empleado modelo’. Éste, que ganaba cientos de miles de dólares al año por un trabajo tan especializado y apreciado, había subcontratado a una empresa china por cincuenta mil para que llevara a cabo todas las labores que a él le fueran encargadas.

Es decir, no es que se escaqueara, no es que dilatara los tiempos para comer, no es que llegara tarde a su puesto y marchara pronto, es que el tipo no daba un palo al agua en todo el día. De este modo, esta especie de haragán indolente se pasaba las horas frente a su ordenador, pero sin que en ningún momento hubiera peligro de que trabajara aunque solo fuera simbólicamente; que si las redes sociales, que si el eBay, que si vídeos de esto y lo otro…, realmente tiene que terminar siendo mucho más aburrido matar el tiempo, dejar pasar imbécilmente las horas, que trabajar; pero Bob prefería hacer un esfuerzo para encontrar actividad con la que matar el tedio tantas horas ante la pantalla que hacer ese mismo esfuerzo para cumplir con su deber. Eso sí, media horita antes de la hora de irse a casa, este vagoneta listillo arreglaba todo lo que le enviaban desde China para que pareciera obra suya y, orgulloso de su ‘trabajo’, se lo enviaba a sus jefes. Un listillo vago y aprovechado, caradura y embustero, un desvergonzado listillo.

En fin, que vista la eficacia de los chinos subcontratados podrían los políticos y banqueros subcontratar a gestores chinos para que hicieran todo su trabajo, que los que ahora manejan el dinero ajeno se quedaran mano sobre mano, sin hacer nada, siempre en las redes sociales o jugando ‘on line’; al menos el público se salvaría de sus ocurrencias e ingenierías financieras, sisas, hurtos, apropiaciones, malversaciones, fraudes, apaños, expolios, escamoteos, sustracciones y demás modalidades del trinque.

CARLOS DEL RIEGO