martes, 22 de enero de 2013

VEGETARIANOS Por moda, salud, esnobismo, mejoría de la línea o por pensamiento animalista, la costumbre de dimitir de alimentos de procedencia animal se propaga, sobre todo tras la avalancha de personajes célebres que declaran zampar sólo vegetación

No pocos serían felices siendo enteramente vegetales

El aserto que afirma que somos lo que comemos no puede ser más cierto. De hecho, si se piensa, ninguna acción es más íntima que comer, nada nos penetra tanto. Y por eso el tema de la alimentación se ha situado entre los más atendidos entre la población. Que si los ingredientes o las fechas de caducidad, que si los bajos en calorías o los específicos para diabéticos, los envasados o los del día, los ecológicos o los industriales…, nadie compra y come sin prestar atención expresa a algunas de las infinitas variantes que presenta la oferta alimenticia; es más, la población de nutricionistas aficionados se ha disparado. De este modo, aunque la práctica de engullir exclusivamente vegetales renunciando a animales viene de lejos y es habitual en ciertas culturas, en las últimas décadas ha arraigado en las sociedades avanzadas, sobre todo desde que personajes habituales de los medios de comunicación proclaman su doctrina.

Afirman los partidarios de mantenerse a base de vegetación que todo son beneficios para la salud y/o que nadie tiene derecho a matar y comer animalitos. Esto último sería discutible, pero aquello aun más. Así, cuando se pregunta a un centenario por sus hábitos siempre señala aquello de “siempre he comido de todo”, y tal aconsejan los profesionales del tema. Además, el sistema digestivo humano está preparado para acoger y procesar flora y fauna, es omnívoro, y si se le niega algo tarde o temprano lo notará.

Y entre los que llevan su creencia al extremo están los veganos, que renuncian a todo aquello que un día formara parte de cualquier bestezuela parda o que signifique incomodidad para los bichos; por cierto, no está claro si la amnistía que declaran incluye a todos los que forman parte del reino animal o se excluyen insectos, arácnidos, reptiles... Seguro que estas personas (que están en su pleno derecho de comer lo que les dé la gana) se creen moralmente superiores a los demás, seguro que se sienten elevados por encima del común y miran al carnívoro con desprecio o condescendencia, seguro que se piensan mejores personas…, poco menos que santos en la tierra.
Este tipo de pensamiento animalista y naturista suele utilizar también el argumento de que el hombre es el único animal que consume leche en edad adulta…, cosa absolutamente lógica, ya que el toro tendría que ir a las fuentes si quisiera un traguito, algo que no está en su instinto y, seguro, la vaca se opondría, mientras que el homo sapiens ha aprendido a ordeñar, envasar, transportar, calentar y mezclar eso tan exclusivo de los mamíferos. Asimismo también hay quien atribuye efectos perversos a cualquier lácteo, aunque jamás se presentan pruebas concluyentes; y es que los iluminados abundan entre quienes viven obsesionados por la pitanza, a la que acusan de ser la causante de todos los males del ser humano.

En todo caso la tendencia a prescindir de un tipo de alimento es típica de sociedades opulentas donde no falta de nada, es decir, allí donde haya hambre no se va a despreciar ni pan duro ni una paletilla de cordero. 

Algunos de quienes practican esta especie de variante del buenismo, en fin, querrían llegar a lo que aquel vegano que salió en los Simpson y que presumía de no comer nada que arrojara sombra.  
    
CARLOS DEL RIEGO