domingo, 27 de enero de 2013

KRAFTWERK, EL GRUPO QUE INVENTÓ LA MÚSICA TECNO El emblemático álbum ‘The Man Machine’ del grupo alemán Kraftwerk cumple 35 años, pudiendo ser considerado como el de la consolidación definitiva de un nuevo estilo caracterizado por el uso de la tecnología más avanzada


Kraftwerk y sus álter ego robóticos
Uno de los géneros musicales que más éxito ha tenido en las últimas décadas es el tecno y todos sus derivados (house, hard, electro, ambient, minimal, progresive, drum & bass, trance…), que ha invadido casi todos los reductos del rock y del pop. Desde que dio sus primeros pasos la música electrónica no ha dejado de crecer, siempre animada por el deseo de la exploración, de buscar nuevos modos y sonidos aprovechando el avance imparable de la tecnología. Pero nada de eso hubiera sido posible sin la aparición del grupo alemán (de Duseldorf) Kraftwek, el cual surge dentro de una corriente muy específica y prácticamente exclusiva de Alemania.

Así, puede afirmarse que la prehistoria del tecno y la música electrónica es más alemana que el hombre de Neandertal. Todo comienza a finales de los sesenta del siglo pasado en varias ciudades germanas (Duseldorf, Colonia, Berlín) donde surgen muchos grupos que se dedican a fabricar experimentación, de modo que la prensa los mete en un cajón de sastre que da en llamar, despectivamente, ‘kraut rock’, y en el que entran cantidad de nombres que tuvieron su momento y que siguen siendo considerados los pioneros del género; se trata de bandas como Can (experimentación, improvisación en influencias sicodélicas o jazzísticas), Amon Düül II (escisión de los radicales y violentos Amon Düül), Tangerine Dream (con sonido más lírico, más sofisticado y etéreo, menos mecánico o industrial que los demás), Popol Vuh (que combina lo étnico con lo electrónico), Klaus Schulze, Neu!... Pero será el grupo formado por Ralf Hütter y Florian Schneider, Krafwerk, el que tomara el camino más viable y, al final, el que ha perdurado y producido más.

En Kraftwerk están casi todos los recursos, todos los tics de todos los subgéneros de lo que se puede aglutinar dentro del término ‘música electrónica’: modificación de voz, secuencias obsesivas de percusión electrónica, efectos sonoros, experimentación, sintetizadores…, incluso en sus comienzos ya se ocuparon de diseñar aparatos o mejorar los existentes. Sólo hay que escuchar ‘Autobahan’ o ‘Trans Europe Express’ para entender a la perfección el proceso que lleva directamente a la música electrónica, y más concretamente al tecno-pop, al pop electrónico. Y es precisamente con ‘The Man Machine’, publicado hace 35 años, cuando cristaliza la idea, cuando el concepto tecno adquiere sentido, personalidad, entidad propia, cuando echa a andar definitivamente un género musical totalmente nuevo y, por tanto, con infinitas posibilidades.

Y es que este ‘El hombre máquina’, además de innovación y vanguardia, además de experimentación y tecnología, presenta algunas estupendas melodías que, si fueran sacadas de contexto, de ese envoltorio tecnológico, serían perfectamente posibles con sólo voz y guitarra. El mejor ejemplo es la siempre fresca ‘The model’, pieza dotada de una melodía tremendamente pegadiza, con acompañamiento aparentemente simple y de una eficacia y precisión muy germánicas y, en fin, un resultado claro, cristalino, perfectamente pulido y perfectamente hipnótico; se trata de una canción modélica, un patrón infalible para cualquiera que desee manipular aparatos electrónicos. También sigue esa fórmula, consistente en una melodía fácil coronando un delicado y a la vez sólido edificio tecnológico, el tema que abre el disco, el excelente ‘The robots’, cuyas secuencias melódicas han sido pirateadas con descaro por grupos de todo pelaje. ‘Spacelab’ es tecno cien por cien en sus bases, en sus arreglos, en sus voces, en sus variaciones…, pero también permite espacio para una armonía melódica que entra hasta dentro gracias a su claridad, a su sencillez, a su ingenio, hasta el punto de que en sus seis minutos de duración están apuntados no pocos recursos, estructuras y matices que son usados hoy día por cualquiera que tire de tecnología.

La pieza que da título al disco y ‘Neon Lights’ caminan por un sendero más experimental, pero sin ser nunca cargantes, sin perder nunca un encanto especial. Son temas que muchos han tildado de excesivamente mecánicos, tal vez fríos, incluso alguien ha señalado que les falta alma, pero nada de eso, tienen alma, aunque sea de silicio y metal, un alma como la que desarrollan los cerebros electrónicos de Asimov. Y por último, ‘Metropolis’, otra maravilla de este disco seminal que muestra la plenitud de una idea artística, la de la música electrónica en general, pues ecos de esta pieza se pueden ver con nitidez en muchos grupos posteriores, desde New Order hasta Chemical Brothers.

Así como el rock nace en Estados Unidos y el pop en Inglaterra, el tecno tiene su cuna en Alemania, y Krafwerk siempre ha sido el más brillante de aquella escuela.

Achtung, das ist Deutschland!

CARLOS DEL RIEGO