viernes, 10 de agosto de 2012

LONDRES 2012: LA VICTORIA Y LA DERROTA Al terminar la disputa deportiva habrá ganadores y derrotados, otra cosa es la actitud que unos y otros adopten ante el resultado

Esto es saber ganar.

Una de las pocas cosas seguras del encuentro deportivo es que, al final, habrá victoria y habrá derrota, ambas caras de la misma moneda son imprescindibles, inevitables cuando se habla de deporte. Y más en el ámbito de unos Juegos Olímpicos, donde sólo hay tres puestos en el podio.

El asunto es cómo se gana y cómo se pierde. La victoria pone más fácil la postura elegante y deportiva y suele desembocar en una actitud de sincera camaradería. Sin embargo, también hay triunfadores que se muestran soberbios y despectivos con el derrotado, con posturas y gestos desafiantes e incluso con fanfarronadas del tipo “tú te lo has buscado”. Afortunadamente, en el ámbito olímpico la actitud que más abunda es la del vencedor que acude a consolar al perdedor, mostrando gran empatía e incluso transmitiendo un emocionante sentimiento casi fraternal.
   
Esto es no saber perder
Más difícil es conducirse deportivamente cuando llega el fracaso. Así, hay deportistas que, cuando se produce o cuando está a punto de producirse la derrota, no son capaces de sujetar la frustración y se dejan llevar por la rabia; por eso, en algunas ocasiones, el competidor, con su corazón a 180 pulsaciones por minuto y con los niveles de adrenalina disparados, no son capaces de sujetar sus emociones y dejan paso a la furia, culpando a todos (los árbitros, los contrarios) y protagonizando acciones violentas por las que, generalmente, luego piden disculpas; sin embargo, la indeseable imagen quedará para siempre en la memoria colectiva, de modo que aquello tan feo que se hizo volverá una y otra vez. Hay otros derrotados, sin embargo, que adoptan actitud de resignación, quedándose abatidos en el suelo mascando en solitario sus lágrimas de impotencia y, a veces, incredulidad; casi como dudando de que aquello haya ocurrido de verdad. Es entonces cuando el deportista íntegro y leal acude a abrazar al caído, a darle ánimos, a confortarlo con palabras y actitud amistosa. Y también está el que acepta que, simplemente, el rival ha sido superior y se limita a felicitarlo sinceramente y, elegantemente, le desea suerte.

Se puede ganar y se puede perder, eso lo saben todos los que participan, y por ello han de estar preparados para todo. Se puede ganar y se puede perder, pero deportiva y humanamente es muy distinto si los protagonistas saben cómo comportarse ante la victoria y la derrota de si las actitudes de unos y otros son indeseables. Eso sí, generalmente, el que sabe ganar también sabe perder, y casi siempre, las maneras del deportista en la pista dicen mucho de lo que es fuera de ella.   

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 9 de agosto de 2012

LONDRES 2012: DISPARATES OLÍMPICOS EN LOS PRIMEROS JUEGOS Treinta ediciones de los juegos (siempre se incluyen las tres que no se celebraron) han regalado todo tipo de incidentes, barbaridades, curiosidades y barrabasadas de todo tipo, hilarantes, tristes, increíbles, disparatadas

El sogatira o las carreras de sacos formaron parte
 del programa olímpico de París 1900
  

A pesar de su solemnidad, de sus ritos y sus símbolos, de la seriedad y rigidez de los jueces y las reglas, los Juegos Olímpicos también han sido escenario de algunos momentos absolutamente disparatados, aunque muchos de ellos hay que entenderlos en su contexto, en su tiempo.

Desgraciadamente (o afortunadamente, según se mire) los juegos son una fuente inagotable de hechos asombrosos por una u otra razón. La lista sería interminable, por eso apenas se pueden mencionar unos pocos casos de las primeras ediciones.

En San Luis 1904 se trató de humillar a indios,
 negros, africanos...
En los juegos de París 1900, nadie se ocupó de construir o preparar pistas y recintos; así, para el atletismo se usaron unas instalaciones particulares en estado calamitoso, con un árbol en medio al que habían de subir los lanzadores de martillo para recuperar su artefacto, igual que los de disco, que horas después de la competición seguían buscando sus proyectiles entre los árboles de los alrededores. Y qué decir de la natación, en el Sena y sin que nadie detuviera el tráfico de barcos, por lo que fue una suerte que no hubiera ahogados. En fin, que también hubo carreras de sacos, soga-tira, cometas, carreras de burros…, claro que en vez de medallas dieron a los ganadores pipas de fumar, carteras, platos, paraguas, peines. Y para rematar, el campeón de maratón ni siquiera sabía que estaba corriendo una carrera olímpica, de modo que al terminar se fue a su casa…, no extraña que Coubertin, francés, dijera “… los franceses no han comprendido mis ideas…, se han esforzado siempre para evitar el triunfo de los juegos”. No se puede decir que fuera chauvinista.

En San Luis 1904 se organizaron paralelamente los ‘Días antropológicos’ para ridiculizar a pigmeos (acompañados de monos, que se comieron allí mismo para alegría de aquellos estadounidenses), indios mexicanos, nativos filipinos y de muchas otras etnias, y todo para demostrar la superioridad de la raza blanca; Coubertin, previendo el futuro, afirmó “esta farsa ultrajante terminará cuando negros, pieles rojas y amarillos aprendan a correr, saltar y lanzar; entonces los blancos llegarán detrás de ellos”. La profecía del barón no tardó en cumplirse. Lo del maratón fue de chiste; por un lado, quien primero entró en meta había hecho la mayor parte del recorrido en coche, aunque el engaño se descubrió a tiempo, y por otro, el ganador auténtico, Hicks, fue ‘dopado’ por sus entrenadores con una explosiva mezcla de estricnina y coñac, pero como no había regulación antidopaje no se puede decir que hiciera trampas. Y un zulú sudafricano que participaba, tuvo que huir de dos perros que empezaron a perseguirlo, pero cuando les dio esquinazo corriendo campo a través, ya era tarde para volver a la carrera.

Pero el mayor disparate llegó en Munich 1972, cuando la tregua olímpica fue violada por terroristas con resultados fatales y conocidos por todos.

CARLOS DEL RIEGO

LONDRES 2012: LOS JUEGOS DE HOY Y LOS DE LA ANTIGÜEDAD Los primeros Juegos Olímpicos de que se tiene noticia datan del año 776 antes de Cristo, y casi nada tenían que ver con los de la actualidad

El púgil, con guantes de cuero y metal,
parece atender a las indicaciones de
su entrenador  (copia romana de un original griego)

¡Qué diferentes son los juegos de la Era Moderna de los que se celebraron hace, por ejemplo, 2500 años! La diferencia es abismal, puesto que entonces, entre los atletas no sólo no existía compañerismo, es más, ni siquiera existían rivales, todos eran simplemente enemigos entre sí. Claro que los juegos de la Antigüedad tenían una intención religiosa y militar más que deportiva; y además, poco inteligente sería valorar formas de pensar de hace tanto tiempo utilizando los parámetros y avances sociales de la actualidad.

El culto al cuerpo nace en aquella sociedad, que para honrar a los dioses del Olimpo se inventó una carrera. Fue el comienzo, pues poco a poco se fueron añadiendo diversas especialidades, alguna de las cuales sigue formando parte del programa olímpico, como el salto de longitud, la carrera y, por supuesto, el lanzamiento de disco. Pero las pruebas que más encendían la pasión del numeroso público que acudía a los recintos eran las de lucha, las de combate. Así el pugilato, boxeo con puños desnudos, primero, y luego revestidos de tiras de cuero con incrustaciones de metal; el pancracio, lucha absolutamente libre donde sólo se prohibía morder y meter los dedos en los orificios del contrario y que sólo terminaba con la rendición (casi nunca por vergonzosa) o con la muerte; el hoplitodólico, una carrera con armas defensivas y ofensivas en la que valía todo y ganaba el que llegaba más entero a meta. Pero los juegos de entonces fueron incorporando nuevas disciplinas, nuevas carreras, saltos y lanzamientos, diversas modalidades de lucha y diversas carreras de caballos.

También hubo grandes campeones, puesto que con el paso del tiempo el triunfador en los juegos cobró una popularidad parecida a la de hoy, de modo que todo su pueblo se enorgullecía de sus éxitos y lo premiaba con estatuas, poesías e incluso dinero. Entre los más recordados está, claro, Filípides, quien se dice que corrió de Maratón a Atenas para comunicar la victoria sobre los persas, dando así origen y nombre a la carrera mas larga; no hay seguridad histórica de este hecho, pero sí de que el tal Filípides (o así) corrió en cierta ocasión de Esparta a Atenas, 240 kilómetros, en sólo un día y medio. También se recuerdan las hazañas del gran Miló de Crotona, legendario luchador que venció en seis ediciones en la especialidad de lucha y cuya muerte es no menos asombrosa: fue devorado vivo por las fieras al quedar una de sus manos atrapada y no poder defenderse. Y Leónidas de Rodas, que logró doce triunfos en tres carreras a lo largo de cuatro ediciones consecutivas de los juegos desde los de 164 antes de Cristo. Llama la atención que el emperador Nerón (y otros políticos, como Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno) lograra ganar una carrera de cuadrigas…, claro que el resto de participantes fueron retirándose misteriosamente, de modo que sólo él llegó a meta. 

Por cierto, las mujeres no podían competir (en aquellas mentalidades era inconcebible la pelea entre mujeres, pues los juegos tenían carácter militar y religioso) y tampoco acudir a los recintos olímpicos, ya que los sacerdotes y dirigentes pensaban que tras ver a los atletas (siempre desnudos) al llegar a sus casas los compararían con sus maridos…
Sí, la cosa era muy distinta.
(Más información sobre los juegos de la Antigüedad y de la Era Moderna, en el libro ‘Citius, altius, fortius. Los Juegos Olímpicos y sus mitos’).

CARLOS DEL RIEGO

martes, 7 de agosto de 2012

LONDRES 2012: UNA IMAGEN QUE MUESTRA LOS VALORES OLÍMPICOS Lo que más eleva el espíritu deportivo no es el triunfo (al menos no solo) sino el saludo sincero de los rivales tras una lucha dura y leal tras agotar las fuerzas

Campeón y subcampeón se saludan, exhaustos,
 tras acabar el triatlón, esta es la esencia y el espíritu olímpicos

Después de 1.500 metros nadando, 40 kilómetros en bicicleta y 10 corriendo, después de casi dos horas de esfuerzo al límite, el campeón y subcampeón de la agonística disciplina del triatlón de Londres 2012 cayeron, exhaustos, nada más traspasar la línea de meta y separados por unos pocos segundos. Absolutamente desfondados, agotadas hasta las últimas reservas y más, incapaces de levantarse, en el suelo los dos rivales se tienden la mano y se felicitan por el éxito. Se trata, sin duda, de una de las imágenes de estos Juegos Olímpicos, puesto que resume por sí misma las grandes virtudes del deporte y del olimpismo. Es oportuno recordar que el barón de Coubertain, el restaurador de los juegos, dijo en 1894 que “es necesario que, cada cuatro años, la juventud de todo el mundo tenga la oportunidad de reunirse humana y fraternalmente”.

Esa inolvidable fotografía (de Reuters), que se ajusta perfectamente al ideario de quien recuperó los juegos, muestra algo que se ve en las pistas olímpicas desde hace mucho; un ejemplo que se da siempre se escenifica al final de la prueba del decatlón, en la que los atletas, extenuados tras la última prueba, el 1.500, se derrumban sobre la pista y se saludan con complicidad, pues han compartido dos días de rivalidad y cercanía, y se felicitan por haber terminado prueba tan dura.
Campeón y subcampeón de decatlón en Roma 1960, agotados y hermanados


Esas imágenes son una orgullosa y honrada exhibición de valores olímpicos y, evidentemente, también universales: compañerismo, lucha leal y esfuerzo, rivalidad sana, competencia y capacidad de sufrimiento para entregar hasta las últimas energías con el fin de superar a los rivales, a todos los rivales, incluyendo el principal, uno mismo, pues si un deportista se supera a sí mismo no se le puede pedir más, aunque quede en última posición…, tal como expresa el lema olímpico “Lo importante no es ganar sino participar”, que procede de la frase del Arzobispo Talbot (atribuida a Coubertin): “Así como lo más importante en la vida no es el triunfo sino la lucha, lo esencial no es haber vencido sino haber luchado bien”. Y es eso lo que eleva el espíritu del atleta, competir noblemente y dejarse todo en la pista. Así el deportista siempre será un triunfador.  

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 6 de agosto de 2012

LONDRES 2012: ¿ES EL MEJOR QUIEN MÁS MEDALLAS GANA? Tras su prodigiosa exhibición, Phelps se ha convertido en el máximo medallista de la historia de los juegos con 22 medallas (18-2-2), pero para ello ha contado con la ventaja de que su deporte le permite participar en muchas pruebas



Qué tiene más valor, los 18 oros
de Phelps en tres juegos..
Nadie en su sano juicio se atrevería a poner en duda la grandeza deportiva del estadounidense Michael Phelps: tres Juegos Olímpicos y una cosecha prácticamente insuperable, pues atesora 18 oros, 2 platas y 2 bronces. El anterior máximo medallista era la gimnasta Larissa Latynina con 18 en total, y en la lista de los 13 deportistas que más preseas lograron a lo largo de su trayectoria olímpica hay cuatro nadadores y seis gimnastas, un tirador de esgrima (que consiguió alargar su carrera hasta seis juegos), un atleta (que participó en tres juegos y se benefició de que había campo a través individual y por equipos y otras distancias que hoy no son olímpicas), y una piragüista (que se presentó en seis juegos y con la ventaja de que este deporte también ofrecía muchas distancias y posibilidades). En resumen, casi todos los grandes medallistas de la historia lo han sido gracias a que sus especialidades ofrecen al deportista muchas ocasiones de estar en la salida, lo que proporciona más opciones de premio.

... o el discóbolo Al Oerter, que venció en
cuatro juegos (56-68) , los últimos con collarín.
De este modo, cabe preguntarse ¿qué es más valioso, un oro en salto con pértiga o cinco en gimnasia o natación? Matemáticamente la respuesta no ofrece duda, pero desde un punto de vista deportivo la cosa no es tan simple. Hay que tener en cuenta que los deportes de combate (judo, boxeo, grecorromana…), los de equipo (fútbol, baloncesto…), los de tiro o los de vela sólo reparten un oro, una plata y un bronce entre todos, mientras que hay otros donde se presentan un par de posibilidades (ciclismo en carretera, halterofilia) y, en fin, el atletismo, donde actualmente se pueden ganar hasta cuatro pruebas, pero sólo siendo un velocista excepcional y versátil, pues ha habido dos (Owens y Lewis) que subieron a lo más alto en cuatro ocasiones en los mismos juegos (en 100, 200, longitud y 4x100 metros); de todos modos, ningún atleta, jamás, ha conseguido repetir tal proeza.

Situando el atletismo como referencia, ¿qué es más meritorio, 22medallas en natación, 18 en gimnasia, 12 en kayak o cuatro oros en el rey de los deportes? Todos los que escalan cualquier cajón del podio tienen valor incontable, histórico, pero no todos los logros han de tener idéntica consideración. Por ejemplo, todo el mundo, en cualquier lugar, puede correr, saltar y lanzar (ejercicios atléticos), mientras que son necesarias costosas instalaciones y material muy específico para muchos otros deportes, lo que significa que aquellos tendrán más participación, más competencia, incrementando así la dificultad de lograr el éxito.
De modo que si hubiera que señalar a los olímpicos con más valor deportivo, a la par o por encima de los que más medallas atesoran, hay que mencionar al discóbolo estadounidense Al Oerter, oro en cuatro juegos consecutivos, los mencionados Owens y Lewis, los fondistas Nurmi, Zatopek o Bikila, el decatleta y pentatleta Thorpe, el sprinter Bolt… Todos son autores de proezas casi irrepetibles, como la de Zatopek, que venció en 5.000, 10.000 y maratón en la misma edición de los juegos, o la del mestizo Thorpe, oro en decatlón (y pentatlón, que ya no se disputa) venciendo en la mayoría de las pruebas y con registros cercanos a los récords mundiales; además, también hay que tener en cuenta las circunstancias y el modo con que lograron sus éxitos.
Todo o casi todo en este mundo es relativo, y en el terreno deportivo sobra el casi. Por eso se puede atender sólo al número, al resultado, o profundizar un poco más, o sea, relativizar los números.  
CARLOS DEL RIEGO
 








domingo, 5 de agosto de 2012

LONDRES 2012: LOS DUDOSOS RÉCORDS DEL ATLETISMO FEMENINO Casi todos los topes mundiales de atletismo femenino fueron conseguidos entre 1983 y 1988: los años dorados del dopaje

La checa Jarmila Kratochvilova posee el récord
de 800 metros desde 1983

Aseguran los grandes expertos y quienes estudian el deporte desde un punto de vista científico, que dentro de unos veinte años los récords en atletismo serán algo absolutamente inusual, e incluso habrá que empezar a medir los tiempos hasta las milésimas de segundo, puesto que los límites humanos están ya muy cerca. Sin embargo, pensamientos como ese se llevan escuchando desde hace mucho. De todos modos, este tipo de predicciones casi nunca se cumplen. Muy diferentes eran las cosas no hace tanto.

Así, es verdaderamente increíble que la mayoría de los récords femeninos de atletismo se fijaran entre 1983 y 1988, más exactamente 12 de las 23 pruebas; además, otros dos los lograron dos atletas chinas en 1993. Si se quitan las 8 competiciones que no se disputaban entonces (triple, martillo, pértiga, 3.000 obstáculos, 5.000, 10.000, marcha y maratón), se deduce que solamente un máximo registro mundial fue batido en años distintos a la época dorada del dopaje, el que ostenta una lanzadora cubana de jabalina.

En aquellos seis años dos estadounidenses (emparentadas) marcaron los topes de 100 y 200 lisos y heptatlon, alemanas orientales los de 400 metros y disco y el de 4x100 metros, dos búlgaras poseen el de altura y el de 100 metros vallas, una checoslovaca el de 800 metros, y atletas de la extinta URSS tienen el de longitud, peso y 4x 400 metros. Pasadas décadas y a pesar de las mejoras en entrenamiento y alimentación, técnicas y materiales, las atletas de la actualidad siempre se quedan muy lejos de los registros que ostentan nombres como Griffith y Joyner Kersee, Marita Koch, Kratochvilova, Kostadinova o Donkova.  

Como ha quedado totalmente probado (desde que se abrieron los archivos de la DDR), todas las atletas de más allá de lo que se conoció como ‘telón de acero’ competían ayudadas por sustancias dopantes, y si no fueron cazadas se debió a que los médicos y químicos que las desarrollaban iban muy por delante de los métodos antidoping. Paradigmático es el caso de la desaparecida DDR (República Democrática Alemana), algunas de cuyas atletas llevan años denunciando las prácticas dopantes a las que fueron sometidas, pues muchas de ellas han sufrido graves problemas de salud debido a ello.

Lógicamente, ese ‘dopaje de estado’ que llevaron a cabo en casi todos los países de la órbita soviética terminó con la caída del muro de Berlín y de todos aquellos regímenes comunistas a partir de 1989, y por tanto, esas marcas fabulosas terminaron en ese preciso momento. Sin embargo, los entrenadores y expertos de muchos de aquellos países emigraron entonces a China, de modo que no llega a sorprender que dos atletas chinas lograran poco después, en 1993, dos topes mundiales que siguen en vigor.

Ya no hay forma de suspender o sancionar, pero nadie pone en duda ya que aquellos registros estratosféricos son producto de la trampa. Y del mismo modo, pasarán aun muchos años hasta que alguna baje de 10,48 segundos en los 100 lisos o, en fin, rompa algunos de los increíbles registros de los años dorados del doping. No se puede cambiar el pasado.
         
CARLOS DEL RIEGO


                                                                                                                

jueves, 2 de agosto de 2012

LONDRES 2012: ÁRBITROS, LA IMPORTANCIA DECISIVA DEL FACTOR HUMANO El juez de la contienda se convierte, desgraciadamente, en protagonista de muchas competiciones, hasta el punto de que en no pocas ocasiones, su incorrecta decisión decide el resultado

Un entrenador se desespera ante
la incomprensible decisión del árbitro.

Las protestas, quejas y actuaciones y declaraciones subidas de tono a causa de los continuos, garrafales y trascendentes errores arbitrales que se están produciendo en Londres 2012 están sorprendiendo más incluso que los abundantes fallos de organización. Y es que cuando se prepara una cita de alta competición se puede entrenar todo, se puede prever casi todo y se puede trabajar para que cualquier imprevisto no sea tal, lo único que está al margen de cualquier tipo de entrenamiento es lo que se llama el factor humano, es decir, aquello que pueda afectar al deportista, ya sea propio de la competición o algo externo, y que influye decisivamente en su rendimiento. Pero incluso la influencia de este factor se puede trabajar o, en todo caso, intentar minimizar sus consecuencias.

Y así se llega al factor humano que afecta al juez de la contienda, al árbitro, y ahí sí que no pueden hacer nada entrenadores, preparadores, estrategas… Se trata de un factor absolutamente imprevisible incluso para el mismísimo juez, no digamos para el deportista o el equipo en plena competición.

Los defensores de la figura arbitral pase lo que pase suelen disculpar sus flagrantes meteduras de pata aduciendo que todo el mundo se equivoca, que los jugadores también yerran…, cierto, pero la esencia de la disputa deportiva es que se resuelva según los aciertos y los fallos de los contendientes, no que sea la injusta decisión del director del evento la que decida quién gana y quién pierde. Así, cuando el jugador o atleta falla, se perjudica a sí mismo y a su equipo, mientras que cuando lo hace el referí perjudica a otros, es decir, no es ecuánime decir que el jugador también se equivoca para disculpar la injusticia, pues el encargado de impartir justicia puede distorsionar la competición con sus erratas.

Además, el árbitro, en tanto que persona, puede verse afectado por eventualidades que le lleven al error inconsciente: el factor humano del juez puede volverse decisivo. Pero mucho peor es cuando el que tiene que administrar justicia se conduce cobardemente, por ejemplo cuando toma una decisión y al segundo se da cuenta de que es un error y, como para compensar, permite que los jugadores le agobien, empujen e incluso insulten; también puede actuar de modo indeciso, o sea, no lo tiene claro y lo deja correr, le parece pero no está seguro, así que hace lo más fácil, nada; asimismo también está el miope, que mira y no ve, que nunca tiene el ángulo correcto, que se despista y pierde el transcurrir de la acción; y también abunda el simplemente malo, que cambia de criterio constantemente, ahora en esta dirección y ahora en la otra, o lo que ahora sanciona después lo permite, o compensa sanciones y decisiones con otras en sentido contrario (doblando así el número de fallos), o desautoriza a sus ayudantes mejor colocados.

Y por si fuera poco, las cámaras lentas, que denuncian cualquier patinazo y dejan en el más espantoso de los ridículos al árbitro, sobre todo cuando queda bien claro que ha visto lo que ha pasado y, sin embargo, toma la decisión incorrecta.
CARLOS DEL RIEGO








miércoles, 1 de agosto de 2012

LONDRES 2012: INCOMPRENSIBLE LISTA DE ERRORES Y DUDOSAS DECISIONES A pocos días de iniciados los juegos se ha producido ya un número sorprendentemente alto de reclamaciones (muchas atendidas), además de los esperados errores de organización y una gigantesca pifia con el fuego olímpico


La llama olímpica se apagó y se volvió a encender, y ahora se esconde
hasta el inicio  del atletismo, y entonces sólo se verá allí.

Poner en funcionamiento este auténtico monstruo que son los Juegos Olímpicos supone un esfuerzo organizativo verdaderamente descomunal, pues para que todo funcione han de hacer su trabajo a la perfección muchas personas. Aún así, en el aspecto deportivo se están produciendo numerosas quejas de las distintas delegaciones, y en el terreno organizativo se detectan errores producto de la falta de previsión y de dudosas decisiones.

Un nadador descalificado por moverse en la salida es recalificado tras la reclamación (y por tanto otro en principio clasificado fue apartado de la final), un judoka eliminado vuelve a entrar en competición, y también se han producido reclamaciones en esgrima, gimnasia, waterpolo…, casi todas atendidas por los jueces, que por lo general han optado por decisiones salomónicas. Sorprende que se tomen decisiones contrarias a las dictaminadas por el árbitro en el momento, es decir, que se rearbitren competiciones.

Por otro lado, también hay numerosas quejas de no pocos equipos por cosas que pasan en todos los eventos de este tamaño, como fallos de seguridad, gigantescos atascos de tráfico que ocasionan retrasos e incomodidades de todo tipo a los participantes, habitaciones minúsculas con camas de 1,75 metros de longitud para todos (ante las quejas de los indios por esto, el periódico sportingnews.com dijo que “los organizadores debieron soltar monos y serpientes para que se sintieran mejor”), confusión en el izado de una bandera antes de la competición (la de Corea del Sur en lugar de la de Corea del Norte)…

Todos estos errores de organización son fácilmente comprensibles, casi inevitables cuando hay que hacer funcionar una maquinaria tan complicada y de tal tamaño. Pero lo que no tiene explicación posible es el asunto del fuego olímpico. Tras un encendido espectacular, original, llamativo, estéticamente impecable y que dejó a medio mundo con la boca abierta en la ceremonia de inauguración, resulta que los que idearon tan ingenioso sistema no previeron que el pebetero no se podía quedar en medio del estadio. Por eso, han hecho algo que jamás se había visto en los Juegos Olímpicos: han tenido que apagar el fuego. Después de trasplantarlo a un farol, sí, pero han apagado el pebetero olímpico. Ahora lo han colocado en un lateral donde no molestará el desarrollo de la competición de atletismo, pero no podrá verse si no es dentro del estadio; es decir, a diferencia de las ediciones anteriores, el fuego olímpico no está en todo lo alto del coliseo principal y no preside la villa olímpica, es más, quien desee ver la llama sagrada y no tenga entradas para el atletismo, habrá de pagar por ver la susodicha hoguera. Esto del fuego, en fin, puede parecer cosa nimia, pero no deja de ser uno de los símbolos olímpicos, algo que hay que cuidar si no se quiere que la cosa se vulgarice, que se quede sin el misticismo, sin esa magia, sin esos rituales que forman parte de la esencia olímpica. El fuego, la bandera, los aros y el himno (entre otros atributos) son imprescindibles en los juegos. Por eso, esconder uno de esos estandartes del olimpismo dice poco del espíritu olímpico de Londres 2012, y más si añaden las incomprensibles decisiones de los árbitros y comités.

La cosa no es nueva: en los juegos de Londres 1908 los jueces provocaron infinidad de situaciones esperpénticas, ya que no se admitió ningún juez extranjero; así, algunas decisiones fueron de aurora boreal, como la de la carrera de 400 metros lisos: el americano Carpenter  fue descalificado tras ganar la final por, dijeron, una maniobra ilegal que perjudicó al escocés Halswelle, con lo que se ordenó repetir la carrera sin Carpenter; pero los otros dos finalistas (sólo eran cuatro) se solidarizaron con el americano, de modo que Halswelle corrió sólo la final de 400 metros lisos. Ganó. 

CARLOS DEL RIEGO
 








lunes, 30 de julio de 2012

LONDRES 2012: MUCHO CUIDADO CON CHISTES Y COMENTARIOS BURLESCOS Y JOCOSOS Ya son dos los expulsados de los juegos tras haber publicado comentarios calificados como racistas en las redes sociales


La atleta griega Papachristou hizo una broma de mal  gusto sin saber
  que  hoy día no se pueden hacer chistes  sin sufrir las iras de
los adoradores  de la corrección política.

La atleta griega Papachristou fue apartada del equipo griego poco antes del comienzo de los juegos por publicar en su Twiter “Con tantos africanos en Grecia, al menos los mosquitos del Nilo Oeste tendrán comida casera”. Hay varios puntos a considerar al respecto (además de lo confuso de la frase o la traducción). Primero, la irresistible fuerza de difusión de las redes sociales; segundo lo peligroso que es lanzar reflexiones u opiniones por Internet, pues nunca se sabe qué consecuencias puede traer o quién puede sentirse afectado u ofendido; tercero, que no hay marcha atrás, lo escrito escrito queda, y ya no valen posteriores disculpas; cuarto, que más vale no hacer chistes ni comentarios jocosos sobre etnias y colectivos protegidos por la llamada discriminación positiva. Y por otro lado, parece sanción excesiva por unas palabras impropias, sí, pero que no constituyen causa suficiente para pasar por alto el trabajo, esfuerzo, tiempo y renuncias que entrega el atleta durante cuatro años; la desproporción entre la falta y el castigo es evidente.

El futbolista suizo Morganella dijo por el mismo conducto tras jugar el partido “Voy a dar una paliza a todos los surcoreanos. Menudos retrasados mentales”. En este caso hay amenaza e insultos evidentes, por lo que la expulsión (el máximo castigo), puede ser decisión más fácil de entender, aunque no deja de ser una bravata de adolescente. Sin embargo, el caso de la triplista griega es muy distinto, pues en realidad, lo que ha dicho no es otra cosa que un chiste de muy mal gusto, casi ofensivo, pero no más allá de una broma desafortunada.

Pero lo que la saltadora no sabía es que hoy día no se pueden hacer chistes, pues siempre habrá alguien que se sienta aludido, y si no es así ahí están los abanderados de la corrección política para llamar la atención; si en el chiste aparece un negro, asiático, gitano, indio, magrebí… te llamarán racista, si una mujer serás un machista, si un judío serás nazi, si un homosexual serás homófono, si ciudadanos de otros países serás xenófobo, y algo encontrarán con qué tildarte si hablas en tono chistoso (que no tiene por qué ser en tono despectivo, injurioso o malintencionado) de un enano, un minusválido, un ciego, un musulmán…

La cosa cambia con otro tipo de insultos, es decir, el racista es mucho más grave que cualquier otro; por ejemplo, si en lugar de vocear estúpidamente “¡vuélvete a la selva, negro!”, el imbécil suelta “¡árbitro, hijo de p…!”, no pasará nada; del mismo modo, cuando Luis Aragonés arengó a un jugador en un entrenamiento gritándole “usted es mejor que el negro de mierda” casi se produce un conflicto internacional, pero la cosa apenas se habría comentado si el rival del futbolista hubiera sido inglés y Aragonés hubiera dicho “… que el rubito de mierda”. 

En ese sentido, ¿hubieran sido los mismos castigos si la atleta en vez de africanos hubiera dicho norteamericanos, y el futbolista austriacos en lugar de surcoreanos? 

CARLOS DEL RIEGO









LONDRES 2012: UNA VICTORIA EN LA INAUGURACIÓN Todas las delegaciones que caminaron por el estadio olímpico en la ceremonia de apertura de los XXX Juegos Olímpicos de Londres incluyeron hombres y mujeres por primera vez en la historia. Todo un triunfo del olimpismo


La presencia de féminas en ciertas delegaciones
 ha sido un hecho muy importante

Han transcurrido 116 años desde la celebración de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, pero finalmente se han visto desfilar hombres y mujeres en todos los equipos nacionales (204 más otro bajo bandera olímpica) que tomaron parte en el glorioso paseo inaugural por el estadio. Han sido necesarias 30 ediciones de los juegos para conseguir que el movimiento olímpico haya impuesto la realidad del mundo a los dirigentes de países que siguen encorsetados en culturas ancladas, al menos en algunos aspectos, en la Edad Media. Por eso, el hecho de que el Comité Olímpico Internacional presionara casi hasta la asfixia para que no se impidiera a nadie participar por cuestión de sexo es un paso mucho más importante de lo que pueda parecer, es un auténtico triunfo del espíritu olímpico, puesto que ha logrado lo que ningún otro movimiento, negociación, país, cumbre política o iniciativa del tipo que fuera. Al menos durante ese momento y durante los días de competición, esas hijas, esposas y hermanas, que siempre están subordinadas, casi esclavizadas, tendrán los mismos derechos, estarán a la misma altura que los varones, y esto es una ruptura de gran magnitud en ciertas culturas.
Parece cosa de poco, algo que no pasa del plano anecdótico, pero viendo el fenómeno en profundidad se llega fácilmente a la conclusión de que es un enorme triunfo del olimpismo, pues los que imponen esa forma de entender la realidad han visto que hay reglas que están por encima de sus creencias, que hay organismos con fuerza suficiente para abrir puertas que desmonten atrasos como el que sufren ellas en no pocos países. Es un inicio y, seguro, el anuncio de que indeseables tradiciones reñidas con los Derechos Humanos (que subrayan que nadie puede ser discriminado por razón de sexo) tienen sus días contados.
Pero este notable avance social se quedaría en curiosidad si hay marcha atrás, si en los próximos juegos (y no digamos si los siguientes se otorgan a un país de cultura musulmana), se permite discriminación. Es más, una vez abierto el camino hay que transitarlo hasta que desaparezca esa insoportable desigualdad (que curiosamente defienden muchos que se creen de izquierdas y que, por tanto, piensan que los Derechos Humanos no son aplicables a todos y en todo el mundo), hasta que el deporte, el olimpismo alcance una meta que la Humanidad (una parte) lleva muchos siglos persiguiendo (a veces sin saberlo, inconscientemente).
Y por la misma razón no deben pasarse por alto indumentarias o uniformes antirreglamentarios y contrarios a las reglas de cada disciplina; y del mismo modo horarios, costumbres o cualquier privilegio o cambio en función de religión o tradición cultural. Si el COI se mantiene firme y logra el acatamiento de sus reglas y exigencias, toda la familia humana se beneficiará de la idea, pues significaría un cambio de mentalidad que sin duda permitiría otros que, finalmente, afectarían mucho y muy positivamente a aquellas sociedades. Claro que, desgraciadamente, siempre habrá fanáticos.

CARLOS DEL RIEGO









jueves, 26 de julio de 2012

HUYENDO DE LAS NOTICIAS A diario aumenta la legión de ciudadanos de a pie que no pueden soportar las noticias sin sentirse seriamente, profundamente afectados, así que optan por la escapada como medida terapéutica


Hay mucha gente que huye de las noticias
 en beneficio de su salud mental

Es un curioso fenómeno que se viene observando desde hace años: cada día son más las personas que huyen de las noticias, que sintonizan sólo emisoras de radio musicales o deportivas, que cambian de canal al llegar los telediarios, que pasan las páginas de información general del periódico sin apenas leer ni los titulares... “Es que me deprimen mucho”, dicen unos, “me pongo de muy mal humor”, afirman otros, “muchas noticias me enfurecen y estoy que muerdo el resto del día”, confiesan algunos.

Esa postura no equivale a volver la cara a la realidad, sino que es una medida terapéutica para no amargarse la existencia; y de todos modos, ni siquiera los que huyen de las noticias dejan de enterarse de todas las calaveradas, barrabasadas y mamarrachadas con que diariamente confirman su condición aquellos a quienes el ciudadano desprecia y critica hasta el insulto.

Y no es por la delincuencia existente en las calles y entre la clase política, en la gestión de los bancos y en las esferas donde se maneja el poder, pues ya se sabe que estadísticamente tiene que haber manilargos y maletas e inútiles mejor o peor intencionados en todas partes. Lo que verdaderamente enfada y desespera, lo que no se soporta es la impunidad, lo que lleva a escapar de la noticia es evitar enterarse de que el asesino esté en la calle a los pocos años; que el ladrón de guante blanco pase unas vacaciones entre rejas y, al poco, vuelva a casa sin devolver nada; que el político cuya acción ha causado serios y evidentes prejuicios a causa de su ineptitud se retire sin rendir cuentas; que el dirigente que ha desviado contratos o subvenciones interesadamente no sólo no lo explique, sino que se diga “víctima de una conspiración” (¡cuántas veces se han escuchado estas palabras de boca de auténticos sinvergüenzas!) y adopte postura de gran indignación; que los rateros y ladrones estén en las calles enseñando el dedo anular a sus víctimas horas después de haber sido sorprendidos con las manos en la masa; que terroristas confesos queden en libertad gracias a las opiniones de jueces dudosos; que violadores, pederastas, proxenetas y maltratadores nieguen la evidencia y echen la culpa a las víctimas atendiendo los consejos de abogados despreciables… Y así sucesivamente, y eso sin contar con los actos de corrupción que quedan impunes, perdidos en una maraña legal. Que suceda todo esto y te lo cuenten como si nada es lo que desespera hasta el punto de decir “no aguanto más, no quiero enterarme de nada o cualquier día me echo a la calle y cometo una barbaridad”.

Esto es lo que ha llevado a muchos ciudadanos, hartos de cumplir estrictamente con la ley y comprobar cómo otros se la pasan gratuitamente por el forro, a alejarse del noticiero. Y además, el ciudadano (perseguido sin tregua si tiene el mínimo desliz), sabe que todas aquellas situaciones indeseables cuentan con la complicidad de un sistema y una judicatura tremendamente parciales y favorables a quien infringe la ley, pues el código penal español y la cárcel no tienen intención punitiva sino reinsertadota, mientras que los encargados de impartir justicia evidencian gran preocupación por acortar todo lo posible el padecimiento del pederasta, asesino, terrorista…, a la vez que se muestran indiferentes y despreocupados ante la víctima; y no digamos si anda la política y la ideología por medio, pues entonces se escucharán sentencias dignas de los Hermanos Marx.

En fin, si cada día son más los ciudadanos que asocian noticias con insoportables injusticias es, ante todo, por esa impunidad que permite el sistema (o sea, los legisladores, o sea, los gobiernos) y por la ceguera o la perversa interpretación de unos magistrados que bien podrían pasar por arbitruchos miopes.  
  
CARLOS DEL RIEGO












martes, 24 de julio de 2012

CINE: DE LA GRAN PELÍCULA EN ANALÓGICO A LA PURA MERCADOTECNIA DE LA ERA DIGITAL


Divertida, imaginativa, emotiva, apasionante...,
el cine de Lubitsch es una muestra de l mejor cine

Hay excepciones pero por lo general el cine del siglo XXI apuesta exclusivamente por lo que entra por los ojos, por lo visual, olvidándose totalmente de que en el cine el ingenio, la creatividad, la emoción tienen otros puertos de entrada
                                                                                                                        
En épocas de crisis económicas como la actual las cadenas de televisión recurren a la proyección de películas antiguas, que les resultan mucho menos costosas. Viéndolas por enésima vez, uno se da cuenta de que difieren muchísimo de las que se estrenan a diario en las salas de cine.

En la actualidad lo que manda en el cine es lo visual y los trucos de cámara, muy por encima de guiones o diálogos. Pero en aquellas producciones anteriores a lo digital, en las que los efectos especiales apenas tenían importancia (cuando había, que no siempre), primaba la inteligencia, las conversaciones ingeniosas y efervescentes, las historias sólidas y convincentes, los héroes y demás personajes creíbles y reconocibles, las situaciones cómicas, trágicas o sentimentales capaces de llegar al espectador sin más ayuda que el trabajo de los actores y una puesta en escena con más cerebro que trucos de cámara.

Pero la pantalla grande ha caído en manos de los expertos en marketing y manipulación de masas, de modo que la promoción de la peli, la propaganda, ha usurpado el protagonismo a los guionistas, directores y actores, tanto que en muchos casos se diseña la difusión del producto antes de haberlo terminado, modificando este o aquel aspecto del filme en función de lo que posteriormente vaya a realizarse en el terreno de la publicidad, merchandising, venta en Internet o DVD… Es por esto que la mayor parte de los estrenos muestra protagonistas impostados y chulescos que pocas veces hablan más que con monosílabos, de forma cortante o con sentencias amenazadoras, jamás titubean o exhiben otra expresión que no sea soberbia, así que casi siempre miran por encima del hombro y con aires de superioridad, resultando que buenos y malos muestran modos de proceder prácticamente idénticos, sin más valor que ser tipos duros, decir tacos y manejar muchas armas, y que, en fin, apenas tienen esbozada algo parecido a una personalidad; y es así porque así lo deciden los que mandan en todo el proyecto, que son los que se encargarán de publicitarlo y venderlo, ya convertido en manufactura para masas.

Por el contrario, el cine realizado en tiempos de tecnología analógica presenta personajes cuyo carácter y modo de conducirse están perfectamente dibujados, resultan coherentes y proporcionan sentido a la narración, tienen momentos de duda o debilidad y se ven humanos, no monolitos inexpresivos que solucionan todo a tiros. El género donde más evidentes se hacen estas diferencias es el de aventuras, y más concretamente en el de superhéroes (incluyendo el de polis indestructibles, agentes muy duros y mostrencos con todo tipo de armamento). Asimismo, es muy habitual que las imágenes se sucedan a toda velocidad y que los planos apenas duren unas décimas de segundo, como si directores y productores trataran de que el espectador no piense, que no tenga tiempo de analizar y darse cuenta de que lo que está viendo vale mucho menos (infinitamente menos) que una historieta de Mortadelo. El problema, en fin, es que la historia que se cuenta ha pasado a un segundo o tercer plano en favor de lo estrictamente visual, como si lo deseable fuera que el espectador no tuviera que hacer ningún esfuerzo mental.

También podría hablarse del rol masculinizante adoptado por la mujer, pero esa es otra.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 22 de julio de 2012

LOS DERECHOS Y SENTIMIENTOS DE LOS ANIMALES La discusión en torno al toreo (muy habitual en España) suele derivar hacia la que tiene como centro los supuestos derechos e incluso sentimientos de los animales


Aunque parezca otra cosa,
esto es sencilla  y llanamente instinto.

Las disputas verbales sobre la llamada fiesta de los toros se producen por cientos cada día en España (y seguro que en muchos otros lugares), y es raro que los detractores no esgriman razonamientos que apuntan a los derechos e incluso los sentimientos de los toros y, en general, de todos los animales. En ese sentido se enmarca ese disparate al que han dado en llamar ‘Proyecto Gran Simio’, que pretendía otorgar algo parecido a derechos humanos a los simios antropomorfos: gorila, orangután, chimpancé y bonobo; un verdadero esperpento.    
En primer lugar no hay que olvidar que cada derecho conlleva un deber, de modo que si un animal tuviera derechos también habría que exigirle obligaciones, por lo que sería oportuna la pregunta ¿qué obligaciones deben exigírsele al toro? Y llevando las cosas al extremo, ¿tendrían los insectos, anfibios, aves, reptiles, peces los mismos derechos que
los toros y las ratas, o sea, los mamíferos?, y si es así, ¿tiene el mosquito derecho a vivir sin ser aplastado o gaseado? Evidentemente, el sentido común dice que los animales no pueden tener derechos, aunque sí se puede afirmar que es el hombre quien tiene obligaciones (principalmente, y de modo genérico, no causar daño innecesariamente) para con los animales, al menos con algunos.
Pero lo más interesante de la discusión que empieza en la plaza de toros es la parte en que los políticamente correctos afirman que no sólo tienen derechos, sino que también tienen sentimientos; incluso hay quien defiende que hasta las plantas tienen sentimientos (¡). Así, se habla del “amor” de las hembras de los primates, cánidos y otros mamíferos hacia sus retoños y de su “tristeza” cuando se les arrebata o muere una cría, de los “apasionados” rituales de cortejo previos al emparejamiento, del “odio” que muestran los machos cuando pelean por una hembra… Todo esto es simple instinto, impulso natural irresistible para todo ser irracional. Si los animales tuvieran sentimientos, padres e hijos se reconocerían de por vida, pero no es así; si tuvieran sentimientos el macho rechazaría copular con su hija, madre o hermana, pero en la naturaleza, llegado el celo, el macho no verá delante más que una hembra; si tuvieran sentimientos perseguirían hasta la muerte a quien hiriera o matara a su pareja o cachorro, pero eso jamás ocurre.
Ni pasión, ni amor, ni odio, sólo instinto y bioquímica, pues los animales reaccionan siguiendo un patrón marcado por las hormonas que segregan sus glándulas, las cuales les empujan a actuar de un modo predeterminado, o sea, no pueden hacer otra cosa distinta a la que le imponen su instinto y los productos químicos liberados por su cuerpo, en resumen, son incapaces de actuar contrariamente a los dictados de su propia naturaleza. Y en esos parámetros pueden incluirse las muestras de excitación de perros y algunos otros animales de compañía ante sus dueños: respuestas instintivas; tan automáticas como la del macho de león que, una vez derrotado el antiguo señor de la manada, da muerte inmediata a los cachorros de la misma para que las hembras entren en celo: puro instinto, ni asomo de sentimientos como crueldad o venganza.        
Sin embargo, el posesor de derechos, el Hombre, es capaz de imponer conceptos exclusivos como racionalidad o moralidad a sus instintos, cosa que el animal no puede hacer. Por eso un perro jamás iría en auxilio de otro perro que está siendo atacado, por eso el animal no tiene pudor en defecar o copular cuando su organismo o instinto se lo piden sin atender a ninguna consideración, por eso ninguna mascota expresa agradecimiento ante la fiesta o regalos de cumpleaños que algunos dueños les preparan.
Si es un animal no puede tener derechos humanos, ya que, finalmente, todos los derechos (y deberes) son sólo humanos.
CARLOS DEL RIEGO
 

jueves, 19 de julio de 2012

¿HAY ALTERNATIVAS A LAS MEDIDAS ECONÓMICAS DEL GOBIERNO? El presidente del gobierno de España y sus ministros afirman que no hay alternativas a los duros ajustes económicos que se han decretado. Sin embargo, sí que hay otras formas de ahorrar.


Son muchos y muy privilegiados.


Subir los impuestos a toda la población, bajar sueldos a los funcionarios (maestros, policías, médicos, bomberos…) y retirada de ciertos servicios públicos son las principales medidas con que el gobierno de España pretende reducir el déficit; y para justificar tales decisiones afirman el jefe y sus lugartenientes que no se puede hacer otra cosa, que es esto o la bancarrota, y que si no se hace esto no habrá dinero para pagar sueldos públicos. Pero esto no es totalmente cierto.
Para empezar, aseguraron que empezaban a estar en peligro las nóminas de los funcionarios e incluso pensiones y prestaciones por desempleo, pero en ningún caso dijeron que corrían peligro los abultados sueldos de sus señorías o algunas de las múltiples gangas que se han asignado. Asimismo, han quitado fechas de descanso a muchos, y con anterioridad ya habían alejado la edad de jubilación, pero no han mencionado que ellos sólo tienen que trabajar siete años para tener derecho a la pensión máxima, ni han abierto la boca para aumentar los escuetos impuestos que pagan. Tampoco, en fin, han tenido la valentía de renunciar a algunos de los muchos privilegios que disfrutan todos los que viven del erario sin haber ganado una oposición; entre estos están las dietas de viajes y estancias, los coches oficiales con chófer y gasolina para usos privados, los gastos con tarjeta a costa del contribuyente o los regalos que se hacen unos a otros con el dinero del primo pagano, o sea, el ciudadano…, por no hablar de los costosísimos retratos que sus soberbias señorías encargan a artistas de postín cuyos emolumentos salen del mismo bolsillo. Curiosamente, están en peligro los sueldos de los funcionarios, pero no se ha escuchado nada en el congreso de que corran ningún riesgo sus privilegios, o sea, ni un solo representante político de ningún partido ha pronunciado una sola palabra en este sentido, lo que indica que puede que no haya para pagar al policía o al maestro, pero sí habrá para pagar a los expertos que asesoran a los que ocupan sillón oficial.
Es decir, sí hay alternativa a subir indiscriminadamente los impuestos: retirar todas esas prebendas. Pero hay otras formas de reducir gastos, siendo la principal la supresión de una institución tan inútil como costosa, el Senado. Mantener con vida a ese mastodonte que gasta pero no aporta cuesta una fortuna cada mes, pues no es sólo el suculento salario de esos dudosos personajes (¿alguien podría decir qué ha hecho el senador tal o cual el mes pasado que valga los miles de euros que cobró?), sino que también cuestan lo suyo los numerosos complementos con que cuentan los senadores, los regalos que tienen por serlo (ordenador, teléfono móvil…) o la infraestructura de tan vana institución. Dicen los interesados que no se puede suprimir la cámara alta sin más, pues habría que cambiar la Constitución, sin embargo, si se hace un referéndum y la voluntad popular se manifiesta mayoritariamente, el resto sería sólo un trámite, simple papeleo; y al mes siguiente el ahorro sería ya enorme aunque los señores senadores pasaran al paro. Asimismo bueno sería revisar el ejército de políticos, asistentes, asesores, ayudantes y demás personal que tienen a su cargo las comunidades autónomas, ayuntamientos, diputaciones. Y es que, verdaderamente, son demasiados los que viven de la política local, provincial, regional, nacional e incluso europea, por lo que más de la mitad de los ingresos del país se va a los gobernantes. Y eso sin hablar de lo que cuestan muchas otras instituciones y organismos pagados por el erario que, sin la menor duda, son prescindibles sin que el funcionamiento de la sociedad se resienta.
Igualmente excusaríamos miles de millones de euros retirando subvenciones tan injustas (en realidad todas las subvenciones son injustas, ya que no se puede subvencionar a todos) como las que se llevan los partidos políticos y los sindicatos, la industria del cine (y otras industrias…) o las iniciativas y proyectos tan esperpénticos y vacíos como la Alianza de Civilizaciones. En fin, parece más que evidente que todo esto es mucho menos necesario que el policía, el bombero, el maestro, el médico.
El político afirma que eso es el chocolate del loro, pero no tiene en cuenta que hay muchos millones de loros.    
CARLOS DEL RIEGO

martes, 17 de julio de 2012

¿QUIÉN FUE EL PRIMER NO AMERICANO EN PISAR AMÉRICA? Las teorías en torno al honor de toparse con el continente americano antes que nadie son muy diversas y apuntan en varias direcciones, pero al final lo que queda es quién le mostró al resto del mundo las nuevas tierras


Es posible que los Viquingos llegaran antes que Colón,
pero no socializaron ni aprovecharon su descubrimiento

Para empezar hay que tener cuidado con la palabra a utilizar, ya que hay quien se siente molesto cuando se habla del ‘descubrimiento de América’, pues asegura que no estaba cubierta; del mismo modo, dicen, tampoco puede recurrirse a términos como ‘hallazgo’ o ‘encuentro’ de América, pues tampoco estaba escondida, y así podría seguirse sin encontrar una palabra que satisfaga a todos y que designe el hecho de la llegada a América por vez primera de un africano, europeo, asiático u oceánico.
Se use la expresión que se use, lo cierto es que existen varias teorías que afirman que quien primero dejó sus huellas en el nuevo continente no fue Cristóbal Colón. Así, la más extendida apunta a los viquingos, que poco antes o después del año mil arribaron a la actual Terranova y, posteriormente, al continente; y en ese sentido se habla de pruebas concluyentes que, analizadas con espíritu crítico y exclusivamente científico, en ningún caso son tan concluyentes. También se habla de navegantes irlandeses que habrían desembarcado en tierras norteamericanas nada menos que trescientos o cuatrocientos años antes que los nórdicos, es decir, en la Alta Edad Media. Entre las más recientes propuestas acerca de quiénes fueron los autores del primer viaje transoceánico con éxito está la que señala a micronesios, indonesios o, en fin, habitantes de algunas de las infinitas islas del Pacífico Sur, que se mostraron como expertos y arrojados navegantes. Y qué decir de lo que apunta el mapa del otomano Piri Reis o incluso que los fenicios, empujados por los vientos, también desembarcaron allá. Sólo faltaría añadir a Astérix y Obélix, que en una de sus aventuras se toparon con el nuevo (para los que vivían en el resto del mundo) continente.

Es posible que alguien pisara las tierras luego conocidas como América antes que lo hiciera Colón, pero eso, siendo importante, no es lo realmente trascendente. Es decir, si hubo quien estuvo allí antes que el genovés (tampoco falta la polémica en torno al lugar de nacimiento del Almirante de la mar océana), en realidad no se enteró de qué había bajo sus pies, no se lo dijo a nadie, no compartió su conocimiento, no socializó lo hallado, no le dio mayor importancia, con lo que no pasó nada, la historia de América y la del resto del mundo no varió, todo siguió su curso sin alterarse a pesar de la novedad. Nadie aprovechó el encuentro.
Un buen ejemplo de un descubrimiento que pudo no ser tal es el del hallazgo de la penicilina. Al parecer, un cultivo olvidado en un laboratorio fue observado al día siguiente por uno de los científicos, Flemming, que se dio cuenta de que en torno al centro del preparado las bacterias habían retrocedido, o sea, eso (que era un hongo, el penicilium) acababa con las bacterias. Entonces, Flemming se puso a estudiar el fenómeno con detenimiento y curiosidad científicos hasta que finalmente dio con un medicamento que, sin duda, cambió para siempre la visión de la salud. Así, cabría preguntarse cuántos científicos habrían observado ese fenómeno (u otro semejante) sin prestarle mayor atención, sin dedicarle tiempo, sin analizarlo con visión científica.
Lo importante cuando alguien se encuentra con algo nuevo no es sólo el hallazgo en sí, sino entender su importancia y, sobre todo, socializar la novedad, compartir el conocimiento para que así todos puedan aprovecharlo y encontrar nuevas posibilidades beneficiosas para las personas.  
CARLOS DEL RIEGO

domingo, 15 de julio de 2012

INFLUENCIA DEL FRANQUISMO HOY Estos días se cumple el aniversario del golpe de estado protagonizado por el general Franco. Cuarenta años después moría éste, de modo que casi han pasado ya otras cuatro décadas del fin del franquismo. Sin embargo, muchos siguen queriendo combatirlo hoy

Creen que así ganan la Guerra Civil
y derrotan a Franco.. 

Muchos de los más acérrimos antifranquistas tras la muerte de Franco, vivieron muy bien y prosperaron durante aquellos cuarenta años, de hecho, la mayoría de ellos lograron elevada posición social mostrando más que simpatía por el régimen; por citar un par de ejemplos, el que fuera director de El País y actual académico Juan Luis Cebrián, muy cercano a Falange, o el dueño del grupo Prisa hasta su muerte, Jesús Polanco, quien hizo fortuna en el sector editorial gracias a los chivatazos e información privilegiada que le suministraban los ministros franquistas amigos suyos. Pero muerto el dictador parece que nadie estuvo en aquellas masivas concentraciones de la Plaza de Oriente de Madrid…

El caso es que hay quien sigue combatiendo a Franco hoy. ¿Cómo?, atacando todo aquello que fue valorado en los tiempos del militar gallego. Como es sabido, todos los dictadores tienden a identificarse a sí mismos con los símbolos patrios, de manera que el tirano se cree la bandera, el himno, incluso el mismo país o su nombre, por lo que cuando se ataca al dictador desde fuera, él dice que a quien atacan es a la patria. Y esa manipulación que lleva a cabo la propaganda oficial fue asumida en su momento, y aún hoy sigue siendo asumida por muchos, es decir, lo que estos antifranquistas han hecho ha sido transigir, entregar a Franco todos los símbolos que él hizo suyos; aún más, se han dejado manipular por la propaganda, por los Goebbels españoles de aquellos cuarenta años.
Así, lo que sucede en la actualidad es que quienes quieren destacar como aguerridos antifranquistas, quienes tienen que hacer evidente su postura después de tanto tiempo (¡vaya usted a saber por qué!) son encendidos detractores de la exhibición de la bandera, no soportan los sones del himno y huyen como del lobo de la palabra España y la sustituyen por el país o el estado, pues asocian todo ello a Franco y el franquismo…, como si Franco hubiera inventado la bandera o durante su tiempo se hubiera compuesto la música de la Marcha Real (el himno).
Pero la cosa no queda ahí. Los españoles que quieren derrotar al bando nacional 76 años después, no sólo odian los símbolos españoles, sino que también son enemigos viscerales de valores e instituciones que identifican (erróneamente y demostrando gran predisposición a ser manipulados) con aquel régimen. Por ejemplo, no son pocos los que se creen de izquierdas (y por tanto ostensibles antifranquistas) que ven la familia como una institución del pasado, algo superado por los tiempos, pero sólo si se trata de la familia tradicional, o sea, hombre, mujer e hijos, puesto que si es uno de los nuevos modelos su opinión cambia. Y también es fácil ver a esos que quieren ganar una guerra pasada a un muerto, mostrar su aversión a conceptos como la disciplina o el principio de autoridad, negar valor al trabajo y dárselo a la diversión (¿hay alguien que vea la Logse como una consecuencia de esta forma de pensar?). En fin, como en aquellas cuatro décadas se daba importancia a la familia, al trabajo, al respeto de las reglas…, los que se niegan a admitir la derrota republicana también niegan valor a esos conceptos. Y del mismo modo son alérgicos a todo lo que tenga que ver con la religión católica, con conceptos como patriotismo y heroísmo o con el esfuerzo para hacer mejor su trabajo.
Lo único que demuestran no es su antifranquismo, sino lo fácilmente que caen en las trampas y trucos de los expertos en propaganda. 

CARLOS DEL RIEGO