martes, 24 de julio de 2012

CINE: DE LA GRAN PELÍCULA EN ANALÓGICO A LA PURA MERCADOTECNIA DE LA ERA DIGITAL


Divertida, imaginativa, emotiva, apasionante...,
el cine de Lubitsch es una muestra de l mejor cine

Hay excepciones pero por lo general el cine del siglo XXI apuesta exclusivamente por lo que entra por los ojos, por lo visual, olvidándose totalmente de que en el cine el ingenio, la creatividad, la emoción tienen otros puertos de entrada
                                                                                                                        
En épocas de crisis económicas como la actual las cadenas de televisión recurren a la proyección de películas antiguas, que les resultan mucho menos costosas. Viéndolas por enésima vez, uno se da cuenta de que difieren muchísimo de las que se estrenan a diario en las salas de cine.

En la actualidad lo que manda en el cine es lo visual y los trucos de cámara, muy por encima de guiones o diálogos. Pero en aquellas producciones anteriores a lo digital, en las que los efectos especiales apenas tenían importancia (cuando había, que no siempre), primaba la inteligencia, las conversaciones ingeniosas y efervescentes, las historias sólidas y convincentes, los héroes y demás personajes creíbles y reconocibles, las situaciones cómicas, trágicas o sentimentales capaces de llegar al espectador sin más ayuda que el trabajo de los actores y una puesta en escena con más cerebro que trucos de cámara.

Pero la pantalla grande ha caído en manos de los expertos en marketing y manipulación de masas, de modo que la promoción de la peli, la propaganda, ha usurpado el protagonismo a los guionistas, directores y actores, tanto que en muchos casos se diseña la difusión del producto antes de haberlo terminado, modificando este o aquel aspecto del filme en función de lo que posteriormente vaya a realizarse en el terreno de la publicidad, merchandising, venta en Internet o DVD… Es por esto que la mayor parte de los estrenos muestra protagonistas impostados y chulescos que pocas veces hablan más que con monosílabos, de forma cortante o con sentencias amenazadoras, jamás titubean o exhiben otra expresión que no sea soberbia, así que casi siempre miran por encima del hombro y con aires de superioridad, resultando que buenos y malos muestran modos de proceder prácticamente idénticos, sin más valor que ser tipos duros, decir tacos y manejar muchas armas, y que, en fin, apenas tienen esbozada algo parecido a una personalidad; y es así porque así lo deciden los que mandan en todo el proyecto, que son los que se encargarán de publicitarlo y venderlo, ya convertido en manufactura para masas.

Por el contrario, el cine realizado en tiempos de tecnología analógica presenta personajes cuyo carácter y modo de conducirse están perfectamente dibujados, resultan coherentes y proporcionan sentido a la narración, tienen momentos de duda o debilidad y se ven humanos, no monolitos inexpresivos que solucionan todo a tiros. El género donde más evidentes se hacen estas diferencias es el de aventuras, y más concretamente en el de superhéroes (incluyendo el de polis indestructibles, agentes muy duros y mostrencos con todo tipo de armamento). Asimismo, es muy habitual que las imágenes se sucedan a toda velocidad y que los planos apenas duren unas décimas de segundo, como si directores y productores trataran de que el espectador no piense, que no tenga tiempo de analizar y darse cuenta de que lo que está viendo vale mucho menos (infinitamente menos) que una historieta de Mortadelo. El problema, en fin, es que la historia que se cuenta ha pasado a un segundo o tercer plano en favor de lo estrictamente visual, como si lo deseable fuera que el espectador no tuviera que hacer ningún esfuerzo mental.

También podría hablarse del rol masculinizante adoptado por la mujer, pero esa es otra.

CARLOS DEL RIEGO

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