lunes, 2 de julio de 2012

ALASKA, GABINETE, RADIO FUTURA, ANÉCDOTAS DE LA NUEVA OLA (Primera parte) Aquellos primeros años ochenta fueron algo especial en toda España. Por eso, los grupos que protagonizaron aquel momento dejaron recuerdos y anécdotas (inolvidables para quienes las vivieron) por todo el país

Ana Curra y Alaska con ese
 ingenuo aspecto entre punk y siniestro
 


 Alaska y Los Pegamoides dieron unos cuantos conciertos a pesar de la aversión del gran Carlos García Berlanga a echarse a la carretera. La actuación estaba prevista para las 22 horas, así que tenían que estar en la sala un rato antes. Pero había fútbol, y Carlos no se perdía un partido si jugaba su equipo: “Yo no voy hasta que no acabe el partido” repitió varias veces, de modo que el resto del grupo se resignó a esperar; así, mientras que Carlos se pegaba a la pantalla, las chicas del grupo (Alaska y Ana Curra) se sentaron a la barra, con la suerte de que al barman tampoco le gustaba el fútbol… ni tenía ni idea de quiénes eran aquellas dos majaras pintarrajeadas y con aquellos pelos. El buen escanciador se pasó dos horas poniéndoles copas y combinados a las dos modernas, charlando y haciendo chistes como si fueran amigos íntimos, flirteando y riéndose los tres con grandes y sonoras carcajadas. Al acabar el partido e irse los músicos hacia la sala, los parroquianos del local se fueron hacia el barman para que les contara de qué habían hablado, pero éste les respondió con una pregunta “¿Pero quiénes eran esas tías tan raras?”, y le contestaron “pues componentes de un grupo musical” (era la mejor forma de explicárselo), y volvieron a insistirle “¿pero de qué hablabais, por qué os reíais tanto?”, a lo que él respondió “yo qué sé, si no les entendía nada, hablaban muy raro y muchas veces decían palabras que no había oído nunca, debían decir cosas en extranjero”, pero entonces “¿de qué te carcajeabas?”, volvieron a preguntarle, y él dijo “de nada, yo veía que se reían y yo me reía y les ponía otra copa, volvían a decir cosas que yo no entendía, ellas reían, yo reía y otra copa, y así todo el rato”.

Al menos en aquellos primeros años,
los tres de Gabinete Caligari no sonreían nunca
 
En sus primeros años los tres integrantes de Gabinete Caligari iban a los conciertos con evidentes aires de superioridad; tal vez fuera la pose, la estética de escenario o simplemente una postura acorde con el contenido, con el fondo de sus canciones. El caso es que antes de iniciar aquel concierto, algunos periodistas y colegas acompañaron a los organizadores hasta el camerino (entonces eso era habitual). Ellos, muy serios, casi daban impresión de enfadados. Pasaba el tiempo y no hacían ademán de irse al escenario. El público, impaciente, gritaba y silbaba cuando el retraso se acercaba a una hora, sin embargo, asombrosamente, los tres músicos no movían un dedo, es más, permanecían totalmente tranquilos, con los pies encima de la mesa. Cuando alguien dijo que la gente protestaba ya con mucho ruido, uno de los tres contestó con convencimiento “Déjalos, cuanto más chillen, más nos aplaudirán luego”. Empezaron a tocar con más de una hora de retraso, y sí, les aplaudieron mucho.        

Santiago Auserón, en camiseta, en aquellos años de aparición de 'nuevaolas y movidas
Tras una actuación en una capital de provincias, Santiago Auserón y el resto de Radio Futura aceptaron una copa tranquila en la sala (ya cerrada) de los organizadores. Tras varias horas de trasiego, el líder del grupo abandonó todos los temas relacionados con la música y empezó a disertar sobre filosofía y existencialismo, con cosas como que si el presente no existe o el sentido de la vida, sin que faltara abundante aportación de citas y nombres propios. Al principio todo el mundo le hacía caso, pero a los pocos minutos empezaron las deserciones, de forma que antes de un cuarto de hora apenas tenía un par de alumnos; uno llevaba un rato en el limbo y el otro ya meditaba cómo zafarse de la encerrona metafísica. “Perdona, tengo que ir al baño”, dijo, a lo que Auserón respondió “vale, yo también”, así que el sesudo monólogo siguió durante el camino y no paró  mientras ambos procedieron a la evacuación, por lo que regresaron a la barra en medio de una avalancha de trascendentes pensamientos. El sufrido oyente caminó por el cerrado local tratando, ya sin disimulo, de que otros le hicieran un relevo, pero no, el excelente cantante, guitarrista y compositor le persiguió toda la noche explicando y explicando, casi ajeno (o sin casi) a la comprometida y violenta situación de quien no quiere escuchar más pero tampoco quiere ser grosero, y menos con un artista. “Estudió filosofía y anoche estaba algo achispado y con muchas ganas de hablar”, aclaró alguien al día siguiente.       
(Continuará)

CARLOS DEL RIEGO