sábado, 7 de julio de 2012

LO INJUSTO DE JUZGAR HECHOS Y PERSONAS DEL PASADO CON MENTALIDAD DE HOY: CADA ÉPOCA IMPONE SU MODO DE PENSAR Lo que hoy parece normal ayer ni se sospechaba, y viceversa, lo habitual de ayer es hoy inconcebible, pues cada época tiene sus propias normas, su propio modo de pensar; sin embargo, hay muchos que juzgan lo de ayer con su mentalidad de hoy.

Ninguno actuaríamos hoy de este modo, 
pero entonces no era extraño.


Tanto en medios de comunicación como en tertulias de barra o en familia se tiene por costumbre juzgar hechos de hace cien, quinientos o mil años como si hubieran sucedido ayer, de forma que se exige a quienes los protagonizaron un comportamiento contemporáneo. Así,se ha denostado a     El Cid acusándolo de ser un mercenario, de estar siempre de batalla en batalla masacrando tanto moros como cristianos; y del mismo modo a los conquistadores españoles (Cortés, Pizarro), que para muchos son asesinos sanguinarios que sólo buscaban matar y enriquecerse. Y se les juzga y se les condena con parámetros de la actualidad, es decir, no se tiene en cuenta que cuando ellos vivieron no existían conceptos tan asimilados hoy día como democracia, justicia social, igualdad ante la ley, derechos humanos…, a pesar de los cual se les menosprecia, insulta y juzga como si hubieran vivido hoy. Es decir, se les exige una conducta que entonces era imposible, algo equivalente a pensar que habría que haber llamado a los indígenas americanos por teléfono o ponerles un mensaje a través del móvil para avisarles de las intenciones de Cortés o Pizarro. Tan imposible como el móvil es exigir derechos humanos en aquellos tiempos.

Y es que resulta curiosísimo comprobar cómo va cambiando la forma de pensar con el paso del tiempo, de modo que lo que ayer parecía cosa cotidiana y corriente hoy parece algo insólito. Por ejemplo, existe una foto tomada a finales del siglo XIX (es posible que en París) en la que se ve a unos cuantos hombres defecando de espaldas a una pared, todos en fila, todos en la misma postura y casi todos mirando a la cámara sonrientes y sin el menor atisbo de vergüenza. Menos de un siglo después, la foto sería imposible, pues no sólo no se le ocurriría a nadie ponerse a evacuar en las calles de París a la vista de todos, sino que, llegado el caso, lo último que haría el apurado cagón sería mirar al fotógrafo sonriendo. Esto indica cómo van cambiando las formas de pensar, cómo va evolucionando la consideración de las cosas, cómo lo que ayer pareció normal a nuestros abuelos hoy nos parece imposible.

No se puede valorar la conducta de
Hernán Cortés hace 500 años
 con parámetros de hoy.
 
Más cercano aun, hace sólo veinte o treinta años era normal ver a la gente fumando en todo tipo de lugares públicos, oficinas, tiendas de alimentación, farmacias, autobuses, edificios oficiales, hospitales, bares y restaurantes e incluso los profesores en clase. Actualmente a nadie se le ocurre encender el cigarrillo no ya en una tienda u oficina, sino en un bar, pues se ha asimilado rapidísimamente la prohibición y la dura recriminación que sufriría el infractor por parte de quienes le rodean. Sin embargo, echando un vistazo a películas de los setenta, ochenta y noventa se ve con asombro cómo todos fumaban en todas partes con total naturalidad; es más, en un internado hace algo más de 40 años, a los niños de 12 años se les ofrecía una vez al año, en la fiesta del colegio, un cigarrito, una copita de coñac y un cafetín; algunos lo aceptaban y otros no, y ninguno terminó traumatizado, enfermo o predispuesto a consumir; si hoy se supiera de un colegio donde se produjera esta situación se hablaría incluso de cárcel. Son ilustrativas muestras de cómo va cambiando la percepción de la situación en función de la época; lo que entonces era lo corriente hoy parece muy sorprendente. Y a nadie que ve aquellas películas se le ocurriría insultar a quienes fuman, no les llamará asesinos, socios del cáncer o insolidarios, sino que simplemente entenderá que las cosas han cambiado, y lo que antes era normal hoy es insólito. Y estos cambios de mentalidad, de manera de ver y entender las cosas se producen cada vez más y más rápido; por ejemplo, hace cientos de años la percepción y consideración  de las actitudes y conductas permanecía en la sociedad durante siglos, mientras que hoy un cambio de mentalidad se asimila en meses por toda la sociedad produciéndose muy rápidamente una nueva consideración respecto a las mismas actitudes y conductas.  

Esta imagen muestra un modo de pensar de
 otro tiempo, y seria imposible hoy.
 
Por eso, cuando se esté ante un episodio histórico no se debe valorar como si se hubiera producido hace unas horas. Así, se podría preguntar a los que juzgan a Rodrigo Díaz, a Francisco Pizarro o a Hernán Cortés con mentalidad contemporánea, qué hubieran hecho ellos en aquel momento, si creen que ellos hubieran actuado de modo distinto de haber estado allí aquel día, y si dicen que sí, que ellos hubieran obrado de otro modo, cabría preguntarles por qué haría otra cosa si nadie obró de otro modo aquel día en aquel sitio y, de hecho, nadie actuó de modo distinto en aquel momento en cualquier parte del mundo.

Y es que cada época impone a las personas una forma exclusiva de ver las cosas, de pensar, de actuar, pues cada época tiene sus propias influencias, sus propios pensamientos, igual que cada época tiene su propia tecnología. 

CARLOS DEL RIEGO