miércoles, 11 de julio de 2012

13 DE JULIO DE 1936: SE ENCIENDE LA CHISPA DE LA GUERRA Aquel día es asesinado José Calvo Sotelo, líder del partido opositor al gobierno republicano, a manos de policías, dando así ‘el pistoletazo de salida’ a la Guerra Civil Española

El cadáver de Calvo Sotelo como fue encontrado.


Desde meses antes, el general Mola le enviaba continuos mensajes al general Franco instándole a que sublevara el ejército ya, inmediatamente. Pero Franco, que podía ser cualquier cosa menos un tonto imprudente, siempre le contestaba “geografía poco extensa”, dando así a entender que el pronunciamiento no contaba con los apoyos suficientes en las capitanías generales, con lo que la intentona fracasaría lo mismo que fracasó la ‘sanjurjada’, es decir, no quería encabezar una chapuza y quedarse sólo. Pero el 13 de julio es asesinado José Calvo Sotelo, líder del partido derechista Ceda, con lo que la situación cambió radicalmente; así, muchos de los militares que se mostraban contarios al levantamiento y casi todos los hasta entonces indecisos, manifestaron ahora su apoyo a la acción militar. Y así llegó el 17 de julio. ¿Cómo se llegó a esa situación?

Desde el triunfo del frente popular a comienzos de 1936 la situación en toda España era absolutamente caótica. Hay fuentes que señalan que se habían producido hasta julio cerca de 300 asesinatos por motivos políticos (alrededor de 250 están documentados); y es que eran diarios los motines, asaltos a comisarías, asesinatos, allanamientos sangrientos, palizas a representantes públicos y a simpatizantes de este o aquel partido, manifestaciones y huelgas extremadamente violentas, ataques a centros públicos, linchamientos a la vista de todos, enfrentamientos callejeros entre comunistas y falangistas, entre socialistas y anarquistas, entre sindicalistas y comunistas... El clima era insoportable y así lo denunció Calvo Sotelo en el parlamento en las encendidas sesiones de aquellos días de junio y julio. Y a los frentepopulistas no les gustaba la foto de la realidad que pintaba el líder opositor, quien afirmó allí: “se puede vivir en el comunismo, en el fascismo, en democracia, en monarquía..., pero no se puede vivir en la anarquía”, pues el gobierno había hecho total dejación de sus funciones como garante del orden público, de forma que no se producían investigaciones ni detenciones por todos esos sucesos.
La muerte del diputado, hace ahora 76 años,
 fue el desencadenante final de la guerra

El caso es que cada intervención de Calvo Sotelo solía provocar amenazas de todo tipo. El propio Josep Tarradellas señaló que “Pasionaria dijo en una de aquellas turbulentas sesiones: este hombre ha hablado por última vez”. Igualmente el parlamentario socialista Ángel Galarza: “pensando en Calvo Sotelo encuentro justificado el atentado contra su vida”. Y Pasionaria: “hay que arrastrarlos”. Dentro de una de sus últimas intervenciones, el político gallego afirmó tener “anchas espaldas”, refiriéndose a las amenazas.

Semanas antes del atentado se cambió a sus escoltas por agentes (alguno masón y abierto partidario del Frente Popular) encargados “de vigilarle”, los cuales también fueron cambiados ante la insistencia del interesado, pero no le asignaron hombres de su confianza. El día 12 de julio es asesinado el teniente Castillo por terroristas falangistas o carlistas, así que algunos de sus amigos organizan el asesinato de Gil Robles y Calvo Sotelo (por cierto, Clara Campoamor, tras el asesinato de Castillo, aconsejó responder liquidando al líder de alguna minoría parlamentaria). El primero no estaba en Madrid, así que fueron a por el segundo. El aterrador relato de cómo con engaños los sacaron de su casa de madrugada (él accedió a salir al ver los coches oficiales y los uniformes) es de sobra conocido; nadie pone en duda que guardias de asalto, algún guardia civil, militantes del Psoe y ‘el pistolero’ (Luis Cuenca, hombre de confianza de Indalecio Prieto) iban en la camioneta fatídica en la que Cuenca le pegó dos tiros en la nuca al diputado.

Después del asesinato, los autores fueron a ver o llamaron a líderes del Psoe, que sólo mostraron interés en que se escondieran, cosa que dejaron escrito abiertamente en sus memorias, lo que indica cómo estaban las cosas en aquella España. De hecho, tras el estallido de la guerra, algunos de los asesinos obtuvieron puestos de responsabilidad. Al poco del asesinato, integrantes de las Juventudes Socialistas robaron de las oficinas del Tribunal Supremo el escueto informe sobre el atentado. Sea como fuere, ninguno de los asesinos fue ni siquiera interrogado.

Ese era la atmósfera que se respiraba en las calles española. Parecía inevitable que, tarde o temprano, llegara un 17 de julio.
    
CARLOS DEL RIEGO