domingo, 24 de enero de 2016

¡QUÉ FANTÁSTICA MÚSICA SE HIZO EN LOS SESENTA! Aunque se acepta que el rock & roll dio sus primeros pasos a mediados del siglo pasado, es en los sesenta cuando se consolida, cuando presenta sus valores y sus posibilidades y, en fin, cuando abre las puertas a los múltiples caminos que, con el tiempo, irá transitando.

Canned Heat en aquellos años sesenta.
Así, en la conocida como la ‘década prodigiosa’, casi todos los subgéneros del R&R que pasarán a formar parte de la cultura del planeta inician su andadura; es decir, es en aquel decenio cuando el muestrario se abre. El pop melódico, el rock sicodélico, el progresivo y el hard, el soul-funk, el folk-rock y todas las combinaciones que entre ellos se puedan hacer se presentan en aquellos años; incluso los primeros sintetizadores aparecen en discos de entonces, lo que significa que hasta el techno está radicado allí.

Además de los nombres de leyenda y de los grandes prodigios que salieron de su talento, además de bandas que todo el mundo tiene en mente cuando se menciona aquella época (Beatles, Stones, Who, Kinks, Faces…, y Doors, Hendrix, Creedence, Velvet, Dylan…), muchos otros hicieron historia, algunos con un par de temas y otros con reconocida trayectoria; y desde luego, merece la pena volver a escuchar algunas muy señaladas canciones de entonces. Unas nunca han dejado de sonar, mientras que otras resultan de difícil asignación. Podría hacerse un pequeño programa de radio de clásicos de los sesenta con estas cinco maravillas.   


Por ejemplo, ¿quién recuerda aquella cima de la sicodelia titulada ‘Incense & peppermints’ (1967) de los angelinos Strawberry Alarm Clock? Pocas melodías, arreglos y recursos tienen tanta capacidad evocadora de los años del ‘hipismo psicodélico y ácido’. Habla, claro está, de alucinógenos y de humos: “lo enciendes, lo afinas y tus ojos dan vueltas”; además, se dice que en aquellos años se usaba el incienso y la menta para disimular el olor a ‘maría’. ¿Quién sabe en qué pensaban aquellos?

El insuperable ‘Black night’ de Deep Purple apareció en 1970 (último año de los sesenta), y si se escucha bien se pueden encontrar todos los tics y todos los recursos que luego serán moneda común en el heavy metal: los solos de guitarra y órgano, los alaridos del solista, las exhibiciones del batería, la estructura de la canción, el perfecto funcionamiento del dueto bajo-batería para obtener ritmo y densidad… La pieza se escucha y sigue estremeciendo tanto tiempo después; además, cuando a principio de los setenta una discoteca pretendía ser rockera, esta ‘Noche negra’ era imprescindible, ¡y hay que ver cómo la celebraba el personal! 

     
Los Canned Heat también dejaron emblemas del blues-boogie-rock que se escuchan con agrado e incluso emoción. Desgraciadamente sus años dorados fueron cortos, debido a la muerte prematura de alguno de sus fundadores: El Búho Ciego palmó en 1970 (también dejaron este mundo El Oso y El Girasol). Entre sus joyas imperecederas puede destacarse el maravillosos ‘On the road again’ (1967). Fina, delicada, exquisita melodía que no ha perdido encanto a pesar del tiempo transcurrido. La tensión instrumental, el ritmo irresistible, la voz alta y casi tímida de Allan ‘Blind Owl’ Wilson le dan un carácter, un estilo, una clase que se nota aun tanto tiempo después. 

De los Four Tops (una de las joyas de la Motown) se pueden rememorar unas cuantas, aunque su tema es el siempre bien recibido ‘Reach out (I´ll be there’), de 1966, escrita por el fabuloso equipo de compositores Holland-Dozier-Holland. Cientos de versiones en innumerables idiomas dan cuenta de la popularidad mundial de esta tonada. Algún crítico afirmó que se trata de una ‘sinfonía soul de proporciones épicas’.

De James Brown apenas se puede añadir nada, al igual que de su extensa producción. Una de sus canciones más recordadas es el ‘Please, please, please’, título que, realmente, de por sí, tiene muy poca chicha; sin embargo, la interpretación que El Padrino del Soul regaló en 1964 de ella es, sencillamente, antológica, hipnótica, delirante. Son seis minutos que dejan boquiabierto a cualquiera.

¡Lo que aun pueden dar de sí aquellos diez años!


CARLOS DEL RIEGO

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