miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA DOBLE ESTAFA DEL COCHE ELÉCTRICO


Miles y miles de coches eléctricos están abandonados en cementerios de autos en China sin que nadie los compre por muy baratos que sean, puesto que se quedaron obsoletos al poco de salir de fábrica


Hay centenares de cementerios de coches eléctricos en China que nadie comprará por obsoletos


Después de unos años de presencia del coche eléctrico en las calles de todo el mundo, se pueden añadir algunas razones evidentes a la infinidad de problemas que suscita, de momento, esta nueva forma de automoción. Se engaña al ciudadano doblemente: lejos de ser limpia, su fabricación es muy contaminante, y por otro lado, es una tecnología que pronto se vuelve obsoleta

 

Ya llevan los cien por cien eléctricos tiempo suficiente circulando como para que se tenga la perspectiva necesaria para poner en evidencia los gravísimos problemas que suscitan. Sabido es que su construcción, su fabricación, es idéntica a la de los autos de combustible fósil, es decir, para fundir el metal con que se hace la chapa (capó, puertas, techo…), los ejes, las llantas… hay que tirar de fuente energética que produzca el calor preciso (no menos de mil grados), lo que significa que hay que usar gas, no vale eólica o solar; y lo mismo para dar forma al plástico con que se hace el interior del coche. Además, está el gravísimo problema ambiental y humano que provoca la extracción de los materiales necesarios para las baterías: litio y cobalto.

 

La extracción y transformación del litio exigen millones de litros de agua (y como las minas están en Sudamérica y otras zonas áridas…), con lo que se agota este recurso para la agricultura y las necesidades de comunidades locales. Además, se precisan gigantescas piscinas que salinizan las fuentes de agua dulce y dañan los humedales. Igualmente, los químicos necesarios para refinar el mineral contaminan los suelos y dañan irremediablemente la biodiversidad…, por no mencionar los gigantescos depósitos de residuos que se producen y que permanecen almacenados.

 

En cuanto al cobalto, una gran proporción se extrae en minas a cielo abierto en el centro de África, sobre todo en República Democrática del Congo, provocando gravísimos daños en las tierras, aguas y aire, daño que conduce a la destrucción de bosques enteros y, lógicamente, a la fauna que vive en ellos. Y, aún más importante, allí no existe el concepto de medidas de seguridad, lo que implica graves enfermedades entre los que trabajan en esas minas, que suelen ser familias enteras (padre, madre e hijos), que contraen gravísimas dolencias que los conducen, inevitablemente, a muertes dolorosas y prematuras. Y a ello hay que añadir que las cintas transportadoras que elevan el material desde el fondo de la mina, así como los camiones que lo transportan, las excavadoras y, en fin, toda la maquinaria que trabaja allí, consumen diésel… 

 

En resumen, para que muchos conductores occidentales se sientan bien y puedan proclamar a los cuatro vientos que colaboran a la preservación del medio ambiente, hay que contaminar bosques, tierras, aguas, aire (con gases de combustibles fósiles), desplazar y extinguir fauna local y, sobre todo, provocar enfermedades y muertes entre los ‘mineros’… Pero claro, todo esto no se tiene en cuenta cuando se compra el coche eléctrico, sólo importa que no verterá gases a la atmósfera (al menos aparentemente).

 

Y luego está lo que pasa cuando se compra el cien por cien eléctrico. Como acertadamente explica ‘Mundo Beto’ (en YouTube y otras redes), el auto de baterías es, en definitiva, software con ruedas, algo así como un teléfono móvil con neumáticos (con su batería que se desgasta y cada vez carga menos, su cargador o su sempiterno problema de saturación de archivos) o, más explícitamente, tecnología  en marcha, como una lavadora o un lavavajillas que circulan por la carretera. Todo esto suele volverse obsoleto en muy poco tiempo; nadie comprará un móvil fabricado hace ocho o diez años, puesto que la tecnología, los programas, todo el dispositivo se habrá vuelto antiguo, estará superado por aparatos mucho más modernos, con más posibilidades, más económicos, más eficaces…, además de que la tecnología antigua no permitirá actualizaciones necesarias, tal y como ocurre hoy día con los teléfonos móviles o los ordenadores añosos, que no admiten los reajustes necesarios por falta de capacidad o, simplemente, porque no están preparados para las novedades. En pocas palabras, un coche eléctrico estará anticuado en muy pocos años.

 

Por otro lado, los autos animados por energía eléctrica se han empezado a vender hace ya unos cuantos años, mucho antes de que existiera una red de talleres especializados en la nueva tecnología; y también hay que mencionar que tampoco existe una red de suministro de repuestos que, sin duda, son totalmente necesarios. Todo ello conduce a que cualquier avería va a mantener el coche parado durante semanas o meses, puesto que no hay trabajadores especializados ni lugares donde comprar las piezas que hay que cambiar.

 

Echando la vista al lado contrario, a la opción del auto de combustión, éste puede estar circulando durante décadas, y si hay algún problema se repara en poco tiempo, puesto que hay mecánicos que escuchando el motor u otros ‘síntomas’, señalan sin riesgo de equívoco cuál es el problema y como se soluciona. Y como los suministros se pueden conseguir en minutos u horas… Y no hay que olvidar que la red de cargadores-suministradores de electricidad es bastante menos abundante que las gasolineras. Ah!, y la electricidad no crece en los árboles, pues, entre otras fuentes, sigue necesitando millones de litros de gas y otros fósiles.         

 

En fin, el coche cien por cien eléctrico es un buen invento, pero a día de hoy conlleva una gran cantidad de problemas técnicos, ecológicos y humanos que todavía no han sido solucionados, por lo que es fácil deducir que la alternativa, el diésel o gasolina, todavía tienen mucho que decir. O sea, siguen siendo la opción más inteligente por mucho que los que tienen fábricas e intereses en la automoción eléctrica (empresarios para ganar pasta y políticos para ganar votos) traten de convencer de lo contrario y traten de que el público trague y comulgue con ruedas de molino.

 

CARLOS DEL RIEGO

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