Miles y miles de coches eléctricos están abandonados en cementerios de autos en China sin que nadie los compre por muy baratos que sean, puesto que se quedaron obsoletos al poco de salir de fábrica
Después de unos años de presencia del
coche eléctrico en las calles de todo el mundo, se pueden añadir algunas
razones evidentes a la infinidad de problemas que suscita, de momento, esta
nueva forma de automoción. Se engaña al ciudadano doblemente: lejos de ser
limpia, su fabricación es muy contaminante, y por otro lado, es una tecnología
que pronto se vuelve obsoleta
Ya llevan los cien por cien eléctricos
tiempo suficiente circulando como para que se tenga la perspectiva necesaria
para poner en evidencia los gravísimos problemas que suscitan. Sabido es que su
construcción, su fabricación, es idéntica a la de los autos de combustible
fósil, es decir, para fundir el metal con que se hace la chapa (capó, puertas,
techo…), los ejes, las llantas… hay que tirar de fuente energética que produzca
el calor preciso (no menos de mil grados), lo que significa que hay que usar
gas, no vale eólica o solar; y lo mismo para dar forma al plástico con que se
hace el interior del coche. Además, está el gravísimo problema ambiental y
humano que provoca la extracción de los materiales necesarios para las
baterías: litio y cobalto.
La extracción y transformación del
litio exigen millones de litros de agua (y como las minas están en Sudamérica y
otras zonas áridas…), con lo que se agota este recurso para la agricultura y
las necesidades de comunidades locales. Además, se precisan gigantescas
piscinas que salinizan las fuentes de agua dulce y dañan los humedales.
Igualmente, los químicos necesarios para refinar el mineral contaminan los
suelos y dañan irremediablemente la biodiversidad…, por no mencionar los
gigantescos depósitos de residuos que se producen y que permanecen almacenados.
En cuanto al cobalto, una gran
proporción se extrae en minas a cielo abierto en el centro de África, sobre
todo en República Democrática del Congo, provocando gravísimos daños en las
tierras, aguas y aire, daño que conduce a la destrucción de bosques enteros y,
lógicamente, a la fauna que vive en ellos. Y, aún más importante, allí no
existe el concepto de medidas de seguridad, lo que implica graves enfermedades
entre los que trabajan en esas minas, que suelen ser familias enteras (padre,
madre e hijos), que contraen gravísimas dolencias que los conducen, inevitablemente,
a muertes dolorosas y prematuras. Y a ello hay que añadir que las cintas
transportadoras que elevan el material desde el fondo de la mina, así como los
camiones que lo transportan, las excavadoras y, en fin, toda la maquinaria que
trabaja allí, consumen diésel…
En resumen, para que muchos
conductores occidentales se sientan bien y puedan proclamar a los cuatro
vientos que colaboran a la preservación del medio ambiente, hay que contaminar
bosques, tierras, aguas, aire (con gases de combustibles fósiles), desplazar y
extinguir fauna local y, sobre todo, provocar enfermedades y muertes entre los
‘mineros’… Pero claro, todo esto no se tiene en cuenta cuando se compra el
coche eléctrico, sólo importa que no verterá gases a la atmósfera (al menos
aparentemente).
Y luego está lo que pasa cuando se
compra el cien por cien eléctrico. Como acertadamente explica ‘Mundo Beto’ (en
YouTube y otras redes), el auto de baterías es, en definitiva, software con ruedas, algo así como un
teléfono móvil con neumáticos (con su batería que se desgasta y cada vez carga
menos, su cargador o su sempiterno problema de saturación de archivos) o, más
explícitamente, tecnología en marcha,
como una lavadora o un lavavajillas que circulan por la carretera. Todo esto
suele volverse obsoleto en muy poco tiempo; nadie comprará un móvil fabricado
hace ocho o diez años, puesto que la tecnología, los programas, todo el
dispositivo se habrá vuelto antiguo, estará superado por aparatos mucho más
modernos, con más posibilidades, más económicos, más eficaces…, además de que la
tecnología antigua no permitirá actualizaciones necesarias, tal y como ocurre
hoy día con los teléfonos móviles o los ordenadores añosos, que no admiten los
reajustes necesarios por falta de capacidad o, simplemente, porque no están
preparados para las novedades. En pocas palabras, un coche eléctrico estará
anticuado en muy pocos años.
Por otro lado, los autos animados por
energía eléctrica se han empezado a vender hace ya unos cuantos años, mucho
antes de que existiera una red de talleres especializados en la nueva
tecnología; y también hay que mencionar que tampoco existe una red de
suministro de repuestos que, sin duda, son totalmente necesarios. Todo ello
conduce a que cualquier avería va a mantener el coche parado durante semanas o
meses, puesto que no hay trabajadores especializados ni lugares donde comprar
las piezas que hay que cambiar.
Echando la vista al lado contrario, a
la opción del auto de combustión, éste puede estar circulando durante décadas, y
si hay algún problema se repara en poco tiempo, puesto que hay mecánicos que
escuchando el motor u otros ‘síntomas’, señalan sin riesgo de equívoco cuál es
el problema y como se soluciona. Y como los suministros se pueden conseguir en
minutos u horas… Y no hay que olvidar que la red de cargadores-suministradores
de electricidad es bastante menos abundante que las gasolineras. Ah!, y la
electricidad no crece en los árboles, pues, entre otras fuentes, sigue
necesitando millones de litros de gas y otros fósiles.
En fin, el coche cien por cien
eléctrico es un buen invento, pero a día de hoy conlleva una gran cantidad de
problemas técnicos, ecológicos y humanos que todavía no han sido solucionados,
por lo que es fácil deducir que la alternativa, el diésel o gasolina, todavía
tienen mucho que decir. O sea, siguen siendo la opción más inteligente por
mucho que los que tienen fábricas e intereses en la automoción eléctrica
(empresarios para ganar pasta y políticos para ganar votos) traten de convencer
de lo contrario y traten de que el público trague y comulgue con ruedas de
molino.


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