domingo, 20 de julio de 2014

JOHNNY WINTER Y OTROS HÉROES ESTADOUNIDENSES DE LA GUITARRA, REPRESENTANTES DE UNA ERA LEAL CON EL ROCK Ha fallecido otro músico de rock estadounidense, el sensacional guitarrista Johnny Winter, de inconfundible aspecto y poderosa personalidad. Pertenecía a aquella época en la que el rock aun no estaba domesticado…, al menos totalmente

Johnny Winter, el héroe ya está en el Olimpo
La época que va de los últimos años sesenta hasta mitad de los setenta del siglo XX es considerada por muchos especialistas como la más auténtica, la que más se identificaba con  ‘el rock por el rock’. Es por eso que es el momento en que aparece la figura del ‘guitarrista-héroe’. En Estados Unidos descollaron no pocos gigantes de la Gibson o la Fender, nombres que forman parte de la leyenda de este género musical que, parece ya fuera de toda duda, supuso una revolución que afectó a toda la cultura posterior. Eran tiempos en los que a ninguno de esos guitarristas de blues, rythm y rock se le hubiera ocurrido hacer play-back o (menos aún) recurrir a la hoy imprescindible maquinita llamada ‘autotune’, que permite corregir voces desafinadas, gallos, entradas a destiempo y otras deficiencias canoras; no, para el recientemente fallecido Jhonny Winter, para su colega Rick Derringer, para Ted Nugent y otros de tal jaez (no digamos para un tal Hendrix) hubiera sido la mayor infamia, la mayor y más absoluta vergüenza tirar de aparatitos que escondieran defectos técnicos y artísticos, tan auténticos eran. Además, en aquella mágica década de los setenta (que tanto dio de sí), el rock aun no estaba domesticado por la mercadotecnia ni obedecía a los intereses del comercio (al menos no tanto); sí, todos querían vender muchos discos, salir en portadas y acaparar focos, pero buscaban esas glorias a base de talento, de grandes canciones, de virtuosismo instrumental, nada de márketing manipulador, campañas de escándalo-propaganda o calculados disparates para salir en los medios (entonces más escasos que hoy y con poco espacio para el rock más ruidoso); el rock de entonces, en fin, se regía más por emoción y ‘feeling’, y estaba en un plano diferente, en un lugar cómplice que tenía sus ritos y al que se acudía con cierto sentimiento transgresor: era algo que te diferenciaba del resto de la sociedad.


Por todo ello, esos guitarristas tenían un halo de héroes, de figuras míticas que en escena se transformaban en semidioses capaces de hacer gemir, gritar o susurrar, alegrarse o entristecerse a sus omnipresentes y amadas guitarras. Eran tipos íntegros y leales con la música (cosa que no quiere decir que hoy no haya gente como ellos).
Uno de esos héroes fue Johnny Winter, fallecido a los 70 en julio de 2014. Flaco, albino, larga melena blanquirrubia, con una adicción superada, tuerto y con guitarra, con el foco sobre él y el rock fluyendo de modo natural: así era este tejano. Por sus amplis salía un sonido más limpio y una voz más rasposa, con las seis cuerdas vibrando incansables. Era la suya una guitarra total y su oferta, rock total. Su producción es amplia y variada, pero seguro que los más iniciados disfrutarán recordando la versión del ‘Rock & roll people’ que escribió Lennon, e igualmente disfrutarán quienes la descubran; por apuntar otros dos títulos, sirvan los muy clásicos ‘Still alive and well’ o ‘Mean town blues’.

Hay más héroes de la guitarra más rockera, cien por cien estadounidenses y con el rock corriendo por sus venas desde hace ya mucho tiempo. Es oportuno recordar al gran Rick Derringer, amigo personal y gran colega del anterior (y de su hermano Edgar Winter). Es Rick un músico prodigioso, un artista que toca todos los instrumentos, produce con personalidad, compone de modo brillante, canta y acompaña y, en fin, es capaz de encender al público más frío con sus deslumbrantes melodías y estribillos. Por mencionar sólo uno de sus numerosísimos títulos, ¿qué tal el irresistible y célebre ‘Rock & roll hoochie koo’?

Otro incansable titán de la Gibson es Ted Nugent, quien también contribuyó a forjar aquella leyenda heroica. Desde Detroit, Ted siempre supo crear incendiarios riffs de guitarra o entradas apoteósicas (como la de ‘Smokescreen’) con las que resultaba imposible sujetar la cabeza. Su ‘Stranglehold’ está en el Olimpo del hard-blues.

Sí, sí, hay muchos más, por ejemplo Peter Frampton o los de los Allman Brothers, los de Lynyrd Skynyrd o los de Blue Oyster Cult… Pero ahora es el momento de recordar, sobre todo, a Johnny Winter, gran representante de una época gloriosa, auténtica e irrepetible de la historia del rock.

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 17 de julio de 2014

INCOMPRENSIBLES DECISIONES JUDICIALES Dos resoluciones judiciales emitidas en los últimos días han sido fuente de polémica: por un lado, la que absuelve a los que asediaron el parlamento de Cataluña, y por otro la que no considera colaborar con banda terrorista a quienes la avisaron

En España, según algunos jueces, se permite insultar y amenazar. 
Según un juez, insultar, amenazar, amedrentar a los parlamentarios elegidos democráticamente, e impedirles el acceso al parlamento de Cataluña, no tiene ninguna importancia, pues ha absuelto a todos los acusados. Sin embargo, todo interesado conoce que ese juez pertenece o simpatiza abiertamente con un partido político nominalmente de izquierdas, lo que significa que se ha identificado con los asaltantes precisamente por su ideología. Sin embargo, muchos otros jueces y asociaciones de todo tipo discrepan frontalmente de la decisión; es más, uno de los magistrados declaró que si los que hostigaron hubiesen sido falangistas, ese mismo juez hubiera sentenciado en sentido opuesto. De este modo, este juez debería ser inhábil, debería ser apartado de la función judicial, pues ha demostrado que la ideología manda en él, que su creencia política le impide ver la realidad, y que su credo influye directamente en sus decisiones. En fin, que este señor tiene de imparcial lo que un hincha de fútbol, de modo que está más cerca del fanatismo que de la justicia. Claro que mientras sean los políticos quienes designen a los integrantes de las más altas cortes seguirán produciéndose situaciones similares.

Por otro lado, otros jueces han determinado que chivarse a la banda terrorista Eta y sus colaboradores de la inminente acción de la policía no es delito de colaboración. O sea, avisar a los asesinos y sus amigos de la redada policial con el fin de que escapen y luego puedan llevar a cabo sus fechorías, no significa haberles ayudado, no equivale a auxiliarles, no es lo mismo que cooperar o facilitarles sus ulteriores acciones. Además, es evidente que los chivatos no actuaron motu proprio, sino que cumplieron órdenes ‘de arriba’, pero esto no interesa ni al juez, ni a la audiencia, ni a la sala correspondiente ni a nadie con poder de decisión judicial; a nadie le preocupa que se ‘eche una mano’ a los terroristas si detrás existe un fin político, que es lo que en realidad sucedió. En fin, si tal cosa se hubiera producido en otros países, esos chivatos traidores pasarían una larga temporada a la sombra, pero como en España las leyes y muchos jueces (no todos, afortunadamente), las salas, tribunales y audiencias se la cogen con papel de fumar y están siempre pendientes de encontrar fórmulas exculpatorias, se da pie a sentencias inexplicables, irritantes. Por suerte, otros juristas (y asociaciones como las de las víctimas) han manifestado su radical oposición a la una visión tan favorable a tan indignos y desleales policías-soplones.      
En realidad, la decisión de un juez dista poco de una opinión, con conocimiento de causa y con preparación específica, pero una opinión; de este modo, en tanto que persona con opinión, esos jueces tendrán sus ascendentes, preferencias, simpatías y antipatías…, como todo individuo. Sin embargo, si la opinión es luego rebatida por instancia superior sin que existan nuevas pruebas o indicios, o sea, sin variación en los fundamentos, el juez que emitió incorrectamente (pues de incorrecto se debe tildar su dictamen si otros lo desdicen) debería ser sancionado. No hay que olvidar que si un médico equivoca los síntomas y, en base a ellos, diagnostica equivocadamente, será castigado. Igualmente, un árbitro de fútbol que vio lo que no ocurrió o que no vio lo evidente, se irá una temporada a la ‘nevera’ (o sea, al paro) como castigo. Por tanto, si un juez se equivoca tendría que tender idéntico tratamiento que  el galeno o el réferi que yerra.  


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 13 de julio de 2014

HA MUERTO TOMMY RAMONE, SE CIERRA EL PRIMER CÍRCULO El último de la formación original que conservaba la vida, Tommy Ramone, se ha ido al mismo sitio donde están aquellos tres compinches con los que en 1976 publicó el disco que abrió las puertas del punk-rock. El primer círculo vital de Ramones se ha cerrado.

El primer círculo se ha cerrado.
Algunos ceporros desarrollan pasiones casi patológicas por, sobre todo, artistas. Esto se da muy habitualmente en el campo del pop y el rock, donde cada espectador verdaderamente interesado puede tener más química, más empatía con unos que con otros, y de entre todos siente una identificación especial, una especie de confluencia orgánica con uno en concreto. Tal hecho se comprueba con la extinta banda neoyorquina The Ramones como objeto de aquella inexplicable pasión.

Tommy puso velocidad al estrepitoso sonido Ramones

Así es, el singularísimo grupo está instalado al completo en el difuso universo de la leyenda (en realidad ya estaba ahí), y es rarísimo el adicto al rock que no tiene al cuarteto de ‘locos de Forest Hills’ entre sus nombres de cabecera. En este sentido, resulta curioso que pueda verse una camiseta de Ramones en cualquier parte del mundo (por cierto, cuando dos se encuentren sería casi emocionante que una exclamara ‘¡hey ho!’ y la otra respondiera ‘¡let´s go!’ levantando discretamente el puño) y también lo es el hecho de que sus canciones hayan entrado en la cultura popular a través del cine, las series de televisión, la publicidad…, curiosidad que reside en que nunca fue un grupo de grandes ventas (su primer disco alcanzó la cifra de medio millón hace unos días) y en que su sonido era simplón y ruidoso, cualidades poco mercantiles.


Poco antes de grabar su histórico primer álbum, en el lejano 1976, Joey era el batería y Dee Dee bajista y solista, pero como éste era incapaz de cantar y tocar a la vez, decidieron que Joey pasara al micrófono y que un colega, Tommy, se encargara de baquetas y timbales, puesto no muy comprometido ni exigente dado lo esquemático de aquellas primeras canciones. De este modo, Tamas Erdelyi (húngaro él) pasó a ser Tommy Ramone; tres elepés absolutamente gloriosos contaron con el ritmo generado por él, pero como no le gustaban las giras y el viaje permanente, se pasó a la parte de atrás del escenario, convirtiéndose en productor del grupo, al que conocía a la perfección (claro). Todo incondicional de esta pandilla (que, seguro, conoce estos detalles) habrá notado una sacudida, un estrujón a su corazón al enterarse de que el cáncer se llevaba al último vivo de los que estaban allí en aquel momento. Sí, como todos esos saben, Joey sucumbió al cáncer en 2001, Dee Dee a las drogas en 2002 y Jonnhy también al cáncer en 2004.

Seguro que habrá ceporros que desde hoy se sentirán ‘okupados’ por la emoción y no dejarán de colocar en el plato (o como sea el reproductor) un disco, una canción del estrepitoso y genial grupo. Y es que los momentos más excitantes, los sentimientos más profundos, las experiencias más potentes de muchas vidas se produjeron mientras atronaban las canciones de Ramones…, y pocas cosas tienen el poder evocador de una canción. El propio Tommy lo dijo: “Más que música, Ramones eran una idea, y devolvieron al rock el ‘feeling’ que había perdido”.

Ramones es ya puro mito, banda de culto, y a partir de ahora, su leyenda irá creciendo hasta que llegue a la altura de los grandes héroes de esta revolución permanente que se llama rock & roll.  

Sin embargo, aun se mantiene un último rescoldo de tan mítica banda, pues el segundo batería del grupo, Marky Ramone, recorre escenarios de todo el mundo empeñado en recordar sus títulos emblemáticos; ojalá pueda seguir haciéndolo muchos años.

Dee Dee, ya estáis todos, ya puedes soltar eso de “¡Ua, ta, fi, o!”.      


CARLOS DEL RIEGO

jueves, 10 de julio de 2014

EL CLAN DE LOS CHIORIZOS Y EL CLAN DE LOS BUTIFARRAS Los Chorizos de Estepa y los Butifarras catalanes han sido cogidos con las manos en la masa; unos se llevaron millones de euros y los otros muebles y enseres de casa. Da igual lo que afanaran, pues ni unos ni otros pasarán más de unas horas en la trena

Chorizos o butifarras
El clan de Los Chorizos opera en Sevilla, el producto de sus choriceos es escaso, pues roban a muy pequeña escala y de manera burda y bruta, y tendrán que devolver lo afanado. El clan de los Butifarras ‘trabaja’ en Cataluña, los beneficios obtenidos con sus negocios son pingües, pues se lo montan a gran escala, sutilmente y sin quitarse la corbata, y no devolverán un céntimo. Y ahí terminan las diferencias entre los chorizos y los butifarras, pues en el fondo son lo mismo: personas dispuestas a llevárselo porque sí, porque ellos son ellos, casi porque se creen legitimados para levantarse la tele ajena o los millones públicos, sin importar a quién están expoliando, mirando exclusivamente el beneficio propio, pasándose la ley y la decencia por ahí. Asimismo, ambos casos tienen en común el hecho de la desidia y dejación de funciones de las autoridades; en el caso de los gitanos, a pesar de que se les había denunciado más de 60 veces, toda la cadena falló estrepitosamente, desde el legislador hasta el policía, de modo que ninguna autoridad movió un dedo hasta que los vecinos se echaron a la calle ante la indefensión en que vivían; en el caso de los payos, los encargados de vigilar a los que mueven tales cantidades miraban a otro lado, pues los señoritos tienen apellido que asusta a los juristas catalanes que son más catalanes que juristas.

Y como son lo mismo, ni chorizos ni butifarras pasarán mas de unas horas a la sombra; los primeros porque, en tanto que delincuentes comunes que hacen pequeñas chapuzas, entran por una puerta y salen por la de enfrente, gracias a que las leyes españolas están hechas pensando en la protección del delincuente, al que nunca deben faltarle no sólo las preceptivas garantías y asistencia, sino el trato exquisito y todas las comodidades; y los segundos porque son poderosos y estarán asistidos por los mejores abogados (esos capaces de embrollar, manipular, distorsionar, retrasar…, hasta que consiguen ‘demostrar’ que la pasta cayó del cielo) y cuentan con la empatía y apoyo de muchos compatriotas que piensan que sí, que son unos mangantes, pero son ‘nuestros mangantes’.

Evidentemente, hasta que se demuestre lo contrario, ambos clanes son sólo presuntos, pero claro, si a unos les han trincado con la ‘fregoneta’ llena de objetos robados, y a los otros con cuentas tan abultadas como imposibles con los ingresos declarados, parece difícil creerse que éstos se encontraron los ‘jurdós’ en un taxi y aquellos heredaron el mobiliario de la abuela. En fin, que se diría que ambos clanes son muy, muy presuntos. 


CARLOS DEL RIEGO

martes, 8 de julio de 2014

LA RADIO MUSICAL Y EL EGM Se publicaban recientemente los resultados del Estudio General de Medios referido a las emisoras de radio musicales (en realidad a las temáticas). Se plantean dos cuestiones: la primera es la credibilidad del estudio, basado en encuestas; la segunda sólo tiene sentido teniendo fe en el mismo y se refiere a sus resultados.


El EGM y las radiofórmulas están hechos el uno para el otro
o
Para empezar, rara vez se hacen públicos los datos técnicos: total entrevistas, edades, clases sociales, pueblos o ciudades, si son por teléfono, e-mail o similar o personales, las preguntas exactas… con lo que hay fácil posibilidad de manipulación; y luego se hará la correspondiente interpretación y proyección para el total de habitantes, cosa que ya requiere realizar un acto de fe. Sea como sea, hay que ser bastante crédulo para dar por correctas y precisas las cifras publicadas por el EGM, en primer lugar porque no hay modo de probar empíricamente la veracidad de las mismas; en segundo lugar porque las personas no son ovejas, de manera que el hecho de que cien entrevistados digan una cosa (que vaya usted a saber si son sinceros o dicen lo que creen correcto) no significa que exista una proyección matemática aplicable al total de la población; y en tercer lugar porque los sondeos preelectorales suelen quedar a años luz de los resultados reales surgidos del escrutinio final, lo que pone en entredicho el valor de toda estadística realizada de modo similar.

Asimismo, los defensores acérrimos de este tipo de trabajos, basados en preguntar y calcular, suelen argumentar que no hay otro sistema, que es la única manera de tener una idea de por dónde van los tiros (en este caso los radiofónicos); se trata de un razonamiento más que discutible, e incluso puede equipararse al de los horóscopos, videntes, adivinos, quirománticos y demás augures: como no existe otra posibilidad de predecir el futuro, como no hay otro modo de adelantar próximos acontecimientos, habrá que hacer caso a esos oráculos que, evidentemente, son más falsos que un billete de seis euros.

En fin, olvidándose de la desconfianza en el sistema y sus cifras, el último estudio afirma que la principal radiofórmula pierde cientos de miles de oyentes en beneficio de su competidora. Resulta francamente curioso, y a la vez esclarecedor, que los medios afines a la que pierde destaquen exclusivamente el hecho de que mantiene su liderazgo, sin referirse a la pérdida de oyentes, mientras que los medios de la que gana radioescuchas sólo hablan de esa ganancia, sin aludir a la desventaja que mantiene con aquella. Es una prueba más de la espiral de manipulación de datos en que está metido todo este sistema, pues no hay que olvidar que decir sólo la mitad de la verdad equivale a mentir.

Sea como sea, las radiofórmulas siguen inmóviles en sus modos, vicios y costumbres. Siguen apostando por las canciones de usar y tirar, por productos fabricados en serie, por mercancías de baja calidad, por música ramplona destinada al olvido casi inmediato; su producción equivale a la de las hamburguesas y comida basura en general: es muy barata, invierte más en la presentación que en el contenido, y está destinada a no dejar la mínima huella en el consumidor. Y es que esto es precisamente lo que ofrecen dichas emisoras de radio, productos de consumo. De este modo, como todo artículo que sale de fábrica, esas canciones precisan de enorme inversión en propaganda, marketing, imagen, que es precisamente el fuerte de ‘artistas’ y cantantes que suelen copar los puestos de privilegio en aquellas modalidades radiofónicas basadas en las listas (ya sean cuarenta o cien); por eso, en éstas abundan personajes lanzados a base de operaciones y trucos empresariales, figurones colocados ante los focos gracias a estudiadas maniobras destinadas a provocar escándalo, arquetipos que se quedan en nada sin toda esa parafernalia, pompa y fuegos artificiales con que se presentan ante las cámaras y los focos.

Casi resulta hasta lógico que en esta época en la que se ha impuesto la costumbre de usar y tirar triunfen las ofertas musicales más vulgares, chabacanas y mediocres, cuya trayectoria es esa precisamente: usar para ocupar el silencio y, una vez gastado el producto, desechar y sustituir por otra manufactura recién salida de la cadena de montaje.


CARLOS DEL RIEGO

jueves, 3 de julio de 2014

PARAFASCISMOS, SIGLO XXI Es verdaderamente chocante comprobar cómo hay líderes políticos de hoy que utilizan idéntico lenguaje, idénticos métodos que los grandes nombres del fascismo del siglo pasado

Maduro, presidente de Venezuela, trata de adoctrinar al personal
 con sus monólogos televisivos 
La única diferencia está en que los del XXI se proclaman socialistas revolucionarios, siendo ésta autodefinición creída a pies juntillas por su legión de seguidores. Y da igual cómo actúen y se manifiesten dichos jerifaltes, pues sus incondicionales jamás podrán ver la realidad a través del velo ideológico que cubre sus ojos y altera su razonamiento; es más, usarán el manido ‘fachas imperialistas’ para señalar a discrepantes.

Chávez fue un excelente ejemplo al que ahora sigue Maduro. Y en España aparece ahora un personajillo de idéntico corte que los defiende, un producto de televisión que es homónimo del fundador del Psoe. El actual presidente de Venezuela (al igual que su predecesor) utiliza los recursos característicos del totalitarismo más académico: se persigue a quien osa criticar al jefe, se cierran los medios de comunicación que no se pliegan a los deseos del partido, se encarcela a los políticos opositores, se carga con dureza contra la manifestación de estudiantes que pide libertad (no ya mejoras en clase o menos tasas), se acusa a los demás de los problemas internos (en este caso la miseria, el desabastecimiento, el paro)…; y cuando la prensa extranjera denuncia los excesos del caudillo de turno, éste pone el grito en el cielo manifestando que esos extranjeros “nos odian y quieren destruir nuestro país”, es decir, el mandamás se identifica con el país, de modo que cualquier ataque contra él lo convierte en ataque a toda la nación. Viejas recetas utilizadas por todo tipo de dictadores que, por lo que se puede ver, parece que siguen teniendo respaldo entre una parte de la población. 
    
Para justificar el encarcelamiento de periodistas y políticos rivales, así como la represión contra todo el que discrepe, se recurre a la típica acusación de ser antirrevolucionarios y, por tanto, se entiende lícito quitarlos de en medio; es un proceder idéntico al de cualquier régimen dictatorial clásico, en el que se hacía con los ‘desafectos’ lo mismo que hoy hacen los revolucionarios con los antirrevolucionarios (sorprende que se vea conveniente perseguir al antirrevolucionario y, a la vez, intolerable perseguir al desafecto). En fin, son modos que dejan patente el espíritu absolutamente antidemocrático de esos líderes y sus adictos. Pero lo mejor es que, aquí, en España, hay muchos que aplauden a los bolivarianos y, al mismo tiempo, denuncian que aquí, en este país, se vive “bajo un estado policial y tiránico”, sin darse cuenta de que aquí pueden proclamar tal cosa sin problemas, mientras que allí serían perseguidos por decir exactamente lo mismo. ¡Pero si hay personas que defienden la situación de Corea del Norte y despotrican de las democracias occidentales! ¡Pero si hay gente que tiene a Che Guevara como un hombre a imitar a pesar de que defendió en la ONU su derecho a fusilar al opositor!

Lo que alcanza ya la categoría de esperpento es que un político ‘bolivariano’ (por cierto, hay que recordar que Bolívar no quería una democracia, sino poseer él mismo todo el poder como si fuera un monarca, pero con el nombre de ‘monócrata’, término acuñado por el propio libertador), concretamente el ministro del interior de Venezuela (un general),  haya sido galardonado con el premio ¡al mejor periodista del año! Da igual que el Colegio Nacional de Periodistas de ese país denuncie la persecución de todo medio que exija libertad de expresión, que más de un centenar de profesionales hayan sido encarcelados, agredidos y amenazados, que hayan sido confiscados equipos fotográficos y televisivos, que policías, militares o ‘colectivos populares’ (que son civiles con pistola afectos a la revolución) amedrenten a reporteros y asalten redacciones…, nada de eso tiene importancia a la hora de elogiar como gran periodista al ministro. Este ridículo y grotesco premio recuerda otro galardón también patéticamente risible: la esposa de Ceaucescu, el tirano de la Rumanía comunista, fue declarada por el aparato oficial como la mejor química del mundo, e incluso se destacaba en la prensa amiga (la única existente en dicho país) que poseía un enorme prestigio en la comunidad científica internacional; la realidad es que Elena Petrescu logró su título tras la visita de unos señores con gabardina a su profesor, que leyó su tesis a puerta cerrada y sin que trasluciera su contenido, que un profesor que la suspendió fue despedido, que los químicos que publicaban estudios, investigaciones y trabajos fueron obligados a colocarla como coautora…

Este es el destino de los caudillos revolucionarios iluminados, demagógicos, parafascistas: el ridículo más trágico. Y este es el camino que acaban de emprender Iglesias y sus acólitos, el del parafascismo más grosero (por más que disfrazado) que no soporta críticas, que justifica actos terroristas (sólo los de un signo), que simpatiza con dictadores (sólo los de su signo), que insulta a los rivales y tira de demagogia fácil y populista dirigida principalmente a quienes quieren destruir el sistema del que él tan cínicamente se aprovecha. De todos modos, seguramente, este Capillas sea el Ruiz Mateos del momento, de manera que cuando lleguen las votaciones que el personal se toma en serio, las generales, el tal Ermitas pase de moda, pues no olvidemos que es un producto televisivo, una manufactura creada por expertos en propaganda y manipulación de masas. Algo así como aquel Chikilicuatre, pero no en el escenario de Eurovisión, sino en el de la política. Aunque, verdaderamente, ambas cosas tiendan a semejarse.

Y para rematar la cosa, está la farsa bochornosa de los monólogos adoctrinadores y cotidianos en la tele. ¿Alguien se imagina una charla televisada del presidente de España (sea el que sea), de un par de horas de duración y a diario?    
  

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 29 de junio de 2014

EL PODER DE LA TRISTEZA Y EL DESENCANTO EN EL ROCK El músico de rock y de pop trata, cuando escribe sus canciones, de compartir sus emociones y sensaciones con los demás; y casi todas esas canciones tienen un fondo alegre o triste, independientemente de que el tema sea amor, amistad, gustos, odios… Curiosamente, el pesar posee más poder de atracción que el contento.

Joy Division (aquí su cantante ... a melancolía y el pesimismo
La música pop y rock transmiten todo tipo de sentimientos, de modo que el artista busca la confluencia de letra y música para conseguir que quien escucha capte lo que él quiere expresar, lo que él siente. Estos géneros musicales surgidos en la segunda parte del siglo pasado siempre han sido, desde el primer momento, muy pasionales, viscerales a veces, a la hora de expresar emociones, estados de ánimo, anhelos… y también tristeza y desencanto. Raro es el autor que no tiene en su repertorio una docena de piezas con las que conmover, temas con los que llevar a lo más profundo del interlocutor esa sensación de pesar que agarra el corazón y que se suele llamar, de modo genérico, tristeza.


Podrían hacerse varias listas de canciones que hablen de este asunto, más lacrimógenas o más serenas, piezas que se quejan por una u otra causa, hechas a toda máquina o lentas como ordenador de los ochenta. En todo caso, algunas de esas composiciones cien por cien tristes presentan una potencia, un atractivo, una capacidad de seducción verdaderamente arrolladoras; de hecho, las canciones felices y despreocupadas suelen dejar menos huella que las que se refieren al desencanto, tal vez porque, en general, la dicha penetra menos en el oyente, quizá porque la desdicha suscita más empatía que el regocijo, o porque es más fácil identificarse con el mal ajeno que con su suerte. Así es: la queja doliente es más potente y causa más impacto.


Escoger buenas y representativas canciones afligidas, amargas o quejumbrosas es fácil, pues hay un extenso catálogo. Estas tres son buenos ejemplos. Son tres chicas tristes.

 ‘Sad Lisa’ fue publicada por Cat Stevens en 1970 dentro de su excepcional álbum ‘Tea for the Tillerman. Esta ‘Triste Lisa’ es más una enferma depresiva, aislada y silenciosa, que una chica ocasionalmente mustia, pues algo hay en su cabeza que no funciona bien: “Ella va sola de un lado a otro. Perdida en la habitación, no puede oírme, aunque yo sé que le gusta estar cerca de mí”. Emotiva y pesimista, su final es agridulce: “Puede que un día yo la libere, aunque sé que nadie puede verla”. La voz habitualmente algo descosida de Cat Stevens se vuelve aquí casi suplicante, con la simple compañía de un piano cristalino y con apenas una guitarra que dibuja los compases de una melodía sencilla e irresistible. El resultado es tremendamente emocionante, conmovedor, estremecedor.



Otra pieza con la chica como patético protagonista es el sensacional ‘Nadie te quiere ya’ de Los Brincos. Su seductor estribillo increpa desdeñoso, casi con desprecio, un terrible “nadie te quiere ya”, mientras que las estrofas acusan cargadas de amargura y resignación. Es una canción de desencanto, de desamor, casi de animadversión, pero con un esperanzador (y a la vez cínico) “lo mejor es olvidar, volver atrás”. Se trata de una de las mejores canciones de uno de los mejores grupos de pop-rock que jamás ha habido en España. Posee una melodía inspiradísima y a la vez fácil de retener, un arreglo refinado y estiloso (evocadora trompeta, sutil violonchelo), un tratamiento de voces y coros muy de la época pero absolutamente válido en cualquier momento, unas guitarras comedidas pero sólidas y con mucha clase…, en fin, es un tema elegante, convincente, con muy buen gusto. Fernando Arbex, autor de casi todos los grandes temas de Los Brincos y un auténtico genio para esto del rock y el pop, la escribió en 1968 para ‘Contrabando’.



Si The Beatles hubieran durado unos cuantos meses más seguro que el ‘Another day’ hubiera entrado en su repertorio, pues Paul McCartney la grabó muy poco después del anuncio de la separación, es decir, muy probablemente ya la tuviera ideada en vida del grupo. La grabó en 1970 y salió a principios del 71 (fue su primera publicación tras los Beatles). La melodía (tremendamente ‘beatleliana’) es grandiosa, con acompañamiento de acústica, punteos eléctricos ocasionales, bajo muy presente (lógico), coros y voces desbordantes de armonía, y genio, mucho genio. La lírica muestra una imagen de la vida oscura y repetitiva de una mujer siempre solitaria, de casa al trabajo y del trabajo a casa, una existencia monótona y sin alicientes, tan desesperada que “encuentra difícil mantenerse viva”, y sólo en sueños “su hombre ideal viene a romper la maldición (…) pero él desaparece al día siguiente”, dejándola “Tan triste. A veces ella se siente tan triste”. Finalmente, se repite el primer verso y todo vuelve a empezar, pues “Es sólo un día más, otro día más”. (Por cierto, si la separación del grupo se hubiera retrasado, ¿cómo hubiera sido esta canción de haber contado con un toque Lennon?).


Todo el interesado en la música tendrá sus preferidas en el apartado en cuestión; por ejemplo, el angustioso y desesperado ‘Love will tear us apart’ de Joy Division, el desgarrado por el dolor ‘Tears in heaven’ de Eric Clapton, el ‘Only he lonely’ de Roy Orbison…

La tristeza da mucho juego. 


CARLOS DEL RIEGO

jueves, 26 de junio de 2014

LEGÍTIMA DEFENSA Un ladrón entró a robar en una casa. El dueño lo descubrió y le plantó cara. El ladrón le clavó un cuchillo en la pierna. El dueño sacó una pistola y le disparó, también en la pierna. Resultado momentáneo: los dos detenidos, el agresor por cuestiones obvias, la víctima por defenderse y provocar ‘lesiones’.

Hay que imaginarse que uno está en casa, oye un ruidito, sale al pasillo y se encuentra con esto_ si elige defenderse tiene que observar antes qué arma
lleva el agresor

Los expertos, abogados, penalistas y juristas defienden que tiene que haber proporcionalidad entre la agresión y la defensa, que si te amenazan con cuchillo no puedes usar pistola. Es decir, según esta ley, según estas opiniones, el agresor (que ha entrado en casa ajena para robar y agredir, violando el lugar donde uno se siente más seguro) tiene el derecho, el beneficio, el privilegio, la cortesía legal de elegir los límites de la pelea y las armas que se pueden utilizar; o sea, si entran en tu casa elementos con navajas no puedes tirar de pipa (teniendo permiso), sino que has de procurarte armas blancas para defenderte, sin que se tenga en cuenta que, seguro, los navajeros serán expertos esgrimistas. Por tanto, según la legalidad vigente, llegado ese momento del enfrentamiento, toda la defensa ha de supeditarse a la equidad de recursos y herramientas, viéndose obligado el defensor a rechazar cualquier ventaja respecto al intruso, sin tener en cuenta consideraciones tan ‘secundarias’ como: que uno está en su casa y el otro la fuerza; que éste ya viene armado y dispuesto a todo y aquel se llevará el susto de su vida y se verá atenazado y desconcertado por el miedo; que el dueño de la casa se juega también la integridad de su esposa e hijos; por no mencionar la angustia permanente que el allanamiento amenazante provocará en las víctimas (no digamos si hay niños), o que los bienes que destrozará y robará el ladrón habrán costado su esfuerzo.

Estas observaciones no son relevantes para la resolución del caso, pues el que tiene que decidir examinará con lupa cómo se defendió la víctima, y la castigará si no se defendió acorde con las reglas que el atracador impuso. O sea, que a todas las desventajas a que ha de enfrentarse el agredido, ha de sumarse la de estar pendiente de hasta dónde llega el extraño en su ataque. La defensa proporcionada así entendida será, con total seguridad, una defensa insuficiente, entre otras razones porque uno de los contendientes está acostumbrado a pelear y tirar de chaira y el otro no. De este modo, al coartar la defensa del inocente se está favoreciendo el triunfo del culpable, que entonces será dueño de hacer lo que quiera con la casa y con quienes allí estén.  

Esta manera de pensar muestra preocupación exclusiva por el bien del agresor, del matón; de hecho, las leyes de los códigos españoles están escritas pensando en el beneficio del atacante. Según la ley, éste, el malhechor, no debe sufrir ninguna penalización por el hecho de agredir, sino que una vez iniciada la lucha tiene idéntica consideración legal que la víctima, aunque ésta esté desprevenida, en bata y zapatillas y, evidentemente, no tenga ninguna culpa ni provoque la pelea. Así, si el ladrón entra en casa mientras estás cenando, lo primero has de mirar con qué amenaza, y si es navaja has de calcular qué cuchillo coger, sin pasarte, conservar la calma sin que el miedo te inmovilice, no permitir que la adrenalina te haga hervir la sangre e intentar llamar a la policía… En esto has de pensar cuando se te echen encima sujetos que ¡vaya usted a saber qué intenciones traen! Estando cómodamente sentado en el sillón, ¡qué fácil resulta decir cómo hay que actuar en casos extremos!     
Esta forma de entender la legítima defensa evidencia que legisladores y legalistas de todo tipo (que no todos) piensan antes y ante todo en el delincuente, al que no se le ponen restricciones, mientras que a quien sufre la agresión sí que se le exigen limitaciones. Es como si tomaran partido por el que inicia la gresca, como si se identificaran con él y sólo tuvieran en cuenta sus derechos; no le reprochan la intrusión y la violencia, las amenazas, el golpe que supone sufrir la violación de tu casa…, nada de eso, para muchos juristas (no todos) lo primero son los derechos del fuerte y después los del que defiende su casa y su familia. Es como si se dejaran amedrentar por el que amenaza, como si entendieran que éste tuviera algún derecho para irrumpir en tu casa y, por tanto, tienes obligación de darle algo, de permitirle algo; y si te defiendes has de darle ventaja en la pelea.
Este modo de legislar y entender la legítima defensa difiere radicalmente del de otros países para situaciones similares, donde el dueño puede defender su casa con todo lo que tenga. O sea, lo que los legisladores y legalistas españoles opinan sobre cómo rechazar un allanamiento es eso, una opinión, discutible y fácilmente rebatible por otros legisladores y legalistas con, seguro, menor complejo de inferioridad respecto a quien invade tu casa.    

En el caso en cuestión (tuvo lugar en Sevilla) el ladrón podría ser condenado a cinco años por robo con violencia y lesiones, y el dueño de la casa a entre 6 y 12 años por lesiones.

Conjura de necios.


CARLOS DEL RIEGO

lunes, 23 de junio de 2014

COMPOSITORES: CREADORES DE MAGIA. COMO GERRY GOFFIN En el universo artístico el hecho creativo es lo más difícil. Sea pintura, literatura o música, nada pondrá en marcha una exposición, imprenta o concierto, nada daría movimiento a la maquinaria del arte sin el autor, sin el creador. En el terreno del pop y el rock abundan los grandes desconocidos, como el recientemente fallecido Gerry Goffin


Gerry Goffin en sus años dorados
Hace unos días fallecía Gerry Goffin a los 75 años. Sería dificilísimo encontrar a alguien con menos de cuatro o cinco décadas a sus espaldas que supiera quién era aquel tipo. Es lógico; si ya resultaría chocante que los seguidores de Imagine Dragons, One Republic o incluso Arctic Monkeys o Coldplay conocieran a los grupos que triunfaron hace veinte o treinta años, sería absolutamente excepcional, casi increíble, que supieran de los nombres de los autores de las canciones de esos grupos.


En este asunto del rock, el pop y otros géneros musicales son necesarios muchos talentos para crear una canción que termine perdurando. Productores, arreglistas, músicos de estudio, cantantes… y los más importantes, los autores, los compositores, los creadores. Éstos son los que dan el imprescindible primer paso, los que sacan magia de la nada. Cualquiera que tenga interés sabrá de Lennon y McCartney, de Jagger y Richards, de Neil Young, Van Morrison, Bob Dylan, John Fogerty y un larguísimo etcétera en la lista de grandes compositores de canciones a lo largo del último medio siglo; pero si estos sonoros nombres tienen reconocimiento mundial es precisamente porque son ellos mismos quienes han puesto voz y cara a las canciones.
Sin embargo, existe otra división de autores que rara vez aparecen en las fotos, compositores que siempre están lejos de la fama porque no han puesto cara y voz; son personajes tan imprescindibles como desconocidos para el gran público que, por otra parte, en cualquier momento puede cantar una de sus melodías si ésta sale en un anuncio de la tele o se escucha en la peli o serie del momento. En este apartado es en el que se puede encontrar al mencionado Gerry Goffin…, y tantos otros ‘inventores’ de partituras y textos imperecederos. Aunque desconocidos, también son creadores de magia. Así, pocos sabrán quiénes eran Holland-Dozier-Holland, pero puede que conozcan canciones como ‘Dancing in the street’, ‘Reach out I´ll be there’ o ‘You can´t hurry love’; no habrá muchos con menos de la treintena a los que les suenen Leiber y Stoller, pero casi seguro que reconocerían el ‘Jailhouse rock’ (el ‘Rock de la cárcel’), ‘Poison ivy’ o el recurrente ‘Stand by me’; de Chinn y Chapman saben pocos, pero seguro que hay muchos más que identifican ‘Balroom Blitz’ o ‘Living next door to Alice’. Y así podría seguirse con la nómina de autores de grandes canciones cuyos nombres quedan exclusivamente para los especialistas.   

Pocos sin canas asociarían a Gerry Goffin a algunas de sus canciones (era un gran letrista sobre todo, aunque también escribía partituras con mérito), por lo que la noticia de su muerte habrá dejado indiferente a la mayoría. A pesar de todo, esa mayoría podría canturrear alguna de sus creaciones sin dificultad, como el inmortal ‘The locomotion’, tal vez algunas de los primeros discos de The Beatles (‘Chains’, ‘Take good care of my baby’), el ‘Will love you tomorrow’ y dos docenas más.


Gerry Goffin ya con 75 años.
El mayor mérito en el arte está en la idea original, ese impulso creativo que usa del sentimiento y la imaginación para concebir una precisa combinación de elementos cuyo resultado sea capaz de conmover a otros, de despertar emociones, de apasionar, de sorprender, de enternecer o enfervorizar. La obra pictórica parte de la composición, de la situación de figuras, piezas y demás componentes, es decir, de una imagen que el pintor piensa y luego representa; otros factores como el tratamiento del color, la luz, movimiento, expresión… resultan determinantes, pero nada tendría sentido sin esa chispa divina que es la inspiración artística. Igualmente en el terreno musical; los productores pueden dar forma, cuerpo y textura a la melodía, y los músicos y cantantes ejecutarla con virtuosismo, pero nada sería posible sin que antes alguien haya extraído de la nada esa organización de notas y palabras llamada pieza musical que consigue construir invisibles y emocionantes nexos con el público.

El autor es la base: sin él no hay expresión artística. La que fue su mujer y compañera profesional, Carle King, lo ha dejado bien claro: “Gerry sabía expresar lo que la gente siente pero no sabe cómo decir”. Y esto es muy difícil de lograr: para ello hay que ser un artista.



CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 18 de junio de 2014

EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO La desternillante película de Stanley Kramer de 1963, en la que los disparates más delirantes se suceden casi con normalidad, se queda corta ante las chifladuras que protagonizan lunáticos y memos de todo el planeta.

La muerta asistió a su propio funeral con unas bebidas en la mesa
y un cigarrillo en la mano
En la ciudad estadounidense de Nueva Orleans, una mujer recién muerta asistió a su propio funeral; y no, no se trataba de un error. Al parecer, sus hijas decidieron que el cadáver ‘presenciara’ el oficio religioso, las llantinas, los suspiros, los sermones laudatorios y los ‘nunca te olvidaremos’. Para ello vistieron a la difunta con sus mejores galas, le encasquetaron su más vistosa peluca y las gafas más caras, la maquillaron (ojos, cara, labios), le pintaron las uñas y la sentaron a una mesa (tipo bar) con una cervecita, un güisqui y un cigarrín en los dedos (la señora debía se aficionada a trasegar todo tipo de licores, caldos y elixires). Lo que no está claro es si los asistentes se acercaron a ella a presentarle sus saludos para luego comentar “está mejor que nunca”, “pues no parece que esté muerta” o incluso “¿te has fijado?, la ropa que le han puesto no le va nada”. En fin, es una forma de que la última imagen que tengan los allegados no sea la del fiambre en la caja. Hay que imaginarse cómo estarían los tanatorios de por aquí en caso de que la cosa se ponga de moda. 

Un ciudadano chino con problemas mentales (cuentan) intentó suicidarse, pero no eligió veneno, pistola, precipicio, cuchilla para venas, tren…, no, el hombre decidió irse al zoo y meterse  en una jaula con dos tigres de Bengala. Las pobres bestezuelas, desorientadas ante el ofrecimiento cárnico, se acercaron, agarraron como para tantear, rugieron un par de veces y, aburridas, se dieron la vuelta a sestear. Es decir, no probaron ni un solo bocado, de manera que el frustrado suicida salió tan entero como había entrado. Seguro que los animalitos acababan de comer y no les apeteció ‘una de chino loco poco hecho’. Otro chino se cortó su adminículo desesperado por no encontrar novia, pero inmediatamente cambió de idea y se fue en bici al hospital; sin embargo, al llegar le dijeron que sí, que se lo podían reimplantar, pero entonces el atormentado individuo cayó en la cuenta de que se había dejado el asunto en casa, así que tuvo que volver a pedalear, coger la cosa y volver al hospital…, ya era tarde, demasiado tarde.


Una muestra de la patética estupidez humana.
Una zapatería holandesa prometió descontar diez euros de cada par de zapatos por cada gol que Holanda metiera a España. El dueño debió felicitarse por tan genial idea pensando que la cosa sería parecida a lo de Sudáfrica, pero ni en sus mejores-peores sueños llegó a imaginar lo del 5-1. El caso es que al día siguiente había cola, pues cada cliente llegaba con una promesa de 50 euros, con lo que prácticamente dejaron la tienda sin existencias y la caja apenas con la calderilla. Al día siguiente cerró por enfermedad.

Aquellas son chaladuras, pero hay otra modalidad más cercana al cretinismo, algo así como una autoselección artificial… En la naturaleza manda la selección natural: los ejemplares más débiles, viejos, enfermos o heridos son presas fáciles de los depredadores; en la sociedad humana eso no pasa, pero sí que ocurre que los que menos sentido tienen corren voluntariamente riesgos innecesarios, fácilmente evitables y, en buena lógica, con resultado fatal casi siempre; es decir, ellos son sus propios depredadores y, a la vez, presas. Por ejemplo,  en Inglaterra dos jóvenes hacían el amor en el balcón a la vista de los sorprendidos (y algunos envidiosos) vecinos; cegados por el fragor del momento, buscando postura más cómoda y sin mirar riesgos o peligros, se pusieron cerca de la barandilla y, lo lógico, cayeron desde una altura de seis pisos, estampándose contra el suelo y pereciendo los dos en el acto; todo a la vista de los pasmados mirones, que no pudieron hacer otra cosa que eso, mirar. Otro ejemplo, en Francia un chico se tiró a un lago montado en bici mientras otro grababa, pues es una especie de apuesta: “o te tiras o pagas”; el muchacho cumplió lo primero, se tiró, pero no lo segundo, pues del agua no salió vivo (por cierto, es el segundo caso en poco tiempo). Y otro más, un esteticista venezolano se inyectó aceite de bebé en nariz, frente, pómulos, labios…, pues quería eliminar “estas arruguitas de aquí que me hacen mayor”; el resultado fue el natural: el rostro totalmente deformado, monstruoso, inmovilidad, dolores insufribles y la necesidad de un costoso tratamiento, lo que ha llevado a esta patética criatura desde su estudio de belleza a la mendicidad callejera (hay que tener menos cerebro que un percebe para irse al quirófano estando sano). ¿Y en indio (de la India, no uno que hace el indio…, que también) que lleva 25 años caminando hacia atrás para pedir la paz en el mundo?; no parece haber logrado resultados, pero el tronco afirma ahora que ya no se acuerda de caminar hacia delante así que, ‘patrás’.

Actos tan grotescos, estúpidos y descomunales  producen una mezcla de pena, vergüenza ajena, incredulidad… El mundo está loco, loco, loco.



CARLOS DEL RIEGO

domingo, 15 de junio de 2014

‘GHOST STORIES’, EL NUEVO DE COLDPLAY, MUY POCO QUE RECORDAR Es una de las bandas con más tirón del momento, como demuestra la gran acogida que ha tenido su más reciente álbum. Se trata de los británicos Coldplay, cuyo nuevo disco ha metido mucho ruido en los ambientes iniciados. Sin embargo, presenta mucho brillo y poco contenido.

Nunca han sido la alegría de la huerta, pero el nuevo de Coldplay
resulta más desmayado y mustio que nunca.
Con un estilo melancólico y parsimonioso, con ambientes un tanto desmayados, muy Oasis y U2 en sus inicios pero ganando personalidad con el paso de los discos, Coldplay es actualmente una de las bandas más fáciles de reconocer; sus creaciones siempre han tenido el denominador común de lo etéreo y melódico, con teclados melosos, guitarras limpias y, generalmente, medios tiempos con potente golpe de batería; así, su sonido no tiene aristas o altisonancias, excepto en algunas señaladas excepciones. La voz suplicante de Chris Martin,  suave, siempre contenida, elástica, sin cortes…, y como pretendiendo no elevar el tono para no molestar ha sido y es una de sus señas de identidad.


Una buena colección de éxitos a escala mundial han convertido a los londinenses en una de las grandes atracciones de la escena musical internacional, por lo que la aparición de su sexto álbum, ‘Ghost stories’, significó un pequeño acontecimiento entre sus seguidores en particular y entre los incondicionales del pop británico en general, así como de cara a las listas. El disco resulta tanto o más perezoso que los anteriores, a veces incluso se antoja desmayado, otras parece ambient, chill out, y goza de menos inspiración en la composición de melodías. Todo parece sacrificado a la construcción de mundos atmosféricos, de modo que las canciones parecen perder no sólo energía, chispa, sino también el atractivo de un estribillo pegadizo y fácil de recordar y tararear. Apenas hay variación entre un tema y el siguiente, con ritmos y ambientaciones similares, con los inicios de cada pieza siguiendo también un patrón; a veces da la impresión de que tratan de experimentar, pero todo está demasiado repulido para que el pretendido experimento llegue a algún sitio; hay momentos en que se espera un arranque, un chispazo, una descarga de gracia, sin embargo la cosa no acaba de brillar, no termina de transmitir esa emoción melancólica que caracteriza a la banda. Del tono general del disco se sale ‘A sky full of stars’, un título más dinámico al que, sin embargo, le sienta fatal la ambientación dance (¡esos colaboradores!), que da al tema un tono más ordinario, más vulgar; aunque también le falta empuje, podría haber sido otra cosa con otro tratamiento.

El álbum no es que esté tan mal, es ‘muy coldplay’, pero tiene muy poco que recordar. Es como si se hubieran limitado a dar otra vuelta de tuerca a lo que el ‘mainstream’, a lo que todo el mundo espera que hagan, y ha resultado un pop blando, inofensivo, a veces debilucho, enclenque, otras incluso frío y, peor aún, aburrido por momentos. Demasiada baladita mustia y lastimera, demasiado melodrama y ambiente folletinesco que, paradójicamente, transmiten poca emoción.
Al final, después de todo, el disco no resulta ni comercial. Es un trabajo bien hecho en el aspecto sonoro (quizá con exceso de pompa electro), sin embargo, contiene muy pocos momentos a la altura de su producción anterior, sobre todo sus primeros elepés. En definitiva, viene a ser como un paquete muy grande (más bonito o más hortera) con muy escaso contenido.  

La mayoría de sus seguidores más convencidos estarán encantados, aunque es posible que los más exigentes se hayan quedado algo desencantados con estas historias de fantasmas en las que hay más fantasmas que historias. De todos modos, sólo hay que esperar algún tiempo para comprobar qué es lo que se recuerda, qué permanece de este ‘Ghost stories’.  


CARLOS DEL RIEGO

jueves, 12 de junio de 2014

MONARQUÍA VERSUS REPÚBLICA Es uno de los debates más en boga tras la abdicación de Juan Carlos I, sin embargo, existen muchas creencias equivocadas en torno al asunto, hasta el punto de que hay quien cree que el cambio de sistema terminaría con todos los problemas de España

Las diferencias reales serían inapreciables para el ciudadano.
En todos los medios de comunicación, en la red, en el bar, en la calle, en todas partes hay discusiones encendidas sobre la conveniencia de continuar con un rey como jefe del estado o cambiar su figura por la de un presidente de la república. Sobre esto, es sintomático que quienes más se significan por la república están convencidos de que república equivale a izquierda, como demuestra el hecho de que las banderas tricolor que se ven en cualquier aglomeración de gente luzcan siglas y emblemas de esa tendencia con total libertad (por cierto, hoy los republicanos pueden expresarse sin problemas, al contrario que los monárquicos durante la II República, pues Manuel Azaña prohibió desde el primer momento manifestaciones y símbolos monárquicos y cerró los periódicos de esta tendencia, mostrando cómo entendía él la libertad y la democracia). Sin embargo, habría que recordar que la II República Española fue pergeñada tanto por derechistas como por izquierdistas en aquel Pacto de San Sebastián de agosto de 1930; igualmente, los países con tradición republicana, como Francia (cuyo presidente tiene escaso poder y quien manda es el primer ministro) o Estados Unidos (república presidencialista en la que el máximo mandatario es el presidente) alternan democráticamente gobiernos de un signo con los de otro sin ningún trauma, sin que los de derechas sean considerados menos republicanos que los de izquierdas. En fin que se equivocan quienes asocian república con tendencia de izquierdas; así, si mañana se producen en España cambios hoy inopinados y se opta por un sistema republicano, apenas se producirán cambios políticos, sólo la figura del rey sería sustituida por la de presidente de la república (fuera ésta del tipo que fuera), nada más, y desde luego el ciudadano no notaría en su vida y quehacer cotidiano la más leve modificación.

De todos modos, se prefiera lo que se prefiera, hay países con larga tradición de monarquía parlamentaria a los que no les ha ido demasiado mal, como Inglaterra, Dinamarca o Noruega; igual que los que vienen siendo república en los últimos tiempos, como los mencionados, Alemania o Italia. O sea que en realidad, al final, las diferencias resultan muy escasas, mucho menores de lo que piensa la mayoría de quienes exigen cambio. Cada lugar tendrá sus motivos para conducirse con uno u otro sistema.

En España la mayoría de ciudadanos republicanos exigen la transformación, entre otras razones, porque Juan Carlos I fue designado por el dictador Franco en aquellos azarosos años setenta del siglo pasado; cierto, pero si no lo hubiera señalado el entonces jefe del estado, los más franquistas no hubieran aceptado de buen grado y se hubiera vuelto a liar la cosa, es decir, los más inmovilistas del agonizante régimen aceptaron al rey por lealtad (casi fanática) al Generalísimo. Por otro lado, hay que recordar que el ya ex rey Juan Carlos aceptó firmar las exigencias de Franco con la idea de ‘traicionarlas’ y poner en marcha un proceso democrático, como demuestra el hecho de que unas semanas después de la muerte del dictador encargara a Adolfo Suárez la redacción de una constitución democrática, elecciones generales… Si Juan Carlos de Borbón le hubiera contestado a Franco que aceptaba la corona pero con intención de instalar una monarquía parlamentaria, el general le hubiera apartado de la sucesión (como hizo con su padre, don Juan) y hubiera señalado como sucesor a un afecto incondicional al régimen, con lo que nuevamente hubiera vuelto el lío a la calles.       
      
En estos días (VI-2014) hablan en uno u otro sentido todo tipo de ciudadanos; en una de estas encuestas publicadas por los periódicos, un científico razonaba con los pies en el suelo, señalando que si hay que escoger entre un presidente procedente de uno de los dos partidos, un presidente elevado por méritos de partido y (casi seguro) con mucha más ideología que formación y que por tanto siempre estará escorado, o una persona que se va formando para el cargo desde niño, con estudios específicos, superiores y prácticos, una persona ajena a tendencias políticas, hablante de varios idiomas, experta en diplomacia y que sin duda tiene mayor predicamento internacional…, si hay que optar por aquel o por éste, la razón práctica no tendría duda. Otro intelectual se ceñía a las experiencias más cercanas: con el rey saliente ha habido en España democracia y libertad para silbar, abuchear, criticar e incluso insultar a la corona, mientas que durante la II República no existía libertad para manifestarse monárquico o antirrepublicano. Y otro más especificaba que el dilema monarquía frente a república es, en la práctica, algo muy secundario respecto a los verdaderos problemas del país, y que si éste entra de lleno en esa disyuntiva, se gastará mucha energía, tiempo, ganas, ilusiones e incluso dinero que deberían dedicarse a asuntos más importantes y, sin duda, más urgentes.

En fin, que ambos sistemas presentan pocas diferencias, que la república no significa izquierda como la monarquía no equivale a derecha, que ninguno es la panacea y que el ciudadano no notaría, en su día a día, si vive en república o en monarquía parlamentaria. Como siempre, todo depende de la valía y honradez de las personas.

Un detalle más: la mayoría de los republicanos que se echan a la calle suelen pasar por alto el hecho de que en los países comunistas (Cuba, Corea del Norte) existe una monarquía hereditaria de hecho, pues Fidel Castro traspasó el poder a su hermano Raúl como Kim Jong Il recibió el poder de su padre Kim Il Sung y lo traspasó a su hijo Kim Jong Un.


CARLOS DEL RIEGO