domingo, 20 de julio de 2014

JOHNNY WINTER Y OTROS HÉROES ESTADOUNIDENSES DE LA GUITARRA, REPRESENTANTES DE UNA ERA LEAL CON EL ROCK Ha fallecido otro músico de rock estadounidense, el sensacional guitarrista Johnny Winter, de inconfundible aspecto y poderosa personalidad. Pertenecía a aquella época en la que el rock aun no estaba domesticado…, al menos totalmente

Johnny Winter, el héroe ya está en el Olimpo
La época que va de los últimos años sesenta hasta mitad de los setenta del siglo XX es considerada por muchos especialistas como la más auténtica, la que más se identificaba con  ‘el rock por el rock’. Es por eso que es el momento en que aparece la figura del ‘guitarrista-héroe’. En Estados Unidos descollaron no pocos gigantes de la Gibson o la Fender, nombres que forman parte de la leyenda de este género musical que, parece ya fuera de toda duda, supuso una revolución que afectó a toda la cultura posterior. Eran tiempos en los que a ninguno de esos guitarristas de blues, rythm y rock se le hubiera ocurrido hacer play-back o (menos aún) recurrir a la hoy imprescindible maquinita llamada ‘autotune’, que permite corregir voces desafinadas, gallos, entradas a destiempo y otras deficiencias canoras; no, para el recientemente fallecido Jhonny Winter, para su colega Rick Derringer, para Ted Nugent y otros de tal jaez (no digamos para un tal Hendrix) hubiera sido la mayor infamia, la mayor y más absoluta vergüenza tirar de aparatitos que escondieran defectos técnicos y artísticos, tan auténticos eran. Además, en aquella mágica década de los setenta (que tanto dio de sí), el rock aun no estaba domesticado por la mercadotecnia ni obedecía a los intereses del comercio (al menos no tanto); sí, todos querían vender muchos discos, salir en portadas y acaparar focos, pero buscaban esas glorias a base de talento, de grandes canciones, de virtuosismo instrumental, nada de márketing manipulador, campañas de escándalo-propaganda o calculados disparates para salir en los medios (entonces más escasos que hoy y con poco espacio para el rock más ruidoso); el rock de entonces, en fin, se regía más por emoción y ‘feeling’, y estaba en un plano diferente, en un lugar cómplice que tenía sus ritos y al que se acudía con cierto sentimiento transgresor: era algo que te diferenciaba del resto de la sociedad.


Por todo ello, esos guitarristas tenían un halo de héroes, de figuras míticas que en escena se transformaban en semidioses capaces de hacer gemir, gritar o susurrar, alegrarse o entristecerse a sus omnipresentes y amadas guitarras. Eran tipos íntegros y leales con la música (cosa que no quiere decir que hoy no haya gente como ellos).
Uno de esos héroes fue Johnny Winter, fallecido a los 70 en julio de 2014. Flaco, albino, larga melena blanquirrubia, con una adicción superada, tuerto y con guitarra, con el foco sobre él y el rock fluyendo de modo natural: así era este tejano. Por sus amplis salía un sonido más limpio y una voz más rasposa, con las seis cuerdas vibrando incansables. Era la suya una guitarra total y su oferta, rock total. Su producción es amplia y variada, pero seguro que los más iniciados disfrutarán recordando la versión del ‘Rock & roll people’ que escribió Lennon, e igualmente disfrutarán quienes la descubran; por apuntar otros dos títulos, sirvan los muy clásicos ‘Still alive and well’ o ‘Mean town blues’.

Hay más héroes de la guitarra más rockera, cien por cien estadounidenses y con el rock corriendo por sus venas desde hace ya mucho tiempo. Es oportuno recordar al gran Rick Derringer, amigo personal y gran colega del anterior (y de su hermano Edgar Winter). Es Rick un músico prodigioso, un artista que toca todos los instrumentos, produce con personalidad, compone de modo brillante, canta y acompaña y, en fin, es capaz de encender al público más frío con sus deslumbrantes melodías y estribillos. Por mencionar sólo uno de sus numerosísimos títulos, ¿qué tal el irresistible y célebre ‘Rock & roll hoochie koo’?

Otro incansable titán de la Gibson es Ted Nugent, quien también contribuyó a forjar aquella leyenda heroica. Desde Detroit, Ted siempre supo crear incendiarios riffs de guitarra o entradas apoteósicas (como la de ‘Smokescreen’) con las que resultaba imposible sujetar la cabeza. Su ‘Stranglehold’ está en el Olimpo del hard-blues.

Sí, sí, hay muchos más, por ejemplo Peter Frampton o los de los Allman Brothers, los de Lynyrd Skynyrd o los de Blue Oyster Cult… Pero ahora es el momento de recordar, sobre todo, a Johnny Winter, gran representante de una época gloriosa, auténtica e irrepetible de la historia del rock.

CARLOS DEL RIEGO