jueves, 19 de abril de 2012

MOURIÑO. ESPECIALISTA EN MENTIRA Y SOBERBIA



Mourinho
La arrolladora personalidad del entrenador portugués de fútbol ha traspasado los límites de las páginas deportivas hasta el punto de ser un generador, exclusivamente, de sentimientos extremos. ¿La causa?, sus continuos desmanes verbales..., aunque no sólo.

José Mouriño se ha mostrado, tras un par de años de en España, como lo que es, un mentiroso, un soberbio, un cobarde, un llorica, un mal compañero y un envidioso. Y no es que los demás seamos la bondad y la virtud personificadas, pero Mouriño es algo diferente, ya que es difícil encontrar a alguien que reúna en sí mismo todos esos atributos, a pesar de que se puede afirmar que es una persona a quien la vida sonríe.

Es un mentiroso y un manipulador porque cuando dice que es muy sincero, en realidad sólo cuenta la mitad de la verdad, la que le conviene, olvidándose de la otra mitad, la que demuestra lo falso de sus afirmaciones. Y quien dice sólo la mitad de la verdad está mintiendo: sólo menciona a los árbitros cuando señalan erróneamente en su contra, pero jamás dice nada cuando se equivocan a su favor.

Es un soberbio porque jamás admite la mínima culpa; una derrota será causa de los fallos de todos los demás (árbitros y jugadores), pero jamás a causa de sus decisiones. De este modo, en cierta ocasión en que su equipo salió derrotado, al entrenador portugués se le preguntó cómo se calificaría a sí mismo de 0 a 10, y él respondió que con un 11. Siempre está destacando sus récords y recordando sus triunfos en otras ligas, se enfrenta desafiante a periodistas y, cuando le parece, no habla con nadie porque no le da la gana.

Una cobarde agresión
Es un cobarde, puesto que se atrevió a meter el dedo en un ojo a un entrenador rival acercándosele por la espalda, y una vez realizada la hazaña, se vuelve como no queriendo enterarse de las consecuencias de su agresión, como el miedoso que cierra los ojos. Y cuando días después pide disculpas, sólo lo hace ante su afición, no ante el agredido.


Es un llorica porque, a pesar de tener a su disposición a algunos de los mejores jugadores del mundo, siempre ha estado llorando y quejándose de que necesita también a este y aquel; asimismo también se ha quejado de los calendarios, de su superior inmediato en el club (hasta que lo echaron), de que los equipos salían a jugar ante ellos más enardecidos que contra su rival..., y por supuesto, de los árbitros, de los comités, de los directivos...

Es un mal compañero, pues ha faltado al respeto a varios entrenadores rivales; a uno lo menospreció diciendo que él, el gran Mouriño, jamás entrenaría a un equipo tan humilde; a otro que, ante el Barcelona, hacía las alineaciones pensando en perder (luego pide perdón de modo teatral); a otro que los triunfos que ha logrado han sido todos gracias a los árbitros.

Es un envidioso porque jamás deja pasar ocasión de menospreciar el trabajo de quien le supera, de quien consigue más títulos que él.
Es decir, Mouriño piensa que existe un complot intergaláctico para que el equipo rival lo gane todo y el suyo sea siempre perjudicado.

Si el entrenador portugués lo fuera del Barcelona, los hinchas del Real Madrid que están “a muerte con Mouriño”, según se escucha en el estadio Bernabéu y según dicen los periodistas que mejor conocen el paño, censurarían todas sus acciones, declaraciones, alineaciones y, en fin, todo lo que hiciera; ¡habría que escuchar qué se diría de él si estuviera en otro equipo! Es un poco como el nacionalismo; ya dijo George Bernard Shaw, que ha quedado como uno de los tipos más inteligentes del siglo XX, que “el nacionalismo es un curioso sentimiento que indica que un lugar es el mejor del mundo porque yo he nacido allí”; con el fútbol pasa igual: mi equipo siempre tendrá razón porque yo lo he elegido. Y es que, en realidad, la única forma de acercarse un poco a la objetividad es ponerse en el lugar del otro, intentar pensar como él, sopesar sus circunstancias. Algo extremadamente difícil.

Claro que si no existieran esos sentimientos no existiría el fútbol..., ni ningún deporte. Tal vez personajes como Mouriño sean necesarios. Al menos de vez en cuando. 
carlosdelriego