martes, 17 de abril de 2012

CONSUMO Y PROPAGANDA AGRESIVA Y DE MAL GUSTO ¿Se puede aumentar la producción y la venta hasta el infinito? ¿Se puede hacer y decir lo que sea con tal de vender más?




Los niños, principales víctimas
Los grandes expertos en macroeconomía no dejan de insistir en que hay que ser más eficaces en el trabajo para así producir más, puesto que hay que vender más, y para ello hay que alentar el consumo, que el ciudadano compre, gaste, tire a la basura y vuelva a comprar cuanto antes, que consuma, que consuma, por encima de todo que consuma. Los que gobiernan están de acuerdo, ya que así la economía es “más dinámica”, y no digamos los expertos en marketing, propaganda y manipulación de masas, que constituyen uno de los sectores más beneficiados del consumo sin límite, pues son los encargados de convencer al público de que hay que comprar más, y a ellos recurren los que quieren vender más.
El problema es que nadie se plantea hasta cuándo se puede producir, consumir, crecer, pues parece bastante claro que no se puede producir, consumir y crecer hasta el infinito, ya que no vivimos en un mundo infinito.

La tele, medio ideal
 para el abuso publicitario
 La mejor arma que tienen los que insisten en la necesidad de producir-consumir más y más son las empresas de propaganda y manipulación de masas. Los expertos que allí trabajan llevan a cabo enormes esfuerzos de creatividad y de originalidad (dignos de mejor causa) para hacernos creer que necesitamos comprar cosas que, en realidad y objetivamente, no necesitamos; realizan campañas en las que el público inocentemente colabora para saber qué formas y colores darle al producto en cuestión para que sea más atractivo al público (convertido en rebaño, en cifras); gastarán lo que sea necesario para montar un anuncio que llame la atención sin importar si es adecuado, impropio u ofensivo; en fin, irán a la luna si es preciso para que el receptor del mensaje piense que es un ceporro si no compra eso. Lo que hoy es lo máximo será tratado por la publicidad como basura dentro de tres meses. 

Casi todo en este mundo es cuestión de medidas, y en este caso el problema es la aterradora y creciente agresividad que se ha impuesto en el terreno de la publicidad y otros tipos de propaganda. Y eso que todos recordamos anuncios entrañables, convincentes, directos y claros, ingenuos, estéticos e incluso emotivos. No ofendían, se podían emitir a cualquier hora, carecían de los personajes chulescos e impostados que tanto abundan en este mundillo y no menospreciaban al espectador por no comprar. Afortunadamente aun hay anuncios que te hacen sonreír y que ponderan el producto sin molestar, pero son los menos. 
el insoportable agobio de la propaganda


La mayoría son los realizados por expertos sin escrúpulos que son exhiben (sobre todo pero no sólo) en televisión y radio. Entre los más abundantes ahora están los de telefonía, que machaconamente, cientos de veces al día, en todos los soportes que uno pueda imaginar, insisten en que compremos este modelo, pues el que ahora llevamos tiene seis meses y está tan pasado que si alguien nos ve con él pensará que somos unos mindundis que no nos enteramos de la fiesta, incluso algunos anunciantes te llaman tonto directamente si no les compras a ellos (por cierto, ¿alguien ha visto las montañas de desperdicios electrónicos que disfrutan muchos países del tercer mundo?). ¡Y qué decir de los anuncios de perfumes!, pues que todos utilizan sexo más o menos explícito (en uno de ellos uno se lo hace con dos chicas que son hermanas y que terminan haciéndoselo entre ellas), demostrando la tremenda mediocridad de “los creativos”, tan limitados intelectualmente y tan carentes del menor escrúpulo que no encuentran otro modo de llamar la atención; el cómo no importa mientras el cuánto sea satisfactorio. Y así se podría  seguir enunciando productos y anuncios groseros y de mal gusto.


Uno de los más recientes viene a decir que las mujeres ya pueden espatarrarse (qué palabra tan fea) al sentarse, pues hasta ahora no podían debido al olor de sus partes íntimas, pero como ahora hemos sacado el producto tal, ya pueden abrir las piernas sin miedo... Si esto no es ofensivo, si esto no tiene evidente carga de machismo, si no es un verdadero insulto es que los mentirosos son gente honrada. Y el caso es que por cada mujer que hiede (que seguro que las hay, aunque un servidor jamás se ha topado con una) hay mil hombres que apestan; es decir, en realidad, la inmensa mayoría de las mujeres no precisan ese producto, pero para eso están los expertos en manipulación de masas, para crear una necesidad, para llevar al rebaño por donde quieren utilizando las infinitas tretas y maldades de que se sirve la propaganda para hacer creer a las personas que necesitan comprar cosas que de ningún modo necesitan. ¡Más valdría que los que perpetraron el diseño de este anuncio (y similares) se bañen en sus propios mundos imaginarios, pues ellos sí que apestan a engaño y manipulación!

carlosdelriego.