miércoles, 18 de abril de 2012

MEJOR PASAR POR TONTO QUE ADMITIR RESPONSABILIDAD Cómo una persona admite ser un lechuguino de quien todo el mundo se ríe


Rompetechos, del genial Ibáñez,
no se entera de nada
Cuando alguien pregunta por qué los políticos tienen un sueldo más alto que el noventa por cien de la población se suele contestar que porque tienen mucha responsabilidad. Ésta se entiende como que deben tomar importantes decisiones, pero también debería significar que, si no lo hace bien, si los resultados de su gestión perjudican al contribuyente, ha de pagar, de un modo u otro ha de afrontar su responsabilidad, y si es caso ha de tener una sanción; y no digamos si se demuestra que se ha obrado pensando en beneficio propio o de allegados.

Sin embargo, cuando un gestor público ha ido de desastre en desastre, lo más que le pasa es que pierda la capacidad de decisión, o sea, el poder, pero nada más, seguirá cobrando un sueldo público sin que se le pidan cuentas por su ineptitud, dejadez, partidismo, ineficacia o corrupción. Y si se descubre una trama ilegal en una institución,  el máximo mandatario (a cualquier escala, local, provincial, autonómica, nacional o europea) se proclamará no responsable, se llamará a andanas y declarará que él no sabía nada, que no se enteró, que él también es una víctima de engaño, que todos estaban en el ajo menos él.

Del pelele de Goya todos se ríen
Un caso paradigmático es el del ex presidente Felipe González (se trata de un ejemplo, seguramente el más palmario, pero solo ejemplo, pues la figura prolifera en cualquier ambiente). Durante su mandato se produjeron todo tipo de desmanes por parte de sus ministros y altos cargos, todos hombres de su confianza. Así el esperpento de Luis Roldán, el saqueo de los fondos reservados por parte de ministros y secretarios de estado, la financiación ilegal y fraudulenta del partido, los asquerosos tejemanejes del BOE, del Banco de España y de Cruz Roja, las escandalosas comisiones del AVE, las escuchas ilegales del CSID, la entrega de Galerías Preciados por cuatro perras a amigos del partido y, por encima de todo, el caso GAL, el crimen de estado; la cosa no acaba aquí pero si hubiera que enunciar todos los casos...

Pero el asunto es que Felipe González no se enteró de nada, prefirió pasar por un hombre de paja, un pelele al que todo el mundo en su entorno engañaba, un cantamañanas que no tenía ni un solo amigo en su partido ni en su gobierno, un mequetrefe que no se enteraba de la misa la media, algo así como una figura decorativa.
Mejor pasar por tonto
que ser responsable
Lo curioso es que en una grabación que salió a la luz, el que fuera ministro suyo Txiqui Benegas se refería a él como “Dios” o “El Number one”; sin embargo, Dios se entera de todo y González, por lo que él decía, estaba permanentemente en la inopia; y si dicen de ti que eres el número uno es que sí se te respeta. Objetivamente resulta imposible pensar que era tan escasamente considerado en su partido como para no contar con ningún compañero leal que le informara de algo, y tampoco él parece tan simplón que no viera o escuchara nada de nada, que jamás le llegara un rumor o encontrara un indicio, algo sospechoso. Si hubiera admitido algo, tendría que haber hecho frente a ello en los tribunales y seguro que hubiera sido sancionado, pero al menos hubiera sido responsable. Sin embargo, prefirió ser no responsable de nada haciéndose pasar por una especie de Rompetechos.

En la película ‘Algunos hombres buenos’, Jack Nicholson prefiere admitir una falta antes que quedar como un militar lechuguino cuyas órdenes no se cumplen y de quien se ríe la tropa. Se rebeló culpable, pero prefirió esto a menospreciarse e insultarse.
El del mencionado ex presidente es el caso más llamativo (entre otras cosas porque es el que más ha estado en el poder), pero este personaje que prefiere definirse como tonto cuando se descubren las irregularidades de sus subordinados abunda en todas partes, independientemente de ideas, partidos, asociaciones y entidades de todo tipo, centros de trabajo o instituciones. En realidad es un poco aquello de “Dame pan y llámame tonto”
carlosdelriego.