lunes, 11 de julio de 2016

EL ROCK DENUNCIA LA VIOLENCIA RACISTA Estados Unidos tiene desde su fundación un problema con el racismo. En las últimas décadas ha sido causa de violencias y enfrentamientos, pues los pisoteados empezaron a revolverse y a pagar con la misma moneda. Mucho rock se ha escrito al respecto


Bob Marley escribió contra el racismo, la violencia, la injusticia, como en su Buffalo Soldier..
El racismo es una de las más odiosas perversiones (no hace falta añadir más, pues sólo una única especie animal puede ser perversa). Aunque las leyes de prácticamente todos los países del mundo lo combaten, la realidad es que el trato discriminatorio sigue estando presente, sobre todo en la calle, en las distancias cortas; asimismo, la actuación de ciertas administraciones también presenta algunas veces esa miserable inclinación, ese asqueroso sentimiento tribal. Dicho sea de paso, no sorprende que esta vileza, que puede aparecer en cualquier lugar del planeta, sea perceptible especialmente en países que fueron colonizados y ocupados por ingleses: Usa y Sudáfrica (aquí echaron una mano los holandeses). La música rock se ha ocupado con profusión de esta deshonrosadisfunción mental que no se termina de erradicar, de hecho, entre los que idearon y dieron forma a este invento aparecen no pocos negros; podría hacerse una lista kilométrica de canciones que denuncian tan lamentable sentir…    
Muchas de los mejores versos creados para integrarse en una partitura surgieron como respuesta a la rabia producida por la injusticia y la discriminación racial. Por ejemplo el ‘Blackbird’ del asombroso álbum blanco de los Beatles. Paul McCartney la escribiópensando en la lucha por los derechos civiles que sostenían los negros estadounidenses, concretamente la concibió después de leer noticias sobre los disturbios raciales que tuvieron lugar en Little Rock, Arkansas, en 1968, cuando las autoridades locales se negaron a admitir estudiantes negros en la mismas clases que los blancos. “Tuve la idea de usar un mirlo como símbolo para una persona de raza negra, pero pensaba sobre todo en una mujer negra que vive inmersa en ese problema”, afirmó Macca. Sólo una acústica y voz dan forma a esta brillante melodía inspirada en una pieza de Bach.
El malogrado Bob Marley escribía siempre textos con gran profundidad. Entre ellos puede destacarse el clásico del reggae ‘Buffalo soldier’. Marley se refiere a los regimientos de caballería de Usa integrado exclusivamente por negros; el nombre se lo pusieron los indios kiowas, puesto que una de estas unidades fue obligada a combatir y expulsar de sus tierras a los pieles rojas para que pudieran ser ocupadas por los rostros pálidos; irónicamente, algunos de esos soldados-búfalo habían sido esclavos. Con esta canción Marley acusó a Estados Unidos de discriminación, ya contra los nativos, ya contra los negros. “Robado de África, traído a América (…) pisoteado a través de la tierra (…) gana la guerra para América”, son algunos de sus más significativos versos.  
El llorado Sam Cooke, emblema de todos los géneros negros, cantaba sobre temasintranscendentes hasta que la muerte de su hijo (ahogado en una piscina) le volvió introspectivo, más hondo y preocupado por la problemática de sus hermanos negros. Al poco escuchó el ‘Blowin’ in the wind’ de Dylan y, según dijo, le costó mucho creer que no estaba escrita por un negro, así que pensó que él tenía que hacer letras en términos similares. La primera que ideó con ese sentimiento fue ‘A Change is gonna come’, unacanción protesta que pretendió apoyar el movimiento de derechos civiles, la lucha de los negros por la igualdad; parte de su letra alude a un suceso que sufrieron el propio Cookey sus amigos, que habían sido acusados de disturbios en una ciudad de Louisianacuando les negaron la entrada a un hotel a causa del color de su piel. De hecho, SamCooke murió tiroteado en 1964 por la dueña de un hotel para blancos en el que el cantante había entrado (ella declaró primero que la había atacado, y luego que había violado a una blanca…); tenía 33 años. Aun hoy es un caso irresoluto. La canción, quevio la luz después de su muerte, es un soul lento con una gran carga dramática pero con un matiz esperanzador: “Ha tardado mucho tiempo, pero yo sé que un cambio va a llegar (…) voy al cine, voy al centro, pero aun hay quien me dice que no ande por ahí (…) pero sé que un cambio va a llegar”.
El ‘Suthern man’ del eterno y combativo Neil Young también hablaba de racismo en los estados del sur de Usa, de esclavitud e incluso del Ku Klux Klan; sin embargo, el propio cantante renegaba de ella en 2012: “Cuando la escucho no me gusta esa letra, es acusatoria y condescendiente, no está bien pensada y es muy fácil de malinterpretar”.Habla de cruces ardiendo, de látigos y de gritos…  
Aunque no pueden ser etiquetadas como música rock, otras piezas de estilos cercanos merecen ser recordadas. Nina Simone escribió ‘Mississippi Goddam’ en respuesta al asesinato del líder de derechos civiles Medgar Evers en Mississippi en junio de 1963, y también para denunciar el bombardeo de una Iglesia Baptista en Birmingham, Alabama, en el que murieron 4 chicas negras ese mismo año. Contaba ella misma que estuvo tentada de buscar una pistola y…, pero finalmente prefirió encerrarse en una habitación y escribir esa canción. El ‘Strange fruit’ que cantaba Billye Holliday fue escrito por un maestro de escuela blanco (y judío), quien quedó tan horrorizado al ver en una foto de 1930 a dos jóvenes negros linchados colgando de un árbol, que escribió esta terrible ‘Fruta extraña’. Contra la justicia que los negros pueden esperar en el profundo sur escribió Leadbelly su ‘The Scortsboro boys’ en 1939; nueve chicos negros (variosmenores de edad) fueron acusados de violar a dos blancas en Alabama…, todos menos uno de 12 años terminaron ejecutados tras una farsa a la que llamaron juicio; curiosamente, el propio Leadbelly no tendría quejas contra la justicia, pues apenas pasó unos pocos años en la cárcel a pesar un largo historial delictivo: asalto a mano armada, homicidio, apuñalamientos…, por diversas razones siempre salió bien parado.


El índice de canciones que han tratado sobre esta inmoralidad se extendería varias páginas. Ciertamente, la música rock y estilos cercanos no han dejado de mostrar la existencia del racismo, de denunciar la violencia y de acusar a los racistas; lo viene haciendo con insistencia desde hace… El hecho de que todo esté situado en Estados Unidos muestra dos cosas: que esa perversión del pensamiento llamado racismo aun tiene mucho arraigo allí, pero también que los mejores del género se han involucrado y tomado partido por los que padecen esta insufrible, imperdonable injusticia.    
CARLOS DEL RIEGO

jueves, 7 de julio de 2016

LOS TRANSGÉNICOS, GREENPEACE Y LOS PREMIO NOBEL Tremenda agitación ha causado la publicación de una dura y acusatoria carta firmada por 109 premios Nobel en contra de quienes desconfían de los alimentos modificados genéricamente, o sea, de los transgénicos.

El Premio Nobel no otorga el don de la infalibilidad.
La diana principal de estos envenenados dardos ha sido la organización ecologista Greenpeace (cuya postura al respecto parece, por otro lado, un tanto cerril), pues no es otra la acusada indirecta pero gravemente por los nobeles: “¿Cuántos pobres tienen que morir antes de que consideremos esto un crimen contra la humanidad?”, termina la agitadora misiva. Para empezar, resulta desconcertante la contundencia, el maniqueísmo y la soberbia con que se han manifestado esos cien sabios; parecen estar incondicionalmente convencidos de que ese producto industrial es la panacea, a la vez que presentan a los ecologistas como unos pervertidos que desean el mal universal (esto último puede traer indeseadas consecuencias); además, entre los que tienen tan alta condecoración habrá gente honesta y sinvergüenzas, al igual que ocurre con los pescaderos y los jueces, los taxistas y los cirujanos. Por otra parte, no sería difícil citar a otros tantos científicos que proponen serias dudas acerca de esa especie de maná. Puede añadirse que la opinión que sobre este asunto aporte un Nobel de Literatura es respetable, pero irrelevante.

La polémica admite, evidentemente, no pocas visiones. Es posible que los transgénicos sean alimentariamente válidos y muy beneficiosos, aunque no ha transcurrido tiempo suficiente para comprobar sus efectos a largo plazo. Sin embargo, la experiencia que se tiene hasta ahora es que allí donde están plantados se han hecho con el entorno, es decir, han terminado con toda biodiversidad. Y nadie ignora (aunque este ‘pequeño’ detalle no se menciona en la susodicha carta) que quien usa ese tipo de semilla tendrá que comprarla año tras año, siempre, pues como es sabido su fruto no produce simiente válida para posteriores siembras. Esto sí que es una evidencia indiscutible, y puede explicar los desesperados intentos del lobby GMO (organismos genéticamente modificados) por prestigiar sus mercaderías.

Además, ¿alguien puede creerse que a Monsanto le preocupa el hambre en el mundo?, habría que beber muchos litros de agua para tragarse esa rueda de molino; nada de eso, lo único que pretende es obtener beneficio, que es la única obligación de cualquier empresa. Bien puede deducirse que, dado que a pesar de sus esfuerzos durante años no han conseguido convencer al consumidor, las corporaciones dedicadas a la manipulación genética de alimentos han optado por otro tipo de estrategias, en este caso buscar la credibilidad de unos premios mundialmente conocidos para que proclamen las bondades de su producto. Algo muy parecido  a lo que hace la firma de artículos deportivos cuando contrata a una estrella del deporte para que publicite sus manufacturas.

También es preciso tener en cuenta que ser Premio Nobel no significa estar en posesión de la verdad, es más, los que han recibido tal distinción no son infalibles ni tienen necesariamente a la ciencia y la ética de su parte. Por otro lado, algunos de esos laureles pueden ser considerados dudosos; por ejemplo el de Obama, que fue distinguido con tal cosa a los pocos meses de ocupar la Casa Blanca, o sea, sin haber tenido tiempo para hacer nada, ni bueno ni malo, y cuyo principal mérito hasta ese momento era ser el primer presidente negro de Usa. Asimismo no hay que olvidar que personajes tan oscuros como Henry Kissinger también ostentan los honores de la Academia Sueca; por no recordar las palabras racistas de James Watson, Nobel de Medicina y Fisiología en 1962, que venían a señalar que los negros son genéticamente menos inteligentes que los blancos… No, los Premio Nobel no son espíritus puros ni lo que dicen es dogma de fe.

Sea como sea, acusar a Greenpeace (una organización, eso sí, más bien dogmática y adoctrinadora) de un cometer un crimen contra la humanidad por oponerse a un producto industrial parece un disparate; es decir, poner a dicha entidad a la altura de las SS o el KGB se antoja un exceso, un esperpento. Y es que si más de cien personas con reconocido prestigio señalan tan gravemente quiere decir que esos sabios han perdido la cabeza, o no han leído lo que han firmado, o han sido convencidos con razones y/o propuestas que no se pueden rechazar.

No se trata de oponerse dogmáticamente a la biotecnología alimentaria, pero tampoco hay que exagerar y calificar de criminales a quienes estén en contra; algo parecido ocurre con los más fanáticos veganos, que tachan de asesinos a quienes degustan el chuletón y el jamón. Del mismo modo, no se pueden presentar este tipo de productos como el remedio definitivo contra el hambre en el mundo, ya que esta calamidad es consecuencia de diversas causas (tiranías, estados desestructurados, fanatismos, corrupción, codicia, violencia, o la propia naturaleza), no exclusivamente de la agricultura.      


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 3 de julio de 2016

ILUSTRES SECUNDARIOS, A LA SOMBRA DE LAS ESTRELLAS DEL ROCK Uno de los músicos que pusieron los cimientos del rock & roll, el gran guitarrista Scotty Moore (XII-1931–VI-2016), acaba de pasar a mejor vida. Es uno de esos brillantísimos secundarios que estuvieron siempre a la sombra de las grandes estrellas del rock.

Lo admitan o no, casi todos los guitarristas de rock han seguido el camino que abrió Scotty Moore.
El gran público se quedará frío ante tal nombre, pero el conocedor profundo de esto del rock, y no digamos el incondicional del rockabilly y el r & r de los primeros momentos, recordará que se trata de uno de los compañeros insustituibles de Elvis desde sus inicios hasta finales de los sesenta; sí, todo adicto al género contestaría de corrido: ‘Scotty Moore y Bill Black’, si le preguntaran quiénes acompañaban al rey ya en los años cincuenta del siglo pasado.


Moore es uno de esos colaboradores imprescindibles sin los que algunos nombres legendarios nunca hubieran alcanzado la gloria. Esta figura es bastante habitual en el devenir de este estilo tan característico de la segunda mitad del XX: los focos apuntan permanentemente al centro del escenario, donde está el gran protagonista, y dejan en una discreta penumbra a sus acompañantes; pero hay veces en que alguno de estos resulta ser algo así como el brazo derecho del astro, de modo que sin aquellos, éste estaría incompleto y, sin duda, no sería tan grande. Hay bandas en las que el estrellato, aunque de modo desigual, está más repartido, ya sea porque la faceta creativa es cosa de varios y así se reconoce, o porque el brillo de los focos no ilumina sólo al gran figurón. Situación distinta es la de los productores, quienes suelen ser artífices del modo final en que se presenta la obra, es decir, el artista crea, pero luego es el productor el que moldea esa creación y le proporciona la forma y el ornato con que llega al público; así, aunque prácticamente desconocidos para los consumidores, estas piezas esenciales en el proceso no suelen tener vocación ni posibilidad de convertirse en astros de la música.

El gran Scotty Moore es perfecto para trazar el perfil del gran artista que, aunque secundario, es tan indispensable como brillante. Aunque parezca exagerado, él fue quien marcó las pautas por las que se regiría la guitarra de rock en prácticamente todas sus ramas. Los solos entre las estrofas que cantaba Elvis no sólo muestran un pasmoso virtuosismo, sino que estaban explorando nuevos caminos que, a la larga, han sido los que otros han recorrido y desarrollado desde aquellos últimos cincuenta del veinte; en fin, a partir de ahora, cuando se vea o se escuche a aquel Elvis, sería de justicia fijarse no sólo en la voz, sino en el toque y el punteo de Scooty y degustar su magisterio. Su influencia en posteriores guitarristas ha sido enorme, tanto que el mismo Keith Richards confesó que en los años sesenta todos deseaban ser Elvis, pero él, en secreto, lo que anhelaba era ser como Scotty Moore. En aquellos años publicó un sobresaliente álbum en solitario cuyo título era de lo más elocuente: ‘La guitarra que cambió el mundo’. Fino, preciso, muy talentoso, imaginativo…, Scotty Moore fue una gran estrella cuyo brillo siempre quedó eclipsado por el hecho de estar muy cerca de una supernova.

Otro lugarteniente con un talento desbordante fue el también desparecido Mick Ronson. Quien sabe de él lo reconocerá como el guitarrista de David Bowie durante sus mejores años; sin embargo, este excepcional guitarrista fue un lúcido creador de ambientes, un imaginativo coordinador de instrumentos y sonidos, un productor y arreglista superlativo. Así (por ejemplo), cuentan quienes estaban allí, que cuando Lou Reed mostró en el estudio su fantástica canción ‘Perfect day’, apenas era un esbozo, un dibujo de trazo esquemático que no dejaba entrever su potencial (de hecho, aseguran que las canciones de Lou, antes de que fueran elaboradas, eran algo así como el cuadro de la bici, es decir, no tenían ruedas, ni manillar, ni cadena…); pero ahí estaba Mick Ronson, quien ideó los arreglos de cuerda (¡ese chelo pone los pelos de punta!), la melodía que dibuja el piano y, en fin, el ambiente dramático e inquietante que convierte ese ‘Día perfecto’ en una obra de arte que roza la perfección. Asimismo, además de construir la pieza maestra de Lou Reed (el álbum ‘Transformer’), este guitarrista superlativo dio forma también a algunas de las mejores piezas y elepés de Bowie (entre otros gigantes del rock), aportando no sólo el elegante sonido de su Gibson o su Fender, sino también su clarividencia para concebir estilos, para moldear melodías, para convertir un boceto en una obra maestra perfectamente acabada. Sin embargo, aunque esencial para algunas grandes estrellas, siempre estará en un discreto segundo plano, y sólo los más especialistas le tendrán la consideración que sin duda merece. Asimismo, es preciso recordar su fabuloso álbum en solitario ‘Slaughter on 10th. Avenue’.   

Georges y Malcom Young serán eternamente los hermanos de uno de los más icónicos héroes de la guitarra, Angus. Pero tanto uno como otro son más, mucho más que los ‘hermanos de’. Georges, el mayor, ya conocía el éxito con The Easybeats cuando el menudo solista de AC DC iba al cole en pantalón corto… Luego, pasó al otro lado del escenario y se convirtió en el artífice del sonido de la poderosa banda australiana, pues produjo sus primeros ocho o diez elepés, dando forma a ese estilo inconfundible; luego, animado por la fiebre de los ochenta, formó otro grupo, Flash & The Pan, con el que también logró escalar listas; aun así, nunca dejó de estar detrás de la banda de sus hermanos, y de las de muchos otros. Por su parte, el otro, Malcom, que también participó en la construcción de la propuesta sonora, entendió que su sitio estaba a un lado, así que dejó todo el protagonismo a Angus…, y la cosa ha funcionado. El caso es que cuando hay que hablar de ellos casi siempre hay referencia al hermano pequeño, lo que no quiere decir que Georges y Malcom no atesoren méritos más que suficientes para ser considerados por sus propias obras.

Hay más, claro, pero estos casos son perfectamente ilustrativos de esa figura que roza la excelencia aun estando siempre a la sombra. Por eso, es necesario reconocer el valor que sin duda tienen todos esos actores secundarios de esta comedia que es el rock & roll.    


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 29 de junio de 2016

‘BREXIT’, POPULISMOS, TONTOS Y ULTRAS La pataleta que algo más de la mitad de los ingleses han dado antes de marcharse dando un portazo presenta no pocas lecturas y elementos de análisis, los cuales definen a algunos implicados.

Esta es una de las ideas que han provocado la separación.
Sí, hay varios protagonistas en esta disparatada tragicomedia. Así, James Cameron, el principal culpable del problema, es lo que se dice un imbécil, un tonto, un cantamañanas, un producto de la política de partidos, la cual coloca en puestos máximos a auténticos majaderos. Y la prueba de ello es que ha creado un problema, un enorme problema, donde no lo había, pues no tenía ni la más mínima obligación de convocar un referéndum de tal calibre. Pero Cameron (que ya estuvo a punto de propiciar la secesión de Escocia y romper su país sin verdadero motivo) es lo que se dice un memo sin malicia y sin dobles intenciones, un tontorrón ausente de astucia, sutileza o codicia… es, en fin, un verdadero ‘inmaculate fool’ (¿alguien recuerda aquel grupo y su éxito homónimo?), es decir un tonto perfecto, inmaculado. Y es que, a diferencia del político artero y sibilino que siempre calcula las consecuencias de sus actos, el modelo Cameron, el corto de entendederas, no piensa qué puede pasar cuando habla o actúa, sino que simplemente lo hace, sin más: lo que le parece una buena idea lo pone en práctica sin dar trabajo a la mollera. Esta es una de las perversiones de los partidos políticos: que pueden lograr la proeza de que un zoquete con menos cerebro que una alpargata se convierta en presidente.

Su compatriota, el laborista Jeremy Corbyn, es otra cosa. A pesar de que sus lugartenientes lo han dejado prácticamente sólo y tiene tres cuartos de partido en contra, permanece impávido en su sillón como si la cosa no fuera con él a pesar del batacazo recibido. Pero no se puede esperar otra cosa de este caradura, vago (ni siquiera hizo el esfuerzo de terminar sus estudios y echó la culpa de su abandono a ‘los profes me tienen manía y el sistema es muy malo’), mediocre (no tiene ni oficio ni beneficio y si dependiera de su mérito y esfuerzo sería un indigente), inútil (nunca ha conseguido nada, absolutamente nada, sólo ha manifestado, proclamado, posicionado, votado, intentado…, pero logros objetivos, nada), y cobarde (jamás se ha atrevido a bajar de la limusina de la política y trabajar pie a tierra). Es este otro modelo de político, mucho más experto en nadar y guardar la ropa y, como auténtico catedrático en estas lides, conocedor de que para seguir en el mundillo hay que resistir por muy mal que vengan dadas.  

Como casi todos los que quieren independizarse, los que despotrican de la Unión Europea desean mantener lo que los beneficia y desprenderse de lo que los obliga. Tal ha demostrado Nigel Farage, uno de ultras que han liderado la segregación británica, quien ha tenido la desfachatez de presentarse en el Parlamento Europeo para defender su postura a la vez que exigía que no se obligase a su país pagar aranceles y otras tasas comerciales como corresponde a una nación ajena a la UE; así es como proceden otros separatistas, que quieren mantener las ventajas pero librarse de responsabilidades y deberes. Tal vez por eso los directivos europeístas han instado a los representantes ingleses a que comuniquen su decisión cuanto antes, y cuanto antes empiece la desconexión, ya que se temen la ambigüedad británica, el “me voy pero no del todo” (igual que hacen con Gibraltar, que para unas cosas es colonia, para otras territorio británico de ultramar y para otras espacio soberano, según convenga). De hecho, ha pasado una semana y aun no han comunicado oficialmente la resolución del pueblo británico, es decir, aun no han solicitado su salida de la Unión. Lo que subyace en este tipo de profesional del independentismo más populachero es el enredo y la manipulación, hábitats que le resultan muy cómodos.  
     
También ha demostrado el asunto del ‘brexit’ la coincidencia entre las ultraderechas y las ultraizquierdas de toda Europa: sus métodos siempre son los mismos, pero hay veces, como esta, en que también lo son sus fines. Así, el populismo, xenofobia y nacionalismo extremos de los partidos más carcundas y a la diestra en Inglaterra, Francia, Holanda, Italia (hasta Trump lo celebra)…, se dan la mano con la eurofobia, el populismo y la demagogia de los partidos más anti y a la siniestra en Grecia o España (aunque algunos cambien de piel según requiera la ocasión, no vayan a perder sus nuevas poltronas). También se calcan los extremos el recurso de echar la culpa de todos los males de su país a los otros, al resto de Europa en este caso. E igualmente concuerdan los ultras de uno y otro lado en presentarse como paladines de la libertad, cuando en realidad todos ellos son profundamente liberticidas. Sí, como escribió el genial y prolífico Pedro Muñoz Seca, ‘Los extremeños se tocan’. 
  
Por último parece evidente que un referéndum de tanta trascendencia no debe decidirse por márgenes tan escuálidos como el que ha arrojado este, pues un dos o tres por ciento es una ventaja ocasional, circunstancial, coyuntural, de manera que en poco tiempo esa pequeña proporción puede cambiar de opinión, con lo que la mayoría ya estaría en contra de la decisión. Para tomar un camino que va a afectar de un modo tan determinante a todo un país es preciso (o debería serlo) una proporción mucho mayor (por ejemplo, dos tercios).   

Sí, la cosa tiene múltiples lecturas.

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 27 de junio de 2016

ROCK, RUPTURA Y SEPARACIÓN El asunto del ‘Brexit’ (Br es abreviatura de Britain, y exit significa salida), o sea, el divorcio entre Reino Unido y Unión Europea, tiene paralelismos con la ruptura de relaciones que tanto se ha tratado en el mundillo del rock.

'No pierdes nada cuando pierdes a un falso amigo', cantaba Joan Jett 
La política es una de las mayores causas de desavenencia entre personas. Política es la decisión de alejarse del resto de Europa que han tomado los ingleses (V-16), y también lo es la actividad de los partidos, sobre todo con elecciones por medio. Sea como sea, la política suele provocar el enfrentamiento que conduce a la separación. El universo del rock, siempre dispuesto a poner ritmo a cualquier sentimiento profundo y apasionado, ha tratado el doloroso asunto del cisma con profusión; cierto que la mayor parte de las rupturas con partitura de este género son de índole sentimental, pero también se ha ocupado de otros tipos de desuniones.


Abundantes autores de pop, rock y derivados han abordado el “ya no quiero saber nade de ti” (palabras que algo más de la mitad del Reino Unido ha dicho alto y claro) desde diversos puntos de vista; esas canciones reflejan simplemente el fin del amor, el de la amistad o el de cualquier relación personal. Sea como sea, parecen apropiadas para momentos en los que el desacuerdo y el repudio han asaltado las portadas de todos los medios de información. Se pueden seleccionar infinidad de melodías que hablan del “márchate” o del “me voy para siempre”; aquí van algunas de las más meritorias y reconocibles.

Como es sabido, cuando Fleetwood Mac grabó su superventas ‘Rumours’ (1977) estaban todos sus miembros a la greña, sobre todo entre maridos y mujeres. Por eso, el evocador y exitoso ‘Go your own way’ (algo así como ‘vete por tu camino’) parecía de obligada composición. “Amarte no es lo mejor que puede hacerse”, dice, y añade “¿cómo puedo hacerlo si no quieres nada de mí?”, así que “puedes largarte por tu propio camino”. Sí, sin duda la cosa va de tirarse los trastos a la cabeza uno a otra y otra a uno pero, bien mirado y cambiado la palabra ‘amarte’ por ‘acompañarte’, esos versos podrían ilustrar perfectamente la salida británica de la Unión Europea.   

Lo contrario es lo que sugiere el clásico de Maurice Williams & The Zodiacs ‘Stay, just a little big longer’, ‘Quédate, sólo un poquito más’. Publicada en 1960, esta melodía ha traspasado décadas a través de múltiples versiones; realmente la intención de ese ruego es muy adolescente, pues es el chaval el que, más o menos, le dice a la chica ese juvenil: “quédate aunque sólo sea otro ratito, lo que digan tu padre y tu madre no importa, por favor quédate y echemos otro baile”… En este caso es difícil imaginarse a los gerifaltes de Bruselas suplicando a los de Londres: “quedaros y sigamos bailando juntos”.

De hecho, lo que dirían desde la UE a UK sería más al estilo agresivo de Ramones con su despectivo ‘Glad to see you go’, o sea, ‘Encantado de verte marchar’. E incluso como el insuperable ‘Hit the road Jack’ con el que el genial Ray Charles obtuvo un enorme éxito en 1961; el texto es explícito: “toma el camino y no vuelvas nunca más, nunca más, nunca más”, y por si no quedara todo bien claro, luego explica que en caso contrario, “empaquetaría mis cosas y me largaría yo”. También la rocosa cantante y guitarrista estadounidense Joan Jett dijo algo al respecto y con intenciones parecidas; fue en su no muy conocido ‘Fake friends’ (1983), en el que sentenciaba “no pierdes nada cuando pierdes a un falso amigo”…, gran verdad que, fácilmente, estarán mascullando los europeos despechados.

Una forma desconcertante de ver el abandono de la casa común es la que cuenta McCartney en el ‘She´s leaving home’ que The Beatles incluyeron en el prodigioso ‘Sergeant Pepper’ (1967). Basada en la historia real de una adolescente que abandona su casa dejando una nota a sus padres, esta maravillosa canción contiene un glorioso estribillo con un diálogo de lo más emotivo: “Ella (le dimos lo mejor de nuestras vidas) se va (sacrificamos nuestras vidas) de casa (le compramos todo lo que pudimos)”. Expresa la sorpresa por la huida, la incomprensión, el no saber por qué…, un poco como la defección británica.     

Finalmente parece oportuna la amistosa ‘Why can´t we be friends?’ (1975) de los estadounidenses War. Ese ‘¿Por qué no podemos ser amigos?’ se repite insistentemente a lo largo de la pieza, como si el protagonista pretendiera que su interlocutor se cansara de escuchar la tonadilla y aceptara el ofrecimiento de amistad; asimismo afirma que “el color de tu piel no me importa, puesto que podemos vivir en armonía”. No parece, sin embargo, que la postura endogámica de la mitad de los hijos de Albión pudiera cambiar tras escuchar tan afectuosas palabras.

¿Cómo hay que tomarse este infantil ‘ya no te ajunto’ de los britis? ¿Como el raycharlesiano ‘vete y no vuelvas nunca más’? ¿Cómo el suplicante ‘quédate y echemos otro baile juntos’? ¿O como el conciliador ‘por qué no podemos ser amigos’?


CARLOS DEL RIEGO

jueves, 23 de junio de 2016

REFUGIADOS. Según el informe de la ONU, el número total de refugiados, desplazados o exiliados que viajan sin saber a dónde ha superado los 65 millones, siendo la mitad menores. Ante tal calamidad, los gobiernos e instituciones, en el mejor de los casos, sólo ponen parches.

Para evitar la tragedia de los refugiados no basta con poner parches, sino que hay que atacar la raíz del problema.
La población occidental bienintencionada exige acogerlos, a todos, bienvenidos sean cuantos vengan… Sin embargo, la cosa es muchísimo más complicada, de modo que si se pretende hacer una análisis serio y riguroso, así como buscar una solución, hay que tener en cuenta diversos factores. En primer lugar es preciso asumir que nadie se va de su casa por gusto (o casi nadie), lo que quiere decir que quien se pone en camino lo hace obligado básicamente por dos causas: desastres naturales (hambre, sequía, carencias de todo tipo y, en menor medida, catástrofes como terremotos o inundaciones), o empujado por otras personas (guerra, opresión, fanatismo, persecución…). Así, acoger sin más no deja de ser un parche, un arreglo de emergencia, es decir, no es solución; hay que buscar y atacar la raíz del problema, sólo así se logrará solventar (en lo posible) este mal. Además, la emigración excesiva es terrible para el país emisor, pues pierde uno de sus principales activos, sus jóvenes, que son quienes emprenden el camino; asimismo, la huida de ciertos territorios significa el abandono de la tierra natal, con lo que no sólo se produce sensación de desarraigo, sino que el territorio abandonado terminará por desertizarse.  

Si la causa es la naturaleza, ya sea en forma de un entorno de pobreza generalizada y necesidades básicas, la solución no es llamar y acoger o enviar dinero y recursos. Gobiernos y poblaciones del llamado primer mundo suelen responden a los desastres  rascándose el bolsillo (con mayor o menor generosidad). Sin embargo, todos esos cuartos no son más que un pequeño remiendo, de modo que podría decirse que es tonto esperar a que se produzca la tragedia para poner en marcha un apaño momentáneo. Lo que debería hacerse (y esto es sólo una opinión) es invertir de una vez en los países que lo necesiten, es decir, reunir todo lo que surja de la solidaridad de unos y otros, ya sean gobiernos e instituciones, empresas y multinacionales o población en general, y destinarlo a paliar las carencias estructurales de los países menos desarrollados; o sea, a construir infraestructuras, poner en marcha fábricas y centros de producción (siempre prestando atención especial al medio ambiente), potenciar y colocar en el mercado internacional lo poco o mucho que cada país beneficiario pudiera ofrecer: turismo, naturaleza, patrimonio… y, en fin, aquello que cada lugar de este planeta tiene de único y especial. Si todo se hace con orden, el país receptor terminaría por ordenarse, arrancará y tendrá un futuro. Claro que hay que tener presente que toda iniciativa siempre estará a expensas de la voluntad (buena o mala) de las personas…

Cuando el origen del éxodo es tan humano como la guerra, la violencia fanática y la persecución del semejante que piensa distinto, la solución será mucho más enrevesada y requerirá mucha colaboración internacional, lo cual complicará todo, a veces hasta el absurdo. Por ejemplo, actualmente (VI-16) la mayoría de los refugiados proceden de lugares donde se han hecho fuertes los extremistas religiosos que han regresado a la Alta Edad Media, volviendo la espalda así a siglos de avance social y de derechos. Combatir esta especie de absolutismo mental y moral es extremadamente difícil, y ello a pesar de que las pautas a seguir están claras y son de sobra conocidas: primero ahogar financieramente a las organizaciones violentas, las cuales no son difíciles de identificar, pues de eso se encargan ellas mismas; para ello es preciso el aislamiento internacional de los paraísos fiscales (los que se asumen como tales y los que parecen tener bula) que permiten los movimientos de compra-venta de esas organizaciones criminales; asimismo es imprescindible la vigilancia escrupulosa de terceros e intermediarios, ya sean gobiernos u organizaciones, que buscan hacer negocio sin importarles con quién lo hacen y cuya colaboración es fundamental para la existencia de las corporaciones terroristas. En segundo lugar, la comunidad democrática internacional tiene que imponer un mayor control a las fábricas y mercados de armas y suministros indispensables para la guerra; en este sentido conviene recordar que el Daes mostró hace unos meses una infinita hilera de camionetas nuevecitas que lucían en su trasera el nombre de una marca japonesa, eran cientos y cientos, cantidades que no están al alcance de un concesionario, es decir, sólo puede suministrarlas la fábrica (ya sea directamente o a través de intermediarios). Y por último, cuando las gentes con mentalidades ancladas en el Medievo sólo dispongan de armamento y tecnología militar acorde con su pensamiento, es preciso ayudar a las poblaciones autóctonas a perseguirlos hasta que la plaga haya sido extinguida.  

Es evidente que todo esto es teoría y que sobre el terreno surgirían infinidad de imprevistos. Sin embargo, si es la naturaleza la que obliga a marchar de casa y occidente pretende ayudar al refugiado, siempre será mejor (en todos los sentidos) que la ayuda se utilice para construir antes que para curar; en pocas palabras, es preferible proporcionar cañas y enseñar a pescar que quedarse sólo en dar peces. Y si es el hombre el que es lobo para el hombre, hay que enfrentarse a ello con voluntad y decisión, que siempre será mejor que limitarse a recoger exiliados, la mayoría de los cuales, sin duda, preferirían quedarse en su tierra.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 19 de junio de 2016

EL ROCK TAMBIÉN CANTA A LA MUERTE Quien escribe con mayor o menor regularidad, ya sea de modo profesional o no, antes o después lo hace sobre ese denominador común de todo el que vive: la visita de la Parca. En el cosmos del rock la flaca de la guadaña también está presente.

Dylan ha escrito varias canciones sobre la muerte, la más célebre es 'Knockin´ on heaven´s door', de la película Pat Garret & Billy the Kid.
Los protagonistas de la época gloriosa del rock han llegado ya a esa edad en que se empieza a pensar muy en serio sobre la muerte. Aunque no pocos de ellos llegaron a su meta siendo jóvenes, la mayoría resiste bastante bien cerca de los ochenta…, la mayoría, pues es fácil enumerar las bajas más recientes: Prince, Bowie, Emerson, Lemmy…, y más recientemente (VI-2016) un fantástico secundario como el guitarrista Henry McCullough (compañero de McCartney y muchos otros) o el español José Luis Armenteros  (autor de numerosos éxitos en castellano). Además, estos días se leen noticias como que Rick Parfitt, de Status Quo, está asomado al más allá tras un ataque al corazón; y que el cantante tejano Meat Loaf fue ingresado tras desmayarse durante un concierto; o que la mutante Cher ha visto cómo la enfermedad que contrajo hace treinta años la tiene a un paso del desenlace final.


No puede extrañar que los que escriben canciones también le dediquen alguna al momento en que cae definitivamente el telón. Si se habla de temas tétricos Joy Divison acude raudo a la memoria, pues muchas de sus composiciones (a pesar de que Curtis jamás quiso explicar de qué iban) tratan el asunto mortuorio en alguno de sus versos; ¡y qué decir de las portadas de sus discos! Pero hay muchísimo rock & roll cuyo texto se centra específicamente en el hecho fúnebre, ya sea en el de otros o en el propio.

Por ejemplo, resulta imposible escuchar el ‘Tears in heaven’ de Eric Clapton sin recordar que la escribió tras la muerte accidental de su hijo de 4 años; en realidad, ¿qué puede hacer un músico ante tal tragedia?, la respuesta es fácil: música, una canción. Así, ‘Lágrimas en el cielo’ contagia la tristeza infinita del padre que entierra a su niño (¿puede haber algo peor?). El virtuosismo de ‘Mano lenta’ se vuelve aquí emoción descarnada, sincera, profunda, pero también resignación y esperanza: “¿Sabrías mi nombre si te viese en el cielo? (…) Más allá de la puerta hay paz, estoy seguro (…) Debo ser fuerte y seguir adelante, porque (aun) no encajo aquí en el cielo”. La delicada melodía, acompañada por esa acústica magistral, el bajo, el steel guitar… Bueno, es verdaderamente difícil sujetar las emociones cuando se escucha una obra maestra con tanto corazón. Conmovedora.

En el otro extremo está la mucho más bruta ‘Hell´s bells’ de los eternos AC DC. Las campanas a muerto dan paso a un toque de guitarra inconfundible para cualquier iniciado en esto del rock. Y suelta la nueva voz, a gritos, verdades como puños: “Aun eres joven pero vas a morir (…) no perdonaré ninguna vida, nadie se resiste (…) voy a atraparte, Satanás te atrapará”. Da la impresión de que es como si la Parca estuviera al servicio Pedro Botero. Ritmo y sonido son en esta pieza los constantes en toda la trayectoria de la banda de los Young, no hay variación…, ni nadie la espera.    

El prolífico Bob Dylan ha escrito varias veces sobre el momento postrero. Tal vez la más recordada, versioneada, canturreada y escuchada sea la excelente ‘Knokin´ on heaven´s door’. Compuesta para una peli del oeste, el comienzo no puede ser más elocuente, ya que el sheriff acaba de recibir un tiro y dice: “Mamá, quítame la insignia, no puedo usarla más (…) está muy oscuro para mí, me siento como si estuviera llamando a las puertas del cielo”. El insistente estribillo (“llamando, llamando, llamando a las puertas del cielo”) entra tan fácilmente que no hay modo de dejar de tararear…

Sorprendentemente elegante es el ‘Wake me up when september ends’ de Green Day. Es una lenta melancólica en la que B. J. Armstrong recuerda la prematura muerte de su padre cuando él tenía diez años. “Como mi padre vino se fue (…) despiértame cuando termine septiembre”; y luego contiene versos tan emotivos como “nunca olvidaré lo que perdí (…) empapado en mi pena otra vez”. El autor contó, además, que como su viejo murió en septiembre, él no quiso saber nada hasta que este mes terminara…      

Neil Young rinde tributo a uno de sus músicos y a un amigo, ambos muertos por sobredosis, en su tremendo ‘Tonight is the night’.

No puede faltar la inmortal ‘Don´t fear the Reaper’ de los inimitables Blue Oyster Cult. Alguna vez se dijo que contenía un mensaje suicida, como si ese “no temas a la muerte” animara a darle la mano a la de la guadaña. Sin embargo, en realidad habla de ella como inevitable, y de que, por tanto, no hay que temer ese momento. Atípica en el sonido y ambiente de la banda, se ha convertido en un título emblemático que se escucha con agrado en todo momento…, incluso tal vez en ese tan indeseado.

Y tampoco puede olvidarse el ‘Show must go on’ de Queen. Cuando Freddy estaba a unos meses de morir grabó este tema como queriendo decir que pase lo que pase ‘el espectáculo debe continuar’. Cuentan que, durante las sesiones, apenas podía caminar, y que nadie se explica de dónde sacó energía suficiente para cantar. “Por dentro mi corazón se rompe (…) pronto daré la vuelta a la esquina (…) el espectáculo debe continuar” decía cuando ya tenía la certeza de que nada podía evitarle doblar esa esquina.

La muerte es, sin duda, uno de los temas sobre los que más se ha escrito desde que se inventó la escritura (hace más de cinco mil años), y en los tiempos del rock & roll no ha variado esa inclinación. Lo mejor es hacer caso a Benjamin Franklin cuando decía “No desperdicies tu tiempo, pues es la materia de la que está hecha la vida”. 


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 15 de junio de 2016

SUSPENSOS EN DEMOCRACIA, VIOLENTOS SEGUROS Se producen con regularidad en los últimos meses los ataques callejeros a personas que ejercen su libertad de expresión dentro de las reglas. ¿Su culpa?, tener unas ideas que no coinciden con las del agresor…, que siempre es un iletrado en democracia.

Unos fachas auténticos, muy valientes ellos, apalearon a dos chicas que apoyaban a la selección de fútbol.
La mayoría de esas agresiones proceden de extremistas que insultan, amenazan, destrozan y sacuden una buena tunda a quienes se atreven a tener una ideología distinta y manifestarlo abiertamente. Unas chicas que en Barcelona apoyan a la selección española de fútbol, unos voluntarios de un partido democrático en Madrid, otra mujer apaleada en una provincia de Castilla la Vieja…, así como múltiples charlas, encuentros y debates que los que no entienden qué es democracia boicotean con violencia; son algunos ejemplos notorios de la ignorancia del significado y la esencia de este modelo político, y por eso, los matones suelen acompañar la agresión con insultos como “nazis, fascistas”…   

El problema reside en que hay muchos que no son capaces de asumir una ideología contraria, de modo que cuando se topan con ella reaccionan violentamente; es decir, hay personas que no han interiorizado el significado y la esencia de la democracia (el respeto a otra creencia). Todo ello tiene una muy fácil explicación: aunque resulte difícil de entender, es evidente que hay mucha gente que aun no ha comprendido las reglas del juego (de la convivencia), y por eso reaccionan violentamente cuando alguien los contradice. Un síntoma del analfabetismo democrático en que viven muchas (muchísimas) criaturas es la identificación entre la ideología liberal, conservadora o de derechas con el fascismo o el nazismo; la diferencia (abismal) entre una cosa y otra reside en que el partido conservador democrático repudia la violencia y respeta los Derechos Humanos y las normas surgidas del parlamento legítimo, mientras que el grupo fascista odia a los que no lo son, desprecia al discrepante y reacciona con rabia y violencia ante el que opina diferente. En resumen, en contra de lo que creen muchos con escaso conocimiento del asunto, tener ideas conservadoras no equivale a ser fascista. Ni muchísimo menos.   
    
Así, es oportuno preguntarse ¿quién es el fascista, el que utiliza la libertad para expresarse legalmente o el que le embiste, ataca y golpea con odio? ¿Alguien se imagina a la Gestapo, las SS o las Juventudes Hitlerianas atizando a comunistas, judíos, homosexuales, gitanos… a la vez que les llama “nazis de mierda” o “sucios fascistas”? Pues esto es lo que están haciendo muchos individuos cuyo pensamiento aún no ha entendido ni integrado el concepto de respeto a la opinión contraria, de modo que no son capaces de caer en la cuenta de que se están comportando como lo hacían los Camisas Negras en Italia o los de Fuerza Nueva en España. En estos y en aquellos casos subyace el más puro relativismo moral: se sienten posesores del único modo de pensar admisible y, por tanto, se creen superiores moralmente, de modo que están convencidos de que pueden despreciar y, llegado el caso, sacudir legítimamente a los demás.

Igualmente es síntoma de total ignorancia de lo democrático el hecho de tildar de fascista a quien porta la bandera roja y amarilla; sólo mentalidades estrechas y totalmente exentas del más elemental concepto de lo que es el respeto al otro pueden funcionar de ese modo. Es increíble, en fin, que aun haya que recordar que la bandera de España lo es mucho antes de que empezaran los 40 años del franquismo.
El analfabeto democrático, en fin, estaría encantado de que se ilegalizaran los partidos contrarios a su ideología; así, si estuviera en su mano, el ultraderechista suprimiría y perseguiría toda agrupación política, sindical o social que fuera considerada roja; e igualmente, el ultra de izquierdas no duda en exigir la ilegalización de cualquier cosa que suene conservadora o de derechas; en uno y otro caso se pretende la imposición del pensamiento único. Es el maniqueísmo en estado puro: son buenos todos los que piensan de un modo y malos los que opinan lo contrario. Casi nadie duda actualmente de la necesidad de los grupos de izquierdas, sin embargo, sí que hay cantidad de ciudadanos que no ven más que perjuicios e inconvenientes en la existencia de partidos conservadores. La derecha democrática, en contra del parecer de los que no han logrado entender qué significan esos términos, es absolutamente imprescindible para que exista una democracia verdadera y sana, del mismo modo que lo son los partidos de izquierda que respetan las reglas de la libertad y el pluralismo. En caso contrario, si una de esas posturas trata de imponerse por la fuerza, se llegará al totalitarismo, ya sea comunista o fascista.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 12 de junio de 2016

EL ROCK Y LOS RECUERDOS DE LA ESCUELA Muchas son las canciones que, en clave de rock, evocan los juveniles días de pupitre y recreo, tiempos de profundas emociones. No hay, por tanto, autor de canciones que eluda un tema con tanto bueno y tanto malo que recordar.

El rock & roll del instituto de Ramones
Son los de junio los últimos días de clase. Acaba el cole y empiezan las vacaciones con  gran felicidad del estudiante. Sin embargo, es aquella una época determinante en la vida de todo individuo: los años de la escuela, la primera camaradería, las complicidades, las burlas y los motes al profe, los palos y/o castigos, el recreo y el bocadillo, el patio y los juegos, las primeras miradas a las chicas (o a los chicos) y las posteriores exageraciones en pandilla… Sí, son años que marcan. Habrá quien los añore con nostalgia y cariño y habrá quien los tenga como un mal recuerdo. Por eso, el tema es muy habitual en el universo del rock, de manera que quienes se encargan de escribir las canciones, antes o después echan un vistazo a sus días de colegial.

Sam Cooke trató el tema con la visión de su tiempo.
Abundan las letras de grandes canciones que se detienen en torno a este asunto, y todo el que tenga algún interés podría citar de memoria unas cuantas. A botepronto cualquiera mencionaría el enorme éxito ‘Another brick on the wall’ de Pink Floyd, pieza emblemática que comienza con el desafiante “No necesitamos no educación”, con esa disparatada doble negación que deja claro que Roger Waters no estuvo muy atento en clase de lengua aquel día; asimismo es reconocible el grito “¡Eh, profe, deja a los chicos tranquilos!”; es evidente que el despótico músico no tiene añoranza de sus años de escolar. También sonará al aficionado el ambiente rockabilly de los Stray Cats cuando en su ‘Sexy + 17’ decían algo así como “no tengo ganas de ir a la escuela (…) no pueden hacerme ir (…) empieza demasiado pronto”. El pionero Chuck Berry (a quien le gustaban demasiado las escolares) en ‘School days’ hablaba de los problemas en el comedor de la escuela. Los estadounidenses The Replacements, con su elocuente título ‘Fuck school’ (‘maldito colegio’, en buenas palabras), certifican cómo lo recuerdan. Tampoco puede olvidarse el añejo ‘Días de escuela’ de los madrileños Asfalto, que tan bien describían aquellos colegios españoles de los años sesenta del siglo pasado.




Los británicos Madness, siempre divertidos y con una visión alegre y desenfadada de la vida, recuerdan sus horas de clase de buen grado en ‘Baggy trousers’ (pantalones anchos, o bombachos); el autor, Suggs, el cantante, apunta en la canción que no lo pasó tan mal en el cole, de hecho, él mismo señaló que la escribió como contrapartida a la mencionada de Pink Floyd. Así, a lo largo de su letra repite “¡qué bien lo pasábamos!, aunque en su momento nos parecía que lo pasábamos fatal (…)  todos los niños han ido a pelearse con los del cole de al lado, todos los trimestres esa es la regla (…) jugando al fútbol, dando patadas a las bicis (…) lo único que aprendí en el cole fue a romper las reglas”. Si un texto de buenos recuerdos, como este, se envuelve en un trepidante ritmo ska y se dota a todo el tema de un ambiente de ingenuo buen humor, el resultado es esta irresistible canción. Optimismo y buen rollo convertidos en música.

Por su parte, los neoyorquinos Ramones, muchas veces rabiosos como punks que eran, rememoran sus días de escuela secundaria con sentimientos encontrados en su fantástica ‘Rock & roll high school’. En ella sueltan con total claridad “Odio a los profesores y al director”, y además, algo así como “me la suda la Historia”, pero también hablan de chicas, de coches y de diversión y de que, en realidad, “ahí es donde quiero estar”. La canción, puro rock & roll en el fondo y en la forma, vio hasta tres versiones, y los propios integrantes del grupo solían decir que las sesiones de grabación con el productor Phil Spector eran una auténtica tortura. 
Mucho más ingenua es ‘Wonderful world’ del inolvidable Sam Cooke. Cuenta el chaval que no tiene ni idea de Historia, ni de Biología, ni de Ciencias, ni de Francés, puesto que lo único que le interesa es el amor de la chica para que todo se vuelva ‘un mundo maravilloso’; y luego  sigue repasando el horario y explicando que no sabe nada de Algebra, Trigonometría, Cálculo…, pero si para lograr que ella lo ame tiene que sacar matrícula… El arreglo es simple, discreto, con esa voz clara que transmite sinceridad y esos coros tan habituales en los últimos cincuenta y primeros sesenta del XX.

Había buenos y malos momentos, pero es verdaderamente extraño que muchas de las peripecias y aventuras escolares no regresen una y otra vez a la memoria, provoquen nostalgia y, seguro, una sonrisa.

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 8 de junio de 2016

SI FALSIFICAR Y ROBAR 80 € CUESTA 6 AÑOS DE CÁRCEL, TRINCAR MIL MILLONES COSTARÁ… Toda la prensa se ha hecho eco del individuo que ha sido condenado a seis años de cárcel por falsificar una tarjeta y llevarse unos pocos euros; teniendo España la que tiene encima, ¿cuántos años pasarán en la trena los que se han llevado miles de millones?

Luis Roldán cometió delitos similares, pero con un montante de millones de euros, por lo que fue condenado a 30 años. 
No poca indignación ha provocado la entrada en prisión de un joven (que seguro dista mucho de ser un ciudadano ejemplar) acusado de haber falsificado una tarjeta de crédito y estafado con ella 80 euros, lo que le ha costado una condenada de seis años de cárcel. Parece un castigo desproporcionado, sobre todo teniendo en cuenta todo lo que ha sucedido en España en las últimas décadas, en las que la corrupción política y financiera no ha dejado un día sin asaltar las páginas de los periódicos. Citando sólo los casos más escandalosos y recientes, no habrá ciudadano que no se haya echado las manos a la cabeza al comprobar el volumen del fraude, hurto y latrocinio que han protagonizado  cientos de personas implicadas en la Gürtel, la Púnica, los Ere y los cursos de formación (podrían señalarse tantos desfalcos que apenas hay palabras para denominarlos).

Tirando por lo bajo, cada uno de esos procesos ha desvelado estafas o saqueos por valores superiores a los mil millones de euros; así, es fácil hacer las cuentas: si timar 80 pavos (y falsificar la tarjeta, y mentir a las autoridades) cuesta seis años, timar mil millones (falsificando documentos, mintiendo a diestro y siniestro) debería costar 75 millones de años de cárcel a cada timador… Sin embargo, cuando se haya probado la participación de todos esos políticos y chorizos de guante blanco en tan monstruosos saqueos, el espectador se quedará atónito ante la levedad de las condenas, sobre todo si se comparan con la del pequeño delincuente que usó una tarjeta clonada para llevarse tan ‘desmesurada’ cantidad; es más, podría apostarse a que la aplastante mayoría de los implicados en los sumarios mencionados ni siquiera pasarán un día entre rejas, y si alguno ingresa en la trena, no será ningún cargo importante, sino algún que otro desdichado funcionario o político de tercer escalafón.

Pero es que el pasmado contribuyente aún puede escandalizarse mucho más: en una capital de provincia del noroeste del país, un tipo ha sido estos días (VI-2016) condenado por asesinato a 17 años de privación de libertad (ya había penado otros seis o siete por un asesinato anterior); de este modo, puede hacerse el siguiente cálculo: si caen seis años por falsificar, mentir y robar 80 euros, y 17 por asesinato, eso significa que matar tiene un coste aproximado de poco más de 240 euros. Igualmente, todo aquel que lea periódicos sabe de carteristas que roban cantidades similares o mayores una y otra vez hasta acumular cientos (¡cientos!) de delitos probados y que jamás entran en prisión…¡Y qué decir de los políticos autonómicos que se pasan la ley por el forro sin que tengan nada que temer! Pero aún se puede llegar más lejos en la odiosa comparativa: asesinos terroristas que han segado más de veinte vidas apenas han pagado con veinte o veintitantos años de la suya (como si quitar cada vida costara tanta cárcel como falsificar y robar cuatro veces 80 euros); sí, fueron condenados a cientos e incluso miles de años, pero la cosa no deja de ser una burla, ya que la mayoría apenas ha pencado con dos décadas de trullo. ¿Alguien puede defender una legislación tan infamemente desproporcionada?      

La proporcionalidad no es una virtud del código penal español, cosa que bien puede achacarse a los legisladores. Pero por otro lado está el asunto de la interpretación, que ya es cosa personal del encargado de dictar sentencia, o sea, del juez. Muchos señalarán que el juez no hace sino aplicar la ley, sin embargo, si la cosa fuera tan sencilla, si sólo hubiera que encajar el delito en los casos contemplados por la legislación existente, ¿para qué se necesitarían jueces?; se introduce cada caso en un ordenador que contenga todos los códigos penales existentes, y luego se añaden los informes policiales del caso, testimonios, alegaciones de la defensa y la acusación, antecedentes, eximentes, atenuantes, agravantes y, en fin, todo lo que de un lado y otro pudiera aportarse, de modo que la computadora emitiera su fallo de un modo frío y calculado… Pero no, el juez tiene que interpretar y tener en cuenta circunstancias y particularidades, para eso está; y por ello, debe exigírsele proporcionalidad, sobre todo para no caer en desproporcionados agravios comparativos, como en el mencionado caso de los 80 euros, en el que salta a la vista la actuación desproporcionada del togado…, y de los posteriores altos tribunales, que se han limitado a denegar el indulto de un modo frío y automático como la respuesta a un alegación contra una multa de tráfico. ¡Qué distintas serían (serán, seguro) las cosas cuando el implicado sea un importante político! Hay un caso ilustrativo: el del que fuera Director de la Guardia Civil, Luis Roldán, falsificó, defraudó, mintió y huyó con el equivalente a unos 15 millones de euros (la mayoría no han aparecido), por lo que fue condenado a 30 años.

Tratando de pasar por encima de la indignación, hay que tener presente que el juez es tan persona como cualquiera y, por tanto, tan sujeta al error como los demás. El que tiene que tomar este tipo de decisiones (ya sea un magistrado, un árbitro de fútbol o un jurado de los Premios Nobel) tarde o temprano se equivocará y una injusticia al tomar su decisión (aunque sea indudable su buena fe); así, ¿cuántas veces la Verdad será distinta de la verdad a la que se llega tras un juicio?, ¿y cuántas veces la ley y su administración se habrán equivocado tanto con los robaperas como con los grandes mangantes? Cierto que quien dicta sentencia tiene no sólo una profunda preparación, sino también toda la información disponible; pero a pesar de ello, el señor juez se verá involuntaria e inevitablemente influido por sus creencias, su ideología, su experiencia, sus valores, su modo de ser, su capacidad de empatía..., en fin, por todo eso que constituye el ser persona, el ser único.

No es que este raterillo no se merezca el castigo, sino que parece que no se aplica la misma vara de medir (por parte del legislador y del juez) cuando se trata de grandes y grandísimos delincuentes.   


CARLOS DEL RIEGO