domingo, 19 de junio de 2016

EL ROCK TAMBIÉN CANTA A LA MUERTE Quien escribe con mayor o menor regularidad, ya sea de modo profesional o no, antes o después lo hace sobre ese denominador común de todo el que vive: la visita de la Parca. En el cosmos del rock la flaca de la guadaña también está presente.

Dylan ha escrito varias canciones sobre la muerte, la más célebre es 'Knockin´ on heaven´s door', de la película Pat Garret & Billy the Kid.
Los protagonistas de la época gloriosa del rock han llegado ya a esa edad en que se empieza a pensar muy en serio sobre la muerte. Aunque no pocos de ellos llegaron a su meta siendo jóvenes, la mayoría resiste bastante bien cerca de los ochenta…, la mayoría, pues es fácil enumerar las bajas más recientes: Prince, Bowie, Emerson, Lemmy…, y más recientemente (VI-2016) un fantástico secundario como el guitarrista Henry McCullough (compañero de McCartney y muchos otros) o el español José Luis Armenteros  (autor de numerosos éxitos en castellano). Además, estos días se leen noticias como que Rick Parfitt, de Status Quo, está asomado al más allá tras un ataque al corazón; y que el cantante tejano Meat Loaf fue ingresado tras desmayarse durante un concierto; o que la mutante Cher ha visto cómo la enfermedad que contrajo hace treinta años la tiene a un paso del desenlace final.


No puede extrañar que los que escriben canciones también le dediquen alguna al momento en que cae definitivamente el telón. Si se habla de temas tétricos Joy Divison acude raudo a la memoria, pues muchas de sus composiciones (a pesar de que Curtis jamás quiso explicar de qué iban) tratan el asunto mortuorio en alguno de sus versos; ¡y qué decir de las portadas de sus discos! Pero hay muchísimo rock & roll cuyo texto se centra específicamente en el hecho fúnebre, ya sea en el de otros o en el propio.

Por ejemplo, resulta imposible escuchar el ‘Tears in heaven’ de Eric Clapton sin recordar que la escribió tras la muerte accidental de su hijo de 4 años; en realidad, ¿qué puede hacer un músico ante tal tragedia?, la respuesta es fácil: música, una canción. Así, ‘Lágrimas en el cielo’ contagia la tristeza infinita del padre que entierra a su niño (¿puede haber algo peor?). El virtuosismo de ‘Mano lenta’ se vuelve aquí emoción descarnada, sincera, profunda, pero también resignación y esperanza: “¿Sabrías mi nombre si te viese en el cielo? (…) Más allá de la puerta hay paz, estoy seguro (…) Debo ser fuerte y seguir adelante, porque (aun) no encajo aquí en el cielo”. La delicada melodía, acompañada por esa acústica magistral, el bajo, el steel guitar… Bueno, es verdaderamente difícil sujetar las emociones cuando se escucha una obra maestra con tanto corazón. Conmovedora.

En el otro extremo está la mucho más bruta ‘Hell´s bells’ de los eternos AC DC. Las campanas a muerto dan paso a un toque de guitarra inconfundible para cualquier iniciado en esto del rock. Y suelta la nueva voz, a gritos, verdades como puños: “Aun eres joven pero vas a morir (…) no perdonaré ninguna vida, nadie se resiste (…) voy a atraparte, Satanás te atrapará”. Da la impresión de que es como si la Parca estuviera al servicio Pedro Botero. Ritmo y sonido son en esta pieza los constantes en toda la trayectoria de la banda de los Young, no hay variación…, ni nadie la espera.    

El prolífico Bob Dylan ha escrito varias veces sobre el momento postrero. Tal vez la más recordada, versioneada, canturreada y escuchada sea la excelente ‘Knokin´ on heaven´s door’. Compuesta para una peli del oeste, el comienzo no puede ser más elocuente, ya que el sheriff acaba de recibir un tiro y dice: “Mamá, quítame la insignia, no puedo usarla más (…) está muy oscuro para mí, me siento como si estuviera llamando a las puertas del cielo”. El insistente estribillo (“llamando, llamando, llamando a las puertas del cielo”) entra tan fácilmente que no hay modo de dejar de tararear…

Sorprendentemente elegante es el ‘Wake me up when september ends’ de Green Day. Es una lenta melancólica en la que B. J. Armstrong recuerda la prematura muerte de su padre cuando él tenía diez años. “Como mi padre vino se fue (…) despiértame cuando termine septiembre”; y luego contiene versos tan emotivos como “nunca olvidaré lo que perdí (…) empapado en mi pena otra vez”. El autor contó, además, que como su viejo murió en septiembre, él no quiso saber nada hasta que este mes terminara…      

Neil Young rinde tributo a uno de sus músicos y a un amigo, ambos muertos por sobredosis, en su tremendo ‘Tonight is the night’.

No puede faltar la inmortal ‘Don´t fear the Reaper’ de los inimitables Blue Oyster Cult. Alguna vez se dijo que contenía un mensaje suicida, como si ese “no temas a la muerte” animara a darle la mano a la de la guadaña. Sin embargo, en realidad habla de ella como inevitable, y de que, por tanto, no hay que temer ese momento. Atípica en el sonido y ambiente de la banda, se ha convertido en un título emblemático que se escucha con agrado en todo momento…, incluso tal vez en ese tan indeseado.

Y tampoco puede olvidarse el ‘Show must go on’ de Queen. Cuando Freddy estaba a unos meses de morir grabó este tema como queriendo decir que pase lo que pase ‘el espectáculo debe continuar’. Cuentan que, durante las sesiones, apenas podía caminar, y que nadie se explica de dónde sacó energía suficiente para cantar. “Por dentro mi corazón se rompe (…) pronto daré la vuelta a la esquina (…) el espectáculo debe continuar” decía cuando ya tenía la certeza de que nada podía evitarle doblar esa esquina.

La muerte es, sin duda, uno de los temas sobre los que más se ha escrito desde que se inventó la escritura (hace más de cinco mil años), y en los tiempos del rock & roll no ha variado esa inclinación. Lo mejor es hacer caso a Benjamin Franklin cuando decía “No desperdicies tu tiempo, pues es la materia de la que está hecha la vida”. 


CARLOS DEL RIEGO