domingo, 12 de junio de 2016

EL ROCK Y LOS RECUERDOS DE LA ESCUELA Muchas son las canciones que, en clave de rock, evocan los juveniles días de pupitre y recreo, tiempos de profundas emociones. No hay, por tanto, autor de canciones que eluda un tema con tanto bueno y tanto malo que recordar.

El rock & roll del instituto de Ramones
Son los de junio los últimos días de clase. Acaba el cole y empiezan las vacaciones con  gran felicidad del estudiante. Sin embargo, es aquella una época determinante en la vida de todo individuo: los años de la escuela, la primera camaradería, las complicidades, las burlas y los motes al profe, los palos y/o castigos, el recreo y el bocadillo, el patio y los juegos, las primeras miradas a las chicas (o a los chicos) y las posteriores exageraciones en pandilla… Sí, son años que marcan. Habrá quien los añore con nostalgia y cariño y habrá quien los tenga como un mal recuerdo. Por eso, el tema es muy habitual en el universo del rock, de manera que quienes se encargan de escribir las canciones, antes o después echan un vistazo a sus días de colegial.

Sam Cooke trató el tema con la visión de su tiempo.
Abundan las letras de grandes canciones que se detienen en torno a este asunto, y todo el que tenga algún interés podría citar de memoria unas cuantas. A botepronto cualquiera mencionaría el enorme éxito ‘Another brick on the wall’ de Pink Floyd, pieza emblemática que comienza con el desafiante “No necesitamos no educación”, con esa disparatada doble negación que deja claro que Roger Waters no estuvo muy atento en clase de lengua aquel día; asimismo es reconocible el grito “¡Eh, profe, deja a los chicos tranquilos!”; es evidente que el despótico músico no tiene añoranza de sus años de escolar. También sonará al aficionado el ambiente rockabilly de los Stray Cats cuando en su ‘Sexy + 17’ decían algo así como “no tengo ganas de ir a la escuela (…) no pueden hacerme ir (…) empieza demasiado pronto”. El pionero Chuck Berry (a quien le gustaban demasiado las escolares) en ‘School days’ hablaba de los problemas en el comedor de la escuela. Los estadounidenses The Replacements, con su elocuente título ‘Fuck school’ (‘maldito colegio’, en buenas palabras), certifican cómo lo recuerdan. Tampoco puede olvidarse el añejo ‘Días de escuela’ de los madrileños Asfalto, que tan bien describían aquellos colegios españoles de los años sesenta del siglo pasado.




Los británicos Madness, siempre divertidos y con una visión alegre y desenfadada de la vida, recuerdan sus horas de clase de buen grado en ‘Baggy trousers’ (pantalones anchos, o bombachos); el autor, Suggs, el cantante, apunta en la canción que no lo pasó tan mal en el cole, de hecho, él mismo señaló que la escribió como contrapartida a la mencionada de Pink Floyd. Así, a lo largo de su letra repite “¡qué bien lo pasábamos!, aunque en su momento nos parecía que lo pasábamos fatal (…)  todos los niños han ido a pelearse con los del cole de al lado, todos los trimestres esa es la regla (…) jugando al fútbol, dando patadas a las bicis (…) lo único que aprendí en el cole fue a romper las reglas”. Si un texto de buenos recuerdos, como este, se envuelve en un trepidante ritmo ska y se dota a todo el tema de un ambiente de ingenuo buen humor, el resultado es esta irresistible canción. Optimismo y buen rollo convertidos en música.

Por su parte, los neoyorquinos Ramones, muchas veces rabiosos como punks que eran, rememoran sus días de escuela secundaria con sentimientos encontrados en su fantástica ‘Rock & roll high school’. En ella sueltan con total claridad “Odio a los profesores y al director”, y además, algo así como “me la suda la Historia”, pero también hablan de chicas, de coches y de diversión y de que, en realidad, “ahí es donde quiero estar”. La canción, puro rock & roll en el fondo y en la forma, vio hasta tres versiones, y los propios integrantes del grupo solían decir que las sesiones de grabación con el productor Phil Spector eran una auténtica tortura. 
Mucho más ingenua es ‘Wonderful world’ del inolvidable Sam Cooke. Cuenta el chaval que no tiene ni idea de Historia, ni de Biología, ni de Ciencias, ni de Francés, puesto que lo único que le interesa es el amor de la chica para que todo se vuelva ‘un mundo maravilloso’; y luego  sigue repasando el horario y explicando que no sabe nada de Algebra, Trigonometría, Cálculo…, pero si para lograr que ella lo ame tiene que sacar matrícula… El arreglo es simple, discreto, con esa voz clara que transmite sinceridad y esos coros tan habituales en los últimos cincuenta y primeros sesenta del XX.

Había buenos y malos momentos, pero es verdaderamente extraño que muchas de las peripecias y aventuras escolares no regresen una y otra vez a la memoria, provoquen nostalgia y, seguro, una sonrisa.

CARLOS DEL RIEGO

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