viernes, 17 de agosto de 2012

DISCOS QUE MERECEN SER RECORDADOS: ‘LIVE 73’ DE URIA HEEP Surgido en los primeros setenta, Uriah Heep completó hasta el 76 uno de los mejores ciclos musicales del rock clásico, y en esa época de esplendor lanzan su impagable ‘Live 73’, una de las cimas del heavy metal

Quienes llevan tocando el ‘air guitar’ (o sea, la guitarra imaginaria) desde aquellos lejanos años setenta del siglo pasado, quienes comprueban cómo se desborda su adrenalina al escuchar el heavy clásico, quienes encuentran en el rock duro la esencia del rock, y en fin, quienes tienen química con las distorsiones, voces agudas y secciones de ritmo en estampida, han de tener a los británicos Uriah Heep en lugar preferente, y sobre todo, a su excelente disco en directo ‘Live 73’, donde el heavy metal alcanza una de sus cimas.  
La banda sigue en activo después de tantos años (se funda en 1969, aunque hasta el 72 no lanzan su primer LP), aunque con miembros cambiantes y siempre recordando aquellos años. Armado con su mejor formación en el 74 lanzan ese inolvidable ‘Live 73’, un álbum maestro en su género, un disco cercano a la perfección del estilo.


Tras una breve introducción arranca con ‘Sunrise’, ese tiempo medio-lento y ese sonido tan característico construido con la combinación de órgano y guitarra que, muchas veces, si se cierran los ojos y con el volumen apropiado, da la impresión de ser algo así como una gigantesca rueda de sonido que gira y se acerca, inmisericorde, aplastando cerebros; la poderosísima base rítmica, la dramática entonación y excesos de la voz solista (del malogrado David Byron) y los coros, épicos, mágicos, completan una canción cien por cien heavy, cien por cien rock en su máxima extensión. Le siguen la dinámica e irresistible ‘Sweet Lorraine’ y la potentísima ‘Traveller in time’, con sus cortes tremendistas y sus puentes delicados pero amenazadores. La cara se cierra con la trepidante, arrolladora ‘Easy livin´’, una pieza de alto ritmo que sigue escuchándose con los puños cerrados, la mente sojuzgada y los sentidos inhábiles para otra cosa; aquí luce el grupo en todo su esplendor: la filosofal combinación guitarra-órgano, la voz y los coros incitantes, la batería pletórica y un bajo inquieto que recorre notas a toda velocidad (a cargo del también malogrado Gary Thain).


La cara B tiene dos temas. Uno es ‘July Morning’, pieza dramática y teatral, épica y lírica, con solos magníficos, ajustados, brillantes, y una estupenda voz solista que parece cantar desde un teatro de la ópera situado en las mismísimas calderas de Pedro Botero; sin duda, uno de los modelos del rock con tintes heroicos. El otro es ‘Tears in my eyes’, tema ágil, cambiante, tremendamente sólido, con variada utilización de la guitarra (Mik Box, el único que sigue en la banda) y una construcción cercana al rock & roll, pero sin perder nunca la referencia de lo barroco.

La cara C también tiene dos temas de gran extensión. El primero es ‘Gypsy’, con una entrada efectista y con un ‘in crescendo’ que desemboca en un ritmo y un sonido absolutamente heavy metal, de una pureza ciertamente rara de encontrar en otros de su generación (los Purple o los Zeppelin); la canción continúa durante 13 minutos como arrastrando aquella rueda de sonido impía y destructora, dura pero hechizante. ‘Circle of hands’, siendo otra delicia, parece menos sobresaliente, aunque tiene unos solos sensacionales.

La última cara se abre con el imperativo ‘Look at yourself’, otra pieza brillantísima en la que vuelve la demoledora rueda sónica (esta vez a mayor velocidad), los cortes indómitos, el ritmo frenético pero bajo control, los solos apabullantes y las voces y coros cargados de magia y personalidad. ‘Magician´s bithday’ y ‘Love machine’ parecen una, pues se siguen sin solución de continuidad, dando impresión de un dramático cambio de dirección a la mitad y resultando una verdadera delicia en sus dos partes; la primera más delicada, la segunda rasposa pero encantadora, sin olvidar la melodía y dando cancha al virtuosismo. Y el disco se cierra con ‘Rock & roll medley’, una traca final en forma de recorrido por diversos clásicos del rock & roll bajo el prisma del metal más duro y que lleva al oyente al séptimo cielo de un género inagotable.

Todas las canciones tienen inspiradas melodías (muchas del teclista y guitarrista Ken Hensley, que vive e Alicante, España), virtuosas ejecuciones, cálidas y apasionadas interpretaciones y, en fin, un resultado final que convierte este disco en una de las cumbres de su género. Los amantes del heavy lo conocerán y tendrán en lugar destacado, y si no, no lo son... aun.          

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 15 de agosto de 2012

OPUS Y MASONERÍA, LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA Aunque con distintas herramientas, el Opus Dei y la Masonería tienen el mismo modo de pensar, y por eso son y persiguen lo mismo

El ansia de poder es consustancial al hombre, cosa que se demuestra al comprobar cómo desde que se tienen referencias históricas, las personas se han agrupado con el fin de acrecentar su poder, de tener más en todos los ámbitos de la vida; curiosamente algunas de esas agrupaciones nacieron como sistema defensivo, pero si perviven terminan por confluir en aquel ansia. Mafias y sociedades, secretas o públicas, han venido sucediéndose desde hace muchos siglos en la cultura occidental; así las pandillas, las familias mafiosas, las órdenes guerreras, el Opus Dei, la Masonería o el Club Bildeberg.


La escuadra y el compás, símbolos de la Masonería,
 secta que compite con el Opus por los mismos fines,
el poder y el control de la población
Los tres últimos persiguen exactamente lo mismo: el control y la manipulación de la población, mandar e imponer sus ideas utilizando no la fuerza (o al menos no sólo), sino con métodos arteros y sibilinos y con el fin de manejar a las masas a su antojo. Y los tres son lo mismo porque los tres están integrados por el mismo tipo de personas, porque los tres sólo admiten en sus filas a ricos y/o poderosos. Son auténticas sectas cuyos objetivos y medios apenas difieren de los totalitarismos, del fascismo, aunque usen guante blanco.

Pero a diferencia del Club Bilderberg, donde entran todo tipo de mentalidades (izquierdas, derechas, creyentes, ateos, capitalistas, socialistas…, y donde por tanto se producen más discrepancias), en el Opus y la Masonería imperan unas bases teóricas, ideológicas, a las que hay que adherirse como condición previa e inexcusable (aunque siempre habrá un mínimo porcentaje de discrepantes). En uno la raíz es la religión católica, mientras que en el otro la base teórica es la idea de que la razón es el todo y todo lo explica; aunque el enfrentamiento entre razón y religión es estúpido pues están en planos diferentes, los integrantes de una y otra secta se obstinan tercamente en enaltecer la pugna, esa especie de guerra. Pero en la práctica terminan ahí las diferencias, pues los fines y métodos para alcanzarlos son idénticos en ambos casos.

Escrivá de Balaguer, fundador del Opus,
que al igual que la Masonería sólo admite
ricos y poderosos.
Lo que pretenden estas sociedades de ricos y poderosos (suelen tener algún miembro de las clases obrera y media para enseñar), como ya se ha dicho, es controlar y manipular a la población para que sus ideas se impongan de modo uniforme; eso sí, con ellos siempre arriba. Y para ello utilizan la misma metodología: la colocación de sus integrantes en los puestos de poder de la economía y la política, ir subiendo peldaños en una y otra para alcanzar los cargos más altos y, de paso, ir favoreciendo a los compañeros de credo y, por extensión, a su secta.


El Opus, lógicamente, tiene su mayor influencia en ámbitos cercanos al Vaticano y a los centros de poder de la Iglesia Católica, y con ese apoyo lanza sus tentáculos en la economía (industria, finanzas, mercados…) y la política, a pesar de que en este terreno siempre depende de la situación del momento, por lo que actualmente tiene que conformarse con contar ahí sólo con “simpatizantes”. 

La Masonería, por su parte, trata de expandirse por los mismos ámbitos, aunque siempre con posturas contrarias a la religión. Así, hay masones medrando tanto en política como en economía, algunos abiertamente y otros más en la sombra para que la cosa no cante mucho. Como curiosidad: durante la II República Española apenas había en España unos pocos miles de masones, sin embargo, muchísimos diputados del parlamento lo eran, y además, muchas de sus propuestas coincidían punto por punto con declaraciones de las diversas logias españolas. El gran Pérez Galdós los describe y ridiculiza (tanto por sus ritos como por sus fines) en sus Episodios Nacionales, concretamente en ‘Memorias de un cortesano de 1815’, ‘La segunda casaca’ y ‘El Grande Oriente’ (Segunda serie).

CARLOS DEL RIEGO

martes, 14 de agosto de 2012

GORDILLO: EL FACHA DE MARINALEDA Asalta supermercados, ocupa fincas, roba, insulta…, se salta la ley cuando le parece pues cree tener la verdad absoluta; tal pensamiento es esencial en la filosofía del fascista

Si un día, por cualquier causa, este tipo llega a ser jefe
de gobierno, España se llenaría de checas y gulags.
El tal Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda (Sevilla) desde 1978 (34 años montado en el carro del privilegio) sigue con su estrategia de hacerse notar, de creerse y presentarse como el salvador de la Humanidad, y para ello nada mejor que violar la ley. El barbudo personaje (por cierto, las barbas tan largas recogen las partículas de saliva que se expulsan al hablar, de forma que al secarse, invariablemente huelen que apestan; tal vez ese arma química forme parte de su táctica, o tal vez haya que huir de la higiene para ser buen izquierdista) es el típico iluminado que se cree en posesión de la verdad absoluta y, por tanto, legitimado para hacer lo que quiera, para infringir las leyes que él quiera; sin embargo, la misma acción que él lleva a cabo, si es perpetrada por contrarios ideológicos, será para él causa de gran indignación y lanzamiento de insultos. Este personajillo que siente devoción por asesinos (como ‘Che’ Guevara, cuya voz grabada para siempre lo deja bien claro) quebranta y a la vez utiliza la ley como los mafiosos más poderosos o como los grupos terroristas organizados, puesto que siempre cuenta con el mejor apoyo legal y político. Pasa por encima de la ley: asalta y roba, ocupa ilegalmente o desvía un tren; pero se aprovecha de la ley, pues es alcalde y diputado y recurre a la ley cuando la necesita…, como los asesinos y los terroristas; es más, él se disculpa diciendo son actos simbólicos, igual que los terroristas que dicen matar no a la persona, sino a lo que representa. En fin, es el típico facha que señala cuándo, qué leyes y quienes las pueden quebrar.

Aseguran que hay comunismo en su pueblo, pero los productos de ese pueblo entran en el mercado capitalista, forman parte del engranaje capitalista, de modo que de comunismo nada de nada. Y es que, como queda comprobado, ningún país comunista ha tenido éxito jamás, ninguno ha funcionado, y todos los regímenes comunistas han utilizado todos los recursos fascistas para mantenerse en el poder; no hay que olvidar que el comunismo es un método económico, no político, pues políticamente todo gobierno comunista es calcado a todo gobierno fascista. Además, también es evidente que quienes se proclaman comunistas o socialistas lo hacen desde la comodidad y libertad del capitalismo (¿alguien se imagina qué le pasaría a un ciudadano que en un país comunista se declarara capitalista?).

Pero desgraciadamente, el verdadero problema es que las leyes las escriben lechuguinos apocados, y son aplicadas por jueces atentos exclusivamente al bienestar del agresor.  

En fin, este individuo tan obsesionado por las cámaras y los focos, no es más que otro político que ha comprobado lo bien que se viaja subido en el tren del privilegio (34 años en primera clase), de modo que su intención es no volver a trabajar pie a tierra en la vida (evidencia de cobardía).

Seguro que a este Gordillo le gustaría ser Kim Yong Un, el dueño de ese paraíso comunista que es Corea del Norte. Por eso, si por algún vuelco del destino este tipo llegara un día al gobierno central, España se llenaría de checas, gulags y centros de reeducación.
    
CARLOS DEL RIEGO

lunes, 13 de agosto de 2012

LA HIPOCRESÍA Y CONTRADICCIÓN DE DEPORTISTAS NACIONALISTAS Algunos fueron a los juegos defendiendo una bandera y un país que no sienten, lo que indica convicciones poco profundas

El jugador de hockey Álex Fábregas demostró, con
 sus declaraciones, que su sentimiento nacionalista
es muy débil y tiene escaso valor, pues lo cambia
a la primera ocasión.
Algunos de los deportistas que tomaron parte en los recién finalizados Juegos de la XXX Olimpiada Londres 2012, lo hicieron bajo una bandera que, según ellos, no los representa; es decir, no se sentían ciudadanos del país al que defendían en las pistas. Y si lo hicieron, si desfilaron bajo esa enseña fue “porque no había más remedio, porque de otro modo jamás hubiéramos participado en unos Juegos Olímpicos, porque no tenía otra opción”. 
En el caso de España algún deportista lo declaró abiertamente (postura que no es nueva y que en ciertos deportes no es extraña), mientras que en otros países, aunque no con declaraciones directas, sí fue manifestado tal sentimiento con posturas, gestos e incluso amenazas de boicot contra los símbolos del país para el que iban a competir, pero como los comités de los juegos advirtieron de que cualquier menosprecio a bandera o himno supondría la retirada inmediata de la acreditación, ninguno fue más allá.

De este modo, puede deducirse que el nacionalista que defiende los intereses deportivos de un país que no siente como suyo está siendo un auténtico hipócrita y está traicionado sus ideas, quedando demostrado que sus convicciones nacionalistas no son muy profundas, ya que está dispuesto a renunciar a ellas a poco que se pongan a prueba; es decir, cuando aquel sentimiento nacionalista (que generalmente está acompañado por animadversión hacia el país que tienen por represor, invasor o cosa similar) se convierte en obstáculo, no pierde un segundo en tomar su decisión, que invariablemente será favorable a sus intereses y contraria a su presunto nacionalismo. Parece evidente, en fin, que ese convencimiento es muy superficial, pues a nada que se rasca desaparece, y si es así es porque es producto de haberse dejado convencer por la propaganda oficial, de no querer parecer algo distinto en un ámbito uniformado ideológicamente, del temor a que, si no declara uno su adhesión incondicional a la causa, se verá desfavorecido por el poder, señalado como traidor, apartado y boicoteado (tal ha ocurrido con algún cantante). Salvando las distancias, ¿alguien se imagina un palestino compitiendo bajo bandera israelí?, no, porque su credo, su sentimiento está profundamente arraigado. Y por otro lado, también resulta determinante para comprender la traición a su pensamiento el hecho de la aparición de dinero, fama, prestigio, que hace que muchos que se proclaman nacionalistas convencidos y activos arrinconen rápidamente su patriotismo como algo molesto que hay que esconder.

Si su convicción es cien por cien separatista, lo coherente, lo que al menos demostraría integridad y por tanto respeto, hubiera sido anunciar a su debido momento la oportuna renuncia, y si aquella mentalidad no es suficientemente sólida para renunciar, lo oportuno es callarse, pues la sinceridad hay que demostrarla en todo momento, incluso cuando cuesta algo. Pero no es así, sino que aquel sentimiento se vende a la primera ocasión, como demuestra el ejemplo del jugador de hockey del equipo español Álex Fábregas, quien entre otras cosas afirmó que “Mi sentimiento es catalán..., cuando juego no pienso en España”. Por el contrario, hace alrededor de 40 años, Juan Manuel Serrat dijo que o cantaba en catalán o no iba a Eurovisión representando a España, y no fue; acertado o equivocado, el cantante demostró coherencia y valentía. ¡Qué diferente la postura del artista (que jamás ha mostrado inclinación nacionalista-separatista) de la del deportista!

CARLOS DEL RIEGO

LONDRES 2012: TANTAS SOMBRAS COMO LUCES Además de fabulosas actuaciones e imágenes deportivas que ya forman parte de la historia del olimpismo, Londres 2012 también será mencionado cuando haya que hablar de los fallos calamitosos de los encargados de impartir justicia… y de los organizadores


El equipo de relevos de Sudáfrica fue
incomprensiblemente calificado para la final
a pesar de que no llevó el testigo hasta la meta..
Terminados los Juegos de la XXX Olimpiada, quedarán para el recuerdo sensacionales logros olímpicos, sobre todo los conseguidos en el estadio (que son, al final, los que más trascendencia y duración tienen), pero también algunas colosales meteduras de pata, decisiones verdaderamente vergonzosas y unos cuantos errores organizativos ciertamente sangrantes.  


Los errores de los jueces de las contiendas son algo que forma parte del deporte, es decir, son factores con los que hay que contar, sin embargo, ha habido árbitros que se han obcecado en el fallo y exhibido una soberbia inaudita al no querer rectificar a pesar de estar plenamente seguros de que su decisión era injusta; y ello apenas terminados los encuentros, es decir, pudiendo rectificar, pues aún estaban en el terreno de juego y las actas sin redactar, pero su orgullo, altivez y mediocridad se lo impidió.

Asimismo fue absolutamente impresentable lo que decretaron los distintos comités que, además, no tienen siquiera la disculpa de hacerlo en momentos de máxima tensión, pues  fueron decisiones consensuadas, masticadas durante mucho tiempo por unos cuantos “expertos” (habría que ver cuántos de éstos se vistieron alguna vez de corto y saltaron a una pista) que, finalmente fallaron, erraron, en el más estricto sentido del término.

Hay dos casos que resultan insultantes. Uno es el de la tiradora de esgrima coreana, quien fue derrotada por un tocado claramente fuera de tiempo; presentada la reclamación, los integrantes de ese comité comprueban la realidad: el tiempo estaba cumplido cuando la alemana toca a la coreana, sin embargo, adoptan una decisión incomprensible, pues dicen que sí, que la que reclama tiene razón, pero que no hay vuelta atrás y mantienen la injusticia (la protagonista, además, hubo de quedarse en la pista durante las deliberaciones). Fue algo pasmoso, irritante, insultante, ya que, con el tiempo cumplido, anular ese punto ilegal de ningún modo hubiera sido rearbitrar.

Otro caso esperpéntico se produjo en el estadio. El equipo sudafricano de 4x400 metros queda eliminado por lesión de uno de sus integrantes, es decir, no llevó el testigo hasta el final; luego presenta una reclamación acusando a otro equipo de haber provocado aquella lesión, demanda que el comité correspondiente atiende y toma en consideración, decidiendo recalificar al equipo sudafricano y metiéndolo en la final… ¡un equipo de relevos que no entrega el testigo al juez compite en la gran final! Un auténtico dislate, un absurdo impropio de quienes deben velar por la limpieza de la competición, un contrasentido que parece perpetrado por quienes están más atentos a la corrección política que a la justicia, pues injusto fue que un equipo que no llega a meta en la semi alcance una final. En resumen, una trampa. Y también podría hablarse del paso incorrecto de los marchadores, todos y durante casi toda la prueba, pero sólo algunos fueron descalificados…

Y por último hay que mencionar algunas chocantes medidas tomadas por la organización. Por un lado, el asunto del pebetero, sustraído a la vista de todo el que no estuviera dentro del estadio. Y por otro lado (y mucho peor), el hecho de que las carreras de más largo aliento (marcha y maratón) fueron expulsadas del estadio, hurtándoles así, tanto a los ganadores como a todos los que alcanzaban la meta, el aplauso y reconocimiento del centro de los juegos: el estadio olímpico. Y es que, tras horas y kilómetros de esfuerzo, entrar en el estadio y recibir la ovación del público que espera a los atletas, debe poner la carne de gallina al más frío. Da la impresión de que ciertas decisiones se dejaron en manos de los expertos en marketing que, lógicamente, no tienen en consideración ningún aspecto deportivo.   
    
CARLOS DEL RIEGO

viernes, 10 de agosto de 2012

LONDRES 2012: LA VICTORIA Y LA DERROTA Al terminar la disputa deportiva habrá ganadores y derrotados, otra cosa es la actitud que unos y otros adopten ante el resultado

Esto es saber ganar.

Una de las pocas cosas seguras del encuentro deportivo es que, al final, habrá victoria y habrá derrota, ambas caras de la misma moneda son imprescindibles, inevitables cuando se habla de deporte. Y más en el ámbito de unos Juegos Olímpicos, donde sólo hay tres puestos en el podio.

El asunto es cómo se gana y cómo se pierde. La victoria pone más fácil la postura elegante y deportiva y suele desembocar en una actitud de sincera camaradería. Sin embargo, también hay triunfadores que se muestran soberbios y despectivos con el derrotado, con posturas y gestos desafiantes e incluso con fanfarronadas del tipo “tú te lo has buscado”. Afortunadamente, en el ámbito olímpico la actitud que más abunda es la del vencedor que acude a consolar al perdedor, mostrando gran empatía e incluso transmitiendo un emocionante sentimiento casi fraternal.
   
Esto es no saber perder
Más difícil es conducirse deportivamente cuando llega el fracaso. Así, hay deportistas que, cuando se produce o cuando está a punto de producirse la derrota, no son capaces de sujetar la frustración y se dejan llevar por la rabia; por eso, en algunas ocasiones, el competidor, con su corazón a 180 pulsaciones por minuto y con los niveles de adrenalina disparados, no son capaces de sujetar sus emociones y dejan paso a la furia, culpando a todos (los árbitros, los contrarios) y protagonizando acciones violentas por las que, generalmente, luego piden disculpas; sin embargo, la indeseable imagen quedará para siempre en la memoria colectiva, de modo que aquello tan feo que se hizo volverá una y otra vez. Hay otros derrotados, sin embargo, que adoptan actitud de resignación, quedándose abatidos en el suelo mascando en solitario sus lágrimas de impotencia y, a veces, incredulidad; casi como dudando de que aquello haya ocurrido de verdad. Es entonces cuando el deportista íntegro y leal acude a abrazar al caído, a darle ánimos, a confortarlo con palabras y actitud amistosa. Y también está el que acepta que, simplemente, el rival ha sido superior y se limita a felicitarlo sinceramente y, elegantemente, le desea suerte.

Se puede ganar y se puede perder, eso lo saben todos los que participan, y por ello han de estar preparados para todo. Se puede ganar y se puede perder, pero deportiva y humanamente es muy distinto si los protagonistas saben cómo comportarse ante la victoria y la derrota de si las actitudes de unos y otros son indeseables. Eso sí, generalmente, el que sabe ganar también sabe perder, y casi siempre, las maneras del deportista en la pista dicen mucho de lo que es fuera de ella.   

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 9 de agosto de 2012

LONDRES 2012: DISPARATES OLÍMPICOS EN LOS PRIMEROS JUEGOS Treinta ediciones de los juegos (siempre se incluyen las tres que no se celebraron) han regalado todo tipo de incidentes, barbaridades, curiosidades y barrabasadas de todo tipo, hilarantes, tristes, increíbles, disparatadas

El sogatira o las carreras de sacos formaron parte
 del programa olímpico de París 1900
  

A pesar de su solemnidad, de sus ritos y sus símbolos, de la seriedad y rigidez de los jueces y las reglas, los Juegos Olímpicos también han sido escenario de algunos momentos absolutamente disparatados, aunque muchos de ellos hay que entenderlos en su contexto, en su tiempo.

Desgraciadamente (o afortunadamente, según se mire) los juegos son una fuente inagotable de hechos asombrosos por una u otra razón. La lista sería interminable, por eso apenas se pueden mencionar unos pocos casos de las primeras ediciones.

En San Luis 1904 se trató de humillar a indios,
 negros, africanos...
En los juegos de París 1900, nadie se ocupó de construir o preparar pistas y recintos; así, para el atletismo se usaron unas instalaciones particulares en estado calamitoso, con un árbol en medio al que habían de subir los lanzadores de martillo para recuperar su artefacto, igual que los de disco, que horas después de la competición seguían buscando sus proyectiles entre los árboles de los alrededores. Y qué decir de la natación, en el Sena y sin que nadie detuviera el tráfico de barcos, por lo que fue una suerte que no hubiera ahogados. En fin, que también hubo carreras de sacos, soga-tira, cometas, carreras de burros…, claro que en vez de medallas dieron a los ganadores pipas de fumar, carteras, platos, paraguas, peines. Y para rematar, el campeón de maratón ni siquiera sabía que estaba corriendo una carrera olímpica, de modo que al terminar se fue a su casa…, no extraña que Coubertin, francés, dijera “… los franceses no han comprendido mis ideas…, se han esforzado siempre para evitar el triunfo de los juegos”. No se puede decir que fuera chauvinista.

En San Luis 1904 se organizaron paralelamente los ‘Días antropológicos’ para ridiculizar a pigmeos (acompañados de monos, que se comieron allí mismo para alegría de aquellos estadounidenses), indios mexicanos, nativos filipinos y de muchas otras etnias, y todo para demostrar la superioridad de la raza blanca; Coubertin, previendo el futuro, afirmó “esta farsa ultrajante terminará cuando negros, pieles rojas y amarillos aprendan a correr, saltar y lanzar; entonces los blancos llegarán detrás de ellos”. La profecía del barón no tardó en cumplirse. Lo del maratón fue de chiste; por un lado, quien primero entró en meta había hecho la mayor parte del recorrido en coche, aunque el engaño se descubrió a tiempo, y por otro, el ganador auténtico, Hicks, fue ‘dopado’ por sus entrenadores con una explosiva mezcla de estricnina y coñac, pero como no había regulación antidopaje no se puede decir que hiciera trampas. Y un zulú sudafricano que participaba, tuvo que huir de dos perros que empezaron a perseguirlo, pero cuando les dio esquinazo corriendo campo a través, ya era tarde para volver a la carrera.

Pero el mayor disparate llegó en Munich 1972, cuando la tregua olímpica fue violada por terroristas con resultados fatales y conocidos por todos.

CARLOS DEL RIEGO

LONDRES 2012: LOS JUEGOS DE HOY Y LOS DE LA ANTIGÜEDAD Los primeros Juegos Olímpicos de que se tiene noticia datan del año 776 antes de Cristo, y casi nada tenían que ver con los de la actualidad

El púgil, con guantes de cuero y metal,
parece atender a las indicaciones de
su entrenador  (copia romana de un original griego)

¡Qué diferentes son los juegos de la Era Moderna de los que se celebraron hace, por ejemplo, 2500 años! La diferencia es abismal, puesto que entonces, entre los atletas no sólo no existía compañerismo, es más, ni siquiera existían rivales, todos eran simplemente enemigos entre sí. Claro que los juegos de la Antigüedad tenían una intención religiosa y militar más que deportiva; y además, poco inteligente sería valorar formas de pensar de hace tanto tiempo utilizando los parámetros y avances sociales de la actualidad.

El culto al cuerpo nace en aquella sociedad, que para honrar a los dioses del Olimpo se inventó una carrera. Fue el comienzo, pues poco a poco se fueron añadiendo diversas especialidades, alguna de las cuales sigue formando parte del programa olímpico, como el salto de longitud, la carrera y, por supuesto, el lanzamiento de disco. Pero las pruebas que más encendían la pasión del numeroso público que acudía a los recintos eran las de lucha, las de combate. Así el pugilato, boxeo con puños desnudos, primero, y luego revestidos de tiras de cuero con incrustaciones de metal; el pancracio, lucha absolutamente libre donde sólo se prohibía morder y meter los dedos en los orificios del contrario y que sólo terminaba con la rendición (casi nunca por vergonzosa) o con la muerte; el hoplitodólico, una carrera con armas defensivas y ofensivas en la que valía todo y ganaba el que llegaba más entero a meta. Pero los juegos de entonces fueron incorporando nuevas disciplinas, nuevas carreras, saltos y lanzamientos, diversas modalidades de lucha y diversas carreras de caballos.

También hubo grandes campeones, puesto que con el paso del tiempo el triunfador en los juegos cobró una popularidad parecida a la de hoy, de modo que todo su pueblo se enorgullecía de sus éxitos y lo premiaba con estatuas, poesías e incluso dinero. Entre los más recordados está, claro, Filípides, quien se dice que corrió de Maratón a Atenas para comunicar la victoria sobre los persas, dando así origen y nombre a la carrera mas larga; no hay seguridad histórica de este hecho, pero sí de que el tal Filípides (o así) corrió en cierta ocasión de Esparta a Atenas, 240 kilómetros, en sólo un día y medio. También se recuerdan las hazañas del gran Miló de Crotona, legendario luchador que venció en seis ediciones en la especialidad de lucha y cuya muerte es no menos asombrosa: fue devorado vivo por las fieras al quedar una de sus manos atrapada y no poder defenderse. Y Leónidas de Rodas, que logró doce triunfos en tres carreras a lo largo de cuatro ediciones consecutivas de los juegos desde los de 164 antes de Cristo. Llama la atención que el emperador Nerón (y otros políticos, como Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno) lograra ganar una carrera de cuadrigas…, claro que el resto de participantes fueron retirándose misteriosamente, de modo que sólo él llegó a meta. 

Por cierto, las mujeres no podían competir (en aquellas mentalidades era inconcebible la pelea entre mujeres, pues los juegos tenían carácter militar y religioso) y tampoco acudir a los recintos olímpicos, ya que los sacerdotes y dirigentes pensaban que tras ver a los atletas (siempre desnudos) al llegar a sus casas los compararían con sus maridos…
Sí, la cosa era muy distinta.
(Más información sobre los juegos de la Antigüedad y de la Era Moderna, en el libro ‘Citius, altius, fortius. Los Juegos Olímpicos y sus mitos’).

CARLOS DEL RIEGO

martes, 7 de agosto de 2012

LONDRES 2012: UNA IMAGEN QUE MUESTRA LOS VALORES OLÍMPICOS Lo que más eleva el espíritu deportivo no es el triunfo (al menos no solo) sino el saludo sincero de los rivales tras una lucha dura y leal tras agotar las fuerzas

Campeón y subcampeón se saludan, exhaustos,
 tras acabar el triatlón, esta es la esencia y el espíritu olímpicos

Después de 1.500 metros nadando, 40 kilómetros en bicicleta y 10 corriendo, después de casi dos horas de esfuerzo al límite, el campeón y subcampeón de la agonística disciplina del triatlón de Londres 2012 cayeron, exhaustos, nada más traspasar la línea de meta y separados por unos pocos segundos. Absolutamente desfondados, agotadas hasta las últimas reservas y más, incapaces de levantarse, en el suelo los dos rivales se tienden la mano y se felicitan por el éxito. Se trata, sin duda, de una de las imágenes de estos Juegos Olímpicos, puesto que resume por sí misma las grandes virtudes del deporte y del olimpismo. Es oportuno recordar que el barón de Coubertain, el restaurador de los juegos, dijo en 1894 que “es necesario que, cada cuatro años, la juventud de todo el mundo tenga la oportunidad de reunirse humana y fraternalmente”.

Esa inolvidable fotografía (de Reuters), que se ajusta perfectamente al ideario de quien recuperó los juegos, muestra algo que se ve en las pistas olímpicas desde hace mucho; un ejemplo que se da siempre se escenifica al final de la prueba del decatlón, en la que los atletas, extenuados tras la última prueba, el 1.500, se derrumban sobre la pista y se saludan con complicidad, pues han compartido dos días de rivalidad y cercanía, y se felicitan por haber terminado prueba tan dura.
Campeón y subcampeón de decatlón en Roma 1960, agotados y hermanados


Esas imágenes son una orgullosa y honrada exhibición de valores olímpicos y, evidentemente, también universales: compañerismo, lucha leal y esfuerzo, rivalidad sana, competencia y capacidad de sufrimiento para entregar hasta las últimas energías con el fin de superar a los rivales, a todos los rivales, incluyendo el principal, uno mismo, pues si un deportista se supera a sí mismo no se le puede pedir más, aunque quede en última posición…, tal como expresa el lema olímpico “Lo importante no es ganar sino participar”, que procede de la frase del Arzobispo Talbot (atribuida a Coubertin): “Así como lo más importante en la vida no es el triunfo sino la lucha, lo esencial no es haber vencido sino haber luchado bien”. Y es eso lo que eleva el espíritu del atleta, competir noblemente y dejarse todo en la pista. Así el deportista siempre será un triunfador.  

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 6 de agosto de 2012

LONDRES 2012: ¿ES EL MEJOR QUIEN MÁS MEDALLAS GANA? Tras su prodigiosa exhibición, Phelps se ha convertido en el máximo medallista de la historia de los juegos con 22 medallas (18-2-2), pero para ello ha contado con la ventaja de que su deporte le permite participar en muchas pruebas



Qué tiene más valor, los 18 oros
de Phelps en tres juegos..
Nadie en su sano juicio se atrevería a poner en duda la grandeza deportiva del estadounidense Michael Phelps: tres Juegos Olímpicos y una cosecha prácticamente insuperable, pues atesora 18 oros, 2 platas y 2 bronces. El anterior máximo medallista era la gimnasta Larissa Latynina con 18 en total, y en la lista de los 13 deportistas que más preseas lograron a lo largo de su trayectoria olímpica hay cuatro nadadores y seis gimnastas, un tirador de esgrima (que consiguió alargar su carrera hasta seis juegos), un atleta (que participó en tres juegos y se benefició de que había campo a través individual y por equipos y otras distancias que hoy no son olímpicas), y una piragüista (que se presentó en seis juegos y con la ventaja de que este deporte también ofrecía muchas distancias y posibilidades). En resumen, casi todos los grandes medallistas de la historia lo han sido gracias a que sus especialidades ofrecen al deportista muchas ocasiones de estar en la salida, lo que proporciona más opciones de premio.

... o el discóbolo Al Oerter, que venció en
cuatro juegos (56-68) , los últimos con collarín.
De este modo, cabe preguntarse ¿qué es más valioso, un oro en salto con pértiga o cinco en gimnasia o natación? Matemáticamente la respuesta no ofrece duda, pero desde un punto de vista deportivo la cosa no es tan simple. Hay que tener en cuenta que los deportes de combate (judo, boxeo, grecorromana…), los de equipo (fútbol, baloncesto…), los de tiro o los de vela sólo reparten un oro, una plata y un bronce entre todos, mientras que hay otros donde se presentan un par de posibilidades (ciclismo en carretera, halterofilia) y, en fin, el atletismo, donde actualmente se pueden ganar hasta cuatro pruebas, pero sólo siendo un velocista excepcional y versátil, pues ha habido dos (Owens y Lewis) que subieron a lo más alto en cuatro ocasiones en los mismos juegos (en 100, 200, longitud y 4x100 metros); de todos modos, ningún atleta, jamás, ha conseguido repetir tal proeza.

Situando el atletismo como referencia, ¿qué es más meritorio, 22medallas en natación, 18 en gimnasia, 12 en kayak o cuatro oros en el rey de los deportes? Todos los que escalan cualquier cajón del podio tienen valor incontable, histórico, pero no todos los logros han de tener idéntica consideración. Por ejemplo, todo el mundo, en cualquier lugar, puede correr, saltar y lanzar (ejercicios atléticos), mientras que son necesarias costosas instalaciones y material muy específico para muchos otros deportes, lo que significa que aquellos tendrán más participación, más competencia, incrementando así la dificultad de lograr el éxito.
De modo que si hubiera que señalar a los olímpicos con más valor deportivo, a la par o por encima de los que más medallas atesoran, hay que mencionar al discóbolo estadounidense Al Oerter, oro en cuatro juegos consecutivos, los mencionados Owens y Lewis, los fondistas Nurmi, Zatopek o Bikila, el decatleta y pentatleta Thorpe, el sprinter Bolt… Todos son autores de proezas casi irrepetibles, como la de Zatopek, que venció en 5.000, 10.000 y maratón en la misma edición de los juegos, o la del mestizo Thorpe, oro en decatlón (y pentatlón, que ya no se disputa) venciendo en la mayoría de las pruebas y con registros cercanos a los récords mundiales; además, también hay que tener en cuenta las circunstancias y el modo con que lograron sus éxitos.
Todo o casi todo en este mundo es relativo, y en el terreno deportivo sobra el casi. Por eso se puede atender sólo al número, al resultado, o profundizar un poco más, o sea, relativizar los números.  
CARLOS DEL RIEGO
 








domingo, 5 de agosto de 2012

LONDRES 2012: LOS DUDOSOS RÉCORDS DEL ATLETISMO FEMENINO Casi todos los topes mundiales de atletismo femenino fueron conseguidos entre 1983 y 1988: los años dorados del dopaje

La checa Jarmila Kratochvilova posee el récord
de 800 metros desde 1983

Aseguran los grandes expertos y quienes estudian el deporte desde un punto de vista científico, que dentro de unos veinte años los récords en atletismo serán algo absolutamente inusual, e incluso habrá que empezar a medir los tiempos hasta las milésimas de segundo, puesto que los límites humanos están ya muy cerca. Sin embargo, pensamientos como ese se llevan escuchando desde hace mucho. De todos modos, este tipo de predicciones casi nunca se cumplen. Muy diferentes eran las cosas no hace tanto.

Así, es verdaderamente increíble que la mayoría de los récords femeninos de atletismo se fijaran entre 1983 y 1988, más exactamente 12 de las 23 pruebas; además, otros dos los lograron dos atletas chinas en 1993. Si se quitan las 8 competiciones que no se disputaban entonces (triple, martillo, pértiga, 3.000 obstáculos, 5.000, 10.000, marcha y maratón), se deduce que solamente un máximo registro mundial fue batido en años distintos a la época dorada del dopaje, el que ostenta una lanzadora cubana de jabalina.

En aquellos seis años dos estadounidenses (emparentadas) marcaron los topes de 100 y 200 lisos y heptatlon, alemanas orientales los de 400 metros y disco y el de 4x100 metros, dos búlgaras poseen el de altura y el de 100 metros vallas, una checoslovaca el de 800 metros, y atletas de la extinta URSS tienen el de longitud, peso y 4x 400 metros. Pasadas décadas y a pesar de las mejoras en entrenamiento y alimentación, técnicas y materiales, las atletas de la actualidad siempre se quedan muy lejos de los registros que ostentan nombres como Griffith y Joyner Kersee, Marita Koch, Kratochvilova, Kostadinova o Donkova.  

Como ha quedado totalmente probado (desde que se abrieron los archivos de la DDR), todas las atletas de más allá de lo que se conoció como ‘telón de acero’ competían ayudadas por sustancias dopantes, y si no fueron cazadas se debió a que los médicos y químicos que las desarrollaban iban muy por delante de los métodos antidoping. Paradigmático es el caso de la desaparecida DDR (República Democrática Alemana), algunas de cuyas atletas llevan años denunciando las prácticas dopantes a las que fueron sometidas, pues muchas de ellas han sufrido graves problemas de salud debido a ello.

Lógicamente, ese ‘dopaje de estado’ que llevaron a cabo en casi todos los países de la órbita soviética terminó con la caída del muro de Berlín y de todos aquellos regímenes comunistas a partir de 1989, y por tanto, esas marcas fabulosas terminaron en ese preciso momento. Sin embargo, los entrenadores y expertos de muchos de aquellos países emigraron entonces a China, de modo que no llega a sorprender que dos atletas chinas lograran poco después, en 1993, dos topes mundiales que siguen en vigor.

Ya no hay forma de suspender o sancionar, pero nadie pone en duda ya que aquellos registros estratosféricos son producto de la trampa. Y del mismo modo, pasarán aun muchos años hasta que alguna baje de 10,48 segundos en los 100 lisos o, en fin, rompa algunos de los increíbles registros de los años dorados del doping. No se puede cambiar el pasado.
         
CARLOS DEL RIEGO


                                                                                                                

jueves, 2 de agosto de 2012

LONDRES 2012: ÁRBITROS, LA IMPORTANCIA DECISIVA DEL FACTOR HUMANO El juez de la contienda se convierte, desgraciadamente, en protagonista de muchas competiciones, hasta el punto de que en no pocas ocasiones, su incorrecta decisión decide el resultado

Un entrenador se desespera ante
la incomprensible decisión del árbitro.

Las protestas, quejas y actuaciones y declaraciones subidas de tono a causa de los continuos, garrafales y trascendentes errores arbitrales que se están produciendo en Londres 2012 están sorprendiendo más incluso que los abundantes fallos de organización. Y es que cuando se prepara una cita de alta competición se puede entrenar todo, se puede prever casi todo y se puede trabajar para que cualquier imprevisto no sea tal, lo único que está al margen de cualquier tipo de entrenamiento es lo que se llama el factor humano, es decir, aquello que pueda afectar al deportista, ya sea propio de la competición o algo externo, y que influye decisivamente en su rendimiento. Pero incluso la influencia de este factor se puede trabajar o, en todo caso, intentar minimizar sus consecuencias.

Y así se llega al factor humano que afecta al juez de la contienda, al árbitro, y ahí sí que no pueden hacer nada entrenadores, preparadores, estrategas… Se trata de un factor absolutamente imprevisible incluso para el mismísimo juez, no digamos para el deportista o el equipo en plena competición.

Los defensores de la figura arbitral pase lo que pase suelen disculpar sus flagrantes meteduras de pata aduciendo que todo el mundo se equivoca, que los jugadores también yerran…, cierto, pero la esencia de la disputa deportiva es que se resuelva según los aciertos y los fallos de los contendientes, no que sea la injusta decisión del director del evento la que decida quién gana y quién pierde. Así, cuando el jugador o atleta falla, se perjudica a sí mismo y a su equipo, mientras que cuando lo hace el referí perjudica a otros, es decir, no es ecuánime decir que el jugador también se equivoca para disculpar la injusticia, pues el encargado de impartir justicia puede distorsionar la competición con sus erratas.

Además, el árbitro, en tanto que persona, puede verse afectado por eventualidades que le lleven al error inconsciente: el factor humano del juez puede volverse decisivo. Pero mucho peor es cuando el que tiene que administrar justicia se conduce cobardemente, por ejemplo cuando toma una decisión y al segundo se da cuenta de que es un error y, como para compensar, permite que los jugadores le agobien, empujen e incluso insulten; también puede actuar de modo indeciso, o sea, no lo tiene claro y lo deja correr, le parece pero no está seguro, así que hace lo más fácil, nada; asimismo también está el miope, que mira y no ve, que nunca tiene el ángulo correcto, que se despista y pierde el transcurrir de la acción; y también abunda el simplemente malo, que cambia de criterio constantemente, ahora en esta dirección y ahora en la otra, o lo que ahora sanciona después lo permite, o compensa sanciones y decisiones con otras en sentido contrario (doblando así el número de fallos), o desautoriza a sus ayudantes mejor colocados.

Y por si fuera poco, las cámaras lentas, que denuncian cualquier patinazo y dejan en el más espantoso de los ridículos al árbitro, sobre todo cuando queda bien claro que ha visto lo que ha pasado y, sin embargo, toma la decisión incorrecta.
CARLOS DEL RIEGO








miércoles, 1 de agosto de 2012

LONDRES 2012: INCOMPRENSIBLE LISTA DE ERRORES Y DUDOSAS DECISIONES A pocos días de iniciados los juegos se ha producido ya un número sorprendentemente alto de reclamaciones (muchas atendidas), además de los esperados errores de organización y una gigantesca pifia con el fuego olímpico


La llama olímpica se apagó y se volvió a encender, y ahora se esconde
hasta el inicio  del atletismo, y entonces sólo se verá allí.

Poner en funcionamiento este auténtico monstruo que son los Juegos Olímpicos supone un esfuerzo organizativo verdaderamente descomunal, pues para que todo funcione han de hacer su trabajo a la perfección muchas personas. Aún así, en el aspecto deportivo se están produciendo numerosas quejas de las distintas delegaciones, y en el terreno organizativo se detectan errores producto de la falta de previsión y de dudosas decisiones.

Un nadador descalificado por moverse en la salida es recalificado tras la reclamación (y por tanto otro en principio clasificado fue apartado de la final), un judoka eliminado vuelve a entrar en competición, y también se han producido reclamaciones en esgrima, gimnasia, waterpolo…, casi todas atendidas por los jueces, que por lo general han optado por decisiones salomónicas. Sorprende que se tomen decisiones contrarias a las dictaminadas por el árbitro en el momento, es decir, que se rearbitren competiciones.

Por otro lado, también hay numerosas quejas de no pocos equipos por cosas que pasan en todos los eventos de este tamaño, como fallos de seguridad, gigantescos atascos de tráfico que ocasionan retrasos e incomodidades de todo tipo a los participantes, habitaciones minúsculas con camas de 1,75 metros de longitud para todos (ante las quejas de los indios por esto, el periódico sportingnews.com dijo que “los organizadores debieron soltar monos y serpientes para que se sintieran mejor”), confusión en el izado de una bandera antes de la competición (la de Corea del Sur en lugar de la de Corea del Norte)…

Todos estos errores de organización son fácilmente comprensibles, casi inevitables cuando hay que hacer funcionar una maquinaria tan complicada y de tal tamaño. Pero lo que no tiene explicación posible es el asunto del fuego olímpico. Tras un encendido espectacular, original, llamativo, estéticamente impecable y que dejó a medio mundo con la boca abierta en la ceremonia de inauguración, resulta que los que idearon tan ingenioso sistema no previeron que el pebetero no se podía quedar en medio del estadio. Por eso, han hecho algo que jamás se había visto en los Juegos Olímpicos: han tenido que apagar el fuego. Después de trasplantarlo a un farol, sí, pero han apagado el pebetero olímpico. Ahora lo han colocado en un lateral donde no molestará el desarrollo de la competición de atletismo, pero no podrá verse si no es dentro del estadio; es decir, a diferencia de las ediciones anteriores, el fuego olímpico no está en todo lo alto del coliseo principal y no preside la villa olímpica, es más, quien desee ver la llama sagrada y no tenga entradas para el atletismo, habrá de pagar por ver la susodicha hoguera. Esto del fuego, en fin, puede parecer cosa nimia, pero no deja de ser uno de los símbolos olímpicos, algo que hay que cuidar si no se quiere que la cosa se vulgarice, que se quede sin el misticismo, sin esa magia, sin esos rituales que forman parte de la esencia olímpica. El fuego, la bandera, los aros y el himno (entre otros atributos) son imprescindibles en los juegos. Por eso, esconder uno de esos estandartes del olimpismo dice poco del espíritu olímpico de Londres 2012, y más si añaden las incomprensibles decisiones de los árbitros y comités.

La cosa no es nueva: en los juegos de Londres 1908 los jueces provocaron infinidad de situaciones esperpénticas, ya que no se admitió ningún juez extranjero; así, algunas decisiones fueron de aurora boreal, como la de la carrera de 400 metros lisos: el americano Carpenter  fue descalificado tras ganar la final por, dijeron, una maniobra ilegal que perjudicó al escocés Halswelle, con lo que se ordenó repetir la carrera sin Carpenter; pero los otros dos finalistas (sólo eran cuatro) se solidarizaron con el americano, de modo que Halswelle corrió sólo la final de 400 metros lisos. Ganó. 

CARLOS DEL RIEGO
 








lunes, 30 de julio de 2012

LONDRES 2012: MUCHO CUIDADO CON CHISTES Y COMENTARIOS BURLESCOS Y JOCOSOS Ya son dos los expulsados de los juegos tras haber publicado comentarios calificados como racistas en las redes sociales


La atleta griega Papachristou hizo una broma de mal  gusto sin saber
  que  hoy día no se pueden hacer chistes  sin sufrir las iras de
los adoradores  de la corrección política.

La atleta griega Papachristou fue apartada del equipo griego poco antes del comienzo de los juegos por publicar en su Twiter “Con tantos africanos en Grecia, al menos los mosquitos del Nilo Oeste tendrán comida casera”. Hay varios puntos a considerar al respecto (además de lo confuso de la frase o la traducción). Primero, la irresistible fuerza de difusión de las redes sociales; segundo lo peligroso que es lanzar reflexiones u opiniones por Internet, pues nunca se sabe qué consecuencias puede traer o quién puede sentirse afectado u ofendido; tercero, que no hay marcha atrás, lo escrito escrito queda, y ya no valen posteriores disculpas; cuarto, que más vale no hacer chistes ni comentarios jocosos sobre etnias y colectivos protegidos por la llamada discriminación positiva. Y por otro lado, parece sanción excesiva por unas palabras impropias, sí, pero que no constituyen causa suficiente para pasar por alto el trabajo, esfuerzo, tiempo y renuncias que entrega el atleta durante cuatro años; la desproporción entre la falta y el castigo es evidente.

El futbolista suizo Morganella dijo por el mismo conducto tras jugar el partido “Voy a dar una paliza a todos los surcoreanos. Menudos retrasados mentales”. En este caso hay amenaza e insultos evidentes, por lo que la expulsión (el máximo castigo), puede ser decisión más fácil de entender, aunque no deja de ser una bravata de adolescente. Sin embargo, el caso de la triplista griega es muy distinto, pues en realidad, lo que ha dicho no es otra cosa que un chiste de muy mal gusto, casi ofensivo, pero no más allá de una broma desafortunada.

Pero lo que la saltadora no sabía es que hoy día no se pueden hacer chistes, pues siempre habrá alguien que se sienta aludido, y si no es así ahí están los abanderados de la corrección política para llamar la atención; si en el chiste aparece un negro, asiático, gitano, indio, magrebí… te llamarán racista, si una mujer serás un machista, si un judío serás nazi, si un homosexual serás homófono, si ciudadanos de otros países serás xenófobo, y algo encontrarán con qué tildarte si hablas en tono chistoso (que no tiene por qué ser en tono despectivo, injurioso o malintencionado) de un enano, un minusválido, un ciego, un musulmán…

La cosa cambia con otro tipo de insultos, es decir, el racista es mucho más grave que cualquier otro; por ejemplo, si en lugar de vocear estúpidamente “¡vuélvete a la selva, negro!”, el imbécil suelta “¡árbitro, hijo de p…!”, no pasará nada; del mismo modo, cuando Luis Aragonés arengó a un jugador en un entrenamiento gritándole “usted es mejor que el negro de mierda” casi se produce un conflicto internacional, pero la cosa apenas se habría comentado si el rival del futbolista hubiera sido inglés y Aragonés hubiera dicho “… que el rubito de mierda”. 

En ese sentido, ¿hubieran sido los mismos castigos si la atleta en vez de africanos hubiera dicho norteamericanos, y el futbolista austriacos en lugar de surcoreanos? 

CARLOS DEL RIEGO









LONDRES 2012: UNA VICTORIA EN LA INAUGURACIÓN Todas las delegaciones que caminaron por el estadio olímpico en la ceremonia de apertura de los XXX Juegos Olímpicos de Londres incluyeron hombres y mujeres por primera vez en la historia. Todo un triunfo del olimpismo


La presencia de féminas en ciertas delegaciones
 ha sido un hecho muy importante

Han transcurrido 116 años desde la celebración de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, pero finalmente se han visto desfilar hombres y mujeres en todos los equipos nacionales (204 más otro bajo bandera olímpica) que tomaron parte en el glorioso paseo inaugural por el estadio. Han sido necesarias 30 ediciones de los juegos para conseguir que el movimiento olímpico haya impuesto la realidad del mundo a los dirigentes de países que siguen encorsetados en culturas ancladas, al menos en algunos aspectos, en la Edad Media. Por eso, el hecho de que el Comité Olímpico Internacional presionara casi hasta la asfixia para que no se impidiera a nadie participar por cuestión de sexo es un paso mucho más importante de lo que pueda parecer, es un auténtico triunfo del espíritu olímpico, puesto que ha logrado lo que ningún otro movimiento, negociación, país, cumbre política o iniciativa del tipo que fuera. Al menos durante ese momento y durante los días de competición, esas hijas, esposas y hermanas, que siempre están subordinadas, casi esclavizadas, tendrán los mismos derechos, estarán a la misma altura que los varones, y esto es una ruptura de gran magnitud en ciertas culturas.
Parece cosa de poco, algo que no pasa del plano anecdótico, pero viendo el fenómeno en profundidad se llega fácilmente a la conclusión de que es un enorme triunfo del olimpismo, pues los que imponen esa forma de entender la realidad han visto que hay reglas que están por encima de sus creencias, que hay organismos con fuerza suficiente para abrir puertas que desmonten atrasos como el que sufren ellas en no pocos países. Es un inicio y, seguro, el anuncio de que indeseables tradiciones reñidas con los Derechos Humanos (que subrayan que nadie puede ser discriminado por razón de sexo) tienen sus días contados.
Pero este notable avance social se quedaría en curiosidad si hay marcha atrás, si en los próximos juegos (y no digamos si los siguientes se otorgan a un país de cultura musulmana), se permite discriminación. Es más, una vez abierto el camino hay que transitarlo hasta que desaparezca esa insoportable desigualdad (que curiosamente defienden muchos que se creen de izquierdas y que, por tanto, piensan que los Derechos Humanos no son aplicables a todos y en todo el mundo), hasta que el deporte, el olimpismo alcance una meta que la Humanidad (una parte) lleva muchos siglos persiguiendo (a veces sin saberlo, inconscientemente).
Y por la misma razón no deben pasarse por alto indumentarias o uniformes antirreglamentarios y contrarios a las reglas de cada disciplina; y del mismo modo horarios, costumbres o cualquier privilegio o cambio en función de religión o tradición cultural. Si el COI se mantiene firme y logra el acatamiento de sus reglas y exigencias, toda la familia humana se beneficiará de la idea, pues significaría un cambio de mentalidad que sin duda permitiría otros que, finalmente, afectarían mucho y muy positivamente a aquellas sociedades. Claro que, desgraciadamente, siempre habrá fanáticos.

CARLOS DEL RIEGO