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miércoles, 8 de julio de 2026

LA IDEOLOGÍA POLÍTICA CONDUCE, INEVITABLEMENTE, AL FANATISMO



 El fanatismo ideológico condujo al apoyo a los nazis aun cuando ya se sabía qué estaban haciendo. Algo parecido sucede hoy en democracias occidentales


La ideología política nubla la mente y oscurece la razón. Así lo expresaron algunos pensadores. Resulta oportuno recordar (otra vez) al alemán Ernst Jünger, quien vivió más de un siglo y, como él dijo, tuvo tiempo para vivir y sentir todas las ideologías, después de lo cual concluyó que “la verdadera libertad sólo se alcanza cuando uno se sacude la ideología política, ya que ésta termina por esclavizar la mente”. Esta evidencia se confirma continuamente, puesto que la mayoría de las personas no cambian el sentido de su voto hagan lo que hagan ‘sus’ líderes políticos

 

“Yo votaré a este partido aunque le esté quitando la comida de la boca de mi hijo”, manifestó sin el menor rubor una mujer cuando se acercaban unas elecciones. Igualmente, en la misma circunstancia, un hombre proclamó, no sin cierta dosis de orgullo, que “yo votaré a este político aunque me haya robado la cartera y se haya acostado con mi mujer”. Son dos muestras (podrían recordarse muchas otras de similar intención) de que la ideología política se ha impuesto a cualquier razón, a cualquier evidencia, a cualquier modelo de cordura. Se confirma, sin la menor duda, lo que Jünger afirmaba sobre la forma con que la ideología política termina por arrebatar la libertad de pensamiento a las personas, convirtiéndolas en esclavas, en marionetas que pensarán lo que la ideología y los líderes políticos les digan: qué pensar, qué decir, qué hacer.

 

“El actual gobierno mete miedo, pero yo seguiré votando al partido que lo sostiene”. “No cabe duda de que son unos corruptos sin conciencia, pero yo volveré a votarlos”… Son algunas de las respuestas que dan ciertas personas a los entrevistadores de las empresas de sondeos cuando se acercan unas elecciones: el fanatismo se impone a la razón. Quien opta por una papeleta de voto u otra en función de las personas y sus actos, y no en función de las siglas de este u otro partido político, se puede quedar de piedra ante el modo de ‘pensar’ de quienes manifiestan tal grado de fanatismo.

 

Durante la tiranía nazi en Alemania (de 1933 a 1945) la gran mayoría de los alemanes apoyaron incondicionalmente al Führer; cierto que quienes se expresaron en contra fueron rápida y sistemáticamente eliminados: comunistas, socialistas, demócratas, críticos…, además de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados físicos y mentales. Pero la realidad es que la población en general defendió fanáticamente al líder, incluso denunciando a quien se atrevía a manifestar no ya críticas, sino simples dudas (hay alguna excepción, como la protagonizada por la organización ‘La rosa blanca’ en 1942-43, que terminó con todos en la guillotina). Cuando ya estaban en marcha los campos de concentración y exterminio, los guetos, las ejecuciones sin juicio (o con juicio si el juez era Roland Freisler o parecidos), la invasión de Polonia, Bélgica, Holanda, Francia, Rusia y, en fin, la guerra contra todo y contra todos, el partido nazi no perdió el favor sincero de los germanos; de hecho, ni siquiera cuando a finales de 1944 ya se sabía que la guerra estaba perdida los ciudadanos se volvieron contra el partido y el gobierno. Se conocen casos de fanatismo extremo: cuando el alimento ya había desaparecido de las tiendas, bombas soviéticas cayeron sobre unos caballos, que permanecían destripados en medio de la calle; los hambrientos berlineses corrieron a descuartizarlos y repartir la carne cuando llegó un fanático funcionario, sacó la pistola y preguntó si esos animales habían sido sacrificados siguiendo la ley (Hitler promulgó leyes muy estrictas sobre bienestar animal), y sólo depuso su actitud cuando comprobó cómo habían muerto los caballos. En otra ocasión, con los rusos a unos pocos kilómetros de Berlín, el hambre llevó a los vecinos hasta un almacén donde aun había algo que comer, pero al llegar se encontraron con que el funcionario, respaldado por dos SS, se negó a entregar la comida sin una orden escrita de la superioridad, y ello a pesar de que ya se oían las orugas de los tanques rusos; frustrados, los berlineses se fueron con las manos vacías, pero aun pudieron escuchar, poco después, como las bombas destruían ese almacén…, es decir, el funcionario fanático prefirió que los víveres se quemaran ates que entregarlos a los hambrientos.

 

Ese fanatismo ciego, extremo, irracional, demencial, es el que condujo a la población alemana a sostener al Führer y no conjurarse contra el partido y el gobierno. Y no sólo al final. Hace años se publicaron miles de cartas escritas a sus familias por soldados de la Wehrmacht destinados en los frentes o en los campos de exterminio, cartas en las que explicaban qué estaban haciendo, cómo mataban y asesinaban a hombres, mujeres y niños sin el menor remordimiento, con frases como “parece cruel pero es necesario”, “cumplimos las órdenes con entusiasmo, pues vienen del Führer”, “no se cuestiona ni se duda cuando se nos ordena matar a mujeres, niños o sumisos”… Es decir, la población ya sabía qué estaba pasando, qué ocurría y cómo se trataba no sólo a los prisioneros, sino a los no combatientes y a los encarcelados por ser de esta etnia, pensamiento u origen. Pero ese conocimiento no produjo ninguna crítica, ninguna duda de conciencia, ninguna desconfianza o indecisión.

 

A situaciones tan terribles como estas conduce el fanatismo que lleva a alguien a proclamar con orgullo que seguirá votando a este partido y a este líder político haga lo que haga. Muchos se han preguntado cómo los alemanes (tenidos por racionales y lógicos) pudieron caer en las redes del Partido Nazi. Hoy se puede ver cómo en los países democráticos se llega a eso.         

 

La ideología política, en fin, distorsiona el pensamiento y fanatiza a la persona. Comprobado. Pero aún así, hay quien cae en la trampa, como quien entra en una secta sabiendo lo que es y lo que van a hacer con él.

 

CARLOS DEL RIEGO


lunes, 2 de marzo de 2026

AUMENTAN LAS SUBVENCIONES AL CINE ESPAÑOL, PERO LA TAQUILLA BAJA IMPARABLEMENTE

 


Debe ser verdaderamente vergonzoso para todos los que reciben subvenciones y no logran ni mil espectadores ver cómo triunfan películas sin mayores pretensiones ni ínfulas artísticas

 

Según el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Visuales, el año pasado se estrenaron un total de 727 películas españolas. Todas fueron subvencionadas, pero la venta de entradas en taquilla fue catastrófica, con cifras vergonzosas en la mayoría de los casos; por ejemplo, casi un 40% de esos estrenos no congregaron ni a ¡100! espectadores

 

Ciertamente el cine ya no es lo que era, ya no tiene el tirón comercial que tuvo en otro momento, cuando era uno de los recursos de ocio más importantes. Hoy el cine (al igual que muchas otras alternativas de entretenimiento) ha bajado su tirón entre el público, ya que tiene que competir con internet, las plataformas de televisión, deportes televisados y actividades deportivas, conciertos de todo tipo al alcance de la mayoría… Sea como sea, el cine, ya sea español o no, ha dejado de tener el encanto que tuvo hace unas décadas, cuando un gran estreno producía grandes colas en las taquillas.

 

A pesar de ello, aun hay películas que congregan a millones de espectadores. Sin embargo, el cine de producción nacional ha caído de modo escandaloso a pesar de apoyo financiero que tiene por parte del sector público. Por un lado una gran mayoría de actores, directores, productores han despreciado a aproximadamente la mitad de los posibles espectadores, que lógicamente han renunciado a ver las producciones de quienes los insultan, Por otra parte, una proporción elevadísima de filmes tienen evidente sesgo político, siempre escorado hacia el mismo lado, lo cual también termina por ahuyentar a una parte muy importante de posibles espectadores. Y por último, y por causa de que cualquier película cuenta con financiación pública a priori, muchísimos títulos españoles son calamitosamente malos y carentes del mínimo atractivo.

 

Las cifras proporcionadas por aquel Instituto, y también por el propio Ministerio de Cultura, arrojan cifras y proporciones vergonzosas. Solamente una película ha superado la barrera del millón de espectadores (en realidad, más de dos millones), ‘Padre no hay más que uno 5’, de Santiago Segura, que ha reunido nada menos que al 16,6% de todo el público del cine español el año pasado. Por el contrario, casi el 40% de las películas españolas estrenadas en 2025 (282 de 727) no llegaron a congregar ni a 100 (sí, cien) espectadores; es decir, todas esas pelis pueden ser consideradas ‘películas fantasma’, puesto que casi nadie las ha visto (aunque se sabe que existen ya que cobraron la subvención). Además, solamente cinco filmes (el 0,68% de las mencionadas 727) vendieron  más de medio millón de entradas. En el otro lado, casi el 95% no llegaron a 50.000 espectadores, y el 87% ni a 10.000…

 

Y hay otras cifras que evidencian la caída libre del cine de producción nacional. El año pasado cada español sólo fue una vez y media a ver una película española. En los últimos diez años la asistencia a pelis españolas ha caído en más de un 25%, y la previsión es que aun no se ha tocado fondo. Y eso a pesar de los 826 millones que el Ministerio de Cultura entregó a las productoras de cine en los últimos años (a lo que habría que añadir las subvenciones de autonomías y ayuntamientos). Igualmente es de destacar que de cada 35 euros de subvención Hacienda recupera uno (un miserable pavo) en concepto de IVA (siempre reducido); y también hay que hacer referencia a las deducciones y exenciones fiscales en el Impuesto de Sociedades, que se sitúa en el 30%. Estos incentivos fiscales se traducen en millones de euros.

 

La comparación con el cine extranjero también ha ido a peor; hace unas décadas por cada euro recaudado por el cine español se recaudaban 3.5 del foráneo, mientras que hace un par de años la proporción es de 1 a 4.7.

 

El exceso y descontrol de la subvenciones está convirtiendo a los cineastas en funcionarios sin pasar por la oposición, lo que quiere decir que sólo están obligados a producir sin mirar a la calidad. Y tampoco es argumento proclamar que hay que financiar la cultura, puesto que, de ser así, habría que financiar a los grupos musicales y cantantes (de clásica, de rock, de folk, de jazz…) cada vez que editan disco, e igualmente a los escritores con sus libros, pintores con sus pinturas, escultores, arquitectos, masas corales, compañías de danza (de clásica a moderna pasando por flamenca), circos, grupos teatrales…

 

En resumen, menos subvención, menos ideología y más talento, mérito y esfuerzo.

 

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 16 de febrero de 2026

EL ÚLTMO DISPARATE DE LA UNIÓN EUROPEA: HA DECIDIDO QUE LOS HOMBRES PUEDEN QUEDAR EMBARZADOS

 La comedia 'Junior' ya planteó el disparate de un hombre preñado


 


La comedia 'Junior' ya planteó el disparate de un hombre preñado

El Parlamento Europeo, aparte de gastar a manos llenas el dinero de los ciudadanos, sólo sirve para ir del ridículo a la mamarrachada, del disparate a la necedad, y casi siempre en contra de la lógica y del bien común (como demuestra el esperpento de los acuerdos comerciales con Hispanoamérica). El último ejemplo es un desvarío de proporciones inimaginables: han decidido que los hombres trans pueden quedar embarazados

 

Así es, como bien dice el refrán: cuando el diablo no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo. De este modo han perpetrado un acuerdo llamado UE-Mercosur, que viene a poner en el mercado europeo todo tipo de mercancías agrícolas procedentes de Sudamérica (luego vendrán de otras procedencias) sin que se exija a aquellos productores todos los requisitos que se exigen a los de este lado del océano en cuestiones de seguridad, sueldos, uso de pesticidas y sanitarios, horarios…, por no hablar de que la producción agrícola exigirá deforestar el Amazonas para sembrar, y cuando la tierra se agote, deforestar más y más… Es una muestra de que en las oficinas legislan y llegan a acuerdos sin conocer la verdadera realidad, pie a tierra, sobre el terreno. Pero este auténtico desvarío es poca cosa comparándolo con otras decisiones que se toman en ese aquelarre de parásitos.

 

Y es que la última ha sido tomar la decisión de que los hombres trans pueden quedarse preñados, es decir, es decisión suya ir contra la naturaleza y obligarla a plegarse a sus designios y sus leyes. Siguiendo por esta senda, mañana decidirán, por ejemplo, que los simios puedan tener acceso a la universidad, o que las buenas personas no puedan sufrir enfermedades, o que los volcanes no tienen derecho a verter gases a la atmósfera. En fin, los chupópteros de la Unión Europea no han encontrado nada mejor que hacer que negar el hecho de que sólo las mujeres biológicas puedan concebir; les da igual que el sexo masculino carezca de útero, ovarios, trompas, vagina…, ellos (y ellas) han decretado que la Naturaleza es facha, retrógrada, machista, heteropatriarcal… y que, por tanto, debe quedar al margen de las decisiones tomadas democráticamente en el Parlamento Europeo, decisiones apoyadas por partidos de uno y otro signo. Síntoma evidente de demencia.

 

Los verdaderos problemas (guerras, dictaduras, violencias de estado, hambres, emigraciones masivas y sin control, niñas forzadas al matrimonio, ablaciones…) no preocupan a los sinvergüenzas que viven a costa del trabajo de los ciudadanos, de modo que gastan su tiempo y el dinero de los demás en gilimemeces delirantes. No es extraño que este parlamento ya haya sido calificado de auténtico manicomio. Claro que Estados Unidos ya pasó por absurdos parecidos. Cuando el presidente era Joe Biden, la subsecretaria de salud, Rachel Levine (mujer trans), quiso que al hablar o legislar sobre reproducción se eliminara la palabra ‘madre’ y fuera sustituida por ‘productor o portador de óvulos’, y también que se dejara decir que ‘la madre dio a luz’ y en su lugar se dijera ‘el bebé salió del útero’. Demencial.

 

La locura más peligrosa ya ha tomado los centros de poder, tanto a escala provincial como nacional e internacional. Luego habrá quien se extrañe de que los ciudadanos que siguen regidos por la lógica, por la realidad y la sensatez, apoyen a partidos que adelantan por la derecha a los que legislan contra la naturaleza y la razón.      

 

CARLOS DEL RIEGO


viernes, 30 de enero de 2026

LAS CORTINAS DE HUMO Y MANIOBRAS DE DISTRACCIÓN DEL GOBIERNO PARA ESCODER SUS INNUMERABLES VERGÜENZAS

 

La culpa es del cambio climático, de la oposición, del imperialismo, del capitalismo, del machismo

Todos los gobiernos del mundo, sean del signo que sean, y el de España no es una excepción, harán lo que sea, lo que sea, para mantener el poder; y los partidos que aspiren a conseguir el poder, harán lo que sea, lo que sea, para conquistarlo. Eso es, esencialmente, la política: la conquista o la conservación del poder, y todo lo demás es absolutamente secundario y sacrificable

 

En los sistemas democráticos occidentales lo importante es alcanzar el mando, tener mayorías parlamentarias para hacer prácticamente lo que se desee. Y una vez que se tiene la mayoría de los votos del parlamento se puede legislar a conveniencia y, desde ahí, se pueden colocar jueces afines (juez y parte) en los altos tribunales del estado, y controlar a voluntad los medios oficiales, con lo que los gobiernos pueden actuar, en la práctica, como verdaderas dictaduras. Y cuando los escándalos estallan, cuando las infraestructuras se descuidan y se producen accidentes con muertos a causa de la incompetencia, o cuando los altos cargos del estado no pueden esconder sus chanchullos, desfalcos o expolios (amén de amiguismos, nepotismos, enchufismos…), en fin, cuando todo eso ya no puede esconderse, entonces los gobiernos suelen recurrir a las cortinas de humo, a las maniobras de distracción, a buscar con qué desviar la atención y el personal deje de hablar de ellos.

 

Tal cosa viene sucediendo en España (y en todo el mundo) desde hace…, aunque nunca tanto como en los últimos años. Un ejemplo clarísimo que sólo permanece a oscuras para los más fanáticos es el de ‘caso’ Julio Iglesias. El fiscal ha desestimado la acusación por un  asunto de competencias: los supuestos hechos delictivos sucedieron en otros países, las demandantes no son españolas y el demandado no reside en España… Sin embargo, nadie puede negar que estos ‘detalles’ eran conocidos por la fiscalía desde el minuto uno, de hecho, todo licenciado en Derecho lo habrá estudiado en el primer curso de carrera. Pero han tardado semana y media en desestimar los cargos, y sólo se han echado atrás cuando se han publicado los mensajes enviados por las demandantes al cantante después de los supuestos abusos, así como la apertura de una cuenta de ‘onlyfans’ por parte de una de ellas ofreciendo sus ‘servicios’, o la vida padre que se daba la otra, que manifestaba no tener dinero para el tratamiento contra la depresión que le produjeron los ‘abusos’.

 

En fin, que lo importante era mantener la atención ahí para distraer al personal de lo cometido por los cargos del partido. No sólo por los el trío formado por Koldo García, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, tipos evidentemente corruptos (aunque aun sean ‘presuntos’) cuyos audios y documentos muestran comentarios deleznables sobre la contratación de prostitutas y la consideración que tienen estos crápulas de la mujer. También han saltado las denuncias (inmediatas, sin esperar años, y con nombres y apellidos de las denunciantes) contra el tal Paco Salazar y Antonio Hernández, su mano derecha, cómplice y encubridor desde su posición como director del departamento de Coordinación Política en el Gabinete de la Presidencia; y contra Toni González, alcalde de Almusafes y vicesecretario provincial del PSPV; y contra José Tomé Roca, presidente de la Diputación de Lugo y alcalde de Monforte de Lemos, y que fue encubierto por el líder del PSdG, quien ha reconocido que sabía de las acusaciones por acoso contra él; y contra Antonio Navarro, ex secretario general del PSOE en Torremolinos (repugnante es su “¿ese escote lo has tenido siempre?”). También Francisco Luis Fernández Rodríguez, alcalde de Belalcázar, Córdoba, que entregó su renuncia tras hacerse públicos mensajes de whassap en los que acosaba con propuestas sexuales a una trabajadora municipal. Y Javier Izquierdo, ex senador y ex secretario de Estudios y Programas de la Ejecutiva Federal del PSOE… Y se podría continuar.

 

En el partido lo sabían todo, conocían perfectamente todos y cada uno de los casos, pero decidieron no actuar, callar, puesto que como este partido presume de ser el más feminista… Entonces, en lugar de coger el toro por los cuernos y demostrar que irían contra todo tipo de actuaciones machistas y abusos aunque procedieran de sus propias filas (lo que les hubiese proporcionado legitimidad y credibilidad), decidieron utilizar la herramienta de la maniobra de distracción, la cortina de humo que proporciona la fama y notoriedad del cantante, quien volvió a la actualidad como en sus días de máximo éxito.  

 

Con los accidentes causados por incompetencia y por el desvío de fondos públicos en beneficio del partido y sus altos cargos, también se han buscado modos de desviar la atención y tratar de sacudirse la culpa. Y para ello se utilizan los medios de comunicación afines, subvencionados y dominados por el poder, donde se da voz en exclusiva a los responsables de las catástrofes para que expongan su versión, acusen a otros y se presenten como víctimas. 

 

En fin, después de las últimas cortinas de humo presentadas por el poder (herramienta a la que recurren todos los partidos y políticos de cualquier ideología), ¿cuál será la próxima maniobra de distracción? Parece que el recurso a Franco está ya bastante desgastado y resulta difícil de tragar incluso para los más convencidos; la utilización del cambio climático aun puede estirarse un poco más, pero no vale para todo y la tendencia en todo el mundo va hacia la desconfianza en las predicciones de inminentes catástrofes climáticas; tal vez traten de volver la atención del personal hacia Gaza, o hacia los disparates de Trump, o insistan en los bulos que lanzan los ‘pseudomedios’, o vuelvan con el imperialismo capitalista, o insistan con el ‘machismo heteropatriarcal’ culpable de todos los males de este mundo… De los políticos se puede esperar cualquier barbaridad.

 

CARLOS DEL RIEGO


martes, 13 de enero de 2026

QUIENES SUFRIERON LA TIRANÍA DE MADURO CELEBRAN SU CAÍDA, Y LOS QUE NO, LA CONDENAN. INCOMPRENSIBLE

 


Está claro

 


No se producen manifestaciones ni protestas en EEUU o Europa
 por la causa de los presos políticos

Es verdaderamente asombroso, desconcertante, el hecho de quienes sufrieron en sus propias carnes la dictadura chavista de Nicolás Maduro, es decir, los venezolanos, han celebrado, cantado y festejado su caída, mientras que quienes han visto todas las fechorías del tirano sin moverse del sofá y sin experimentar por sí mismos el terror y la violencia, se echen a las calles gritando y protestando indignados  

 

Es una situación esperpéntica, kafkiana: el derrocamiento y captura de Nicolás Maduro, un tirano, asesino, narcotraficante, torturador y ladrón, un fascista que robó las elecciones en su país, ha sido celebrada por una aplastante mayoría de venezolanos (tanto los que viven aún en Venezuela como los 8 millones de exiliados, un tercio de la población); y a la vez, quienes nunca jamás fueron perseguidos, encerrados en las prisiones y centros de tortura de la dictadura de Maduro, quienes han visto todo desde la seguridad del sillón, sin riesgos, sin conocimiento de primera mano, sin saber realmente qué pasaba bajo la bota del dictador, se manifiesten en muchísimas ciudades de EE UU o Europa protestando y gritando… En resumen: los que han vivido todo en primera persona se alegran, y los que han ‘visto’ todo desde miles de kilómetros (o sea, los que desconocen lo que verdaderamente pasaba) critican, se indignan, acusan… Una situación grotesca: no han corrido riesgos pero se rasgan las vestiduras en nombre de los que se alegran porque ha acabado su sufrimiento.

 

Diversos organismos internaciones (incluyendo la ONU) tachan la acción de Estados Unidos como un atentado al derecho internacional. Algo que choca frontalmente con la cantidad de resoluciones que la propia ONU (y otros organismos) ha declarado en contra de la violación sistemática de derechos humanos que durante décadas ha perpetrado el gobierno venezolano. ¿Acaso la detención, tortura y asesinato de miles de venezolanos no va contra el derecho internacional? ¿Por qué el evidente robo de las elecciones perpetrado por Maduro no provocó manifestaciones e indignación en todo el mundo?

 

Unas pocas decenas de presos políticos han sido liberados, algo que los manifestantes han celebrado y esgrimido como gesto democrático…, como si el hecho de tener presos por ideología política no fuese profundamente antidemocrático; por no hablar de las alrededor de 800 personas que aún permanecen encarceladas sin más delito que discrepar o denunciar al régimen, e incluso ni eso. El edificio llamado el Helicoide, conocido centro de tortura, sigue abarrotado de venezolanos (y de otras nacionalidades) que temen que cada día sea su último día. ¿Cómo es que no se ha convocado ni una sola manifestación para exigir la liberación de los presos políticos?

 

Nicolás Maduro tiene la escalofriante cifra de10.000 millones de dólares en un solo banco en Suiza, el cual ha declarado que, de momento, esas cuentas quedan congeladas; hay que pensar cuánto tendrá en otros países, incluyendo paraísos fiscales. El Imperio Español extrajo unas 180 toneladas de oro a lo largo de tres siglos en toda Hispanoamérica; Maduro tiene atesoradas 113 toneladas de oro a su nombre en Suiza y otros países. ¿Por qué este monstruoso latrocinio no provoca protestas en todo el mundo?

 

Afirman los manifestantes que el Presidente de EEUU ha invadido Venezuela para hacerse con el petróleo; sin embargo, como cuentan muchos periodistas e intelectuales venezolanos, su país lleva muchos años invadido y expoliado su petróleo por Rusia (mediante Rosneft, la empresa estatal rusa de petróleos, que lleva décadas controlando alrededor de 40-45% del crudo venezolano), por China, Irán, Cuba…, cuyos agentes circulan por Venezuela con total seguridad y protegidos por el régimen chavista. Por otro lado, como es sabido, gran parte de los escoltas que guardaban a Maduro en su búnker, y que fueron abatidos durante la operación, eran mercenarios cubanos.

 

Igualmente, todo el que está verdaderamente interesado en la problemática venezolana sabe de los acuerdos y la financiación del régimen con grupos terroristas y narcoterroristas, como el ELN, las FARC, Hamás… ¿Verdaderamente todo esto no produce escándalo, repulsa internacional manifestaciones y denuncias en todo el mundo? ¿Por qué?

 

Podría añadirse que siendo Venezuela uno de los países con mayor riqueza del mundo tiene a más del 90% de su población viviendo en la pobreza; que casi el 30% de los venezolanos (alrededor de 8 millones) ha tenido que huir del país para no caer en las garras de la dictadura o para buscarse la vida; que durante la etapa chavista-madurista la renta per cápita ha pasado de 15.000 dólares al año a menos de 3.000; que en estas décadas ha habido no menos de 25.000 detenciones por motivo de opinión o ideología y no menos de 15.000 ejecuciones extrajudiciales, que 400 medios de comunicación han sido censurados o cerrados, que ha habido varias elecciones robadas, que se han expropiado arbitrariamente decenas de miles de empresas, que la corrupción entre los afines al régimen ha sido a manos llenas y sin esconderse…, según datos avalados por la ONU y otros organismos internacionales.

 

¿Nada de esto, que sucede desde que Nicolás Maduro Guerra accedió al poder en 2013, provoca condena, alboroto y griterío en todo el mundo?   

 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 11 de septiembre de 2025

LOS POLÍTICOS SE HAN CONVERTIDO EN UNA PLAGA, UNA MALDICIÓN, UN AZOTE PARA LA POBLACIÓN

 


No se precisa más explicación

 

Al igual que muchas otras cosas han realizado una evolución lógica, una actualización (la televisión, la publicidad, los coches…), la política precisa cambios urgentes, puesto que se ha quedado absolutamente obsoleta; es más, ha degenerado. Y todo a causa de la existencia del político vitalicio, ese que entra en política con veintitantos años y ahí se queda hasta la jubilación y más

 

Es, sin duda, el gran problema de la democracia a día de hoy. El político llega a la política con intención de no dejar esa situación privilegiada jamás. De ese modo, al poco de conseguir su acta y su primer sueldo salido de las arcas públicas, el político hace de la política su único objetivo, su única meta, su única preocupación. El bien común deja de tener ninguna importancia a los pocos años de conseguir un puesto, un cargo de poder.

 

Cinco, seis o siete años en política (si no antes) son suficientes para que el político sólo piense en la política, es decir, en el poder: conservarlo o conquistarlo. Y para ello estará dispuesto a lo que sea: mentirá, sobornará, traicionará, manipulará, difamará… Es como en la película ‘Alien’: cuando la protagonista (la teniente Ripley) accede al ordenador central de la nave y pregunta cuál es el objetivo de la misión se encuentra con que la orden es: “Llevar organismo vivo a la tierra. Las demás consideraciones anuladas. Tripulación sacrificable”. Tal cual es la cosa para el político, para todos los políticos de todos los partidos de todos los países: lo único que importa es conseguir el poder a costa de lo que sea, a costa de quien sea, sin consideraciones de moralidad, integridad, conciencia, lealtad, justicia…, nada de eso cuenta, todo eso deja de tener valor o significado y, por supuesto, toda persona que se interponga es sacrificable.

 

Por otro lado, no hará falta recordar que las mayores masacres, las más pavorosas degollinas, las más atroces matanzas han sido perpetradas invariablemente por políticos. No hay banda terrorista o mafiosa, narcos o pandilla asesina que pueda alcanzar ni una millonésima parte de las hecatombes llevadas a cabo por los políticos. Y no sólo hay que hablar de dictadores aterradores como Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot… ‘Demócratas’ como Winston Churchill llevaron a la muerte por hambre, conscientemente, a millones de personas, concretamente en la India, cuando para dar de comer a su ejército el ‘premier’ inglés arrebató cosechas enteras a la población de ese país (que entonces era propiedad de la corona británica) condenando así a tres millones de personas a morir de inanición (las fotos son inequívocas). También se pueden recordar las guerras del opio por las que Inglaterra condenó a la drogadicción a millones de chinos y al hambre a otros tantos indios: a estos los obligó a plantar adormidera en lugar de grano y a los chinos a aceptar cobrar en opio todo lo que los británicos compraban en China. Los ‘demócratas’ padres de la patria de EE UU llevaron casi a la extinción a los indios de este país pagando en efectivo por sus cabelleras, eliminando su principal fuente de subsistencia (los bisontes) o confinándolos en campos de concentración llamados reservas (hoy menos del 1% de la población estadounidense son amerindios). Como es sabido, hasta la segunda mitad del siglo XX los indios y los negros (que fueron linchados ‘legalmente’ durante…) no fueron ciudadanos de pleno derecho. Podría hablarse de las matanzas que ingleses y holandeses perpetraron en Sudáfrica con su régimen racista…Y así podría continuarse enumerando atrocidades cometidas por políticos elegidos democráticamente (sin tener en cuenta, lógicamente, los de épocas preindustriales).

 

En pocas palabras, los políticos vitalicios, eternos, para siempre, son una plaga, una desgracia para la población, pues los ciudadanos les importan tres pares de coj… Lo único que tienen en mente en tener y mantener un sillón, concretamente el que más poder conlleve.

 

¿Y cómo se convierte uno en político? Fácil: se entra en un partido y se empieza a hacer la pelota y a lamer el culo del candidato que más poder tenga o parezca tenerlo. Y cuando éste pierda las elecciones o el favor del mandamás, no hay problema, se cambia de culo y se convierte uno en pelota y correveidile de quien parezca que va a ser jefe. O sea, para ser político con proyección o posibilidades sólo hay que saber ser veleta, traicionar, cambiar de camisa y halagar a quien antes acusabas y denostar a quien antes halagabas. Así se tendrá la seguridad de subir en el partido, lo que significa que se tendrán muchas más posibilidades de acceder a la poltrona, al poder. En pocas palabras, para subir en el partido hay que olvidarse de lealtad o moralidad.

 

La única solución es proscribir la figura del político profesional, prohibir el cargo de político vitalicio, impedir la permanencia en política más allá de seis o siete años. Y sustituir a esa especie de parásito egoísta por el ciudadano metido temporalmente a labores políticas, es decir, cuando uno alcanza un cargo pagado con dinero público, al lado de la fecha de entrada en vigor de ese cargo ha de estar la fecha de extinción de su estancia en política. En resumen, seis, siete u ocho años ( nunca más de ocho, que es un diez por ciento de la esperanza de vida de una persona) con cargo pagado con el dinero de todos y ‘pa casa’, a trabajar y no a vivir a costa de los demás. Hay dos problemas: el primero es que quienes tienen que decidir esto son precisamente… ¡horror!, políticos; y el segundo es que gran parte de la población defiende a los políticos a los que votan, los buenos, e insulta a los otros, los malos; pero no hay nada que se parezca más a un político que otro, sean del partido que sean.

 

Todos los profesionales de la política, todos, son vagos, parásitos, mediocres, cobardes, veletas, traidores, sembradores de cizaña. ¡Gentuza indeseable!  

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 23 de abril de 2025

UN HIPÓCRITA ALÉRGICO AL TRABAJO LLAMADO KARL MARX

 



 Sus palabras, inflexibles y contundentes, fueron contrarias a su elástico comportamiento y su vida personal

Como ocurre casi siempre con personajes históricos que son admirados e incluso idolatrados, Karl Marx, el principal ideólogo del comunismo, esconde muchos, muchísimos ‘cadáveres’ en el armario en forma de contradicción, discriminación, hipocresía, tergiversación, plagio, y lo que hoy se definiría como cara dura. Se cumplen 140 años de la edición del segundo tomo (póstumo) de su obra ‘Das Kapital’, un texto farragoso, dificilísimo de leer, casi ininteligible

Karl Marx (1818-1883) es un personaje clave en la historia contemporánea que, como suele ser habitual, muestra una biografía con muchas sombras. No son pocos los autores, historiadores e investigadores que han puesto a la vista los abundantes trapos sucios del fundador del marxismo. Y no se trata de ideología (algunos de esos autores habían sido marxistas), sino de la verdad documentada, probada, indiscutible, una verdad que, por otro lado, será insuficiente para convencer a quien jamás aceptará la evidencia si ésta no coincide con su ideología.

 

El gran defensor de los trabajadores y martillo de la burguesía, el ‘inventor’ del comunismo, se casó con una rica aristócrata (Jenny von Westphalen) y vivió a costa de su herencia hasta que se acabó…, y ello a pesar de haber escrito y ‘filosofado’ sobre lo injusto de las herencias. Jamás quiso ni tuvo lo que se dice una ocupación, un trabajo con el que mantener a su familia, una obligación masculina que nadie (ni él mismo) cuestionaba en el siglo XIX. De este modo, cuando se acabó el patrimonio de su mujer, se las arregló para vivir a costa de su amigo y colaborador Friedrich Engels, auto-declarado comunista y, a la vez, millonario propietario de fábricas en Inglaterra; Engels escribía contra la propiedad y la riqueza pero era muy rico y posesor de grandes propiedades. Esta contradicción también se observa en Marx, pues escribió o coescribió cientos de páginas acerca del trabajo y el trabajador y, sin embargo, no sólo se negó a trabajar (en la factoría de su amigo, por ejemplo), sino que ni siquiera tuvo curiosidad por ir a ver por sí mismo qué era eso de una fábrica y cuáles eran las condiciones de los proletarios que trabajaban para Engels.

 

Sorprendente y contradictoria es su relación con su sirvienta Helene Demuth, de la que nació un hijo. El adalid del comunismo engañó a su mujer (doblemente) haciéndole creer que el recién nacido era de su incondicional Engels. Sin embargo, lo verdaderamente incoherente no es que se entendiera con la fámula, sino que caía en una postura que él siempre había tenido por ‘asquerosamente burguesa’: tener criados, personas a su servicio.

 

Leopold Schwarzschild (1891-1950) fue un escritor e historiador alemán que estudió la correspondencia que durante cincuenta años mantuvieron Marx y Engels. Así, en su obra ‘El prusiano rojo. La vida y la leyenda de Karl Marx’ deduce (con muchísimos argumentos y evidencias incontestables) que “fue un hombre que encontró en el proletariado un instrumento de su ambición personal”. Igualmente este autor expone que Marx siempre fue un vividor alérgico al trabajo (sus escritos le proporcionaron poco rédito), así que cuando la familia de su mujer dejó de ser su fuente de ingresos, “sedujo a Engels para que lo mantuviera”. O sea, que jamás trabajó. “Nunca realizó el más mínimo esfuerzo por visitar una fábrica o conocer un sistema productivo. Más bien, sus esfuerzos se volcaron en vivir de Engels, consiguiendo de su amigo una auténtica pensión vitalicia”.

 

Que era racista queda evidente en su correspondencia. Por ejemplo, a Ferdinand Lasalle (filósofo, político, 1825-1864) lo trató de “negrito judío” y “judío grasiento”; en una carta que le escribió a Engels en 1862 dice de él: “Ahora no tengo la menor duda de que, como indica la conformación de su cráneo y el nacimiento de su cabello, desciende de los negros que se unieron a Moisés en su huida de Egipto, a menos que su madre o abuela paterna tuvieran cruce con negro” (¿?). Por la misma razón se oponía  a la boda de su hija con Paul Lafargue porque éste era de origen cubano y tenía la piel oscura; sus desprecios no terminaron una vez casados, pues tildaba despectivamente a su yerno de “negrillo” o “gorila”. La soberbia era otra de sus ‘virtudes’: si algún obrero se atrevía a discutirle alguna de sus afirmaciones reaccionaba con violencia y lo tachaba de “ignorante”; por ello, cuando alguno de sus compañeros de la Liga Comunista le contradecía era apartado fulminantemente de los órganos de dirección, donde sólo estaban sus afines incondicionales.

 

Casi nadie niega ya que la mayor parte de las obras literarias que se le atribuyen las escribió Engels (fuera quien fuera, esa escritura no puede ser más confusa y enrevesada, tan oscura que parece no quiere ser entendida). Pero también se apropió de pensamientos y reflexiones ajenas; por ejemplo, en sus textos aparecen máximas y sentencias que, al no citar al verdadero autor, parece que son originales, como “la religión es el opio del pueblo”, que Heinrich Heine escribió en 1840 (y otros antes); igualmente se apropió de “los obreros no tienen nada que perder salvo sus cadenas”, cuyo autor es el sanguinario revolucionario francés Jean Paul Marat (‘L´ami du peuple’); o la tan divulgada “¡proletarios del mundo, uníos!”, que aparece en el Manifiesto del Partido Comunista como propia, aunque es del también alemán Karl Sapper.

 

A pesar de la enorme influencia de Karl Marx en el último siglo y pico, hay que conocer la cara más personal del hombre para poner al personaje en su sitio.

 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 2 de enero de 2025

“LOS HIELOS DE LOS POLOS SOLO SE FUNDEN EN LOS MODELOS DE ORDENADOR”

 


Los hielos árticos, unos 4.5 millones de kilómetros cuadrados, apenas han variado en casi 20 años

 

En los últimos años han aumentado las asociaciones y declaraciones de científicos que cuestionan la ‘emergencia climática’. El año pasado fueron 1609 científicos los que negaron tal emergencia en un documento firmado por expertos de diversas disciplinas, y también hace unos cuantos meses que nació la Asociación de Realistas Climáticos, que cuestiona la falta de rigor de las proyecciones de ordenador. Muy pocos periódicos dan cuenta de esto

 

Esa asociación, ARC, la integran especialistas como meteorólogos, climátólogos, geólogos…, pero también académicos, científicos de otras ramas de la ciencia, intelectuales y gentes de la cultura que hacen más caso a las pruebas y evidencias científicas que a los modelos y previsiones de ordenador, a la ciencia antes que a la ideología.

 

El alarmismo climático se ha instalado en el pensamiento y en la convicción de gran parte de la sociedad occidental (seguro que en zonas deprimidas del planeta no existe tal preocupación), agitado por ciertas ideologías y con el trasfondo de gran cantidad de empresas y corporaciones que ya están haciendo su agosto. Así, el catastrofismo, el alarmismo y el tratar de atemorizar siempre tienen eco en todos los medios, mientras que la discrepancia basada en pruebas es casi siempre ocultada.

 

Es absolutamente cierto que ninguna de las profecías catastrofistas que se vienen haciendo desde hace más de cuatro décadas se ha cumplido una vez que llegó el momento predicho. Una de las que vienen repitiéndose desde los años ochenta del siglo pasado es la de la fusión de los hielos polares con el consiguiente aumento del nivel del mar; claro que cada vez que se cumple el plazo ponen otro para años más tarde… sin que gran parte del personal lo ponga en duda ni sospeche de los profetas.

 

El problema es que las predicciones y los augurios de fusión de los hielos árticos (que invariablemente no se cumplen) se basan siempre en modelos de ordenador, y éste presenta unas conclusiones basadas en los datos introducidos, que básicamente se reducen a uno: el aumento del CO2. Pero parece más que demostrado científicamente que factores como la actividad solar (erupciones, tormentas), las corrientes oceánicas (el Niño, Benguela, el Golfo), los grandes movimientos de masas de aire, las erupciones volcánicas masivas…, tienen efectos determinantes sobre el clima y sobre los hielos polares; por no hablar de la variabilidad climática natural: glaciaciones y períodos interglaciales. El ordenador trabaja con un modelo lineal: más CO2 es más calor y es igual a fusión del hielo; sin embargo la cosa, el clima, es mucho más complicado que un simple dos y dos. El caso es que factores tan determinantes como estos no se puede añadir a la ecuación, porque no se sabe cuándo se producen, cuál es su intensidad, cuánto duran…, de modo que la conclusión del ordenador es siempre incorrecta, mentirosa, aunque hay quien la usa para meter miedo y para ganar un montón de pasta.

 

Y así han conseguido convencer, preocupar y aterrorizar a millones de personas. Pero afortunadamente aumenta el número de científicos e intelectuales que hacen más caso a las pruebas y los datos que a la ideología y los modelos lineales de ordenador. Es curioso cómo dieron la fecha de la desaparición de los hielos polares antes del año 2000, luego en 2008, 2014, 2016…, ahora anuncian que para 2030… y habrá quien se lo trague.

 

Por todo, la mencionada Asociación de Realistas Climáticos concluye en su informe que “los hielos árticos solamente se derriten en los modelos y proyecciones de los ordenadores y nunca en la realidad”, la cual desmiente invariablemente al ordenador y a quienes aprovechan la mentira.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 25 de septiembre de 2024

EL TIEMPO DE LA MOVIDA, RECUERDOS DE LIBERTAD

 


Andy Warhol llegó a Madrid para ver por sí mismo qué era eso de la movida. En la foto, con Carlos G. Berlanga y Bernardo Bonezzi

 

En los primeros años setenta del siglo pasado había quien afirmaba que cuando muriera Franco habría otra guerra civil. Pero murió y no hubo guerra. Al revés, llegó la apertura, la libertad y la democracia; la gente, la juventud, las calles fueron hervideros de libertad. Ese fue el contexto en el que surgió lo que se llamó ‘la movida’, que no sólo fue madrileña aunque la capital fuera su centro. Quienes estaban allí entonces recordarán aquel entorno en el que se podía pensar, actuar y cantar cómo y lo que a uno le saliera, sin la inquisitorial censura que impera en la sociedad actual 

 

Al morir Franco apareció un horizonte de libertad, incluso de libertinaje y exceso. De repente todo el mundo podía decir y hacer lo que le saliera, sobre todo en el mundillo de la música, del arte. La música pop y rock (y todos sus derivados), siguiendo el camino abierto por la ‘new wave’ (la nueva ola) que llegaba de Inglaterra tras la irrupción del punk, permitía todo, desde el rock & roll clásico hasta el tecno, pasando por el estilo mod, el rock duro, el rock-folk o el pop combinado con cualquier estilo. Todo era válido y todo tenía sus seguidores porque por encima de todo estaba la libertad creativa y de pensamiento.

 

A principios de los años ochenta Madrid se convirtió en una especie de Meca de la renovada juventud española. De las cuatro esquinas del país acudían al ‘Rock-ola’, al ‘Sol’ y tantas otras salas donde actuaban los nuevos grupos, españoles y extranjeros. Sin duda allí ocurrió algo, puesto que si el mismísimo Andy Warhol quiso conocer por sí mismo qué era aquello…

 

Casi cada día se tenía noticia de un nuevo grupo, de un nuevo disco que ofrecía, ante todo, novedad, espontaneidad, autenticidad…, libertad de creación. Y así era prácticamente en toda España. De este modo, en uno de sus primeros conciertos, un grupo se presentó diciendo “Hola, somos Gabinete Caligari y somos fascistas”. Sin duda hoy habrían sido acusados, señalados, acosados, cancelados e incluso denunciados, pero entonces la cosa se entendió como lo que era: una provocación, una forma de distinguirse, no una postura ideológica de Urrutia y compañía, pues ninguno de ellos tenía nada que ver con el fascismo. Y aquello sucedió porque en aquellos tiempos existía verdadera libertad, porque se podían decir cosas que hoy los nuevos inquisidores no permiten; por otro lado, que tire la primera piedra el que a los veinte años no soltó más de una gilimemez de la que hoy se avergonzaría. Quien estuviera entonces tendrá en su memoria aquellos recuerdos de libertad.

 

Desde hace unos años los autores de canciones de rock y géneros afines tienen un enorme cuidado con las palabras y las frases, han de analizar si eso que dice este o aquel verso puede ser interpretado como una ofensa y ocasionar problemas de cancelación, insultos en las redes, declaraciones de políticos… Es decir, los que escriben canciones se autocensuran para que luego no les caiga encima el peso de la censura, esa que se siente poseedora de la verdad absoluta y, por tanto, legitimada para dividir entre buenos y malos, o sea, entre los que coinciden con el pensamiento ‘verdadero’ y quienes se atreven a llevar la contraria.

 

Los mencionados Gabinete Caligari cantaban a los toros y a la España castiza e incluso cañí. Los hoy olvidados (y efímeros) Polansky y el Ardor tenían una canción titulada ‘Negra’ que decía “Hoy por fin lo conseguí, tengo una negra, solo para mí…”. Siempre irreverentes, divertidos y provocadores, los gallegos Siniestro Total cantaban: “Ayatola no me toques la pirola (…) sólo vine a comprar pan y me enseñasteis el Corán”; y otras de letra explícita como ‘Mata hippies en las Cíes’ o ‘El sudaca nos ataca. La Orquesta Mondragón desvelaban que “Ellos las prefieren muy muy gordas, super gordas, gordas, gordas y apretás”. En su versión del ‘You really got me’ de los Kinks, Cardiacos amenazaba: “Tú te reías de mí. Nadie se burla a mis espaldas. Te vas a enterar. Quiero leerte la cartilla. Te voy a aplicar mi ley”. Un Pingüino en mi Ascensor y su ‘Atrapados en el ascensor’, ‘La mataré’ de Loquillo, ‘Sí sí’ de Los Ronaldos… En fin, eran letras más gamberras que otra cosa que sólo buscaban provocar, incomodar, desafiar, y estaban hechas (con mal gusto en muchos casos) desde una atmósfera de libertad inexistente cuatro décadas después. Si estos títulos hubieran salido en la actualidad las redes sociales arderían de ira e indignación, y los políticos y campeones del pensamiento único se rasgarían las vestiduras exigiendo juzgado para todos ellos.     

 

Pero por encima de los fantásticos grupos de pop y rock, por encima de los discos y los conciertos, lo que más añoranza y nostalgia provoca es que fueron tiempos de libertad de expresión. Hoy parecen tan lejanos.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

lunes, 1 de abril de 2024

LOS PROBLEMAS DE QUIENES NO TIENEN VERDADEROS PROBLEMAS

 

Hay criaturas convencidas de que estas acciones son eficaces contra la emergencia climática

Cuando alguien busca problemas a los que enfrentarse es que no tiene verdaderos problemas. En los últimos lustros han aparecido preocupaciones en la gente que hasta hace poco no existían. En las sociedades occidentales, en las que (más o menos) se han resuelto las necesidades vitales de la población, parte de ésta busca desesperadamente  problemas a los que enfrentarse y con los que satisfacer sus ganas de luchar, porque parece necesitar algo perverso (catástrofe, apocalipsis, holocausto) a lo que combatir, puesto que no precisan ya sacrificarse por lo elemental

 

Hay hoy en el llamado primer mundo grupos de personas que están convencidas de un próximo holocausto nuclear y otros que ‘denuncian’ una conspiración planetaria para convencer a la población de que la tierra es redonda cuando, ‘en realidad’, es plana; e igualmente los que sostienen que las vacunas contra el covid fueron un arma letal empleada para eliminar población; los persuadidos de que el mundo está cerca de una apocalipsis climática; y los que creen que la estela de vapor de los aviones es un producto tóxico para ‘fumigar’ a todo el mundo.  

 

No es nueva pero sí que ha cobrado auge últimamente la creencia en el preparacionismo. Sí, los preparacionistas son los ciudadanos que están plenamente convencidos de que pronto habrá una catástrofe a escala planetaria (bélica, nuclear, climática, energética…) y por ello se preparan para afrontarla. Así, se han construido refugios subterráneos a prueba de bombas, con protección antinuclear, herméticos y, lógicamente, abastecidos de todo lo necesario para subsistir mucho tiempo sin salir. Conservas, miles de latas, combustibles, baterías y muchísimas otras provisiones abarrotan el refugio que, creen, un día les salvará la vida. El problema es que, incluso las latas de conservas, pasados unos años no se pueden consumir; y otras cuestiones, como qué hacer con desperdicios y excrementos, cómo almacenar agua para muchos meses o años, cómo lidiar con los problemas sicológicos y de relación con otros ‘refugiados’, con la claustrofobia o las horas de ‘nada que hacer’.

 

Lo de los que creen que la Tierra es plana, los terraplanistas, parece haber perdido algo de actualidad, lo que no quiere decir que haya perdido creyentes. Esta paranoia es muy curiosa, puesto que sus adeptos aun no han explicado el por qué: ¿por qué hay quien se empeña en hacer creer a la población mundial que la Tierra es redonda cuando realmente es plana? Y da igual que se les explique que en España es de día cuando en Australia es de noche, como puede comprobarse con, por ejemplo, el Open de Australia de tenis, que allí es de noche y aquí de día; suelen decir que todo es un montaje para engañar… Así, vuelve a plantearse ¿por qué y quién ganaría con esta confabulación?

 

Aunque parezca agua pasada, la realidad es que aun hay mucha gente que acusa a gobiernos, empresas farmacéuticas, médicos, químicos, farmacéuticos (miles de personas)… de haber administrado vacunas asesinas cuando se vacunó a la población contra el covid. Por eso, cuando alguien muere repentinamente, los paranoicos de las vacunas aseguran (sin conocer el caso más que por la prensa, sin autopsia, sin conocimientos médicos) que se debe a la vacuna contra el coronavirus. Y a ésta le achacan no sólo muertes súbitas, sino asesinatos, suicidios, infartos, ictus…, incluso accidentes de tráfico, incluso incendios. Hay muchos seres racionales que no atienden a razones ni razonamientos, ni siquiera aunque los especialistas (médicos y farmacéuticos sobre todo) se lo expliquen con argumentos científicos.  

 

Algo parecido son los ‘fumigacionistas’, que son quienes están persuadidos, más allá de toda lógica, de que las estelas de vapor que dejan los aviones de pasajeros son en realidad gases muy perjudiciales para la población, por lo que suelen decir que están ‘fumigando’ al personal. Como el resto de creencias disparatadas, cualquier especialista podría explicar fácilmente lo imposible de ese riesgo. Esos aviones viajan a unos diez kilómetros de altura, lo que significa que lo que ‘fumiguen’ no caerá en el sitio donde se vaporice el supuesto producto químico, ya que los vientos y corrientes que hay a esa altura pueden llevar las partículas a cualquier sitio; de hecho, gran parte del gas que se suelte a tal altura puede tardar muchos años en llegar a tierra, incluso puede pasarse siglos a merced de todo tipo de brisas y movimientos de masas de aire. Así, si algún avieso ‘genio del mal’ ideara tal cosa, él mismo podría ser víctima de los gases, ya que nunca se sabe cuándo y dónde pueden llegar a caer las partículas de gas liberado a esa distancia sobre el nivel del mar.

 

Clásicos de la paranoia más esperpéntica son los ‘ultraecologistas’, que están dispuestos a pegarse a cualquier superficie (incluso al asfalto) o atentar contra obras de arte para “llamar la atención de la ‘catástrofe climática’ que está a punto de suceder”. Lo sorprendente es que los adeptos a esta paranoia están convencidos de que con esas acciones su ‘causa’ gana adeptos, cuando la realidad es que genera la repulsa de la mayoría (y puede ocasionar sentimientos contarios: “¿ah sí?, pues ahora contamino más”) y, por otro lado, hace caer en el desánimo a muchos otros (“bah, para qué voy a hacer nada si ya estamos condenados”). Y a quienes ponen en duda este dogma ultra se les tacha de ‘negacionistas’, sin embargo, quienes niegan la evidencia son los extremistas fanatizados, puesto que los gurús y sacerdotes climáticos llevan décadas amenazando con desgracias, apocalipsis climáticos, catástrofes a escala planetaria a pesar de que, invariablemente, nunca se cumplen los plazos dados, al contrario, se llega a la fecha señalada y no pasa nada, ni se deshielan los polos, ni se inundan las ciudades costeras ni otras profecías. Las consecuencias de la ‘emergencia climática’ de la que tanto avisan no llegan nunca. Y da igual que haya muchos científicos que nieguen la emergencia (en google se puede buscar “1609 científicos niegan cambio climático”).  

 

Cuando tienen satisfechas sus necesidades primarias, hay criaturas que necesitan otras necesidades, otros problemas, otros desastres con los que satisfacer la necesidad y el impulso de rebelarse contra algo. Y así se apuntan a cualquier chifladura que la mente pueda imaginar, y no les valen las razones o explicaciones: su dogma está por encima. Es curioso que en países del Tercer Mundo no aparecen estos fenómenos: tienen verdaderas problemas.

 

CARLOS DEL RIEGO