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lunes, 3 de agosto de 2026

90 AÑOS DEL COMIENZO DE LA GUERRA CIVIL. QUÉ HACER PARA PERDER UNA GUERRA

 


Cuando los gobiernos de las potencias occidentales vieron imágenes como estas decidieron no apoyar al gobierno que las permitía

 

Hace 90 años (18-VII-36) España se incendió con el comienzo de la Guerra Civil. El Gobierno de la República, indeciso, pasmado, tardó muchísimo en reaccionar a pesar de los rumores que hablaban insistentemente de que se preparaba una sublevación. Lógicamente, la República no quería perder la guerra, pero si hubiera tenido la intención de perderla no hubiera actuado de modo diferente a como actuó. De hecho, aquella inacción en los primeros momentos de la insurrección fue el primer paso de lo que hay que hacer si se quiere perder una guerra

 

En primer lugar hay que especificar la importancia de despojarse de ideologías, prejuicios y credos partidistas para interesarse y comprender hechos históricos, porque de lo contrario siempre se verá de modo diferente el mismo hecho si lo perpetran unos o si lo perpetran otros. Centrándose exclusivamente en cuestiones bélicas y militares resultará bastante fácil entender las causas de la derrota del gobierno en aquella guerra, puesto que sus acciones e inacciones resultaron absolutamente decisivas en el desenlace del conflicto. 

 

Muchos analistas señalan la indiferencia con la que las potencias occidentales (Inglaterra y Francia sobre todo) miraron hacia lo que pasaba por aquí; es decir, no pocos señalan que la causa de la derrota fue que esas potencias se no quisieron colaborar con la República. Sin embargo, la realidad fue totalmente la contraria a esa interpretación del hecho: si no intervinieron fue porque vieron lo que pasaba. Los gobiernos de esos países contemplaron horrorizados la violencia sin control que se ejercía en el bando republicano sin que el Gobierno de España moviera un dedo para detenerla. Ejecuciones masivas, fusilamientos de personas que estaban en la cárcel sin juicio, sin sentencia, sin que pesara sobre ellas ninguna acusación. A aquellas potencias no les pareció correcto apoyar a un gobierno que permitía todo tipo de violencias como la quema de iglesias, monasterios y conventos (incluyendo archivos y patrimonio histórico), como la persecución y asesinato de curas, monjas y seminaristas, como el secuestro, tortura y asesinato de ‘desafectos’ en las chekas…, por no mencionar las huelgas violentas, incendios, palizas, asaltos, tiroteos callejeros (más de 300 muertos en los primeros meses de 1936) o, en fin, el asesinato del líder de la oposición por parte de las fuerzas del estado con uniformes y coches oficiales. Toda aquella locura no era culpa del ejecutivo,  pero lo que no admitían Londres y París era que el Gobierno de España no hiciera nada, o sea, que permitiera tal anarquía sin intervenir. Aquellos países no iban a apoyar al bando rebelde, pero tampoco echarían una mano a un gobierno que permitía ese desgobierno. Evidentemente, a quienes ayudaron al bando nacional la violencia contra el enemigo les traía sin cuidado.

 

La falta de autoridad y de la intención de imponer el orden en las calles, ciudades y, en fin, en todo el territorio nacional, o sea, la total ausencia del gobierno republicano respecto a lo que ocurría en toda España afectó no sólo a la posibilidad de la ayuda exterior, sino que muchos militares indecisos decidieron sumarse a la sublevación ante el caos que había en todo el país. Después de las elecciones de febrero del 36 y tras el 18 de julio, en muchísimos pueblos y ciudades de España se incrementaron los actos violentos con total impunidad. Pero es que el desorden y la indisciplina reinante en el bando republicano desde los primeros momentos también mermaba la eficacia de su ejército. Al no haber una intendencia ordenada se producía un tremendo despilfarro de recursos (armas y municiones, transporte, combustible, alimentos, material médico…), que se distribuían según preferencias y simpatías, no según necesidades. Además, las tropas (regulares o milicianos) sólo obedecían a sus propios mandos: los cuerpos sindicalistas a sus comisarios y jefes, los comunistas a los suyos, los socialistas a los suyos…, con lo que existía una falta de autoridad y coordinación que mermó su eficiencia en combate. Conocido es que cuando Stalin envió un barco con material bélico ordenó que no desembarcara en Barcelona porque allí había muchos anarquistas, así que descargó en Alicante, donde se tardó muchísimo y se perdió un tiempo precioso.

 

Lógicamente, la indisciplina y la desconfianza provocaban que muchas veces la tropa acordaba por su cuenta por dónde avanzar sin tener en cuenta las exigencias que toda acción militar requiere; otras veces cambiaban de rumbo sobre la marcha porque se quería ‘escarmentar’ a este o aquel. Asimismo, los jefes y oficiales de cada compañía, división o cuerpo de ejército también desconfiaban el uno del otro, por lo que no existía coordinación, ni objetivos comunes, ni colaboración, sino que cada uno decidía por sí sin informar (hubo casos en que uno avanzaba o retrocedía sin dar cuenta a nadie, con lo que se contaba con ellos y no estaban o aparecían tropas que no se esperaban); además aquellas rivalidades y rencillas de partido llevaba a unos a no apoyar un ataque, a otros a no proteger un flanco, y a los otros a una retirada injustificada… En resumen, cada una de las unidades estaba integrada por militantes de los diversos grupos políticos que conformaban el Frente Popular y cada cual hacía la guerra por su cuenta según su interés o parecer.

 

Según cuenta el anarquista Cipriano Mera en sus memorias, tanto las Brigadas Internacionales como las unidades de Líster o los batallones de la CNT “retrocedían en desorden sin que hubiera forma de pararlos y reorganizarlos”, y señala que la causa era la falta de disciplina de la tropa y la negativa a obedecer órdenes. De hecho, el cuerpo que mandaba Mera recogió miles de fusiles y piezas de artillería abandonadas por las tropas de El Campesino que huían en desbandada. El mencionado Cipriano Mera estuvo a punto de fusilar a los miembros del Gobierno de la República a los que pilló escapando de Madrid porque pensaban que la ciudad estaba perdida; es lo que se conoce como 'el incidente de Tarancón': sin comunicar nada a los altos mandos militares, varios ministros y altos cargos decidieron huir, sin más. Mera, lo calificó como “verdadera vergüenza”, y añadió “si no monto ahora una gorda por mi cuenta es porque tengo conciencia de que no deben imponerse los puntos de vista particulares”. Otra muestra del desbarajuste se produjo al final de la guerra, cuando el coronel Casado se rebeló contra lo que quedaba del gobierno: una guerra dentro de la guerra.

 

El otro bando se recompuso rápidamente del desorden inicial, se reorganizó, estableció la cadena de mando, impuso la disciplina, todo el mundo obedecía a sus superiores, las operaciones estaban coordinadas, organizadas, pensadas. Todo eso es imprescindible para ganar una guerra, y sin ello la derrota es segura. Al comienzo de la guerra el bando republicano tenía todo a su favor: territorio, tropas y jefes, material bélico, fábricas, industrias, arsenales, recursos humanos…, pero nada de eso vale sin disciplina, mando unificado, orden…

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 8 de julio de 2026

LA IDEOLOGÍA POLÍTICA CONDUCE, INEVITABLEMENTE, AL FANATISMO



 El fanatismo ideológico condujo al apoyo a los nazis aun cuando ya se sabía qué estaban haciendo. Algo parecido sucede hoy en democracias occidentales


La ideología política nubla la mente y oscurece la razón. Así lo expresaron algunos pensadores. Resulta oportuno recordar (otra vez) al alemán Ernst Jünger, quien vivió más de un siglo y, como él dijo, tuvo tiempo para vivir y sentir todas las ideologías, después de lo cual concluyó que “la verdadera libertad sólo se alcanza cuando uno se sacude la ideología política, ya que ésta termina por esclavizar la mente”. Esta evidencia se confirma continuamente, puesto que la mayoría de las personas no cambian el sentido de su voto hagan lo que hagan ‘sus’ líderes políticos

 

“Yo votaré a este partido aunque le esté quitando la comida de la boca de mi hijo”, manifestó sin el menor rubor una mujer cuando se acercaban unas elecciones. Igualmente, en la misma circunstancia, un hombre proclamó, no sin cierta dosis de orgullo, que “yo votaré a este político aunque me haya robado la cartera y se haya acostado con mi mujer”. Son dos muestras (podrían recordarse muchas otras de similar intención) de que la ideología política se ha impuesto a cualquier razón, a cualquier evidencia, a cualquier modelo de cordura. Se confirma, sin la menor duda, lo que Jünger afirmaba sobre la forma con que la ideología política termina por arrebatar la libertad de pensamiento a las personas, convirtiéndolas en esclavas, en marionetas que pensarán lo que la ideología y los líderes políticos les digan: qué pensar, qué decir, qué hacer.

 

“El actual gobierno mete miedo, pero yo seguiré votando al partido que lo sostiene”. “No cabe duda de que son unos corruptos sin conciencia, pero yo volveré a votarlos”… Son algunas de las respuestas que dan ciertas personas a los entrevistadores de las empresas de sondeos cuando se acercan unas elecciones: el fanatismo se impone a la razón. Quien opta por una papeleta de voto u otra en función de las personas y sus actos, y no en función de las siglas de este u otro partido político, se puede quedar de piedra ante el modo de ‘pensar’ de quienes manifiestan tal grado de fanatismo.

 

Durante la tiranía nazi en Alemania (de 1933 a 1945) la gran mayoría de los alemanes apoyaron incondicionalmente al Führer; cierto que quienes se expresaron en contra fueron rápida y sistemáticamente eliminados: comunistas, socialistas, demócratas, críticos…, además de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados físicos y mentales. Pero la realidad es que la población en general defendió fanáticamente al líder, incluso denunciando a quien se atrevía a manifestar no ya críticas, sino simples dudas (hay alguna excepción, como la protagonizada por la organización ‘La rosa blanca’ en 1942-43, que terminó con todos en la guillotina). Cuando ya estaban en marcha los campos de concentración y exterminio, los guetos, las ejecuciones sin juicio (o con juicio si el juez era Roland Freisler o parecidos), la invasión de Polonia, Bélgica, Holanda, Francia, Rusia y, en fin, la guerra contra todo y contra todos, el partido nazi no perdió el favor sincero de los germanos; de hecho, ni siquiera cuando a finales de 1944 ya se sabía que la guerra estaba perdida los ciudadanos se volvieron contra el partido y el gobierno. Se conocen casos de fanatismo extremo: cuando el alimento ya había desaparecido de las tiendas, bombas soviéticas cayeron sobre unos caballos, que permanecían destripados en medio de la calle; los hambrientos berlineses corrieron a descuartizarlos y repartir la carne cuando llegó un fanático funcionario, sacó la pistola y preguntó si esos animales habían sido sacrificados siguiendo la ley (Hitler promulgó leyes muy estrictas sobre bienestar animal), y sólo depuso su actitud cuando comprobó cómo habían muerto los caballos. En otra ocasión, con los rusos a unos pocos kilómetros de Berlín, el hambre llevó a los vecinos hasta un almacén donde aun había algo que comer, pero al llegar se encontraron con que el funcionario, respaldado por dos SS, se negó a entregar la comida sin una orden escrita de la superioridad, y ello a pesar de que ya se oían las orugas de los tanques rusos; frustrados, los berlineses se fueron con las manos vacías, pero aun pudieron escuchar, poco después, como las bombas destruían ese almacén…, es decir, el funcionario fanático prefirió que los víveres se quemaran ates que entregarlos a los hambrientos.

 

Ese fanatismo ciego, extremo, irracional, demencial, es el que condujo a la población alemana a sostener al Führer y no conjurarse contra el partido y el gobierno. Y no sólo al final. Hace años se publicaron miles de cartas escritas a sus familias por soldados de la Wehrmacht destinados en los frentes o en los campos de exterminio, cartas en las que explicaban qué estaban haciendo, cómo mataban y asesinaban a hombres, mujeres y niños sin el menor remordimiento, con frases como “parece cruel pero es necesario”, “cumplimos las órdenes con entusiasmo, pues vienen del Führer”, “no se cuestiona ni se duda cuando se nos ordena matar a mujeres, niños o sumisos”… Es decir, la población ya sabía qué estaba pasando, qué ocurría y cómo se trataba no sólo a los prisioneros, sino a los no combatientes y a los encarcelados por ser de esta etnia, pensamiento u origen. Pero ese conocimiento no produjo ninguna crítica, ninguna duda de conciencia, ninguna desconfianza o indecisión.

 

A situaciones tan terribles como estas conduce el fanatismo que lleva a alguien a proclamar con orgullo que seguirá votando a este partido y a este líder político haga lo que haga. Muchos se han preguntado cómo los alemanes (tenidos por racionales y lógicos) pudieron caer en las redes del Partido Nazi. Hoy se puede ver cómo en los países democráticos se llega a eso.         

 

La ideología política, en fin, distorsiona el pensamiento y fanatiza a la persona. Comprobado. Pero aún así, hay quien cae en la trampa, como quien entra en una secta sabiendo lo que es y lo que van a hacer con él.

 

CARLOS DEL RIEGO


miércoles, 10 de junio de 2026

250 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE EEUU, BASADA EN EL EXTERMINIO SISTEMÁTICO DE LOS NATIVOS

 


Al terminar la masacre de Wounded Knee.

El 4 de julio del presente 2026 se cumplen 250 años de la fundación de EEUU. Pero ya antes, justo desde el primer momento en que los colonos ingleses arriban a América del Norte (1620), el exterminio de los indígenas se convirtió en la principal herramienta del asentamiento y la ocupación del territorio. Este modo de pensar ya lo dejó escrito el predicador esclavista Cotton Mather (1663-1728), quien dejó claro que los blancos, anglosajones y protestantes están por encima de todo y de todos. Esa idea se basaba en la superioridad moral sobre los indígenas y, en realidad, sobre todo el que no fuera como ellos

 

Ese convencimiento de estar por encima de quien no fuera blanco (ni negros ni indios ni asiáticos…), sajón (ni mediterráneos ni mulatos…) y protestante (ni católicos ni ortodoxos…) los legitimaba para ejercer de esclavistas y defensores del exterminio de los indios, así como para arrebatar territorios a su vecino del sur cuando quisieran. Y esta idea la ejercieron tanto los pioneros como los fundadores (empezando por George Washington), que coincidían en la idea de Mather, el cual dejó por escrito: “No sabemos cuándo ni cómo estos indios empezaron a poblar el gran continente, pero podemos conjeturar que probablemente el Demonio atrajo aquí a estos miserables salvajes con la esperanza de que el Evangelio de Nuestro Señor no vendría nunca a destruir o perturbar su imperio”. Esta percepción (absolutamente falsa, pues el mensaje del Evangelio subrayó aquello de “ya no hay esclavo ni señor, judío ni griego…, todos son iguales”) es la base de la fundación de EE UU y la que llevó al exterminio sistemático y subvencionado de la población nativa de América del Norte, la cual representa hoy menos de 1% de la población total del país.

 

Al poco de llegar al nuevo territorio, los colonos establecieron en su asamblea un premio de “40 libras por cada cuero cabelludo de piel roja”; en 1720 la recompensa subió a las 100 libras; en 1744 se diversificaron las primas, y se especificó que la de 100 libras sería por toda cabellera de indio mayor de 12 años, de 105 si se capturaba al indio para esclavo, de 55 libras para capturas de niños menores de 12 años y mujeres para esclavitud, quedándose sólo en 50 libras si lo que se presentaba a las autoridades eran cabelleras de niños o mujeres (es decir, pruebas de que habían sido muertos).

 

Dicha ideología se mantuvo también desde el nacimiento de los Estados Unidos de América tras el III Congreso de Filadelfia, el 4 de julio de 1776. Así, el primer presidente, George Washington (1732-1799), calificó a los indígenas como “bestias salvajes del bosque”, un pensamiento que choca frontalmente con la Constitución aprobada en esa fecha, la cual especifica como “una verdad evidente” que “todos los hombres son creados iguales y dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Al parecer del primer presidente de EEUU, así como de los redactores de la Constitución (y de todo estadounidense de entonces y gran parte de los de ahora), los nativos no merecían ser considerados hombres y, por tanto, no podían acceder a esos derechos otorgados por el Creador. De igual modo, el tercer presidente, Thomas Jefferson (1743-1826) proclamó “debemos perseguirlos y exterminarlos, o desplazarlos hasta que estén fuera de nuestro alcance”.

 

Desde entonces, con cada presidente (fuera demócrata o republicano) la presión contra la población indígena no sólo no cesó sino que fue en aumento, buscando siempre el mismo objetivo: su exterminio; para ello utilizaron todo tipo de recursos, desde el desplazamiento forzoso a territorios baldíos e inhóspitos (las ‘reservas’) hasta la extinción del bisonte, base de su economía, pasando por la distribución masiva de alcohol o las denominadas ‘guerras indias’, que no fueron más que masacres indiscriminadas. Entre los muchísimos episodios sangrientos perpetrados por los ejércitos y colonos estadounidenses se puede recordar el de ‘Bad Axe’ (1832, en el que tomó parte un joven Abraham Lincoln), donde fueron brutalmente asesinados y descuartizados cientos de mujeres, niños y ancianos (no combatientes); la matanza de ‘Bear River’ (1863), en la que el ejército se ensañó con otros tantos indios (casi todos, nuevamente, mujeres, ancianos y niños); la de ‘Sand Creek’ (1864), la de ‘’Woonded Knee’ (1890) y tantísimas otras…; en todas ellas los soldados y oficiales de EEUU se divirtieron mutilando, acuchillando y decapitando a población no combatiente… Y nunca ningún oficial, integrante del ejército o colono fue acusado, juzgado ni mucho menos condenado por ello. Entre las escasas victorias de los indios hay que mencionar la de de ‘Little Bighorn’ (en 1876, justo hace 150 años), en la que el contingente del general Custer fue derrotado a causa, sobre todo, de su vanidad, soberbia y egolatría, pues buscaba que nadie le arrebatara la gloria de la victoria y, persiguiendo ese objetivo, cometió gravísimos y fatales errores militares. 

 

Este modo de actuar ha sido una constante desde que los puritanos ingleses arribaron a la costa este de América del Norte, continuó cuando hace 250 años  se fundó EEUU (en 1776) y así ha seguido hasta prácticamente la actualidad, pues no hay que olvidar que los indios de Norteamérica no fueron reconocidos ciudadanos (eso sí, de segunda clase) hasta 1924, no tuvieron derecho al voto hasta 1948 y no accedieron a la libertad de culto hasta fecha tan reciente como 1993. Igualmente hay que destacar el hecho de que desde la llegada de los primeros colonos hasta bien entrado el siglo XX, jamás se promulgaron leyes que otorgaran derechos o protegieran a los indios. Muy al contrario.

 

Es curioso comprobar cómo la viga en el ojo propio no impide ver la paja en el ojo ajeno.        

 

CARLOS DEL RIEGO

martes, 19 de mayo de 2026

LA MENTIRA DEL BUEN SALVAJE Y LA REALIDAD PROBADA POR LA ARQUEOLOGÍA

 


Imagen del Tzompatli hallado en ciudad de México (con miles de restos de cráneos) donde queda patente la costumbre de sacrificar personas de los aztecas con la que acabó Cortés

 

Casi desde el momento en que las tres carabelas llegaron a América, en Europa hubo quien pensó que aquello era el paraíso terrenal y, por tanto, allí no podría haber más que bondad, solidaridad, tolerancia, virtud y, en fin, ausencia total de violencia. Muchos quisieron creer eso por ignorancia y por maldad. Luego, la realidad, lo que contaron los cronistas y documentó la arqueología, evidenciaron que de aquella bondad nada de nada.

 

En definitiva, por más que muchos dijeran, escribieran y quisieran creer otra cosa y negar la evidencia, allí había tanta o más violencia que en el Viejo Mundo, que no existían derechos (algo lógico, pues al no existir la escritura no había forma de promulgar leyes, derechos y obligaciones), que el machismo era absoluto, que la esclavitud era hecho corriente y aceptado y que existían prácticas tan ‘maravillosas’ (así definieron algunos las culturas precolombinas) como los sacrificios humanos y el canibalismo.

 

Autores tan elogiados como el filósofo y ‘moralista’ francés Michel de Montaigne (1533-1592) se atrevió a afirmar (incomprensiblemente) que los nativos americanos eran “seres nobles e incapaces de toda malicia”, que vivían en aquel “paraíso terrenal en el que no existían la envidia ni la avaricia”; y todo ello sin haber estado jamás en América ni haber visto nunca a ninguno de esos a los que tanto elogió (¿por qué afirmaría tal cosa sin saber?). Algo parecido pensaba sobre los nativos americanos el pervertido Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), quien arrancó a sus cinco hijos recién nacidos de las manos de la madre para llevarlos directamente al orfanato, donde casi nadie llegaba a la edad adulta y quien llegaba sería un mendigo hasta la muerte; pero así y todo dijo que “hubiera sido un buen padre” o “no conozco a nadie mejor que yo”; este detestable personaje escribió que los europeos ya habían sido corrompidos por la ambición, el dinero y el poder, y demonizaba la propiedad privada (salvo la suya, claro) y la empresa, y que por ello los salvajes eran seres inocentes ajenos a la maldad. En contra de tal visión de los nativos americanos estaba Charles Dickens (1812-1870), quien escribió un ensayo titulado ‘El buen salvaje’ (1853), donde critica con dureza y sarcasmo la idea de que el salvaje es bueno por ser salvaje; bien informado, comprobó que en la América precolombina no había nada de inocente. Igualmente, la historiadora estadounidense Christina Snyder (1947) ha probado que la esclavitud era práctica general en toda América antes de 1492.

 

La presidente de México (Claudia Sheinbaum) sigue insistiendo en que los españoles cometieron genocidio en México a pesar de que ella sabe que México no existía, a pesar de que ella sabe que los aztecas fueron a su vez conquistadores (y no con diplomacia y regalos, sino a sangre y fuego), a pesar de que sabe que con poco más de 600 hombres Cortés no podía derrotar de ningún modo a un ejército de setenta u ochenta mil guerreros bien pertrechados, entrenados y conocedores del terreno; a pesar de que ella sabe de las atrocidades de los aztecas: guerra, sacrificios humanos, canibalismo, esclavitud (incluyendo la esclavitud sexual); a pesar de que ella sabe que todos los pueblos sometidos por los aztecas (tlascaltecas, chichimecas, totonacas, tarascos…) se aliaron con Cortés en contra de los tiranos; a pesar de que ella sabe que la violencia era lo corriente en aquellas tierras; a pesar de que ella sabe que los españoles llevaron allí conceptos como derechos, leyes, justicia…, además de la escritura, los metales o la rueda. Sí, ella sabe todo eso, pero sigue insistiendo en lo otro, o sea, miente a sabiendas (como todo político) porque la mentira le sirve para tapar lo que es hoy el país que preside (un estado regido por el narcotráfico, la corrupción y la violencia) y, por supuesto, miente para echar la culpa de todas las calamidades actuales de México a lo ocurrido hace medio milenio. Pero lo más increíble es que hay quien opta por creerse todos esos embustes y manipulaciones a pesar de las evidencias, de las crónicas, de la arqueología.

 

Como es sabido, hace unos diez o doce años se descubrió el llamado Huey Tzompantli, una estructura religiosa situada en ciudad de México y cuya construcción se compone de unos 650 cráneos enteros y fragmentos de otros diez o doce mil (muchos de ellos de niños). De todo esto ya escribieron cronistas como Andrés de Tapia o Bernal Díaz del Castillo, quienes iban con Cortés, lo vieron y lo contaron. Ella lo sabe, pero no lo menciona jamás porque no concuerda con su relato de indio bueno, español malo.

 

Del mismo modo, la arqueología confirma todas las atrocidades escritas por los cronistas: los restos de costillas cortadas para extraer el corazón, los cráneos infantiles reventados a palos, los sacrificios por incineración, las evidencias de los cortes en los huesos largos  para ser devorada la carne, los cráneos con huellas indiscutibles de decapitación…

 

También está acreditado que en el sur del continente eran habituales prácticas como la poligamia en la que las mujeres eran propiedad del marido, esclavas que valían menos que cualquier propiedad; que el incesto era cosa común (cuentan los cronistas que el hombre podía golpear y violar a sus hijas porque eran de su propiedad); que en muchas regiones los padres entregaban a sus hijos para que fueran sacrificados o para pagar los impuestos que exigían los pueblos dominantes; que el canibalismo era costumbre muy arraigada, tanto que en algunas zonas al descuartizar a la víctima las madres se untaban de sangre los pezones para que el lactante probara el sabor y participara…

 

Todas estas miserables, arcaicas y detestables prácticas fueron prohibidas, condenadas y, finalmente, erradicadas por los españoles.  

 

Han pasado los siglos y, a pesar de todo lo que se sabe, de todo lo probado, aun hay quien, a sabiendas, sigue insistiendo en la mentira y la falsedad histórica. ¿Por qué?, porque hay que buscar enemigos, porque hay que esconder la culpa propia, porque interesa sembrar cizaña y enfrentamiento entre los buenos (nosotros) y los malos (los demás). Lo peor es que aun hay quien quiere creer la mentira. Y la proclama a gritos aunque sepa la verdad.  

 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 16 de abril de 2026

IRÁN EJECUTÓ EL AÑO PASADO A 1639 PERSONAS, SEGÚN ONG´S NORUEGA Y FRANCESA

 


 

Las ejecuciones públicas son cosa corriente en Irán para meter miedo a la población


Que Irán es un estado represor, brutal, fascista al cien por cien es algo que muy pocos se atreven a negar. Por eso no puede sorprender que el número de personas ejecutadas no deje de crecer, de modo que en 2025 los que terminaron en el patíbulo en este país llegaron a 1639, la cifra más elevada en los últimos 36 años. Claro que el número real, con total seguridad, será mucho más alto, pues habrá habido cientos o miles de hombres y mujeres ejecutados de los que no ha quedado constancia

 

Seguro que aun así no faltarán los que defiendan al régimen iraní con afirmaciones como “son sus costumbres” o “hay que respetar sus tradiciones” o “en todos los países se producen injusticias”. El caso es que la ONG noruega Iran Human Rights (IHRONG) y la francesa Ensemble Contre la Peine de Mort (ECPM) han publicado un informe en el que precisan esas aterradoras cifras de ejecutados por el régimen iraní, números que no dejan de crecer año tras año.

 

Lo sorprendente es que sólo 113 de esas ejecuciones fueron anunciadas por las fuentes oficiales, es decir, el régimen de los ayatolás trata de ocultar todos los ahorcamientos, fusilamientos, decapitaciones… que pueda. Las causas que los tribunales islámicos han dado para ejecutar las sentencias de muerte son el tráfico de drogas, violación, sodomía, rebelión, corrupción, espionaje, causas políticas y, sobre todo, por “enemistad contra Dios”. También señalan los informes de las ONG´s que no menos de 48 mujeres fueron ajusticiadas, aunque en este caso no constan las causas…, pero son fáciles de deducir.

 

También informan esas organizaciones noruega y francesa que no menos de una docena de esos ajusticiamientos se llevaron a cabo en espacios públicos, a la vista de la ciudadanía (para que sirviera de escarmiento), y que alrededor de una centena de los ejecutados eran de otras nacionalidades, sobre todo afganos, y también hay algunos de los que no se sabe su nacionalidad. Los Tribunales Revolucionarios fueron responsables de casi un millar de esos ‘asesinatos legales’ que tuvieron lugar el año pasado; y casi 6.000 fueron dictados por estos en los últimos quince años.

 

Según afirman la IHRONG y la ECPM, las ejecuciones y muertes de opositores se han disparado desde que la policía islámica mató a palos a la joven de 19 años Mahsa Amini por llevar mal puesto el velo. E igualmente afirman que, sin la menor duda, el régimen totalitario, islámico y fascista de Irán utiliza la pena de muerte como herramienta de represión política, opresión contra minorías y contra todo tipo de disidentes políticos, ideológicos, religiosos… Asimismo se da cuenta de cientos, tal vez miles, de personas de las que no se ha sabido nada después de ser detenidas, por lo que se sospecha que la cantidad de muertos por el gobierno iraní sea mucho mayor. 

 

No será necesario recordar que a las cifras de ejecutados por el régimen se pueden añadir los 20.000 manifestantes muertos (la estimación más baja) por la policía islamista en las múltiples marchas y manifestaciones de protesta que tuvieron lugar en las calles de Teherán y otras ciudades tras la muerte de la joven Mahsa. Aun así, no faltarán los ciudadanos y políticos occidentales que exigen respeto a los Derechos Humanos en las democracias occidentales y, a la vez, exijan respeto por las tradiciones y costumbres de gobiernos y regímenes políticos que se pasan por ahí los Derechos Humanos. En este sentido sorprende y descoloca el hecho de que muchos y muchas feministas y homosexuales (hombres y mujeres) defiendan estos regímenes en los que, a las pocas horas de detectada su condición, estarían colgados de una grúa, y ello a la vez que se posicionan en contra de otros gobiernos y países donde su condición no les causaría el mínimo problema. 

 

Claro que, por otro lado, a saber cuántos habrán sido ejecutados en otros estados que, incomprensiblemente, cuentan con muchos defensores ‘demócratas’ en occidente…; así China, Corea del Norte, Cuba, Arabia Saudí, Nigeria… donde liquidan al personal por oponerse a los respectivos gobiernos, o por ser sospechosos de ello, o por cuestiones religiosas, ideológicas, o por…  

 

CARLOS DEL RIEGO


miércoles, 1 de abril de 2026

LA INJUSTA DECLARACIÓN DEL REY FELIPE VI SOBRE LOS “ABUSOS” DE ESPAÑA EN HISPANOAMÉRICA

 


En realidad, en las batallas participaron muchísimos más indios (miles) que españoles (unos pocos cientos)

 

Periódicamente, recurrentemente se habla de la actuación de España en Hispanoamérica. La declaración del Rey sobre “los abusos” ha sido la más reciente, pero no será la última ni la más acertada, informada o justificada. Por más que se repita el mantra, la realidad, la Historia, los datos y los números desmienten cualquier manifestación en ese sentido…, aunque lo diga el Rey 

 

En primer lugar hay que hacer constar que España no puede disculparse por lo realizado en México, Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú y el resto de países hispanoamericanos por la simple razón de que ninguno existía antes de la llegada de las carabelas españolas. Es lo mismo que decir que España tiene que ‘devolver’ Ceuta y Melilla a Marruecos, puesto que esas ciudades formaban parte de la corona española cuatro siglos antes de que existiera Marruecos; por tanto, se pueden vender, regalar o alquilar, pero no se pueden devolver por la sencilla razón de que nunca fueron de Marruecos.

 

Por otro lado, habría que preguntar al monarca a qué “abusos” concretos se refiere. Cierto que en toda conquista la violencia es cotidiana, cierto que hace medio milenio las cosas se hacían con la espada, pero también es cierto que no se puede exigir que España contemplara los Derechos Humanos porque éstos no se habían ‘inventado’. Asimismo, cualquiera que tenga mínimos conocimientos del asunto puede decir que la ley española amparó siempre al indio; así, desde el testamento de Isabel la Católica hasta las Leyes Nuevas de 1542 pasando por las Leyes de Burgos de 1512, las normas promulgadas por la Corona Española exigían "dar un trato cristiano y protección al indio”, a la vez que prohibían el maltrato, regulaban la jornada laboral y la evangelización (Burgos 1512); y Carlos I en 1542 promulgó las “Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios”.

 

En otras palabras, es más que evidente que la ley protegía al indio sin ninguna duda, pero claro, como siempre ha sucedido, como sucede hoy en cualquier país, nunca faltan delincuentes dispuestos a pasarse por el forro la ley, es decir, siempre hay asesinos, ladrones y maltratadores dispuestos a infringir la ley. Y si hoy hay malhechores y criminales ¿Cómo no los iba a haber hace 500 años?, sobre todo teniendo en cuenta que el centro de poder (España, Madrid) estaba a muchos meses de distancia. Incluso en la institución llamada ‘La encomienda’, los encomenderos estaban obligados a obedecer esa legislación. Por eso, muchos españoles fueron sometidos a los llamados ‘juicios de residencia’ por su ilegal y criminal actuación en la Nueva España.

 

Asimismo es preciso recordar que la mayor parte de los “abusos” proceden del libro-libelo de Bartolomé de las Casas, quien curiosamente nunca especifica ni quién, ni cuándo, ni dónde; sin embargo, el resto de cronistas que estuvieron allí y escriben de primera mano (Bernal, Motolinia, Fernández de Oviedo o el propio Hernán Cortés) siempre que cuentan un hecho, encuentro, llegada o batalla dejan claro desde el primer momento dónde se produjo (en un pueblo llamado tal, en un bosque cerca de tal), el día concreto (día de San Antonio, a dos días de la Pascua, al día siguiente de Navidad…), quién era el capitán que mandaba la tropa española, cuántos eran y cuántos indios aliados los acompañaban, cómo se llamaba el cacique del pueblo… Todos dan todos los detalles excepto de las Casas, que jamás concreta nada, lo que hace que su libro sea mentiroso y deshonesto y, por tanto, absolutamente desechable e inútil históricamente hablando (ni siquiera describe flora, fauna, personajes, costumbres, vocabulario…, como hicieron los otros).

 

Es necesario también recordar que lo que Cortés conquistó fue el Imperio Azteca (no México), el cual tenía tiranizados a todos los pueblos de alrededor, a los que periódicamente asaltaba para llevarse hombres y niños para el sacrificio (extraer el corazón en vivo) y para comérselos, y mujeres para convertirlas en esclavas sexuales; los conquistados habían conquistado (seguro que no con la bondad y buenas palabras) los territorios que luego ocuparon. Es por ello que tlascaltecas, tarascos, chichimecas, zapotecas… se aliaron con Cortés en contra de los odiados aztecas (los cronistas cuentan un sinfín de los agravios sufridos por estos pueblos a manos de los aztecas, y también los dichos y palabras malsonantes que decían cuando se referían a ellos). Por tanto, España no puede disculparse ante México porque no existía, y porque gran parte de lo que hoy es México estaba habitado por los enemigos de la tiranía revientapechos y caníbal. Y algo parecido puede decirse de la actuación de Pizarro en Perú…

 

Igualmente se acusa a España de haber robado el oro. En realidad, la mayor parte de los metales preciosos extraídos quedó allí, y con ellos se construyeron más de mil hospitales (para blancos, indios y mestizos, como rezan las cartas fundacionales de los mismos; y también los llamados hospitales de naturales, reservados sólo para indios, o los que atendían exclusivamente a las indias), casi tantos colegios de primera y segunda enseñanza y de ‘formación profesional’, cerca de cuarenta universidades, infraestructuras (hubo alcantarillado en América antes que en España), plazas y edificios…, por no hablar de la organización territorial, la tecnología (antes de Colón desconocían la rueda, la escritura…), el derecho que asistía a toda la población o una lengua universal (la primera imprenta de América la tuvo el México español). En este sentido cabe preguntar a las demás potencias conquistadoras qué dejaron cuando se marcharon, ¿Qué dejó Inglaterra en la India o en Sudáfrica o cuántos indios quedan hoy en EEUU? (en Hispanoamérica entre en 75 y el 95% de los habitantes son indios o mestizos, en EEUU no llegan al uno por cien), ¿Qué dejó Bélgica en el Congo?, ¿Qué dejó Holanda en Indonesia?...

 

En fin, si España cometió “abusos” en Hispanoamérica (no Latinoamérica, que es un término inventado por los franceses para no recordar a España cada vez que se referían al continente) fue obra de delincuentes y criminales que violaron la ley, mientras que en las otras potencias conquistadoras todo la violencia se ejerció al amparo de la ley, que trató a los indígenas sin piedad, con racismo extremo y con violencia consentida e incluso subvencionada.

 

Felipe VI no tiene razón ni aunque su declaración se sacara de contexto.

 

CARLOS DEL RIEGO

martes, 13 de enero de 2026

QUIENES SUFRIERON LA TIRANÍA DE MADURO CELEBRAN SU CAÍDA, Y LOS QUE NO, LA CONDENAN. INCOMPRENSIBLE

 


Está claro

 


No se producen manifestaciones ni protestas en EEUU o Europa
 por la causa de los presos políticos

Es verdaderamente asombroso, desconcertante, el hecho de quienes sufrieron en sus propias carnes la dictadura chavista de Nicolás Maduro, es decir, los venezolanos, han celebrado, cantado y festejado su caída, mientras que quienes han visto todas las fechorías del tirano sin moverse del sofá y sin experimentar por sí mismos el terror y la violencia, se echen a las calles gritando y protestando indignados  

 

Es una situación esperpéntica, kafkiana: el derrocamiento y captura de Nicolás Maduro, un tirano, asesino, narcotraficante, torturador y ladrón, un fascista que robó las elecciones en su país, ha sido celebrada por una aplastante mayoría de venezolanos (tanto los que viven aún en Venezuela como los 8 millones de exiliados, un tercio de la población); y a la vez, quienes nunca jamás fueron perseguidos, encerrados en las prisiones y centros de tortura de la dictadura de Maduro, quienes han visto todo desde la seguridad del sillón, sin riesgos, sin conocimiento de primera mano, sin saber realmente qué pasaba bajo la bota del dictador, se manifiesten en muchísimas ciudades de EE UU o Europa protestando y gritando… En resumen: los que han vivido todo en primera persona se alegran, y los que han ‘visto’ todo desde miles de kilómetros (o sea, los que desconocen lo que verdaderamente pasaba) critican, se indignan, acusan… Una situación grotesca: no han corrido riesgos pero se rasgan las vestiduras en nombre de los que se alegran porque ha acabado su sufrimiento.

 

Diversos organismos internaciones (incluyendo la ONU) tachan la acción de Estados Unidos como un atentado al derecho internacional. Algo que choca frontalmente con la cantidad de resoluciones que la propia ONU (y otros organismos) ha declarado en contra de la violación sistemática de derechos humanos que durante décadas ha perpetrado el gobierno venezolano. ¿Acaso la detención, tortura y asesinato de miles de venezolanos no va contra el derecho internacional? ¿Por qué el evidente robo de las elecciones perpetrado por Maduro no provocó manifestaciones e indignación en todo el mundo?

 

Unas pocas decenas de presos políticos han sido liberados, algo que los manifestantes han celebrado y esgrimido como gesto democrático…, como si el hecho de tener presos por ideología política no fuese profundamente antidemocrático; por no hablar de las alrededor de 800 personas que aún permanecen encarceladas sin más delito que discrepar o denunciar al régimen, e incluso ni eso. El edificio llamado el Helicoide, conocido centro de tortura, sigue abarrotado de venezolanos (y de otras nacionalidades) que temen que cada día sea su último día. ¿Cómo es que no se ha convocado ni una sola manifestación para exigir la liberación de los presos políticos?

 

Nicolás Maduro tiene la escalofriante cifra de10.000 millones de dólares en un solo banco en Suiza, el cual ha declarado que, de momento, esas cuentas quedan congeladas; hay que pensar cuánto tendrá en otros países, incluyendo paraísos fiscales. El Imperio Español extrajo unas 180 toneladas de oro a lo largo de tres siglos en toda Hispanoamérica; Maduro tiene atesoradas 113 toneladas de oro a su nombre en Suiza y otros países. ¿Por qué este monstruoso latrocinio no provoca protestas en todo el mundo?

 

Afirman los manifestantes que el Presidente de EEUU ha invadido Venezuela para hacerse con el petróleo; sin embargo, como cuentan muchos periodistas e intelectuales venezolanos, su país lleva muchos años invadido y expoliado su petróleo por Rusia (mediante Rosneft, la empresa estatal rusa de petróleos, que lleva décadas controlando alrededor de 40-45% del crudo venezolano), por China, Irán, Cuba…, cuyos agentes circulan por Venezuela con total seguridad y protegidos por el régimen chavista. Por otro lado, como es sabido, gran parte de los escoltas que guardaban a Maduro en su búnker, y que fueron abatidos durante la operación, eran mercenarios cubanos.

 

Igualmente, todo el que está verdaderamente interesado en la problemática venezolana sabe de los acuerdos y la financiación del régimen con grupos terroristas y narcoterroristas, como el ELN, las FARC, Hamás… ¿Verdaderamente todo esto no produce escándalo, repulsa internacional manifestaciones y denuncias en todo el mundo? ¿Por qué?

 

Podría añadirse que siendo Venezuela uno de los países con mayor riqueza del mundo tiene a más del 90% de su población viviendo en la pobreza; que casi el 30% de los venezolanos (alrededor de 8 millones) ha tenido que huir del país para no caer en las garras de la dictadura o para buscarse la vida; que durante la etapa chavista-madurista la renta per cápita ha pasado de 15.000 dólares al año a menos de 3.000; que en estas décadas ha habido no menos de 25.000 detenciones por motivo de opinión o ideología y no menos de 15.000 ejecuciones extrajudiciales, que 400 medios de comunicación han sido censurados o cerrados, que ha habido varias elecciones robadas, que se han expropiado arbitrariamente decenas de miles de empresas, que la corrupción entre los afines al régimen ha sido a manos llenas y sin esconderse…, según datos avalados por la ONU y otros organismos internacionales.

 

¿Nada de esto, que sucede desde que Nicolás Maduro Guerra accedió al poder en 2013, provoca condena, alboroto y griterío en todo el mundo?   

 

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 28 de diciembre de 2025

ZAPATERO, DESDE LA MEDIOCRIDAD MÁS ABSOLUTA HASTA LA MÁS VIL PERVERSIÓN

 


 La típica sonrisa bobalicona y a la vez diabólica de un peligroso personaje

En este mismo blog, en enero de 2015, se contaban una serie de evidencias de la simpleza y mediocridad de José Luis Rodríguez Zapatero, que fue Presidente del Gobierno de España de 2004 a 2011. Más de diez años después, este personaje necio y obtuso se ha convertido en cómplice de gobiernos criminales que matan para mantener el poder, en compinche de terroristas asesinos, en secuaz de narcotraficantes sin frenos morales. Su pasado de sujeto sin el menor talento ni rastro de moralidad fue su comienzo

 

Seguramente este individuo se cree poco menos que la bondad personificada, cosa que les ocurre a menudo a quienes se dicen a sí mismos que, siendo de izquierdas (o de la creencia que sea), están legitimados para hacer cualquier cosa, pues así se lo permite su ideología. Lo curioso del caso es que de izquierdas no tienen nada, al contrario, están perfectamente engranados en la maquinaria capitalista, gozan de abultadísimas cuentas bancarias, de monstruosas propiedades inmobiliarias y de todos los lujos propios de los multimillonarios…., pero se sienten muy de izquierdas y desprecian profundamente el capitalismo. En realidad hay que tener muy escaso cerebro y nula conciencia para, al igual que Rodríguez Zapatero, aliarse con ricos y poderosos para alcanzar fortunas fabulosas pasando por encima de los derechos de los débiles y de quienes se atreven a llevarles la contraria.

 

El ex presidente de España ha llegado hasta ahí, hasta la total ausencia de conciencia y moralidad, desde una total ausencia de inteligencia, desde esa medianía que incapacita para ver la realidad. Y esto es algo que demostró desde su juventud. Siempre fue persona muy corta de entendederas, un hombre muy simple que actuaba inconscientemente y sin calcular las consecuencias de sus actos. Lo que más le gustaba en su primera juventud era pasear por la calle Ordoño II, la principal de su ciudad, León, luciendo sus prendas de marca, pues siempre fue lo que se dice un pera.

 

Es sabido y recordado que gustaba de ir a jugar a las cartas a un bar, donde una vez lo pillaron haciendo trampas; los demás jugadores lo echaron entre insultos y descalificaciones, de modo que cualquiera con dos dedos de frente hubiera desaparecido del lugar para siempre; pero no Zapatero, quien, sin capacidad para asimilar lo vergonzante del trance, volvió al día siguiente para sorpresa de los demás, que lo pusieron de tonto para arriba mientras él se quedó de pie, sin hacer nada más que poner esa sonrisa bobalicona tan propia. Todos volvieron a los naipes repitiendo una y otra vez “¡este tío es tonto integral!”…, mientras él permaneció inmóvil hasta que se cansó y se fue.

 

Después, fue profesor sustituto durante unos meses en la Universidad. Una de las secretarias recuerda que, a diferencia de los demás profesores, que se encargaban de hacer sus propias fotocopias, Zapatero se las encargó a ella, que por hacerle un favor se las hizo. Lo malo es que el tipo se aprovechó de la buena fe de la secretaria y volvió una y otra vez a pedirle que le hiciera las dichosas fotocopias. Hasta que un día la jefa de secretaría vio que se formaba cola y preguntó qué pasaba, descubriendo que una de las encargadas de atender a los asuntos y trámites del alumnado tenía que perder el tiempo haciendo las fotocopias al señor Zapatero. La mencionada jefa se fue a ver al susodicho y le dijo que cómo tenía la cara tan dura para encargar a los demás algo que tenía que hacer por sí mismo, a lo que el torpe personaje respondió: “bueno, como me las hizo una vez yo se lo volví a pedir, y como me las seguía haciendo yo le volví a pedir ese favor desde entonces”… ¡Hay que tener muy escaso cerebro y muchísima cara dura para admitir que se aprovechó una y otra vez de quien no se atrevía a negarle un favor! Esa misma secretaria recibió una vez el encargo del dudoso sujeto de solicitar su historial académico, descubriendo que le faltaba aprobar una asignatura para conseguir la Licenciatura de Derecho (todo esto es fácil de comprobar).

 

Mientras fue profesor sustituto puso y corrigió exámenes a los alumnos. En cierta ocasión una alumna que recibió un suspenso fue a protestar y a ver el examen junto al profesor Zapatero, descubriendo entonces que este señor sólo había corregido la cara A de la hoja del examen, sin ni siquiera ver la cara B, con lo que, claro, no comprobó todas las respuestas. Lo ‘mejor’ del caso es que, muchos años después, en una reunión de amigos, el padre de otra alumna comentó que a su hija le había ocurrido lo mismo con el mismo profesor, lo que indica que este personaje tenía por costumbre (seguro que por pura vagancia) no corregir la totalidad del examen (todo es fácil de comprobar).    

 

Sería a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. M. A. era el cantante de un grupo punk llamado B.S. y era muy de izquierdas y, sobre todo, muy sindicalista. Un día se presentó al ensayo y contó a sus compañeros de banda que en su sindicato estaban todos ilusionados porque esa tarde iba a ir Zapatero (ya un cargo importante del partido en la provincia) a darles una charla. Al día siguiente le preguntaron qué tal la charla y el orador; M. A. respondió que el tal se pasó tres cuartos de hora hablando sin decir nada, todo fueron vaguedades y generalidades, todo ir por las ramas, pasando de un tema a otro, de un asunto a otro sin concretar nada, sin decir nada de nada... Y el cantante del grupo punk concluyó con un premonitorio: "Este llegará a presidente del gobierno, seguro" (todo muy fácil de comprobar).

 

Y es que, en realidad, a los altos cargos de la política se llega sin valores morales, sin escrúpulos de conciencia y sin honestidad, pues todo eso no son más que estorbos, obstáculos para ascender en el partido y en la política. Para llegar a los más altos puestos de poder hay que estar dispuesto a adular y traicionar, a mentir, corromper, sobornar… Y si a todo ello se añade la falta de inteligencia, el éxito en política está asegurado. Zapatero es el paradigma.

 

CARLOS DEL RIEGO

viernes, 28 de noviembre de 2025

LOS DELIRIOS Y DEMENCIALES DESATINOS QUE LE VALIERON A JUANA DE CASTILLA EL APLEATIVO DE ‘LA LOCA’

 


Pintura de Francisco Pradilla de 1877 que representa a Juana ante el féretro 

de su marido Felipe

 

En 1555, hace 470 años, moría en su encierro en Tordesillas Juana de Castilla, que ha pasado a la Historia como Juana ‘La Loca’. La Historiografía sobre el personaje siempre ha confrontado las dos posturas: unos aseguran que fue encerrada por intereses políticos y otros que verdaderamente manifestó desde muy joven graves desarreglos mentales. Los cronistas de la época dejaron constancia de episodios psicopáticos 

 

La segunda hija de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón había nacido 75 años antes, de los cuales se pasó nada menos que 46 encerrada en una casona de la localidad vallisoletana de Tordesillas. La cuestión es si fue confinada por interés político de unos y otros o si verdaderamente sufría trastorno mental.  Repasando sucesos e incidentes de los que dejaron constancia cronistas de su tiempo decanta la duda hacia la segunda postura.

 

Todos los hijos de Isabel La Católica recibieron una educación esmerada; aprendieron literatura, humanidades, historia, arte y latín, además de ‘labores de mujer’ ellas (su hermano Juan murió antes de cumplir los veinte años), y todo lo referente a la religión católica. Se casó en Flandes al cumplir los 17 con el archiduque Felipe de Austria, un tipo de armas tomar, atractivo, mujeriego hasta el extremo, dado a todo tipo de placeres y, según los cronistas, con un carácter de mil demonios.    

 

Enamorada hasta las trancas de su marido, Juana no vivía más que para él, dejando totalmente de lado cualquier otro asunto, desde obligaciones religiosas hasta el cuidado de sus hijos. Sólo vivía para Felipe ‘El Hermoso’, que no dejaba de estar enamorado de ella, pero no paraba de perseguir a otras mujeres. Presa de los celos, y embarazada de nueve meses, lo acompañó a un baile para no dejarlo solo…, teniendo que dar a luz a su segundo hijo (el futuro Carlos I de España y V de Alemania) aquella misma noche en las letrinas del palacio de Flandes donde estaban. Volvieron a España por tierra, y al pasar por Francia el irredento Felipe se las ingeniaba para demostrar que las francesas también se le daba muy bien… A punto de parir a su cuarto hijo, Fernando, en Alcalá de Henares (1503), Felipe decidió irse a Bruselas sin ella, que no estaba en condiciones de viajar. En ese momento empezaron los desajustes mentales de Juana; al poco de marcharse su marido, empezó a gritar desaforadamente y a dejarse: “Su estado es tal que causa aflicción a los que la ven, apenas duerme o no duerme, apenas come o no come, está triste y consumida y se niega a hablar”, escribió el cardenal Cisneros. Tenía antecedentes, pues su abuela, Isabel de Portugal, ya había mostrado síntomas parecidos.

 

Nada más parir ya quiso viajar a Bruselas a reunirse con Felipe, pues según ella, cualquier nodriza podía amamantar al recién nacido (extrañó que una madre se alejara de su hijo recién nacido). La desdichada Juana sólo tenía en mente ir al lado de su marido; su madre, la poderosa Isabel de Castilla, no sólo le suplicaba sino que soportaba gritos e insultos (algo que no hubiera permitido a nadie más en el mundo). Al no poder marchar, Juana gritaba ante las puertas del castillo, a la intemperie, con frío y nieve, y allí se quedaba días y noches chillando hasta quedar exhausta. Isabel, al verla, le permitió irse a Flandes.

 

Al llegar, Felipe apenas le hizo caso, pues estaba encaprichado con una joven de cabellos rubios. Esperó su ocasión y, aprovechando que Felipe estaba fuera del palacio, buscó a la rubia damisela armada con unas tijeras. La sorprendió leyendo una carta que la otra guardó en su escote. Juana la acometió gritando y exigiendo que le diera la carta, pero la amante de su marido se la comió. Juana, enloquecida, sacó las tijeras y trató de cortarle las rubias trenzas, haciéndole también cortes en el rostro. Al griterío acudieron sirvientes y damas de compañía que consiguieron separarlas. Y cuando llegó Felipe, Juana le arrojó, fuera de sí, su trofeo: los cabellos de la concubina; y luego huyó, pero ‘El Hermoso’ la alcanzó y la sacudió hasta que Juana cayó al suelo gritando desaforadamente. Él la dejó allí, se fue a su alcoba y cerró con llave. Ella lo siguió suplicando perdón y allí quedó, a la puerta, gritando y gimiendo; arrodillada golpeaba la puerta implorando y llorando a voz en grito, pero su marido no abrió. Y así transcurrió gran parte de la noche, hasta que sin más fuerzas, la pobre Juana apoyó su cabeza contra la cerrada puerta y se quedó en silencio con los ojos muy abiertos.

 

Al parecer, ese era uno de los castigos que Felipe propinaba a su mujer: encerrarse en la alcoba para desesperarla hasta la locura; ella quedaba horas y horas tirada a la puerta, sin comer, sin atender a sus hijos, sin dormir, sin hacer caso a nadie; de vez en cuando gritaba y suplicaba y, al rato, se quedaba callada durante horas.

 

En 1504 murió Isabel de Castilla y Juana se convirtió en reina, lo que despertó las hasta entonces retenidas ambiciones de Felipe ‘El Hermoso’. Pero las cosas seguían como siempre: ella no atendía a nada que no fuera su marido y éste no paraba de hacerla rabiar con cuantas mujeres se le ponían a tiro, que debían ser muchas, pues su porte y su posición lo debían hacer irresistible y, además, no se preocupaba por esconderse. Ella moría de celos y rumiaba venganzas. Él maniobró para hacerse con la corona de España y ella, echada a sus pies, gritaba que haría todo lo que él le pidiera, todo. Su padre y su marido no dejaban de maquinar e intrigar para hacerse con el poder. Ella ni comprendía ni le interesaba ese asunto, hasta el punto de descuidar su persona: ni se lavaba ni se cambiaba de ropa hasta el punto de que vestía harapos rotos y sucios, no comía ni dejaba de llorar, comida por los celos.

 

En 1506, Felipe murió tras jugar un partido de pelota y beber agua muy fría; enfermó ese día, 16 de septiembre, le subió la fiebre, vomitaba sangre y murió ocho días después. Se dijo que su suegro lo había envenenado, aunque Fernando estaba lejos de Burgos (donde sucedió todo). Pero parece que fue la peste, pues Pedro Mártir de Anglería escribió “estamos rodeados de la peste”. Ella estuvo a su lado y probó las medicinas que le daban para comprobar que no eran veneno…, y a pesar de estar embarazada no se separó de él. Murió y ella gritó y gritó, lo besaba y abrazaba y hubo que separarla del cadáver a la fuerza. No dormía, no hablaba, no comía, no se lavaba, no mudaba su ropa.

 

Enterraron a Felipe, pero ella ordenó desenterrarlo, meterlo en un ataúd y llevarlo a Granada. Así, acompañada por un gran cortejo, emprendió viaje por una helada Castilla. En cada iglesia que paraba ella exigía que ninguna mujer entrara “porque no tentaran a su marido”, e incluso cuando un coro de monjas entonó cánticos en una capilla, ella, encolerizada, las mandó expulsar, pues ninguna mujer podía estar en la misma estancia que su marido aunque fueran monjas. A mitad de camino parió a Catalina, hija póstuma de su Felipe.

 

Finalmente, Fernando de Aragón, decidió apartarla del mundo y la encerró en aquella fortaleza de Tordesillas. Recibió visitas, pero no reconoció a nadie, ni siquiera a sus hijos, Carlos y Leonor. También fueron los comuneros, que dijeron que ella estaba de acuerdo con ellos, pero no le consiguieron arrancar su firma. Comía lo poco que comía y dormía lo poco que dormía en el suelo, no se lavaba ni peinaba, no se cambiaba de ropa; sus piernas se llenaron de llagas. Y gritaba y gritaba. Y así años y décadas. Murió la desdichada Juana en abril de 1555, pocos meses antes que su hijo el Emperador Carlos I.

 

Así, ¿estaba loca Juana ‘La loca’?      

 

CARLOS DEL RIEGO