domingo, 9 de diciembre de 2012

LO MÁS ‘IN’: CORTARSE LOS MEÑIQUES DE LOS PIES PARA INCRUSTAR UNOS ZAPATOS Propio de quien no tiene auténticos problemas es la obsesión por el aspecto, por el ‘look’, que fácilmente deriva en la autolesión y, seguro, en perjuicio para la salud

El desprecio y falta de respeto por uno mismo están detrás
 de esta obsesión autolesiva

La última moda entre las mujeres más ‘chic’ de Estados Unidos es amputarse el dedo meñique de cada pie con el fin de ponerse unos zapatos con más tacón, más estilizados, más bonitos, más sexi. Ya se sabía que había quien se quitaba una costilla para exhibir una cintura de avispa o quien se sacaba muelas para acentuar el pómulo. Lógicamente, los especialistas avisan de que al prescindir de un dedo se altera el equilibrio del pie, se modifica la deambulación, se cambian los apoyos, se pierde estabilidad…, y eso sólo de modo inmediato, pues seguro que a la larga aparecerán  problemas de espalda, de cadera, de rodilla… 

Es un paso más en esta especie de carrera de autolesión que comienza con un pequeño tatuaje y, en muchos casos, termina en piercings en la lengua, bolas de metal bajo la piel de la frente y otras severas agresiones a uno mismo, actitudes que muestran personas sin estímulos, individuos que han de hacerse daño para llamar la atención, para intentar distinguirse, para sentirse admirados o para tratar de exteriorizar carácter y parecer más duros o distintos; sin embargo la impresión que de ellos se tiene es totalmente contraria, pues lo que hacen para autoafirmarse ante los demás es algo al alcance de cualquiera, algo que no exige ningún mérito o valor y, por tanto, jamás causa fascinación o popularidad. Además, gran parte de quienes están casi siempre pensando en la autodecoración (cayendo habitualmente en la horterada y el mal gusto), lo hacen porque, en realidad, no tienen verdaderos problemas y, por tanto, carecen de algo en qué pensar; y es que nadie con obligaciones y dificultades que solucionar gastará tiempo, energía, ilusión, dinero en cosas absolutamente superficiales, en realidad inútiles y, en muchas ocasiones, claramente perjudiciales para la salud.

Lo de dejar cada pie con cuatro dedos (como los dibujos animados) es la vanguardia de la preocupación por el aspecto, la imagen, lo que se muestra de uno mismo; y eso que en principio y de forma moderada es saludable, aconsejable, llega a convertirse en verdadera obsesión, ocupando cada vez más tiempo en el pensamiento y en la práctica, hasta que un día es el único motor, el único estímulo de la persona afectada. Y así, alcanzado ese punto, el aquejado de este mal estará listo para someterse a cualquier operación por disparatada que sea (abundan los cirujanos que aprovechan la obsesión), a colocarse cualquier cuerpo extraño en cualquier parte del cuerpo, a agredirse sin medir consecuencias, sin pensar que un día el daño realizado pasará factura. No hay que olvidar que un objeto innecesario en partes con función (labios, lengua, nariz…) nunca será inocuo, de forma que tarde o temprano infectará la zona, permitirá que salga la saliva o la mucosidad, desgastará los dientes…, sin mencionar el destrozo que puede ocasionar la pieza dura en caso de golpe.

Si la moda antimeñique cunde y se convierte en símbolo de algo, abrirá la puerta para otros cortes, para otras barbaridades. Por ejemplo vaciarse un ojo para colocarse un parche, que hace muy duro; o recuperar tradiciones tribales del tipo de las ‘mujeres jirafa’ o la de los africanos que se agrandan exageradamente, desagradablemente, labios y orejas; o colocarse excrementos de elefante en la testa a modo de sombrerito a la última.

Y lo increíble del asunto es que nadie que haya pasado por el quirófano de modo innecesario mejora lo que tenía, y por eso se dan ‘picos de pato’, cejas permanentemente elevadas, labios monstruosos, rostros antinaturales e inexpresivos y, en casos extremos, aspecto general verdaderamente repulsivo. E igualmente los colgantes o adornos en torno a la boca o nariz, que semejan verrugas, granos, pústulas, espinillas, diviesos. ¿Cómo se puede pensar que se está más guapo o guapa, atractivo o atractiva con excrecencias artificiales en la cara? ¿Quién está dispuesto a perder funciones de su cuerpo para lucir unos zapatos?
     
CARLOS DEl RIEGO