lunes, 3 de diciembre de 2012

ESE DESATINO QUE ES EL COLEGIO EN CASA, O SEA, EL ‘HOMESCHOOLING’ Hay miles de padres que prefieren que sus hijos no sean ni tengan compañeros, que se creen suficientes para suplantar a maestros y profesores en todo caso, padres que niegan a sus hijos esas pequeñas cosas que sólo se producen en el cole

Los padres se creen capacitados para suplir a especialistas y a compis, y niegan al chaval el recreo, el amiguito, la excursión, la función, el jaleo, los secretitos, 
 las bromas

La educación no es sólo aprender mates o Historia ni está sólo está en los libros, por eso, el llamado ‘homeschooling’, que es la renuncia a acudir a clase y quedarse estudiando en casa bajo la supervisión paterna o materna, se antoja un disparate de iluminados que se sienten capaces de suplantar a los especialistas y a los amiguitos de la edad del chaval; así, hay muchos que piensan que enseñar es algo al alcance de cualquiera aunque no se tenga un mínimo de preparación, ya que “como es para niños”…, es como si el médico de niños fuera algo menos médico que el de adultos. El hecho es que en España actualmente hay unos 5000 niños que no van al cole y se quedan en casa ante el ordenador y con papá o mamá haciendo de profe y compi.  
Desde un punto de vista académico, el que se encargue del niño sin cole no sabrá responder a todo lo que éste pregunte, no sabrá qué es lo realmente importante de todas las asignaturas, y recurrir siempre a Internet es problemático, por no decir que Internet no contesta de modo directo a cada pregunta ni entenderá el matiz específico del crío; y tampoco escuchará el alumno solitario las cuestiones que hagan sus compañeros (algunas disparatadas, por lo que se perderá algo tan necesario como la carcajada compinche). Y ello sin tener en cuenta que no irá al laboratorio de Naturales o de Idiomas, ni hará Educación Física ni integrará los equipos deportivos escolares, ni participará en las funciones teatrales ni en los grupos musicales de Navidad o fin de curso, ni se irá de excursión voncinglera y sin padres, ni participará en los mil concursos en los que participan los escolares…
Pero el mayor problema llega en el terreno social. Si un niño no va a clase todos los días y desde la edad especificada no asimilará el primer sentimiento social de la persona, que es el compañerismo (en el mejor de los casos llegará tarde), al que se accede desde el primer día que el párvulo ocupa su pupitre, es decir, los padres que opten por dejar al niño en casa y convertir su habitación en la clase (seguro que tampoco es óptimo que el mismo sitio sea el de jugar, aprender, hacer deberes, hablar con amigos) están hurtándole al chiquillo cosas tan simples y que todos recordamos con alegría como la complicidad con los compis, como desear el recreo y jugar y divertirse con los amiguitos (los primeros que se tienen son los de clase), llegar al patio corriendo, voceando y riendo, comer el bocata en chillona camaradería y seguir corriendo sin saber a dónde, o todos tras un balón; le privarán de hacer mofas con y de sus compañeros, de aprender a aceptar las bromas, de hacer y contar chistes y de ponerle mote al profe; le negarán las risas cómplices, las conversaciones en voz baja (de chicas y de chicos, de miedos y gustos) y los secretitos ingenuos…, en fin, quien impide que el niño vaya al colegio le está robando una parte esencial de su infancia: sus compañeros, y los padres jamás podrán ser compañeros (el compi no dirá jamás “¡estudia!” o “¡vete a la cama!”). No hay que olvidar que algo tan primordial como es aprender a relacionarse con los demás no lo pueden enseñar los padres ni se logra con la habitación como clase; y es que hasta cuando se pelean o ven pelea en el recreo aprenden (“eso no se hace por esto y por esto”, le dirá el maestro), y ven por sí mismos.
Se han hecho estudios sobre el ‘homeschooling’ que, dicen sus defensores, apuntan a que el 80% de los niños que lo practican no tienen problemas de socialización (por tanto se admite que el 20% sí los tiene); sin embargo, nunca especifican quién ha realizado el estudio y por encargo de quién (los resultados dependen de quién costee el trabajo), a cuántos chicos se ha seguido y durante cuánto tiempo, ni tampoco, evidentemente, se les ha seguido durante todo el tiempo a lo largo de años para comprobar sus habilidades socializadoras. Los partidarios de esta cuestionable opción hablan de ‘derechos’, de ‘pluralidad educativa’…, o sea, no tienen en cuenta a aquel que se perderá parte de su infancia y que, esto seguro, la tendrá mucho más pobre; otro beneficio que, sorprendentemente, señalan los defensores de la escuela en casa es que ‘fomenta la creatividad’, es decir, afirman que estar solo y sin contacto con individuos de edad similar vuelve a la persona más creativa, que es mejor no tener a nadie alrededor para aumentar la creatividad, que el chaval no aprende nada cuando escucha otros puntos de vista ni cuando juega con otros como él. Esperpéntico. Dejarlos sin colegio es negarles la certeza de compartir todo lo que sólo se comparte con un compañero.      
CARLOS DEl RIEGO