lunes, 10 de diciembre de 2012

CONSECUENCIAS INDESEADAS DE ACTOS BIENINTENCIONADOS A lo largo de la Historia han sido muchos los que con buenas intenciones, pero sin calcular las consecuencias de sus acciones, propiciaron grandes desgracias

El general del Riego se levantó contra el absolutismo, pero sólo consiguió propiciar la pérdida de los territorios americanos..., y su propia e indigna ejecución

Cada acción de la persona tiene consecuencias, la mayor parte de las veces intranscendentes, simples, previsibles, sin embargo, hay veces que un acto produce efectos mucho mayores de los esperados, resultados indeseados, desenlaces insospechados, y ello a pesar de que quien toma dicha iniciativa lo hace con la mejor intención. Por ejemplo, existe la teoría de que un joven alemán quedó tan entusiasmado con la aviación tras leer la obra ‘Vuelo nocturno’ del autor francés Antoine de Saint Exupery, que decidió hacerse piloto; como es sabido, este escritor y aviador fue derribado cuando volaba con su avión P-38 Lighning en la costa mediterránea de Francia en 1944; pues se asegura que quien derribó el aparato que pilotaba el autor de ‘El principito’ fue precisamente aquel joven alemán, que se había integrado en la Luftwaffe al estallar la II Guerra Mundial, o sea, aquel que se había hecho piloto tras leer la obra de Saint Exupery había sido quien lo ametralló y abatió… Aunque esta increíble concatenación de sucesos no está totalmente contrastada, indica perfectamente que una buena iniciativa (leer aquella magnífica obra del escritor de Lyon) puede desembocar en una catástrofe (la muerte de dicho autor).

En la Historia de España hay hechos acogidos con alborozo en su momento (e incluso bien considerados mucho después) que, analizadas las consecuencias que produjo, se evidencian absolutamente catastróficos para el devenir del país. Uno de ellos es el levantamiento del general Rafael del Riego el primer día de 1920; el militar asturiano se hizo con el ejército que estaba destinado a sofocar las revoluciones independentistas de América y lo levantó contra la monarquía absolutista de Fernando VII, tratando de que éste jurara la Constitución de Cádiz. Al final consiguió que el ‘Narizotas’ abrazara ‘La Pepa’ (al menos de momento), pero sin un ejército que defendiera los intereses de España en Sudamérica, los revolucionarios se impusieron y desde aquel 1820 la fiebre emancipadora acabó con la práctica totalidad de los reinos españoles de América. Es decir, la rebelión de del Riego tenía buena intención: reinstaurar la Constitución de 1812, pero su principal consecuencia fue la pérdida definitiva de enormes territorios; además, tres años después se volvió al absolutismo más cerril y el pobre Rafael del Riego fue derrotado, traicionado y abandonado, condenado a muerte, ahorcado y decapitado y, finalmente, insultado e injuriado por quienes poco antes lo vitoreaban. Una acción loable dio pie a un enorme desastre para España…, y también para él.

Otro concepto que tiene muy buena prensa en amplios sectores de la sociedad es el de la desamortización, sobre todo si se habla de Mendizábal (en realidad, Álvarez Méndez) y Madoz. La primera expropió tierras propiedad de la Iglesia con el fin de ingresar efectivo en la ruinosa Hacienda Española y repartir esas tierras para que se movieran y produjeran. Pero la cosa no salió, ni de lejos, como se había previsto. Quienes compraron fueron los que tenían más dinero, pero en esa compra de terrenos se gastaron los fondos que en otros países se destinaron a la industrialización, de modo que España sufrió un notable retraso en su modernización por culpa de la oferta de fincas y haciendas que hizo el gobierno del masón Mendizábal (el gran Pérez Galdós explica a la perfección los cómos, los cuándos, los por qués en sus imprescindibles Episodios Nacionales); no hay que olvidar que en este país se tenía la posesión de suelo como símbolo de un alto estatus social. En resumen, una iniciativa a priori beneficiosa (poner en circulación tierras de cultivo y pasto para su mejor distribución y aprovechamiento) desembocó en algo tan indeseable e imprevisto como la demora en el proceso de industrialización de España, retraso que se fue arrastrando durante siglo y medio. Además, las tierras las compraron los más ricos, que aumentaron su riqueza y pusieron a los campesinos en situaciones desesperadas; el Estado apenas ingresó efectivo, pues gran parte del pago se hizo con bonos de deuda, que eran papel mojado en los mercados internacionales; al no llegar el dinero para pagar la guerra contra los carlistas el conflicto se prolongó otros tres años; la expulsión de monjes y curas de los conventos conllevó la pérdida de innumerables piezas de enorme valor histórico y artístico por deterioro, robo, venta… En fin, una auténtica calamidad para la mayoría de los españoles. Por su parte, la Desamortización de Madoz arrebató tierras a los ayuntamientos, que hasta ese momento las cedían gratuitamente a los vecinos para cultivo, pasto, leña…; al comprarlas los más pudientes, obligaron a los mismos vecinos a pagar por lo que antes los municipios les daban gratis. Buena pretensión, desastroso desenlace.

En fin, todos estos “cráneos previlegiados” (Valle-Inclán dijo) y sus grandes ideas no han hecho sino traer colosales catástrofes y calamidades para España y los españoles.   
         
CARLOS DEl RIEGO