miércoles, 26 de diciembre de 2012

EL ROSTRO PÉTREO DE POSADA Y SUS ‘PEQUEÑECES’ Es presidente del Congreso y media docena de cargos más; gana casi 190.000 al año y, claro, moviéndose en esas cantidades le parece cosa pequeña unos miles más o menos. Tiene tanta cara como toda esa pasta en monedas

Esta especie de heliogábalo se cree con derecho de pernada sobre los dineros públicos.

La última mamarrachada de politicastro indigno la ha protagonizado el presiente del Congreso, Jesús Posada, que ha desvelado varias ideas que indican a la perfección ese modo de pensar que tienen los que están montados en el carro del privilegio, convencidos de que están ahí prácticamente por gracia divina, y que antes que pedirles cuentas hay que agradecerles el enorme sacrificio que hacen por todos los contribuyentes. Para empezar, bien estaría preguntar a todos ellos por qué han entrado en política, y seguro que la mayoría contestaría que “por amor a la patria” o “por servir a la ciudadanía” (se puede hacer la prueba cuando se tenga alguno cerca); si lo hacen por amor pero cobrando hay que recordar que dar amor a cambio de dinero tiene nombre: amor mercenario, prostitución; y si están para servir al ciudadano no podrán hacerlo correctamente gastándose tan alegremente el dinero público y con tanto desprecio como para llamar ‘pequeñeces’ a lo que para muchos es el sueldo de meses.

El tal Posada (¿Posada?, con las cantidades que maneja más parece Hilton) ha dicho que lo importante es ‘hacer buenas leyes, no si se gasta un poquito más o menos’, pero no se entera (como todo aquel que lleva más de ocho años en política) de que eso que para él es un poquito procede del esfuerzo de muchos miles de sueldos base, y que si es tan pequeño, tan despreciable eso que se gastan sin pestañear, pues que lo repongan de su bolsillo; es curioso, hay veces que cabe la pregunta ¿en qué se gastarán su sueldo?, ya que perciben dinero para viajes, tienen coche y chófer a cargo del erario, dietas de todo tipo, complementos por vivir fuera de Madrid y también por vivir en Madrid, y así sucesivamente. Asimismo afirma sin sonrojarse el individuo en cuestión que ‘no hay que contar todo, que la transparencia no va por ahí’, sin darse cuenta de que se está hablando del dinero de los ciudadanos que, por tanto, tienen todo el derecho a saber qué es lo que se hace con cada céntimo, es más, de político decente y fiable (rara avis) sería ofrecer las cuentas al céntimo de modo voluntario, y dejarlas a la vista de todo ciudadano que quiera ver en qué se ha gastado su dinero.

Este ‘Hotel de Cinco Estrellas’ que preside el Congreso, por otra parte, muestra un rostro verdaderamente pétreo, granítico, cuando dice que no es importante cuánto cuestan las delegaciones parlamentarias puesto que lo que interesa es saber si son útiles o no; o sea, que lo importante es si el bolígrafo escribe bien o mal, no si ha costado uno o un millón de euros, de modo que si escribe bien está justificado el millón que costó. Demencial. Además, como lo de que sean útiles esos viajes parlamentarios es absolutamente subjetivo e indemostrable, y como en todo caso serán ellos quienes valoren tal cosa, ya hay justificación para dilapidar parné público.

Pero la salida de pata de banco de esta especie de árbitro de diputados no termina ahí, puesto que con todo el cinismo del mundo deja claro a todos y sin sofoquina su profundidad moral; esta pomposísima y costosísima hostería se queja de que los políticos cobran entre un 12  y un 17% menos que hace cinco años. Eso habría que verlo y contarlo con calculadora y sin las triquiñuelas que suelen utilizar los que se dedican a tan dudosa actividad. Pero claro, no es lo mismo perder un 17% de 100 que de 10. Este personajillo con aires de lechuguino y aspecto de heliogábalo, además de presidente del Congreso también lo es de la Diputación Permanente, de la Mesa del Congreso y de la Junta de Portavoces, es diputado por Soria y pez gordo del partido, ingresa por cada concepto y recibe complementos mensuales por presidir el Congreso y como miembro de la Mesa, y se lleva pingües cantidades en concepto de gastos de representación y otro tanto como gastos de libre disposición (y seguro que todavía hay algún que otro conceptillo que suma unos cuantos pavos más). Sea como sea, este amantísimo Padre de la Patria  recibe al año casi 190.000 eurazos, parte de los cuales están exentos de tributación; por cierto, dicen que no cobran extra de Navidad, pero perciben 14 pagas al año (rostro rocoso). En fin, que el amor de este tipo sale francamente caro. Parece evidente que lo de llamar ‘pequeñeces’ a unos pocos miles de euros jamás lo diría si salieran de su bolsillo particular (si es tan poco ¿por qué no es así?) y, de ningún modo, si cobrara 800 al mes.

Por último asegura que “el porcentaje de políticos corruptos es pequeño”, sin embargo, el concepto de corrupción no debe quedarse exclusivamente en lo penal, sino que se puede ser moralmente corrupto sin incurrir en delito, y todo indica que tal es el caso. Además, todo el que lleve más de ocho o diez años en política (a costa del erario) se ha convertido en corrupto, pues pasado ese tiempo el político tiene como fin único y exclusivo la política, no el beneficio del ciudadano y el país del que cobra, con lo que está cobrando sin dar a cambio nada, y eso es otra forma de corrupción.

Resulta incomprensible que a esta carísima Posada (que debería recibir inspección de Hacienda y Sanidad) no se le caiga la cara de vergüenza, algo que demuestra que, evidentemente, no tiene contacto con el suelo, con la realidad. Debería pasar un añito cobrando mil al mes y teniendo que pagar todo con esos mil, sin complementos, ni dietas, ni extras, a ver si entonces le parecerían tan ‘pequeñitos’ esos miles gastados en el viaje.
Por cierto, la principal defensa de esta casta es decir que “eso es demagogia”, pero claro, dame 190.000 al año y llámame lo que quieras.

CARLOS DEL RIEGO