viernes, 28 de diciembre de 2012

HIGGS, EL BOSÓN, DIOS Y LA PARTÍCULA Eso del Bosón de Higgs es una de las noticias científicas del año, pero lo bueno del caso es que ha sido utilizado por algunos que no creen como demostración de que Dios no existe, y por algunos creyentes como evidencia de que Dios existe

Peter Higgs ante la demostracción teórica de la existencia del bosón de Higgs.

Estas cuestiones de Física teórica y experimental son verdaderamente complicadas. Este año se ha demostrado (aunque parece que no de modo absolutamente irrefutable) la existencia del bosón de Higgs, que es algo así como “el intermediario presente en todas partes del universo que hace que las partículas tengan masa, el cemento que permite a otras partículas elementales, como los quarks, organizarse y formar cuerpos como los electrones, neutrones y protones, que componen el átomo y, por tanto la materia’. Pero más allá del descubrimiento, interesa también la controversia que ha suscitado el mismo, puesto que muchos le han llamado ‘la partícula de Dios’, cosa que al científico Peter Higgs no le ha hecho ninguna gracia, puesto que tal cosa puede llegar confundir ciencia con religión.

Por un lado están algunos grupos de evangélicos que están utilizando el bosón para, erróneamente, demostrar la existencia de Dios. Sin embargo, si tal cosa se pudiera demostrar sería el fin de la fe, ya que si hay evidencia no hace falta creer, sólo comprobar, y si fuera posible verificar que Dios está ahí, el hombre dejaría de ser tal, ya que al sentir la certeza matemática de la permanente vigilancia divina, actuaría siempre en el mismo sentido, perdiendo la capacidad de elección, la libertad de decidir entre hacer bien o hacer mal.

Y por otro lado, muchos científicos han usado el descubrimiento como base para negar la existencia de Dios. Pero como el propio físico británico ha dicho, un científico puede ser creyente, “sólo hace falta no ser dogmático”, o sea, fanático. En este sentido está su análisis crítico de la obra del biólogo Richard Dawkins (‘El espejismo de Dios’), un comentario en el que reprocha a los furibundos antirreligión ser tan fanáticos como los fanáticos religiosos; o sea, Dawkins, que ataca a los fundamentalismos, no es consciente de que él mismo se ha convertido en fundamentalista del ateísmo (¡cómo si no gastaría tanto dinero en una campaña publicitaria contra la fe!), y eso es lo que Higgs censura al biólogo. Asimismo, en este saco de los empeñados en demostrar lo indemostrable está el prestigioso Stephen Hawkins, que este mismo año (2012) publicó una obra en la que pretendía probar científicamente que Dios no existe. Su argumento se basa en la teoría del Big Bang y aduciendo que como antes de este gran estallido no había materia, tampoco había tiempo, y por tanto sólo había nada, y si no hay tiempo ni materia no es posible la existencia, y por tanto Dios no existe; el razonamiento falla desde el principio, pues el Big Bang es una teoría indemostrada e indemostrable (por no añadir que tal vez este Big Bang nuestro no fuera el primero, o que se estén produciendo ahora mismo más estallidos de estos lejos del alcance de los más potentes radiotelescopios). Además, parece un ejercicio de soberbia querer meter en una mente finita, como la humana, conceptos y dimensiones que tienden al infinito.

En fin, que sólo los fanáticos y los ignorantes (aunque sean eminencias científicas) pueden buscar pruebas a favor o en contra de la existencia de Dios; he hecho, la postura más correcta desde un punto de vista científico es el agnosticismo, o sea, admitir que no se puede constatar nada al carecer de la más mínima prueba en un sentido o en otro y, en consecuencia, el científico riguroso que habla desde la ciencia no se puede pronunciar.

Sea como sea las declaraciones del científico del año ponen los puntos sobre las íes y una dosis de cordura en una controversia irresoluble como es el pretendido enfrentamiento entre ciencia y religión, que es como querer enfrentar a un equipo de baloncesto contra uno de rugby, cada uno con sus reglas y su balón: un imposible, un absurdo.

CARLOS DEL RIEGO