jueves, 30 de mayo de 2013

LA VERGONZOSA E INDIGNATE LIBERTAD DEL MÚLTIPLE ASESINO VALENTÍN LASARTE Mató fríamente a varias personas, fue condenado a 30 años y apenas ha cumplido la mitad, sin embargo, ya está en la calle disfrutando de permisos y beneficios. Y aunque la culpa de las muertes es enteramente suya, el hecho de que ya esté burlándose de las víctimas y sus familias es oprobio y vergüenza para jueces y legisladores

El abyecto asesino disfruta de aquello que robó a sus víctima, la vida, la familia, la libertad, y sin tener que devolver lo robado.
El repugnante asesino etarra Valentín Lasarte, con no menos de siete muertos en su currículo, tres como autor material, ya está disfrutando de permisos penitenciarios, lo que supone que su libertad total está muy próxima. Este cobarde cuyo modus operandi solía ser acercarse por detrás y pegar un tiro en la nuca a su víctima, apenas ha pasado quince años entre rejas; pero casi tan terrible como eso es el hecho de que con el historial de esta hiena se le condenara sólo a treinta años… El muy degenerado terminó con la vida de Gregorio Ordóñez (por cierto, nieto de un fusilado en agosto del 36), que tenía 37 años, hizo lo mismo con Enrique Nieto, que murió tras meses de coma irreversible a los 46 años, y también con José Manuel Olarte, que contaba 42. Viudas, huérfanos y demás familiares se han visto privados de su ser querido para siempre, mientras que la rata sanguinaria sólo ha pagado con 180 meses sin libertad, quince años de su vida a cambio de haber robado no menos de treinta a cada una sus víctimas directas.

Esto puede ser cualquier cosa menos Justicia. Si uno perpetra tres robos de 30.000 euros y es capturado, parecería una burla que el juez lo condenara a devolver sólo cinco mil a cada perjudicado, nada de eso, es más, con total seguridad sería obligado a reintegrar el importe completo de lo sustraído más intereses y sanciones; sin embargo, parece que para magistrados y legisladores los años de vida arrebatados a una persona tienen menos valor que el dinero, dado que no se exige devolver la cantidad íntegra de años robados. No hace falta argumentar que los años que pene el criminal no devolverán la vida al tiroteado, pero es un alivio para sus allegados (y para toda la gente de bien) irse a la cama con la seguridad de que el pervertido pistolero está pagando. ¡Piénsese cómo ha de sentirse alguien sabiendo que quien segó vilmente la vida de su hermano, hijo, padre, amigo, disfruta de la libertad después de sólo quince años de prisión!, y no digamos si la pérdida es de un niño. Algunos de los pobres desdichados que sobreviven al insoportable mazazo del asesinato inútil y sin sentido de un ser querido afirman que soportar la injusta libertad prematura del criminal es como si el muerto fuera muerto cada día, como si el dolor renovara tozudamente su intensidad diariamente, mientras que saber que el verdugo está entre rejas permite ir superando la pérdida, no olvidar, no dejar de llorar, pero al menos permite dormir.

Ahora, después de apenas tres lustros de privación de libertad (en 1997 fue condenado) el juez ha decidido, en contra de la junta de tratamiento del centro penitenciario y también del ministerio, castigar a los familiares de sus víctimas y permitir que este indeseable fanático empiece a disfrutar de aquello que robó a varios de sus semejantes: la vida, la familia, la libertad. No se trata de venganza, pues si así fuera se exigiría la misma moneda, el paredón, y no es así, se trata de Justicia, de pagar el mal hecho según su magnitud y circunstancias.

Tan doloroso como el asesinato y las decisiones de los jueces es, por otro lado, la insolidaridad que han de sufrir los familiares y amigos de los muertos por parte de amplios sectores de la sociedad, puesto que son muchos los que están de acuerdo con  la excarcelación de etarras con sangre en las manos, y hasta claman por todo tipo de beneficios y privilegios para los fanáticos; incluso hay quien los considera presos políticos, guerrilleros de la libertad, patriotas esforzados… Asombrosamente son los mismos que exigen investigar y castigar los crímenes de la Guerra Civil y el Franquismo; es decir, hay personas que muestran enorme empatía con los fusilados hace casi 80 años y con sus descendientes pero, contra toda lógica, se quedan fríos ante los ejecutados por los etarras hace dos días, y peor aún, no esconden su gran antipatía para con las familias de los que recibieron el tiro en la nuca… Esta gente que piensa así muestra una incongruencia total, un perverso y aberrante relativismo moral que les lleva incluso a despreciar e insultar a los hijos de los muertos por atreverse a exigir justicia, y por exigir que el asesino siga en la cárcel les llaman vengativos. Y qué decir de cineastas, escritores, artistas que denuncian todo tipo de crímenes e injusticias en sus obras pero jamás se atreven a señalar a los etarras, y si alguna vez tocan el tema lo hacen colocando a víctimas y verdugos a la misma altura, equidistantes, y eso si no se muestran partidarios de las bestias salvajes.

Es de lo más vergonzoso que con un “seré bueno” y una firma se concedan indecentes beneficios a asesinos múltiples, privilegios que son insultantes para las víctimas y sus familiares, sobre todo porque el depravado Lasarte no ha manifestado nunca de modo expreso un ápice de arrepentimiento. Sin duda, este tiparraco volvería a repetir sus hazañas, volvería a asesinar. Ya sabe cómo se hace, qué se siente y como se acalla la conciencia hasta matarla también. Un asesino será toda su vida un asesino, por mucho que pasee al niño. 
    
CARLOS DEL RIEGO