martes, 28 de mayo de 2013

LOS EXCESOS EN CIRUGÍA ESTÉTICA Y LA CULPA DE LOS (MALOS) DOCTORES ¿Cómo es que hay cirujanos plásticos que operan a sabiendas de que la intervención no mejorará lo previo o que incluso puede ser perjudicial? ¿Cómo es posible que hombres y mujeres aparentemente juiciosos caigan en los embelesos y cantos de sirena de facultativos convertidos en vendedores?

  
La persona más operada del mundo
 no podía  sonreír,  ni beber sin pajita.
Así está ahora tras las primeras
 operaciones para recuperar 

su rostro.





Hace unas semanas la prensa británica daba noticia de una famosa modelo que, tras haberse sometido a no menos de 350 operaciones de cirugía estética, había iniciado el camino de vuelta, o sea, había decidido retirarse ‘añadidos’ y ‘arreglos’ tratando de recuperar en lo posible su aspecto anterior; al parecer, y dado que gran parte de esas visitas al quirófano lo fueron para ‘tunerarse’ la cara, la mujer había perdido casi toda la movilidad en el rostro, incapaz de expresar, incapaz de beber salvo con pajita e incluso imposibilitado para sonreír. Largo, costoso y doloroso camino de regreso, como demuestra el hecho de que para retirarse algunos de los muchos implantes faciales han tenido que romper su mandíbula por varios sitios…
Resulta imposible encontrar belleza en rostros como este.
El caso de esa joven británica (Alicia Douvall) es el de muchas mujeres en todo el mundo, muchas de ellas no exentas de juicio e inteligencia que, inexplicablemente, se dejan embaucar por los (malos) facultativos; la mencionada ex modelo denuncia que ninguno de los doctores le advirtió jamás de los peligros del exceso de quirófano, nunca la previnieron de los problemas de movilidad e incluso funcionalidad que iba a tener (no respiraba correctamente por la nariz), nunca le desaconsejaron parar la locura, al revés, “siempre me animaban a más…, sólo querían mi dinero”, dijo no sin razón, pues calcula que se ha gastado más de un millón de libras esterlinas en cirujanos.

Hay mujeres adictas al quirófano que huyen hacia adelante y, lejos de asustarse ante su jeta en el espejo, siempre están pensando en la siguiente operación,  como si de una droga se tratase, como si su cerebro las engañara y les hiciera creer que están guapísimas, como el marido burlado que se niega a creer las evidencias y las revelaciones de sus allegados. Pero también hay otras que, en un momento determinado, caen en la cuenta del (carísimo) estropicio que se están haciendo y hablan y cuentan cómo los especialistas en estética las halagaban y señalaban lo fácil que sería mejorar y quedarse cerca de la perfección tocando un poquito aquí, implantando esto allá, quitando de este lado o estirando del otro. De este modo, como auténticos charlatanes, emboban, deslumbran y crean falsas ilusiones, sabiendo que si la víctima tiene mucho dinero es fácil de convertirla en adicta a la estética. Pero claro, los resultados casi nunca son los esperados (dicen los verdaderos expertos que si se nota, está mal), con lo que los charlatanes aconsejan nuevos pasos por la sala de operaciones…, y así sucesivamente hasta haber sacado sumas escandalosas a cambio de deformar (a veces horriblemente) a las incautas. El asunto es más común entre ellas, aunque cada día son más los que también se dejan engatusar por trileros de bata blanca y guantes de látex…; lo verdaderamente asombroso es que gran parte de los que caen en la trampa (hombres y mujeres) pasan por ser personas dotadas de gran personalidad, gentes ilustradas y con criterio, y esto es lo verdaderamente desconcertante, ¿qué extraño atractivo ejerce la perspectiva de levantarse la piel de la cara, serrarse huesos, introducirse cuerpos extraños o extirpar trozos de uno mismo?, ¿cómo es posible arriesgarse a un paso por el quirófano sin necesidad?, ¿por qué una persona de luces decide transformar su rostro a veces hasta hacerlo casi irreconocible?, ¿es posible que crean que la cirugía borra el paso del tiempo como con el photoshop? Y todo ello tras aflojar sumas escandalosas. Y todo ello para quedar mucho peor, puesto que nadie que deje su visaje en manos de esos malos profesionales logrará quedar mejor que antes; y además, la mayoría de los primos negará y negará maniobras en su careto (como el malogrado Michael Jackson, que apenas admitía una o dos operaciones) aun cuando se comparen las fotos de antes y después.  

Casi siempre las operaciones vuelven irreconocible al personaje y
rara vez logran mejoría.

Asimismo, también tiene su guasa el hecho de que las mujeres que se implantan en los labios (que forman una especie de pico de pato), se acentúan los pómulos y se estiran en torno a los ojos (las intervenciones más solicitadas) tienden a parecerse, a presentar la misma expresión bobalicona y rígida.

El de la cirugía estética innecesaria es, en fin, uno de los problemas que tienen aquellas personas que no tienen verdaderos problemas y, por tanto, han de buscarlos. Y es que la mente humana es absolutamente contradictoria, desconcertante.


CARLOS DEL RIEGO