viernes, 3 de mayo de 2013

JASON COLLINS BUSCA EN OTRO SITIO LA FAMA QUE NO ENCONTRÓ EN LA CANCHA La declaración del veterano jugador de la NBA tiene un fin evidente: alcanzar esos minutos de gloria a los que, según se ha dicho, todo mortal tiene derecho

Tras 12 grises años en la NBA, Jason Collins (de rojo) no ha querido irse sin dejar huella, aunque por motivos ajenos al juego

La noticia explotó hace unos días en la prensa de todo el mundo: un jugador de la NBA declara a los cuatro vientos su homosexualidad, pero sintomáticamente esa explosión ha sido como de gaseosa, pues Jason Collins ya no es noticia. Muchos homosexuales han alabado el gesto en voz alta destacando la valentía del pívot, pero en ‘petit comité’ no dudan en afirmar que lo que este señor ha buscado es, en realidad, sus quince minutos de gloria. Está a punto de terminar su carrera deportiva, en la que ha pasado por seis equipos (casi todos segundones y alejados de finales), pero nunca había obtenido ninguna repercusión mediática, no fue nunca MVP (jugador más valioso), nunca se acercó a alguna final ni sus números tienen el menor brillo.

Echando un vistazo a sus estadísticas queda más que patente que ha sido un jugador mediocre e intrascendente para sus equipos: 3,6 puntos por partido (en sus mejores momentos no llegó a 7), 3,8 rebotes, 0,5 tapones…, y ello a pesar de haber jugado una media superior a 20 minutos por partido, aunque en los últimos años esos minutos han sido cada vez menos, hasta llegar a los 4,8 de esta temporada en los Washington Wizzards; por hacer una comparación deportiva, Paul Gasol (pívot como Collins y también con 12 años en la NBA) promedia más de 18 puntos y más de 9 rebotes por partido. En fin, que rara vez este 7 pies (o sea 2,13 metros de altura, por 2,15 de Gasol) fue uno de los destacados de su equipo, y nunca paso de ser un jugador gris, totalmente apartado de los focos y los micrófonos, algo que debe ser francamente duro, cruel, para un jugador de la potente liga estadounidense. Jugadores con estadísticas similares son Kevin Kunnert, Randy Denton, JaVale McGee o Joel Przybilla…, nombres con nulo peso en la historia de la liga de baloncesto más poderosa y, por tanto, absolutamente desconocidos; y Collins no quería dejar la NBA sin llamar la atención.

Y así, viendo cada vez más cerca el fin de su presencia en la cancha sin haber disfrutado nunca de un poco de protagonismo, no quiso irse sin esos minutos de fama a los que todo mortal tiene derecho, y como no ha demostrado ningún mérito real para lograr esos deseados instantes, decidió que lo mejor para cobrárselos era hacer una declaración que, sin duda, sería noticia en todo el mundo. 
Por otro lado, esa información que acaba de proporcionar el pívot importa tanto al espectador como si revelara que prefiere las pelis del oeste a las de zombies, o sea, a la gran mayoría de los que leen la prensa les trae al pairo con quién se empareje ese señor, que muy pronto volverá al anonimato…, salvo que ese momento de protagonismo lleve al bueno de Collins a algún que otro contrato para hacer este o aquel programa, pues finalmente ha conseguido la relevancia que tan adversa le fue bajo los tableros.

Es curioso cómo gran parte de los homosexuales esgrimen como mérito su condición(no todos, pues hay muchos ciudadanos de a pie con dicha opción que despotrican de los que están todo el día agitando esa bandera), de manera que con una mano exigen normalidad y aceptación pero con la otra tratan de diferenciarse y remarcar la diferencia.

Lo de tildar al jugador de valiente es otra exageración, pues agresiones a homosexuales por ser tal no son más que las sufridas por mendigos, negros, mujeres, niños…, o sea, los prehomínidos dispuestos a la violencia y la discriminación necesitan muy poco para ejercer de australopiteco; y del mismo modo lo de señalar ‘lo importante’ de su declaración, pues eso no va a cambiar la opinión que los descerebrados tienen para con los que piensan o prefieren algo diferente.

En fin, Collins ha buscado lejos de la cancha el protagonismo que no encontró en ella. Y afirmar tal cosa no es “homofobia” (hay que insistir, homo significa igual, y fobia quiere decir odio o miedo, por lo que homofobia significa realmente odio o miedo al igual, de modo que tildar a alguien de “homófobo” es lo mismo que decir que odia o teme a los que son como él, cuando en realidad se pretende decir todo lo contrario), pues nadie ha pedido perseguir, discriminar o esconder a los gays.

Sea como sea, Jason Collins ha logrado su verdadero propósito: minutos de fama. 

CARLOS DEL RIEGO