martes, 30 de abril de 2013

INDIGNANTES SENTENCIAS, INDIGNANTES JUECES Una abrumadora mayoría de la población va de la perplejidad a la indignación al conocer sentencias judiciales que van contra toda lógica y, lo que es peor, contra las pruebas y los argumentos. Pero nada les ocurre, pues es tal el poder de sus señorías que pueden sentenciar como les parezca como dejar en prácticamente nada las acusaciones contra personajes como el torero José Ortega Cano o el doctor Eufemiano Fuentes


Eufemiano Fuentes sale del trance sin un rasguño, como era de esperar.
Varias causas judiciales de gran alcance mediático arrojan sus primeros desenlaces, dejando bien claro que la justicia no es igual para todos, ya que, apoyados en poderosos, agresivos y caros equipos de abogados, y gracias a la predisposición de los jueces a quitar pena al acusado de renombre por muy claras que sean las pruebas y por muy graves que hayan sido sus delitos, los presuntos serán castigados con poco más que un par de semanas sin postre. Claro que los mismos delitos perpetrados por ciudadanos de a pie tendrían diferente consideración por parte de esos personajes que, en realidad, tienen tal poder que pueden sentenciar lo que les venga en gana (por no hablar de la presunción, engreimiento y afectación en que permanentemente viven sus señorías).
Su señoría no quiso saber quiénes más estaban implicados y se negó a que se pusiera nombre a cada bolsa de sangre
El caso Ortega Cano es evidencia de injusticia. Condujo, según testigos y pruebas (desechadas) en estado de embriaguez, provocó un accidente y causó una muerte. Sin embargo, el magistrado no admite las evidencias de la presunta cogorza que el torero llevaba: ni las pruebas médicas (el picapleitos consiguió que el que falla dudara sobre la cadena de custodia), ni las declaraciones de los testigos (todos coincidentes), ni las de los policías que acudieron al lugar del siniestro; es curioso, cuando el acusado es Juan Nadie la declaración de la policía es dogma de fe para el juez, pero si éste está ante una cara famosa las cosas cambian. El caso es que el juez opina, busca recoveco para dar una explicación a su veredicto y ya está; si luego viene otro colega que desmonta tal interpretación, puede cambiar el sentido de la sentencia, pero nadie reprochará al primero su mala praxis, imprecisión, equivocación o metedura de pata. Lógico sería que si un segundo togado resuelve que lo que resolvió el primero fue un yerro, debería acusársele de haber dictado sentencia errónea, y por tanto castigársele igual que (por ejemplo) al médico que se deja confundir por los síntomas y emite un diagnóstico incorrecto.

De gran repercusión internacional es el caso de la Operación Puerto. El médico Eufemiano Fuentes está acusado de diseñar planes de dopaje para deportistas y de suministrarles las sustancias dopantes. El togado que ha instruido la causa ha sido tan benévolo en su decisión que sólo le ha faltado dar una palmadita en la espalda al doctor Fuentes y demás acusados. Pero lo peor es que se ha negado a facilitar las bolsas de sangre con las que se podría identificar a docenas y docenas de tramposos, ha impedido que se clarifique la cosa, que la justicia llegara hasta el final…, al actuar así alguien podría llegar a la conclusión de que el hombre de la toga negra está siendo un obstáculo para desenmascarar delincuentes…, talmente como si se detiene a un gran narcotraficante pero el tribunal no permite que se investiguen sus archivos, que llevarían a la identificación de muchos de los distribuidores de la droga.

Y la cantaora Isabel Pantoja no ingresa en prisión por un delito que hubiera dado con cualquier prójimo en la trena. Y el homicida Oscar Pistorius (que dio plomo a su novia) ya puede abandonar el país y, seguro, no pasará una sola noche entre rejas; lo cual demuestra que la casta judicial es idéntica aquí y en Ciudad del Cabo.

Y todavía se recuerda al señor juez que rebajó pena al violador porque al terminar su crimen le dio un vaso de agua a la víctima…, o aquel otro que casi exime al agresor sexual porque la mujer llevaba pantalones ajustados. ¡Y nadie elevó la voz contra estos arbitruchos miopes!

Y a todo esto los asesinos de Marta del Castillo siguen riéndose gracias a políticos y jueces. ¡Qué horror!   

      
CARLOS DEL RIEGO