jueves, 25 de abril de 2013

LAS ABSURDAS PALABRAS DE BAN KI MOON EN EL DÍA DE LA TIERRA Hace unos días se celebró el Día de la Tierra con, sobre todo, grandilocuentes declaraciones, propósitos bienintencionados y bonitas palabras, la mayoría de las cuales vienen de auténticos peces gordos (del ámbito político, social, intelectual…), entre los que está el Secretario de la ONU, el surcoreano Ban Ki Moon, que ha largado desatinos de ignorante sin el mínimo rubor

Este sonriente personaje, que jamás ha trabajado pie a tierra y siempre ha vivido rodeado de privilegios, muestra una increíble ignorancia e hipocresía.

No deja de llamar la atención que este señor realice proclamas ecologistas cuando gasta, consume y mancha como todo gran personaje de la política internacional: calcúlese cuánto ensucia cada vez que, junto a su séquito, toma un avión (coche, tren, barco), cosa que hace casi a diario, y piénsese que seguro que conecta calefacción y aire acondicionado cuando tiene frío o calor…

Pero lo peor son los disparates que Ban Ki Moon ha tenido a bien divulgar a los cuatro vientos. El primero es afirmar que “la Tierra está en peligro”, una falsedad en toda regla, pues quien está en peligro sería el modo de vida del ser humano y, en último caso, el propio ser humano, pero no el planeta. Parece increíble que quien ocupa cargo tan importante no sepa que la Tierra ha pasado por episodios infinitamente más catastróficos que el actual, y que ha sufrido agresiones internas y externas infinitamente más perjudiciales que todos los que le pueda ocasionar el hombre.

Todo el que tenga un mínimo interés por el tema habrá oído hablar de las grandes extinciones provocadas por monstruosos meteoritos que impactaron contra la tierra causando drásticos cambios climáticos, por pavorosas glaciaciones que bajaron metros y metros el nivel del mar, por colosales erupciones volcánicas en diversos lugares del planeta que afectaron al clima general…; quien tenga inquietud por estos asuntos sabrá de la gran extinción del Pérmico (hace 250 millones de años) que acabó con el 95% de las especies marinas y el 75% de las terrestres (vertebrados, insectos, plantas), de la del Devónico (360 millones de años) que borró al 70% de lo que vivía y que, afirman los expertos, duró unos seis millones de años, de la del Cretácico (hace 65 millones de años), en la que desaparecieron las tres cuartas partes de las especies, dinosaurios incluidos… Es decir, salvo que se empiecen a fabricar y detonar miles y miles de bombas atómicas, salvo que se desvíe un meteorito de 500 kilómetros para que impacte contra la tierra o salvo que se provoquen mil o diez mil erupciones volcánicas a la vez (¡cómo se harán estas cosas!), el hombre es actualmente incapaz de causar cataclismo medioambiental que pueda compararse a alguno de los que ya han sucedido; pero a pesar de todo lo sufrido, la Tierra siempre se ha recuperado, es más, decir como ha dicho Ban Ki Moon que “estamos poniendo en peligro la Tierra” es una muestra de soberbia, de egolatría, de altivez y vanidad humana, pues la fuerza del hombre jamás podrá compararse a la del planeta. En fin, que por mucha contaminación que esté vertiendo el hombre, por mucha destrucción de hábitats, gases nocivos, deforestación, desertización, basuras…, la Tierra terminará por imponerse, pues el tiempo está de su lado, mientras que el hombre (pretencioso y engreído como siempre) apenas supondrá un par de líneas en la historia geológica del planeta.

Lo que sí se está poniendo en peligro es la supervivencia y salud de muchos seres vivos (humanos incluidos) y, en todo caso, el actual modo de vida de la especie dominante, pero en ningún caso la vida ni, por supuesto, la propia Tierra.

También resulta hilarante la propuesta de este señor de proclamar los derechos de la naturaleza…; en pocas palabras, Moon pretende otorgar derechos a las piedras y las montañas, a los ríos, a los vegetales y animales (¿incluyendo insectos, amebas o ratas?), a los volcanes, maremotos y corrientes marinas…, que todo es naturaleza. Parece difícil entender que alguien como el Secretario de la ONU no comprenda que sólo pueden tener derechos las personas, únicos seres capaces de comprender qué son los derechos y los deberes que éstos conllevan. Lo que sí es evidente es la responsabilidad y obligación que el ser humano tiene para con animales y plantas y, en fin, para con el medio ambiente en general, al que debe cuidar, proteger y mantener en buenas condiciones para transmitirlo en el mejor estado posible a las siguientes generaciones. Por cierto, uno de los grandes causantes del evidente deterioro medioambiental es la obsesiva incitación al consumo que llevan a cabo las empresas de publicidad y propaganda que, estimuladas por la industria y el comercio, machaconamente inducen (casi obligan) a comprar, a gastar, a tirar, a volver a comprar…, a manchar, a contaminar, a infectar.
 
Por otro lado, este buen hombre es de los que ha visto siempre todos los problemas desde una posición de privilegio y seguridad, ya que dice su biografía que apenas terminados sus estudios recibió su primer cargo, y desde entonces ha ido empalmando uno con otro hasta llegar a Secretario de la ONU; o sea, Moon (al igual que su predecesor, el caradura Kofi Annan, que jamás consiguió solucionar nada) no ha trabajado jamás pie a tierra, nunca ha tenido que enfrentarse a los problemas cotidianos a los que se enfrenta a diario el ciudadano de a pie, y por esta razón jamás ha alcanzado el más mínimo resultado, de hecho sólo logró que se permitiera la entrada de la ONU en Darfur…, escaso beneficio a cambio de todo lo que este hombre cobra, gasta, consume y mancha. Eso sí, tiene muchos premios y doctorados por varias universidades, todos ellos “por su intento de pacificación…”, por sus reuniones con…”, “por sus esfuerzos en pro de…”, pero nunca por haber solucionado; y es que sólo en esos ámbitos se recompensan los intentos, cosa que está al alcance de cualquiera (todo hijo de vecino puede intentar) y, por tanto, tiene escaso mérito.

Será por eso que no se ruboriza al soltar absurdos como los que manifestó el Día de la Tierra.
           
CARLOS DEL RIEGO