lunes, 1 de abril de 2013

MOURINHO, UNA DE LAS PEORES PERSONAS EN LA HISTORIA DEL FÚTBOL ESPAÑOL Desde que llegó no ha dejado de meterse en todos los charcos, buscar enemigos, abrir frentes y fabricar problemas, de forma que así ha conseguido uno de sus principales fines: acaparar atención; y si para lograr ser siempre el único protagonista ha de pisar cabezas, las pisará. Este es Mourinho como persona

El entrenador y el jugador no se dirigen la palabra desde hace meses.

Tiene el entrenador de fútbol José Mourinho una personalidad digna de estudio. En los tres años que lleva en España no ha dejado de ser portada, de protagonizar enfrentamientos verbales y físicos, de mentir descaradamente, de amenazar, de manipular, de utilizar personas y entidades en su propio beneficio…, no le ha importado pasar por encima de quien fuera con tal de alcanzar su objetivo. Ahora ha dado otro paso en su camino a la ruindad al relegar a un jugador tan emblemático y contrastado, tan íntegro como Iker Casillas.

El técnico portugués está acostumbrado a mentir; por ejemplo cuando entresaca y publicita las decisiones arbitrales que le han perjudicado pero silencia las que le benefician, es decir, sólo cuenta una parte de la verdad, la mitad, y cuando sólo se dice la mitad de la verdad se está mintiendo. Además, antes de la elección del Mejor

Entrenador, al no tener claro su triunfo se negó a asistir a la gala aduciendo que tenía que quedarse a trabajar; sin embargo, unos días después de la entrega afirmó que no había acudido porque sabía de manejos para tergiversar la elección…, cosa sorprendente al no conocerse ni el ganador ni cómo se había votado; en todo caso la contradicción, el embuste, es evidente. En realidad, la pataleta de niño malcriado viene a cuento de que la federación internacional ha señalado a otro y no a él como el mejor, y eso es de imposible digestión para el envidioso soberbio.

Son muchas las mentiras contrastadas que ha largado el personaje, la más reciente decir que quitaba a Casillas porque su suplente, Adán (al que usó y manipuló), estaba mejor, pero al poco ficha a otro y sienta a Adán; y ahora, aprovechando una lesión, ha mandado al portero campeón del mundo a la grada, pues ni siquiera lo convoca como suplente ni lo piensa hacer. Sorprende que haya ponderado varias veces el trabajo del portero recién fichado, Diego López, cuando en casi tres temporadas nunca ha dicho una palabra elogiosa de Casillas, de hecho, cuando éste tuvo actuaciones sobresalientes el portugués se limitó a afirmar que ese era su trabajo, que para eso estaba, nada más. La tirria y rencor hacia el futbolista es casi escandalosa: no piensa contar con él en lo que resta de temporada, pues dice que López lo está haciendo muy bien y no hay por qué cambiar…, pero si quien se hubiera perdido varios partidos por lesión fuera Ronaldo, en cuanto estuviera sano volvería a la titularidad por más que quien le hubiera suplido se hinchara a marcar goles. La falsedad de sus argumentos es manifiesta.   

Parodiando sus propias palabras ¿por qué?, ¿por qué esa inquina hacia el futbolista madrileño? Viendo antecedentes todo apunta a los celos, a la imposibilidad de asimilar que haya alguien más querido que él en su entorno, a no soportar que en su propio equipo exista alguno que acumule más cariño que él…, y por supuesto jamás permitirá que cualquier compañero de club acapare mayor protagonismo. Por eso liquidó a Valdano, por eso menospreció a Pedro León hasta que logró su salida del club (hay que recordar que en su momento los periodistas le insistieron sobre éste, lo que significó su ostracismo); alguien dijo algo bueno de Toril y su reacción fue furibunda; Casillas viene siendo admirado desde hace años…, mientras Mourinho esperaba pacientemente su oportunidad.

También se puede recordar el episodio del periodista Antón Meana: el luso y otros cuatro lo encierran en una sala del estadio Bernabéu como si fuera una checa (lugar donde se interrogaba y torturaba en la España republicana) para amedrentarlo; o el de Vilanova: primero le niega a pesar de conocerlo perfectamente al haber trabajado con él, y más tarde le agrede a traición, volviéndose y dando inmediata y cobardemente la espalda a una posible reacción defensiva.

Además, como es sabido, no permite que nadie le contradiga, es decir, más que lealtad él ordena fanatismo, más que compañerismo reclama seguidismo ciego, más que fidelidad exige sectarismo tribal, y no soportará la mínima discrepancia o crítica (Ronaldo o Ramos dijeron una palabra más alta que otra y… ¡al banquillo!) ni que nadie de su entorno se comporte deportiva y elegantemente con un rival. Y así, culpando a los otros, a todos los demás de todo lo malo que le afecta a él y a sus intereses (que coinciden ocasionalmente con los del club), ha conseguido partidarios incondicionales, adeptos absolutos, como demuestra el hecho de que madridistas de toda la vida defienden hoy al personaje incluso por encima del equipo y sus intereses: ha captado fanáticos para la secta Mourinho (el sistema es el favorito de los dictadores) que no dudan en atacar furiosamente a quien se enfrenta o critica a su líder, a su caudillo; y además, los integrantes de la secta justifican cualquier acción del guía y niegan la evidencia, y cuando la acción del káiser es indefendible, buscarán y encontrarán disculpas y porqués. Dicen que los resultados le dan la razón, pero muchos otros antes lograron tanto o más sin usar esos modos. Este tipo quiere convertir el Real Madrid en Corea del Norte con él como Kim Jong Un; afortunadamente hay tantos madridistas sensatos como extremistas ‘mourinhistas’.

Con todo ello se puede trazar un perfil bastante aproximado del personaje y del tipo de persona que es José Mourinho: cobarde y mentiroso, manipulador y soberbio, ególatra y endiosado y, a la vez, carente del pudor necesario para no alabarse y ensalzarse pública y continuamente (no deja pasar oportunidad para destacar sus logros personales, pues siempre antepone sus objetivos a los de la entidad); pero curiosamente se siente perseguido por todos, personas y entidades, aquí y en cualquier lugar.

Es como si este hombre hubiera sufrido alguna carencia afectiva en la infancia y, por eso, ahora no soporta a nadie a su alrededor que sea más querido o acapare más atención, es como si tuviera clavada la frustración de no haber sido una estrella en el césped y, hoy, aprovecha cualquier contingencia para vengarse y descargar su irritación y rencor permanentes con el profesional que recibe elogios…, sobre todo si éste no es de los que le siguen ciegamente.

Obsérvese que José Mourinho goza de una existencia privilegiada: trabajo interesante y nada monótono, protagonismo casi a diario en los medios y reconocimiento mundial, ingresos astronómicos y millones de fans, salud para él y su familia…, y sin embargo da la impresión de estar siempre insatisfecho, de sentirse infeliz y perseguido, parece no estar nunca mínimamente contento y alegre y se muestra como un protestón profesional que quiere pasar por víctima… ¿Por qué?, ¿por qué no es feliz teniendo más que el 99’99% de los mortales? Pues sencillamente porque, por lo que sea, en el fondo no está contento consigo mismo, y por tanto no valora todo lo que tiene y todo lo que la vida le está dando.

Por sus palabras y hechos bien se puede sostener que es de las peores personas que han intervenido en el fútbol español. Y eso que ha habido muchos que han mostrado comportamientos tan indignos y vergonzosos, pero es difícil encontrar alguno que le supere en cantidad.

CARLOS DEL RIEGO