domingo, 12 de mayo de 2013

MARAVILLAS DEL ROCK OLVIDADAS EN EL ÁNGULO OSCURO DE LA HISTORIA Algunos de los grandes clásicos siempre están presentes, vuelven una y otra vez ya sea para este spot o para aquella película, pero hay otros que, a pesar de mostrar la misma talla, rara vez salen del rincón para situarse justo bajo los focos

El gran Phil Lynnot, líder de Thin Lizzy.

El éxito, como es sabido, es caprichoso. Piezas musicales que evidencian talento y virtuosismo no tienen garantizada la recompensa, la mayor parte de las veces por aparecer en un momento inoportuno y otras simplemente por no terminar de conectar, por no conseguir ‘química’ con el oyente; con el paso del tiempo muchas de estas terminan por ser reconocidas, recuperadas, con lo que al final el autor se lleva un premio, tardío y disminuido, pero premio.

Todo buen aficionado podría recitar una docena de grandes títulos de la historia del rock que apenas consiguieron algo de relevancia en su momento; claro que también se da el caso del que prefiere que ‘su’ grupo se haya quedado en el estatus de ‘grupos de culto’, es decir, que no se haya masificado (comercializado, dirían los más radicales).

Blue Oyster Cult es uno de los grandes del rock duro norteamericano. Imprescindible de los setenta del siglo pasado, la banda neoyorquina apenas ha dejado la actividad desde que diera sus primeros pasos al inicio de la década, aunque en realidad su producción empieza a perder brillo a mediados de los ochenta. Sus dos emblemáticos guitarristas, ‘Buck Dharma’ (Donald Roeser) y Eric Bloom, son lo que se dice dos héroes legendarios del rock. Y aunque para muchos sea un grupo alejado de los puestos altos de las listas y de los rankings, algunas de sus obras sí que están en la élite del género, como la inigualable ‘Don´t fear the ripper’, ‘Burning for you’, ‘Godzilla’ o ‘Carer of evil’, pero resulta sorprendente que una cumbre del hard-rock como ‘Cities on flame with rock & roll’ pase desapercibida para la mayoría. Al igual que la gran parte de su producción el texto coquetea con lo esotérico, con lo tortuoso, con lo críptico, pero su fuerte son esas guitarras cargadas de pesada elegancia, de metal ligero…, son heavy en su más puro significado, y enciende la llama hoy igual que cuarenta años atrás. Desde el riff inicial se palpa la tensión, con el diálogo de guitarras, con los momentos de batería, el solo (y los alardes) de Dharma, escalofriante, modélico, cien por cien hard, . ¡Cómo es posible que esta pieza no esté en los altares del género!

Todavía en la década de los setenta pero en un momento totalmente nuevo, los británicos The Only Ones fueron uno de los grupos de punk-new wave (las fronteras estaban realmente difusas y, en realidad, tenían más del rock sicodélico de los sesenta, como el de los primeros Pink Floyd, que de otra cosa) que pasaron pronto a formar parte de ese apartado llamado ‘bandas de culto’, tal vez porque apenas duraron cinco o seis años y sólo sacaron tres álbumes o por los problemas con las drogas, pero curiosamente su gran canción, ‘Another girl another planet’, no deja de aparecer en todos los recopilatorios tanto de punk como de new wave; sea como sea, en aquellos momentos bastaba mencionar a los Only Ones para pasar por un experto. La canción comienza enigmática y se desarrolla en un tono inquietante, con guitarras muy altas, voces aparentemente lastimadas, cansadas, y textos que parecen hablar de una chica pero que todo indica que se refieren a la droga, pues hay “viajes espaciales en mi sangre”, y “siempre te pones bajo mi piel”, “contigo estoy en otro planeta” o “siempre coqueteo con la muerte” (y su autor, Peter Perret, tuvo muchos problemas con la heroína). El ambiente general es intensísimo, potente y muy vehemente…, ¡y qué extraordinario sólo de guitarra a cargo de John Perry con su aspecto alucinado!

La lista de grandes canciones que apenas escapan de la oscuridad del rincón podría ser interminable y, evidentemente, cada uno guarda en su corazoncito algunas piezas con las que siempre ha mantenido conexión a pesar del paso del tiempo. Por ejemplo ahí está la apasionada ‘Whisky in the jar’ del malogrado (¡malditas drogas!) Phil Lynott al frente de los inolvidables Thin Lizzi. O el demoledor heavy a la americana de ‘Stranglehold’ del ‘pistolero’ Tedd Nuggent. Y qué tal el divertido ‘Jack the Ripper’ del disparatado Screamin´ Lord Sutch, el elegante ‘Alone again or’ de Love, el sorprendente ‘Oh well’ de los primerísimos Fleetwood Mac, el ’25 or 6 to 4’ de Chicago…, y tantísimas otras grandes canciones de la historia del rock que rara vez obtienen los focos que merecen. Y cada uno tiene su lista.

CARLOS DEL RIEGO