miércoles, 23 de noviembre de 2016

IDEOLOGÍA, HIPOCRESÍA Y PREJUICIOS. La ideología es fuente de prejuicios y, aunque a unos más que a otros, afecta a todo el mundo. Así, entre los muchos prejuicios que vician al personal, uno de los más extendidos es el prejuicio procedente de la ideología política.

¡Cuánta razón hay en este pensamiento!

Raciales, económicos, religiosos, xenófobos, deportivos, sexistas…, ¡cuántos prejuicios afectan al individuo y qué fácil es caer en alguno! Y es que el prejuicio se basa en la generalización, es decir, en una falsedad; por ejemplo cuando se dice ‘todos los negros son unos tal, todos los ricos unos ladrones, todos los católicos o musulmanes unos fanáticos, todos los extranjeros unos delincuentes, todos los de ese equipo unos indeseables, todos los hombres unos machistas o todas las mujeres piensan sólo en comprar trapitos y potingues’. Tales afirmaciones son falsas, mentiras que incomprensiblemente algunas personas se creen a pies juntillas.

Actualmente, uno de los prejuicios más frecuentes en las sociedades occidentales es el que procede de la ideología política. Ciertas reacciones a la muerte de Rita Barberá (23-XI-16) explican de modo empírico qué es el prejuicio político: estando investigada e incluso acusada, no había sido condenada, ni siquiera juzgada, sin embargo, para el prejuicioso, dado que ella militaba en un partido de ideología contraria, no es preciso demostrar su culpabilidad; por el contrario, cuando el sospechoso pertenece al grupo propio, no sólo se exige presunción de inocencia, no sólo se acusa a los rivales de haber preparado un montaje, sino que se procura trasladar la idea de que quien profese la ideología correcta será siempre puro, inocente de todo e incapacitado para meter la mano en la caja. Es el relativismo moral en estado puro: si lo hace uno del partido rival es un ladrón sin más, si lo hace uno del partido correcto es que tiene sus razones.  

Aunque suene repetitivo, se puede hacer un somero recorrido por los casos de trinque que apuntan a los que se sienten colmados de pureza: el pelotazo inmobiliario de Espinar (que no hace más que seguir la senda de papá), el sindicalista asturiano que se llevó millón y medio, los familiares de la alcaldesa de Madrid que han sido ‘colocados’, las adjudicaciones al hermano de Tania Sánchez, los 400.000 del ala que cobró Errejón por un estudio sobre un tema del que no es experto y que nadie ha visto, los terrenos ‘adjudicados’ a la familia de Sánchez Gordillo (¿y los millones que deben a hacienda sus idílicas cooperativas?), las desapariciones dinerarias de CCOO que se fueron en mariscadas, viajes, regalos y dietas, los procedimientos de los ERE y Cursos de Formación en que también aparecen tipos ‘potentes’ y afines, los pagos en negro de Echenique a su empleado, las tremendas deudas de IU (sin contar lo que los bancos le han perdonado) y los despidos irregulares de sus propios trabajadores, las ‘tarjetas black’ con las que sindicalistas (Baquero, Rey, Benito…) y cargos de este partido a punto de desaparecer (Santín, Cruz, Castañeda) afanaron cientos de miles, el asunto de la localidad malagueña de Manilva cuya ex alcaldesa (de IU) malversó y enchufó a ¡108 personas!…, por no hablar de las viviendas de protección oficial en que residen personas con ingresos sobrados y gruesas cuentas corrientes como Iglesias (a quien se ingresó pasta procedente de paraísos fiscales, o sea, de origen dudoso). Se podría continuar… Estas conductas apenas difieren de las mostradas por cargos de las otras asociaciones políticas, es decir, no hace falta recordar la interminable lista de casos, la cantidad de muertos que tienen en el armario los dos partidos que han gobernado el país desde la instauración de la democracia; la única diferencia entre unos y otros es el tiempo de permanencia en la poltrona: a más tiempo más posibilidades, más tentaciones, más debilitamiento moral, más casos de corrupción. Sea como sea, de haberse producido cualquiera de esos casos en el bando opuesto las voces se oirían en Papúa Nueva Guinea.     

En lo que coinciden todos los que terminan pringados es en negar la evidencia, pero algunos, además, contraatacan acusando de montaje a rivales políticos; y sus seguidores se creen la versión de sus jefes porque están convencidos de que quien es de su partido es, por definición, honrado y trabajador, mientras que quien no es tal cosa es básicamente corrupto y ladrón. Es el problema de tener ese pensamiento prejuicioso: los que piensan como uno son buenas personas, y los que no, unos delincuentes indeseables. Sin embargo, los individuos no son honestos o dejan de serlo en función de su ideología, creencia, religión, profesión o equipo de fútbol, de manera que hay tipos de fiar en todas partes y tiparracos que piensan que, hagan lo que hagan, la moral y la integridad está con ellos, del mismo modo que los contrarios son, sin más explicación, sinvergüenzas.

Eso sí, hay que ser un auténtico hipócrita para declararse hijo de obrero siendo retoño de un político consejero de banco y usuario de ‘tarjeta black’; e igualmente se es tal cosa si, tras ganar dinero con una operación inmobiliaria de discutible moralidad y de dudosa legalidad, se sale a la calle protestando contra el sistema del que acaba de aprovecharse exhibiendo la leyenda: “Sin futuro, sin casa, sin curro”... Y sin vergüenza. Y sin educación, pues hay que ser un grosero, un patán, un engreído convencido de su superioridad para no respetar a una persona que acaba de morir. Ah!, y eso de ‘No future’ ya se gritó hace 40 años.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 20 de noviembre de 2016

EL ROCK CLAMA CONTRA EL CIUDADANO TRUMP. ¡Cuánto está dando de sí el ciudadano Trump! Y la cosa seguirá mientras el tipo mantenga esa postura disparatada, por más que renombradas estrellas del rock lideren el pataleo de parte de la población mundial contra este espécimen

Clinton reforzó el discurso de su rival al rodearse de estrellas del rock como
 Bon Jovi.

Muchos grandes de la escena estadounidense del rock, del cine y de otros sectores han dejado ver su frustración tras la victoria del pabloiglesias de allí, que será un presidente digno de Los Simpson o de Mortadelo. Lo curioso es que, seguramente, el entusiasmo con que estrellas como Springsteeen o Bon Jovi apoyaron a la candidata reforzó al homónimo del Pato Donald; así es, ya que gran parte del corto discurso del rubiales ‘denunciaba’ que su rival está con las élites, con los privilegiados (¡como si él no lo fuera!), de modo que el hecho de presentarse ella acompañada de grandes astros de la farándula venía a demostrar, a ojos de quien quisiera verlo así, que efectivamente la aspirante representa a la flor y nata.
El caso es que tanto El Jefe como el señor Bongiovi, al igual que la mitad de sus compatriotas, deben estar sufriendo una pesadísima digestión…, cosa fácil de entender, pues debe resultar dificilísimo tragar un heliogábalo semejante. Sea como sea, tanto ellos como otras celebridades han comprobado lo frustrante que es mojarse tanto, poner la mano en el fuego por un político (en este caso, además, tampoco ella era ejemplo de virtud), para caer derrotado en el último metro. Asimismo, si no lo estaban ya, quedarán para siempre asociados a una opción política, ya sea para bien o para mal.
En general, casi toda la comunidad rockera internacional tomó postura a favor del caballo perdedor, especialmente en EEUU. Algunos no se han cortado a la hora de expresar su rabia por el resultado de la elección; así, Corey Taylor, de Slipknot, millonario que se cree comunista, explicaba con desprecio: “Trump me hace comerme mis jod… pantalones”, y remata con “no puedo creer que mi país sea tan estúpido”. B. J. Armstrong, líder de Green Day, explicaba que el éxito de esta “marioneta” se debe al apoyo incondicional de “los blancos sin educación”, lo que equivale a decir que todos los que votaron a la marioneta son unos paletos ignorantes y blancos. El británico Thom Yorke, de Radiohead, gritaba sentirse “furioso, rabioso”, por la victoria del acaudalado bocazas. El ex Pink Floyd Roger Waters dijo en su momento que ese tipo “es un cerdo ignorante, siempre lo ha sido y siempre lo será”.
Claro que en la sección del pop comercial ha habido poses y declaraciones de auténtica vergüenza ajena; por ejemplo la gansa de Miley Cirus, la cual ha mostrado otras veces hasta dónde está dispuesta a rebajarse, a perder su dignidad para aparecer, para conseguir difusión, para ser protagonista; la señorita aparece en un vídeo llorando amargamente por la desilusión sufrida, lo que significa que se preparó, se colocó ante la cámara y montó su numerito…, aunque también pudo ser al revés, o sea, aprovechó la llantina que le entró  para grabarse y luego subir el vídeo a la red; sea como sea, ella sabe perfectamente que las poses sentimentaloides acompañadas de lagrimones, sollozos e hipidos, venden. A ella se suman Madonna, que también apareció jubilosa junto a la capitana del barco justo antes del estrepitoso naufragio, o Lady Gagá, que ya ha cogido la pancarta para acaudillar a los que inútilmente siguen pataleando.
Es curioso, Trump había gritado que no aceptaría una derrota, algo en lo que coincide con los que ahora se echan a la calle y, rasgándose las vestiduras, se niegan a asumir la realidad. Y también es sorprendente, casi ridículo, que algunos de ellos hubieran ‘amenazado’ a los votantes con abandonar el país si ganaba quien ganó…, cosa que, con total seguridad, ninguno cumplirá. 
¿Y del otro lado? El más exaltado, como casi siempre, es Phil Anselmo, de Pantera, que también vociferó, desafiante, su intención de largarse de USA si no vencía el republicano. Y junto a él los esperados Ted Nugent y Kid Rock. Menos esperada, pero tampoco sorprendente, es la postura del genial Clint Eastwood (que también es músico), favorable al ciudadano Trump.
Los más viejos, astutos, saben que es imposible ganar las guerras ya perdidas, así que optan por la discreción, como Mick Jagger, que sólo manifestó sorpresa, o Paul McCartney, que a pesar de ser conocidas sus ideas y preferencias, ha preferido, pragmático y elegante, callar y aceptar. Hasta el Premio Nobel, en otro tiempo siempre dispuesto a poner el grito en el cielo, guarda silencio.
Tal vez el más acertado fuera Alice Cooper, quien señaló poco antes de las elecciones que las estrellas del rock deben alejarse de los políticos, de cualquier político, y que sumergirse en ese mundo es una mala idea; en realidad lo que sus palabras vienen a decir es que un político terminará por decepcionarte. Seguro.

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 16 de noviembre de 2016

LEYES Y (ALGUNOS) JUECES COMPRENSIVOS CON LOS CRIMINALES. España ha sido escenario en las últimas semanas (XI-16) de escalofriantes delitos; sin embargo, la respuesta de los poderes garantes de la ley resulta flácida, muy holgada con los agresores, que gozan de un trato inaudito, comprensivo y amable.


'Por favor no escapar'. Así de difícil lo tienen algunos delincuentes para no pasar mucho tiempo en la cárcel.
Terroríficos casos de violación de menores, de pornografía infantil, infanticidios, asesinatos despiadados de familias enteras, violación e intento de asesinato perpetrado por un preso de permiso, agresiones callejeras… Siendo todo ello terrible, casi asusta más la levedad con que, a la larga, son tratados los criminales (la mayoría reincidentes), una ligereza que contrasta con el tópico “caerá sobre ellos el peso de la ley”, con el que se llenan la boca muchos profesionales de la política y la judicatura, que son los que tienen la autoridad y la obligación de librar a la ciudadanía de la presencia en las calles de estas auténticas amenazas ambulantes.  

Por un lado las leyes, que son absolutamente desproporcionadas. Así, no parece razonable que un estafador, un ladrón de traje y corbata, sea condenado a veinte años por haber desvalijado a veinte personas, y que un asesino de otras tantas lo sea a poco más (lo de poner condenas de mil años es una burla, una mentira): esto es una desproporción. Luego está lo del cumplimiento real, que inevitablemente se reduce a la mitad, a un tercio de la condena, con lo que prehomínidos que han segado vidas recobran la libertad pasados quince años más o menos: esto es una gigantesca desproporción, pues si uno arrebata cien años de vida a sus víctimas, ¿cómo puede tenerse como justo que sólo pague con quince de la suya? Pura desproporción de un sistema legal y penal que transmite la sensación de estar preocupado exclusivamente por el confort y el futuro del criminal; como prueba, las palabras del cuádruple asesino brasileño, el despiadado que perpetró el llamado crimen de Pioz, que dejó bien claro que prefería entregarse en España, “donde hasta tienes una celda para ti solo”, antes que ser perseguido en su país. Además, resulta irritante que sujetos con cargos gravísimos (y pruebas abrumadoras) estén en la calle, a la espera de juicio, el mismo día de su detención, por mucho que tengan que se presentarse en comisaría; existe una evidente desproporción entre los crímenes cometidos y el trato tan amable que reciben por parte de la ley. Claro que también hay gran parte de la ciudadanía (esa que tiene como prioridad la corrección política) en contra de la ‘prisión perpetua revisable’, es decir, abogan por que el violador asesino vuelva pronto a sus quehaceres.         

Por otro lado algunos jueces (algunos, pues afortunadamente hay muchos que no se la cogen con papel de fumar), que penetrados por el pensamiento buenista, tan de moda, parecen buscar consciente o inconscientemente beneficios para el culpable, y para ello  llegan a razonamientos muy discutibles desde cualquier punto de vista. El caso es que los encargados de dictar sentencia están tan sujetos a la equivocación como todo hijo de vecino, pero lo desgraciado es que a veces sus errores afectan gravemente a inocentes y, por chocante que parezca, rara vez tienen que dar cuenta de sus dudosas interpretaciones; no hace mucho un juez dictó en un sentido, pero los siguientes tribunales, uno tras otro, incluyendo el Constitucional, lo contradijeron con razonamientos concluyentes, a pesar de lo cual no se tiene constancia de que al primero le llamaran la atención.

Asimismo, se ha dicho y escrito hasta el infinito que si un médico equivoca los síntomas y alguien sale perjudicado será llevado ante los tribunales y seguramente castigado, igual que si un conductor de autobús o tren comete un error y hay muertos o heridos, lo mismo que si el carnicero u hostelero se confunde y hay intoxicados… Pero la equivocación no tiene la misma consideración si quien yerra es el magistrado aunque sea de buena fe (igual que los anteriores). Hace unas semanas un juez dio permiso a un violador reincidente calificado de muy peligroso, y dio su visto bueno en contra de los informes de los encargados de evaluar las peticiones de los presos, que se la habían negado más de una docena de veces; nada más poner el pie en la calle el indeseable buscó víctima, la encontró, la violó e intentó asesinarla. Puede asegurarse que, en este caso, el juez se equivocó, y a raíz de su metedura de pata alguien salió gravemente perjudicado. ¿Habrá estamentos superiores que pidan explicaciones a este profesional y, llegado el caso, será encausado igual que aquellos otros profesionales que se equivocaron?     

Los legisladores han promulgado un cuerpo penal tan comprensivo con el delincuente que casi tiende a la exculpación (“la culpa es de la sociedad”, sostienen muchos  biempensantes), y esa corriente de pensamiento es seguida por algunos de los encargados de imponer la legalidad…, algunos, ya que afortunadamente no todos son como ciertos jueces de la Audiencia Nacional que tanta preocupación y comprensión mostraron con aquel etarra que fingió una huelga de hambre; esos ‘algunos’, pues, transmiten la sensación de que su principal objetivo es quitar severidad a la condena de criminales de probada abyección y con certeza de reincidencia.

Aunque se haya dicho hasta el infinito, continuamente se demuestra que, por una u otra razón, en España cuesta muy poco delinquir. 


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 13 de noviembre de 2016

UNA DE COHEN Y OTRAS CANCIONES CON UN POR QUÉ. Cruel está siendo 2016 con el gremio del rock. El último en pasar ha sido Leonard Cohen, cuyas canciones siempre tenían un por qué, un motivo concreto; al igual que él, otros también han reaccionado con música ante hechos y sucesos.


El recién fallecido Leonard Cohen fue un especialista en canciones con motivo,
con por qué..
Sí, además del canadiense de voz hipnótica y entonación lánguida, han dejado este mundo otras eminencias de esta cofradía rockera, como Bowie, Prince, Keith Emerson, Glen Frey, Paul Kantner, George Martin…, todos con larguísima trayectoria vital y artística. El de Montreal es el último de la funesta lista.

Pensando en sus maneras y posibilidades canoras, Leonard Cohen escribió sobre temas eternos, pero también sobre asuntos mundanos, sobre sucesos determinados. El caso es que esta propensión a reaccionar con canciones ante incidentes o acontecimientos es bastante común en la mencionada congregación; cierto es que toda composición musical tiene un por qué, pero no son tantas las que tienen argumentos extraídos directamente de la realidad.

Como todo adepto a esta causa sabe, Leonard Cohen escribía bajo la influencia de grandes poetas, entre ellos Federico García Lorca. Su ‘Take this waltz’ procede del ‘Pequeño vals vienés’, un poema no demasiado conocido del autor granadino; a veces repite versos, ‘este vals, este vals, este vals’, y otras los interpreta más libremente, aunque siempre fiel al sentido original. El asunto es que también se relaciona esta pieza con una anécdota que protagonizó Lorca en Nueva York: al parecer conoció al poeta estadounidense Hart Crane, también homosexual, pero ni uno hablaba inglés ni el otro español, así que necesitaron un amigo común que iba traduciendo; los tres fueron a un bar de ambiente frecuentado por marineros, pero el traductor (que no era gay) terminó por aburrirse y se fue, así que los dos poetas se lo montaron cada uno por su cuenta; al volver el amigo intérprete se encontró con que Crane tenía a su alrededor a la mitad de los parroquianos, que escuchaban sus chistes verdes, mientras que el resto de la concurrencia rodeaba a García Lorca, que cantaba coplas y flamenco al piano… Cohen conocía la historia y quiso escribir sobre ella, aunque terminó por adaptar la lorquiana poesía. Sea como sea, la música que aporta el recién fallecido, a ritmo de vals, posee esa gracia que convierte una tonada anodina en una melodía brillante; innecesario es recordar su inconfundible inflexión vocal o su refinada y nítida dicción. Al igual que una parte significativa de su producción, este tema alude, desde varias direcciones, a su admiración por el escritor español; no extraña que bautizara a su hija como Lorca.

Si se piensa tranquilamente no será difícil recordar algunos otros títulos emblemáticos de la historia del rock que han surgido como reacción a algún suceso determinado. Uno de los más célebres es el ‘Hurricane’, en el que Bob Dylan narraba (de modo extenso) la historia del boxeador Rubin ‘Huracán’ Carter (quien, por otro lado, no era un angelito, sino que tenía una larga lista de antecedentes). Este peso medio alcanzó notoriedad a mediados de los sesenta, llegando a disputar un campeonato del mundo; en el 66 fue acusado, juzgado y condenado por un triple asesinato en un juicio presidido por el racismo; en el 75 el tema de Dylan devolvió el caso a la actualidad, y en el 85 Carter fue puesto definitivamente en libertad al presentarse pruebas irrefutables de las muchas irregularidades del primer juicio. El Nobel de Literatura contaba, con su habitualmente airado verbo, el proceso, las evidencias de racismo, los implicados, los detalles del caso… La canción cuenta con un estribillo pegadizo que deja respirar y afloja la tensión tras las largas estrofas, recurso frecuente en las obras del autor estadounidense; un omnipresente violín se deja escuchar tanto en papel solista como acompañante de la melodía. Se trata de una letra brillante que, complementada por una atractiva partitura, notifica y recuerda una injusticia. Es curioso, esta canción no hubiera existido sin aquel inmoral atropello.

Algo parecido ocurre con ‘Here´s to you’, que aparece como homenaje a dos anarquistas que fueron condenados y ejecutados en un juicio tan lejano a la justicia como el anterior; Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti estuvieron involucrados en actividades revolucionarias violentas (bombas), siendo acusados de atentado, robo y asesinato en 1920 en Usa; cuando fueron arrestados llevaban armas como las utilizadas en el crimen. El caso es que, a pesar de todo, no fueron las pruebas sino la xenofobia, los prejuicios y su militancia anarquista los que condenaron a los inmigrantes italianos, que fueron electrocutados en el 27. Décadas después, en 1971, se rodó una película sobre el caso, la cual contó con música del gran Ennio Morricone; Joan Báez escribió unos versos sobre una parte de esa partitura y así surge ‘Here´s to you’. El tema se escucha como un himno, como un grito reivindicativo: “Va por vosotros, Niccola y Bart, quedáis para siempre en nuestros corazones, el momento final es vuestro, la agonía es vuestro triunfo”. La melodía es irresistible, tanto que esos cuatro versos se repiten invariablemente unas cuantas veces y, sin embargo, la canción no sólo no cansa sino que invita a continuar canturreando una vez que termina.   

El ‘Rock the Casbah’ de The Clash también responde a un hecho concreto: el ayatollah Jomeini prohibió la música rock, así que el grupo (sobre todo Topper Headon y Joe Strummer) confeccionaron esta sátira para burlarse de una ley tan ridícula. Esta pieza ha sido malinterpretada en más de una ocasión, pues contiene frases que pueden utilizarse en un sentido o su contrario; sin embargo, no cabe la menor duda de que el autor del texto (Strummer) tenía intención burlesca y antibelicista. En todo caso es un ska divertido y saltarín, una canción atractiva y sugerente, perfectamente identificativa de The Clash.  


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 9 de noviembre de 2016

ENCUESTAS, LÍDERES ILUMINADOS Y MARAVILLAS. La victoria de Trump en Usa ha pillado a casi todos a contrapié, de manera que mucha gente en todo el mundo se ha quedado sin palabras, mientras que ya hay quien habla de futuro incierto. Sin embargo, de este resultado se pueden extraer un par de conclusiones

Tanto las empresas de encuestas como los líderos populistas tratan de vender lo mismo, fantasías, ilusiones, magia..
Sí, los analistas políticos, las empresas de encuestas y los que creen en ellas como el gran dogma han quedado (por enésima vez) anonadados, incrédulos, como el boxeador al que, tras encajar un golpe nítido, las piernas se le vuelven de trapo y se le nubla el sentido. De todos modos, y sin entrar en las consecuencias de la decisión adoptada por el pueblo estadounidense, cualquiera puede ver claramente dos hechos incontestables. Uno es la certeza de que de que las encuestas, sondeos y estudios demoscópicos en torno a la intención de voto son poco menos que una engañifa, una paparrucha, humo que se vende a precio de oro, una especie de timo de la estampita en el que medios de comunicación y partidos políticos están deseosos de caer. El otro es que está calando en todas partes un discurso simplón que básicamente se resume en que hay malos (ellos) y buenos (nosotros).

Respecto a la credibilidad que tienen las encuestas, parece que es el momento de plantearse una serie de preguntas de respuesta imposible: ¿Cómo demostrar de modo empírico que verdaderamente se hicieron las encuestas si no se aporta nombre, DNI y firma de cada persona que responde? ¿Cómo saber que los encuestados contestaron con sinceridad? ¿Cómo saber si éstos mantendrán su palabra, su intención de voto, y no cambiarán de opinión en el momento de entregar la papeleta? ¿Cómo se puede tener la seguridad de que las respuestas de 800 ó 1000 ó 10.000 personas representan las intenciones de decenas de millones? No hay solución definitiva a estas cuestiones, por lo que tratar de aventurar el futuro basándose en algo tan difuso como las intenciones de unos cuantos que confiesan a un desconocido lo que van a votar, es algo ficticio, una ilusión, un error. Puede añadirse que las supuestas ‘correcciones’ que se hacen al ‘cocinar’ el sondeo tienen nula eficacia, pues se basan en fórmulas imposibles de demostrar en la práctica. Eso sí, es divertido escuchar cómo, a toro pasado, los augures demoscópicos explican por qué las cosas no han salido como ellos predijeron. 

Luego están los que pretenden el poder basándose en un discurso simplista, maniqueo, oportunista, el cual trata de convencer al ciudadano de que todos los males que afectan al país son culpa de otros, ya sean los extranjeros, refugiados o inmigrantes, el imperialismo y el capitalismo, la banca y los empresarios, los ricos y poderosos, los políticos que los precedieron…, y claro, esta idea tan sencilla tiene gran poder de penetración, puesto que se tiende a pensar cualquier cosa antes que reconocer errores propios. “Todo el mundo tiene la culpa de lo que me pasa menos yo”, decía compungido Homer Simpson ante la desgracia. Hay, en fin, criaturas dispuestas a escuchar, y dar por cierto, que las preocupaciones y desventuras que los acosan no se deben a causa propia, sino que los culpables son los otros; estos ciudadanos están dispuestos a creer en líderes de palabra gruesa y simple, a confiar en iluminados que, como si fueran magos, aseguran tener el remedio que pondrá fin a todos sus problemas con poco más que chasquear sus dedos.

Cervantes explicó muy bien la situación en ‘El retablo de las maravillas’: unos timadores afirman que aquellos que no vean en su retablo las maravillas que ellos dicen, son unos bastardos, tontos, hijos de moro o judío, por lo que todo el mundo asegura ver los prodigios que los pícaros se inventan; entonces llega un extranjero que asegura que en el retablo no hay nada, que no existe ninguna maravilla; la cosa termina a palos. Así, las empresas que hacen los sondeos de intención de voto hacen creer que pueden adivinar y determinar con números las intenciones de millones de personas, lo cual es una maravilla. Del mismo modo, los líderes esclarecidos pretenden que el personal votante se trague las maravillas que dicen que van a traer. Sin embargo, en uno y otro caso, cuando la realidad finalmente se impone se terminan las maravillas.   

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 6 de noviembre de 2016

TRES GRUPOS QUE SE QUEDARON EN SU ÉPOCA. Revisando los archivos de este invento del rock & roll se pueden encontrar grandes bandas (y sus canciones) que tras lograr destacar en su época no fueron más allá, no pudieron trascender y se quedaron en su tiempo.

El fino sonido de Camel, perfecto representante de los primeros setenta, ha quedado sólo para especialistas.

Formaciones como The Moody Blues, Camel y Ultravox fueron en otro tiempo influyentes, vivieron en puestos altos de las listas de ventas y gozaron de escenarios abarrotados, pero hoy apenas tienen quien las recuerde. Su estilo e intención, su sonido, sus títulos emblemáticos son, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, perfectos desconocidos; así, apenas son recordados por los que vivieron el momento, de modo que aquello que en su día fue éxito no aparece hoy ni en los recopilatorios, y ni el cine ni la tele se acuerdan nunca de ellos. A pesar de todo, los que tuvieron la suerte de vivir y conocer los años gloriosos del rock, esos viejos aficionados que permanecen fieles a la causa, esos sí, esos sí que recordarán los nombres y los temas de aquellas bandas que han quedado para auténticos especialistas.


¡Cuántos grandes del pop y el rock de la década de los sesenta mantienen vigencia tantos años después!, ¡y cuántas melodías de aquellos tiempos vuelven una y otra vez! Por el contrario, ¿cuánto hace que no se escucha una de The Moody Bues? Cierto que en su repertorio aparece una pieza emblemática, ‘Nights in white satin’ (1967), pero pueden pasar años antes de que ésta se deje escuchar en algún sitio (a pesar de las muchas versiones que se han hecho); el resto de su amplia producción queda reservado en exclusiva para quienes conserven sus vinilos…, al menos por estas latitudes. Siempre muy cuidadosos con la elaboración (desde la composición hasta la mezcla final), Moody Blues eran capaces de recrear mundos oníricos, sicodélicos, cuando la mayor parte del personal optaba por el pop más fácil y directo; asimismo, también trabajaban intensamente la parte lírica, de modo que sus canciones suelen presentar un acabado impecable. Además de la maravillosa ‘Noches de blanco satén’ (con su inusual duración para la época, su pasaje orquestal, sus innovaciones instrumentales y su preciosa melodía), el grupo puede presentar muchos otros méritos, como la elegante y vigorosa ‘Ride my see saw’, la arrolladora, estilosa y reivindicativa ‘I´m just a Singer (in a rock & roll band)’, ‘The voice’ con su tono épico… El caso es que la banda (lo que queda) sigue existiendo y actuando (en 2015 estuvieron de gira por Inglaterra y Usa), recibe honores y distinciones, la prensa especializada reconoce su aportación y, en fin, los estudiosos la califican como héroe del rock sinfónico y sicodélico… Pensándolo bien, tal vez sí que haya traspasado las fronteras de su tiempo. Mejor.

De los años setenta del siglo pasado se recuerdan infinidad de formaciones de rock: desde las sinfónicas y progresivas hasta las puramente heavy, pasando por las travestidas del glam-rock, las de pub-rock o, ya al final de la década, las de punk y ‘new wave’. Todo interesado podría mencionar, sin pensar, unos cuantos imprescindibles de los primeros años del decenio, pero hay que ser un iniciado para reconocer a Camel. A pesar de tratarse de un grupo bastante olvidado, los más exigentes paladares lo tienen como un auténtico manjar en el menú del rock. Sin embargo, su estilizado sonido y sus largos pasajes instrumentales resultan demasiado… distinguidos y cerebrales para lo que se estila a estas alturas, de modo que Camel sí que parece anclado en su época, al menos para el gran público. A pesar de ello, colocar el Lp en el plato (el imprescindible ‘The snow goose’, por ejemplo) y dejarse llevar por sus idealizados mundos, imaginarse los paisajes descritos sin palabras, la plástica de guitarras y teclados…, es algo que aun funciona, algo que tiene una química muy especial y que, con el tiempo, ha adoptado un cierto aire de nobleza…
La enloquecida y desprestigiada década de los ochenta aportó gran cantidad de canciones que no han dejado de sonar desde entonces, así como muchas bandas de primera división. Pero también descubrió algunos nombres que en aquel momento parecían destinados a mayores logros y que, finalmente, no lograron salir de su espacio y su tiempo. Uno de estos fue Ultravox, grupo con músicos excelentes amarrado a los tiempos de los nuevos románticos y el establecimiento definitivo del tecno. Sufrió varios cambios de rumbo hasta que la fortuna le sonrió con el álbum, ‘Vienna’ (1980). Es un disco notable, con sólidas piezas capaces de combinar rock y tecnología con clase y eficacia. La canción que da título al Lp mantiene su atractivo; con una atmósfera teatral y melodramática como corresponde al ideario neorromántico, con violines y pianos, graves densos y cambios de intensidad, la pieza va ‘in crescendo’, cautivando al oyente y llevándolo hasta un aparatoso final. De todos modos, hoy da la impresión de que el resultado final está demasiado sujeto a su ochentero contexto.    

Sea como sea es innegable que estos tres grupos (con interesantes y atrevidas propuestas) son perfectos representantes de otras tantas circunstancias, de otros escenarios que tuvieron su oportunidad en algún momento de la evolución de este negocio del rock.         


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 2 de noviembre de 2016

IGLESIAS COMO TRUMP. Por más que parezca imposible, esta especie de jefe del soviet supremo que es Paulus Ecclesiae ha conseguido lo que nadie: sacar un córner y rematarlo. Exactamente igual que Trump, que despotrica contra el sistema en el que vive y progresa.

Aunque no lo parezca, se parecen mucho, tanto en el fondo como en las formas.
Este prodigio (estar a la vez repicando y en la procesión) lo demostró Ecclesiae recientemente cuando estaba fuera y, al mismo tiempo, dentro del Congreso de los Diputados; sí, él protestaba contra los diputados haciendo causa común con los manifestantes que rodeaban la cámara, pero lo hacía sin salir de la misma, o sea, manifestaba su animadversión a la institución y sus integrantes pero sin renunciar a su cargo dentro… Cosa de locos. Y es que al sumarse a los que se creen legitimados para pasar por encima de la ley y de la democracia, al mismo tiempo que se aprovecha de este sistema, en realidad está calcando el pensamiento y la actuación de ese petimetre con chuleta rubia sobre la frente que quiere ser el presi de Usa, Donald Trump. Aunque suene a disparate no hay más que comparar actitudes y declaraciones para entender que los dos tienen el mismo concepto de la democracia: sólo si ganan aceptan el resultado, en caso contrario cuestionarán y procurarán ensuciar las normas, los procesos, las estructuras del estado… También se puede recordar cómo coinciden las formas y pensamientos de estos dos sujetos hacia las mujeres: uno “las agarras por el…, y ya les puedes hacer lo que quieras”, y el otro “la azotaría hasta que sangrase”… Los extremos terminan por tocarse.

El tronco de la coleta es el ideólogo, impulsor y máxima voz de los que despotrican contra el sistema mientras disfrutan de sus ventajas y beneficios. De este modo, los que cercaron el congreso aullaban iracundos y desaforados contra “el estado opresor” y contra los que estaban “dando un golpe de estado”. Para empezar, ambas consignas son contradictorias, ya que contra un estado opresor (o sea, no elegido libremente por la ciudadanía) es legítimo rebelarse y orquestar un golpe de estado con el fin de restaurar la legitimidad democrática. El caso es que por muy alto que gritaran los asediantes, estaban a años luz de la razón y de los hechos. Así, un auténtico estado opresor jamás hubiera permitido tal aglomeración en torno a un centro de poder nacional; estados opresores por antonomasia fueron la Alemania nazi y la Unión Soviética, ¿alguien se imagina a Hitler permitiendo que los opositores rodearan el Reichstag, o a Stalin tolerando que unos miles de disidentes se concentraran alrededor del Kremlin? La respuesta es fácil: imposible, nadie se hubiera atrevido a llevar a cabo tal acción y, en caso de que algunos locos lo hubieran intentado, ninguno de ellos se hubiera salvado de la ira del jefe del estado opresor y, por supuesto, jamás hubieran vuelto a ver la luz del sol.

También es falsa la acusación de ‘golpe de estado’, puesto que todo el procedimiento que tenía lugar estaba perfectamente contemplado en la ley, y ninguno de los pasos y movimientos de políticos y partidos contradecía los reglamentos, los cuales ya prevén situaciones como la que se produjo y cómo proceder. Además, tanto Ecclesiae como sus feligreses denominarían ‘revolución’ si quienes la hacen son correligionarios, y ‘golpe de estado contra la legalidad’ si son otros. De todo ello se deduce que los sitiadores que tales lemas coreaban no tienen la menor idea de lo que es un estado opresor ni un golpe de estado.

Igualmente, cuando algún integrante de partidos rivales aparece pringado por la corrupción, ni el señor Templos ni el señor Triunfo (en el sentido del palo que pinta, como en el tute) necesitan pruebas para descalificar al fulano en cuestión, mientras que si el implicado es de los suyos (o él mismo) siempre se trata de un montaje… Son los mismos recursos, las mismas herramientas que utilizan todos los iglesias-trump del mundo. Uno y otro están tan convencidos de sí mismos que se auto-adoran y escuchan sus propias palabras con delectación; por tanto, se adjudican la propiedad exclusiva de la razón, con lo que se sienten legitimados para hacer y decir lo que les venga en gana, para demonizar a todo el que se atreva a llevarles la contraria.

Estos dos mendas, que son fáciles de caricaturizar por sus respectivas pilosidades craneales y porque siempre están viendo pajas en ojos ajenos, comparten también ese sentimiento mesiánico que, tristemente, tanto abundó en el siglo pasado. Por ello están absolutamente seguros de que ellos, sólo ellos, tienen la solución para acabar con todos los males de este mundo.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 30 de octubre de 2016

CANCIONES QUE TRANSMITEN BUEN ROLLO. Las malas noticias suelen ser más noticia que las buenas, cosa que pone mal cuerpo. Cuando, además, los difuntos cobran protagonismo en ‘su’ día, bueno es celebrar el hecho de estar aquí con unas cuantas canciones que infunden buen humor.

James Brown cantó explícitamente al buen rollo con aquel 'I feel good'.
Hay canciones que ponen buen cuerpo, que transmiten buen rollo. Lógicamente lo que a unos les dibuja una sonrisa a otros deja indiferente, pues pocas cosas hay tan subjetivas como las emociones. Sin embargo, hay partituras que a la mayor parte de la gente le caen bien, melodías que levantan las cejas y el ánimo, piezas que contagian buenas vibraciones. Un buen ejemplo, fácil de reconocer y tararear, es el ‘In the mood’, ‘En forma’, de Glenn Miller. Y si, junto a titulares deprimentes, corren celebraciones como los días de difuntos, de muertos y de disfraces terroríficos, es el mejor momento para festejar la vida, para poner buena cara y mirar al frente con optimismo. La música es, sin la menor duda, una de las mejores terapias para levantar el ánimo, y es por eso que existen miles de títulos que cumplen la difícil misión de imponer buen ambiente, composiciones que ofician de remedio contra un espíritu decaído. Además, no hace falta entender o interpretar la letra, ya que el lenguaje universal regido por las siete notas es capaz, por sí solo, de trasladar al oyente las emociones más profundas sin que sean precisas las palabras.


Prácticamente todos los géneros musicales populares cuentan con tonadas que contagian buenas sensaciones. Así, dentro del terreno del pop y el rock, uno de los grupos que dejó más partituras cargadas de ilusión es The Beatles. Una de ellas es ‘Here comes the sun’ de George; el tema entra con esa acústica trasparente, etérea, como un irresistible canto de sirena que atrae irremediablemente; luego llega esa delicia melódica que da sensación de estar ante la salida del sol, con serenidad absoluta, como levitando…, buen rollo hecho partitura. Igualmente ‘I saw her standing there’ (de Paul y John), que tiene un efecto euforizante desde el primer compás, de modo que, por fuerza, sacude la modorra al más aletargado; su ritmo, su estribillo, las entradas de las voces…, todo en ella irradia emociones positivas. El caso es que los Cuatro de Liverpool tienen mucho donde escoger cuando se trata de infundir emociones positivas; así el singular ‘Penny Lane’, la vitalista ‘I want to hold your hand’ e incluso el ‘Lady Madonna’, que sin estar entre sus mejores creaciones emite señales luminosas…

Un auténtico especialista a la hora de crear ambientes afables y entrañables, de esos que impiden la formación de malas sensaciones, es el genial Louis Armstrong, de quien podría citarse un largo listado. Sí, con ‘What a wonderful world’ se tiene la seguridad de que todo el mundo la va a agradecer y va a sentirse mejor, pero tanto podría decirse de su ‘Hello Dolly’, un tema con el que el cantante y trompetista expandió climas vivificantes por los cinco continentes. Y es que ¿quién puede resistirse a su sincera, eterna y empática sonrisa?, ¿hay alguien que no se estremezca al escuchar la inconfundible voz de tan excelso artista?; ¿es posible quedarse impávido ante esa entonación ronca pero afectuosa, grave y entrañable? La expresión que siempre presenta ‘Satchmo’ es una de las más célebres imágenes de la cultura del siglo XX: sus increíbles labios, esos ojos como platos que expresan pura bondad, el brillo sudoroso de su frente y sus mejillas, trompeta en una mano y blanco pañuelo en la otra… Hay que ser de hielo o estar muerto para no reaccionar a la presencia en escena de este gigante capaz de volver luminoso el sentir más apagado. Cuando este músico prodigioso se arranca con el ‘Hello Dolly’ se nota cómo la ternura se apodera de uno y desaparecen las malas ideas (el vídeo adjunto es un remedio infalible contra el abatimiento).  

The Queen también aportó abundantes títulos a la causa del optimismo y las mejores sensaciones. Se pueden citar el vitaminado ‘Don´t stop me now’ o el ya célebre y recurrente ‘We will rock you’ entre los títulos que la banda de Freddy Mercury hizo con intenciones revitalizantes. Tan es así que ambas piezas se han convertido en emblemas del buen rollo, y si a ello se añade la desbordante expresividad del cantante… Y tampoco se puede olvidar la alocada ‘Seaside rendezvous’ cuando se trata de reanimarse.

A botepronto cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad citaría fácilmente media docena de canciones que inoculan el virus del contento y las ganas de vivir. ¿Se puede permanecer indiferente cuando James Brown grita aquello de ‘I feel good’? ¿Acaso no se nota cómo ‘The twist’ de Chubby Checker penetra en la corriente sanguínea con su entusiasmado ritmo? ¿Y qué tal la naturalidad del ‘Mr. Sandman’ de las Chordettes para recuperar las ganas, o el ‘Stand by me’ de Ben E. King para cantar de contento? ¿Algo más divertido que ‘Un paso adelante’ de Madness?

Hay muchísimas más piezas musicales con carga de optimismo en el catálogo de todos los géneros musicales (desde ‘La primavera’ de las ‘Cuatro estaciones’ de Vivaldi hasta el ‘Fiesta’ de The Pogues), auténticas píldoras estimulantes que son especialmente recomendables para los días en que los difuntos cobran protagonismo, para las noches de miedo, para las noticias deprimentes, para el mal cuerpo y, sobre todo, para esas criaturas que todo lo ven negro, siempre enfadadas y permanentemente hundidas en la protesta. De todos modos, esas partituras vienen bien a todo el mundo, sea cual sea su circunstancia anímica.

No hay duda posible, hay mucha música con (entre otras muchas) propiedades reconfortantes. Hay, afortunadamente, cantidad de canciones que procuran una necesaria energía vital.


CARLOS DEL RIEGO

jueves, 27 de octubre de 2016

HAY QUIEN PREFIERE EL BARCO A LA DERIVA ANTES QUE UN RIVAL AL TIMÓN No son pocos (dirigentes y ciudadanos de a pie) los que colocan su ideología por encima de cualquier consideración política, por lo que prefieren un barco a la deriva antes que ver un adversario a los mandos.

Muchos políticos tienen tanta ideología ante sus ojos que no son capaces de ver la realidad, y sólo ven la virtual..
Tremenda polémica se ha vivido y se vive (X-16) en el entorno del partido socialista español a cuenta de la postura que han de tomar sus diputados en el debate de investidura del Presidente del Gobierno. Por un lado están los que piensan que la situación del país exige la formación urgente de gobierno aunque sea del partido rival; enfrente se posicionan los que opinan que hay que impedir a toda costa que el enemigo asuma el poder, aunque se cause un evidente perjuicio al país.

Es razonable pensar que es preferible un barco con alguien al timón, aunque no guste y aunque sea un mal gobernante, a que vaya sin dirección, ni buena ni mala, a la deriva. Con un conductor se tendrá un rumbo y, mejor o peor, se irá a alguna parte, mientras que si la nave queda a merced de los elementos se irá a pique, con certeza matemática. Así, sorprende que existan dirigentes y ciudadanos proclamando a gritos lo contrario, gentes convencidas de que la ideología ha de estar por encima del bien común, gentes que prefieren un barco hundido antes que un gobernante indeseado; y ello a pesar de un pequeño detalle: el repudiado por tantos ha recabado más confianza que ninguno de sus contrarios ideológicos, por lo que tiene más legitimidad que nadie para asumir la función de patrón del navío.

De este modo, quienes colocan la ideología por delante de cualquier otra consideración suelen argumentar que los políticos deben fidelidad a sus votantes, a sus militantes, que es a estos a los que tienen que dar cuentas; por ello tachan de traidores a los que, creyendo que es insostenible una situación de desgobierno, permiten que un adversario asuma la presidencia. Sin embargo, los gerentes de la cosa pública están pagados por todos los españoles independientemente del partido al que hayan votado, por lo que la obligación de todo el que cobra del erario es mirar por el beneficio de toda la población, y no solamente estar a expensas de lo que diga una parte de la misma. En pocas palabras, si se cobra de todos se ha de trabajar para todos, no sólo para los que tienen la misma creencia política. En consecuencia, si sólo se tiene en cuenta la opinión de los correligionarios se estará traicionando a quienes, con otra ideología, contribuyen a costear los salarios de todos los parlamentarios.

Hace unos años se produjo en una pequeña localidad de una provincia del noroeste de España una situación que explica muy bien esa forma de pensamiento que rehúye cualquier entendimiento con los que no exista concordancia de credo. Resulta que un concejal presentó en el ayuntamiento una propuesta que, tras ser examinada, se dio por buena, factible y provechosa para todo el pueblo, de manera que en poco tiempo la moción se llevó a votación; todos votaron a favor excepto uno, precisamente el concejal ponente. Al ser preguntado cómo estaba en contra de su propia idea el edil respondió tajantemente: “No voy a votar yo lo mismo que estos”. Esta anécdota (verídica) es elocuente y perfectamente demostrativa de lo que pueden llegar a ser los prejuicios ideológicos y cómo terminan por nublar el entendimiento; por eso no es necesario especificar a qué partido pertenecía tan incoherente concejal, ya que esta obsesiva cabezonería, esta negación de la razón es patrimonio de las personas, no de las creencias, ideales o doctrinas.

Ese partidismo prejuicioso y sectario es otra de las consecuencias indeseables de una estancia prolongada en labores políticas. Y es que este deseo de no abandonar el cetro y la poltrona se transforma en un vicio que termina por afectar a prácticamente todos los que entran en estos menesteres, de modo que, en pocos años de actividad en ayuntamientos, parlamentos y otros organismos oficiales, los ‘profesionales’ del politiqueo sienten la irrefrenable inclinación de convertir la política en su principal objetivo, con lo que pierden la perspectiva de cuál es su verdadera obligación y a quiénes deben fidelidad. Por eso, porque todo lo ven a través del color de su partido, llegan a convencerse de que éste, su grupo político, es su auténtico patrón y único objeto de su lealtad. Así, es fácil creerse que el grupo político, que distribuye puestos y cargos, está por encima de todo.        


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 23 de octubre de 2016

HORTERILLAS QUE, CON EL TIEMPO, SE VEN CON SIMPATÍA Ocurre a veces que lo que ayer parecía una horterada infumable (al menos para algunos) se ve con cierta simpatía con los ojos de hoy, tal vez por aquello de los viejos tiempos. Lo más ‘kitsch’, lo excesivo y trasnochado llega a tener su gracia…, un ratito.

Tan horteras, tan 'kitsch', tan ordinarios eran Village People que su mascarada
invita hoy a la chufla.
A los ojos del rock, cuando la música se basa en elementos simplones y vulgares, cuando se puede adivinar fácilmente el final de cada frase porque lo que se dice se ha repetido hasta el infinito, cuando el texto resulta empalagoso y el sonido blandengue, cargante y repetitivo, entonces puede decirse que se trata de una horterada. Este término tiene por lo general un matiz peyorativo, aunque en el asunto artístico no es extraño que la cosa termine por adquirir cierto encanto, sobre todo si el protagonista mantiene el tipo durante unos cuantos años. Sin embargo hasta en este embarrado terreno hay clases, de modo que los hay que pasado su momento se ven con simpatía, pero también los que sólo provocan cansancio e incluso llegan a caer antipáticos por mucho tiempo que pase. Podría decirse que a quienes los años han vuelto simpáticos son ‘horterillas’, no simples horteras… Claro que todo esto es de lo más subjetivo: lo que a unos les resulta cargante a otros les encanta, y lo que para aquellos es lo mejor para estos es insufrible.
Horteras de libro los hay por todas partes y en cualquier época. Podrían citarse un buen número de cantantes italianos y españoles que encajan perfectamente en el sentido de esa palabreja, pero también les cae como un guante a otros tantos ingleses y estadounidenses, alemanes, franceses y… suecos.         
Un buen ejemplo del ‘horterilla’ simpático es Georgie Dann. No es que sus ‘casatchófs, bimbós, negros o barbacoas’ puedan situarse en la excelencia, pero el personaje lleva tanto tiempo ahí que ya parece algo imprescindible. Y más de un rockero con canas confiesa que lo ve como algo curioso, entrañable, divertido…, durante unos minutos al menos. Además, aunque sus letras sean elementales y con infantiles dobles sentidos, y sus partituras facilonas y pegajosas, hay que idearlo todo, escribir, componer, arreglar… Es sin duda uno de los reyes de la ‘canción del verano’, un lugar donde abunda la especie ‘horteriforme’ de vida efímera y donde él ha conseguido sobrevivir por más vaivenes que de la moda. No hay verano sin los ambientes verbeneros y festivos de Georgie Dann. Aunque se cambie de emisora en el acto.  
Grandes de la horterada fueron los alemanes Boney M, que se han ido y vuelto varias veces después de disfrutar unos años de gloria y ventas millonarias. Invento de ese pillastre llamado Frank Farian, este grupo se asocia fácilmente a la chufla y la cuchufleta, puesto que los movimientos y fraseos del negrito resultan hilarantes, tanto en su día como actualmente; pero es que, además, ni siquiera era él quien hacía aquellas voces graves e insinuantes, sino el propio Farian. Éste fue un productor sin escrúpulos que, además de triunfar con Boney M a base de imagen y mucho ‘play back’, culminó la fórmula con los vergonzantes Milli Vanilli. Curiosamente estos dos golfillos, más horteras y falsos que los Boney, se contemplan hoy con desprecio, mientras que el combo de las chicas y el maromo resulta divertido… si no se presta demasiada atención a sus canciones. En todo caso, verlos siempre evoca perfectamente su época y, normalmente, provoca una sonrisa.     
Algo parecido puede decirse de los estadounidenses Village People. No es difícil recordar su aspecto y exagerada indumentaria, inolvidablemente tópicas su coreografía y sus gestos, sus dos o tres estribillos siempre listos para machacar mentes y ser coreados con voz etílica. Horterillas, sin duda, pero toda su parafernalia y su trasfondo hacen que hoy se les vea con cierta gracia: su puesta en escena se entiende tan obvia, tan ingenuamente carnavalesca que, inevitablemente, induce al recochineo, a considerar  todo aquello con cara sonriente. Además, su presencia tiene ya un efecto simbólico.
Dicho lo cual, todos ellos tienen, a escala internacional o local, un lugar en el negocio y en los anales de la música y el entretenimiento. Sí, desde el planeta rock rara vez se mira al horterilla para otra cosa que no sea la burla, pero si hay quien lo disfruta... ; además el ‘show biz’ también necesita cosas fáciles, intrascendentes, tonadillas que apenas exijan atención…, algo así como la comida basura, que se sabe exactamente a qué va a saber, su textura, su cantidad, su calidad, pero que ocasionalmente hasta apetece.   

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 19 de octubre de 2016

LA MAFIA FASCISTA SIGUE PRESENTE EN VASCONGADAS Aunque sin tanta sangre, la violencia sigue instalada en Vascongadas, donde la mafia proetarra condiciona la vida de quienes se atreven a discrepar de su ideología, la cual tratan de imponer por la fuerza. Esto se llama fascismo.

Al igual que las hienas, los cobardes sólo actúan cuando tienen una aplastante superioridad numérica..
La noticia de la agresión sufrida por dos guardiaciviles y sus esposas en un pueblo vasco parece sacada de un periódico de hace treinta años; entonces apenas habría ocupado espacio en página, relegada por las masacres con bomba o los tiros en la nuca que tanto gustaban a los nazis etarras y su entorno. Algo han cambiado las cosas, sin embargo los que viven del odio y del prejuicio, los que respiran totalitarismo, los que creyéndose su verdad de modo fanático, siguen siendo muchos en Vascongadas, y si no tiran de pistola o de goma dos es porque ya no pueden, no porque no quieran.

Como no podía esperarse de otro modo tras el anuncio de la agresión, los correligionarios y simpatizantes de los matones, así como políticos de ciertos partidos, se han apresurado a proclamar que todo es un montaje policial, y que la cosa fue al revés, que fueron los números de la Guardia Civil los que insultaron, provocaron y amenazaron. De entrada se puede argumentar que afirmar desde la distancia y sin conocimiento preciso de los hechos que todo es un montaje, y además sin aportar ningún indicio, es tomar una postura obcecada y grosera. En muchos pueblos vascos la presencia de la mafia fascista sigue intimidando y condicionando el día a día; por eso, resulta muy difícil de creer que una pareja de la Benemérita, de paisano y acompañados por sus respectivas parejas, inicie la trifulca y se ponga a increpar a unos cuantos individuos dispuestos a todo; cuesta admitir que éstos fueran unos pacíficos ciudadanos y que en su defensa salieran dos o tres docenas de cívicos testigos de los hechos; hay que beber mucha agua para tragarse la especie de que las dos parejas se plantaron frente a los treinta o cuarenta …, sobre todo en el ambiente tenso, tóxico, violento, que se sigue respirando en Alsasua y muchas otras poblaciones de las tres provincias vascuences.

Así, con los antecedentes de asesinatos, palizas, amenazas, insultos y acoso que han tenido y tienen que sufrir en este pueblo los que discrepan de la idea que impone la gestapo (o kagebé, o guardia roja) etarra, con los omnipresentes y amenazadores mensajes que la propaganda terrorista tiene distribuidos por toda la localidad para que nadie olvide que cualquiera puede convertirse en diana, es fácil entender el miedo que atenaza a la mayoría de la población, asustada ante la posibilidad de ser señalada por estas juventudes hitlerianas con ikurriña. Y por eso, bajan la cabeza y callan.

La banda (mafia) asesina está casi acabada, casi, pero aun tiene fuerza para causar daños graves. De todos modos los pistoleros de antaño y los facinerosos de hoy están inspirados por el mismo sentimiento: la cobardía; hasta hace unos años, dos o tres matones se acercaban a traición a una persona y la cosían a tiros, mientras que hoy, al no llevar pipa, lo que hacen es reunirse en manada; es la estrategia de las hienas: una o dos jamás se atreverán con algo que les haga frente, así que llaman y esperan a ser treinta o cuarenta, y cuando la superioridad es aplastante, entonces les vuelve la valentía y atacan en masa. Los polis, según testigos presenciales y anónimos, fueron reconocidos, increpados, amenazados e insultados por seis u ocho iracundos y vociferantes individuos que, al no sentirse con superioridad suficiente, no pasaron de los gritos, pero al llegar refuerzos ya se sintieron completamente seguros para pasar a las manos y pies.

Esos modos son calcados a los que se usaban en las calles de las ciudades alemanas en la segunda mitad de los cuarenta del siglo pasado; los nazis en jauría se lanzaban a la búsqueda de judíos, comunistas, homosexuales y, en fin, de todo aquel que no fuera afecto al régimen o mostrara dudas.

Hoy mismo (19-X-16) las juventudes hitlerianas de partidos evidentemente totalitarios, fanatizadas e incapaces de entender en qué consiste la democracia, han mostrado su rechazo total a la libertad de expresión al impedir que se diera una charla en una universidad. ¿Alguien se imagina qué ocurriría en caso de que alguien les pagara con la misma moneda, reventándoles reuniones, charlas o asambleas?

Este modo de pensar (¿) tiene la misma base que el de los que esperan a ser cuarenta para atreverse con dos. Y ello es el convencimiento de tener el monopolio de la verdad, de manera que, igual que todo fascista, aquellos se creen con licencia para pasar por encima de la ley y de cualquier regla democrática, lo que inevitablemente conduce a la violencia. Así se vio en los años de la Transición Española, aunque entonces quienes apaleaban a contrarios ideológicos e impedían cualquiera de sus actos eran los de ultraderecha. Por ello, los que así actúan son idénticos aunque lo que defiendan sea antagónico.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 16 de octubre de 2016

¿ES LITERATURA LA OBRA DE DYLAN? ¿ES UN MÚSICO O UN ESCRITOR? Opiniones encontradas se enfrentan apasionadamente en todos los foros (reales o virtuales) a causa de otra desconcertante decisión del jurado de los Nobel: la concesión del de Literatura al cantante y compositor estadounidense Bob Dylan.

Bob Dylan declamando sus versos en pleno 'recital poético',
dirían los suecos que dan el Nobel.
Bob Dylan es un genio del rock, del folk, de la canción de autor. Es un excelente letrista y, a la vez, un compositor creativo y en muchísimas ocasiones verdaderamente brillante. Es un sensacional creador de canciones, muchas de las cuales explican el siglo XX, no sólo desde sus versos, sino también desde la partitura, pues el valor artístico de sus palabras no es superior a sus inspiradísimas melodías. Sin embargo, por separado pierden mucha categoría unas y otras. Innecesario es enumerar sus títulos más meritorios, pues son docenas y, además, no es necesario, ya que todo aquel que tenga un mínimo interés por la música rock podría recitar unas cuantas de memoria, pero muy poca gente recordaría algo de su obra si ésta hubiese sido publicada sólo como letra impresa… Por ello, siendo Dylan un artista sobresaliente, no es lo que se dice un escritor, por lo que premiarlo como si lo fuera se antoja un desvarío, una ocurrencia.    

Se tiene la impresión de que el Nobel es el máximo al que puede aspirar un profesional, el Gordo absoluto, de modo que, igualmente, se cree que el jurado es prácticamente infalible. Sin embargo, esos hombres y mujeres que conforman este cónclave están tan cercanos al error, a la ventolera disparatada, como cualquier otro. Por ello, estos suecos buenísimos y estupendísimos explican esta recompensa al Judío Errante (hebreo, luego católico, después volvió…) “por haber creado una nueva expresión poética”… Teniendo en cuenta que Woody Guthrie o Pete Seeger engarzaban textos de carácter social en tonadas folk con gran talento antes de que Dylan naciera, ¿cuál es esa novedad?, ¿en qué se sustancia tal hallazgo?  También se ha apuntado como argumento que la poesía tiene larga tradición de hermandad con la música, y que vates y trovadores cantaban versos en épocas históricas; es cierto, pero no es comparable lo que esas artes eran con lo que son hoy, es decir, sería difícil entender que el premio al mejor coche del año fuese para una preciosa carroza de caballos.  

Como se ha dicho, Dylan es uno de los más importantes creadores del siglo pasado. Muchas de sus canciones poseen letras excelentes y de gran profundidad, pero el suyo es un lenguaje musical, su campo es la música y sus letras no se sostienen sin música, es decir, sin la partitura se quedarían en poesías urbanas de índole social y costumbrista, con mérito, pero de ningún modo comparables a los libros de poemas de los grandes poetas. Dylan publica discos y canta, mientras un escritor (poeta, novelista, dramaturgo, ensayista…) publica libros y no canta. Las bases del premio lo dejan bien claro: será “para quien haya producido la obra más sobresaliente (…) dentro del campo de la literatura”, y Dylan no viaja por ese campo (salvo en dos ocasiones, pues tiene dos libros publicados, aunque de dudoso valor literario). Además, si las letras de sus canciones hubieran aparecido en libros de poemas no hubieran tenido tanta difusión ni las ventas (muchas o pocas) que logran los poetas más reconocidos; o sea, sin la carga expresiva que la música les proporciona, esos textos se quedan cojos, pierden fuerza y alma, pues fueron escritos para ser cantados, no para ser recitados o leídos. Y en fin, resulta difícil colocar a Robert Zimmerman (su auténtico nombre) en el mismo plano en el que están la mayoría de los escritores que poseen el Nobel de Literatura... y viceversa.      

Por qué a Dylan?, tal vez para llamar la atención, para causar un impacto mundial y que todo el mundo hablara de ello; tal vez para dar la sensación de que están abiertos a todas las expresiones que tienen que ver con el arte y la cultura; también puede que pretendieran atraer a los seguidores del rock, que ya es algo mayoritario; es posible que quisieran presentarse como gente inconformista (las letras de Dylan, generalmente, lo son), pero el efecto es el contrario, ya que agasajar a una gran estrella (del rock o de lo que sea) es la esencia del conformismo, es sumarse a la masa.

En fin, si un músico (lo que es sin duda Dylan) opta a premios literarios, por qué no un autor de cómic, por qué no el genial Francisco Ibáñez, cargado de méritos utilizando ese lenguaje que combina dibujo y texto: millones de personas en todo el mundo se han carcajeado con sus originales y desternillantes personajes. Si la cosa sigue así, a nadie debería extrañar si en el futuro se entrega el Nobel de Literatura a un cocinero del que se dice que su cocina tiene poesía y filosofía; ni de que se distinga con el de Medicina a un fenomenal carnicero que es un hacha con los cuchillos y ha inventado nuevos cortes; ni de que un bailarín reciba el Príncipe de Asturias del Deporte, un novelista el Grammy o, puestos a desvariar, un caballo el Óscar al mejor actor. Hay quien ya asume que no pasará mucho antes de que un rapero luzca sus pantalonones ante el sanedrín de la Academia Sueca.   

Si aún quedaba algún atisbo de duda, después de esto puede afirmarse que el rock como concepto ha sido normalizado, definitivamente domesticado. Algunos de los que lo conocieron en sus primeras etapas y vivieron sus buenos tiempos, esos que comprando, escuchando y hablando de ese movimiento se veían en un mundo especial y ajeno a lo establecido, en un entorno nuevo y poderoso, esos sentirán como si algo se hubiera perdido para siempre.

A pesar de todo, este asunto admite opiniones, todas respetables. Sea como sea, Bob Dylan tiene razón: los tiempos están cambiando.


CARLOS DEL RIEGO