miércoles, 23 de noviembre de 2016

IDEOLOGÍA, HIPOCRESÍA Y PREJUICIOS. La ideología es fuente de prejuicios y, aunque a unos más que a otros, afecta a todo el mundo. Así, entre los muchos prejuicios que vician al personal, uno de los más extendidos es el prejuicio procedente de la ideología política.

¡Cuánta razón hay en este pensamiento!

Raciales, económicos, religiosos, xenófobos, deportivos, sexistas…, ¡cuántos prejuicios afectan al individuo y qué fácil es caer en alguno! Y es que el prejuicio se basa en la generalización, es decir, en una falsedad; por ejemplo cuando se dice ‘todos los negros son unos tal, todos los ricos unos ladrones, todos los católicos o musulmanes unos fanáticos, todos los extranjeros unos delincuentes, todos los de ese equipo unos indeseables, todos los hombres unos machistas o todas las mujeres piensan sólo en comprar trapitos y potingues’. Tales afirmaciones son falsas, mentiras que incomprensiblemente algunas personas se creen a pies juntillas.

Actualmente, uno de los prejuicios más frecuentes en las sociedades occidentales es el que procede de la ideología política. Ciertas reacciones a la muerte de Rita Barberá (23-XI-16) explican de modo empírico qué es el prejuicio político: estando investigada e incluso acusada, no había sido condenada, ni siquiera juzgada, sin embargo, para el prejuicioso, dado que ella militaba en un partido de ideología contraria, no es preciso demostrar su culpabilidad; por el contrario, cuando el sospechoso pertenece al grupo propio, no sólo se exige presunción de inocencia, no sólo se acusa a los rivales de haber preparado un montaje, sino que se procura trasladar la idea de que quien profese la ideología correcta será siempre puro, inocente de todo e incapacitado para meter la mano en la caja. Es el relativismo moral en estado puro: si lo hace uno del partido rival es un ladrón sin más, si lo hace uno del partido correcto es que tiene sus razones.  

Aunque suene repetitivo, se puede hacer un somero recorrido por los casos de trinque que apuntan a los que se sienten colmados de pureza: el pelotazo inmobiliario de Espinar (que no hace más que seguir la senda de papá), el sindicalista asturiano que se llevó millón y medio, los familiares de la alcaldesa de Madrid que han sido ‘colocados’, las adjudicaciones al hermano de Tania Sánchez, los 400.000 del ala que cobró Errejón por un estudio sobre un tema del que no es experto y que nadie ha visto, los terrenos ‘adjudicados’ a la familia de Sánchez Gordillo (¿y los millones que deben a hacienda sus idílicas cooperativas?), las desapariciones dinerarias de CCOO que se fueron en mariscadas, viajes, regalos y dietas, los procedimientos de los ERE y Cursos de Formación en que también aparecen tipos ‘potentes’ y afines, los pagos en negro de Echenique a su empleado, las tremendas deudas de IU (sin contar lo que los bancos le han perdonado) y los despidos irregulares de sus propios trabajadores, las ‘tarjetas black’ con las que sindicalistas (Baquero, Rey, Benito…) y cargos de este partido a punto de desaparecer (Santín, Cruz, Castañeda) afanaron cientos de miles, el asunto de la localidad malagueña de Manilva cuya ex alcaldesa (de IU) malversó y enchufó a ¡108 personas!…, por no hablar de las viviendas de protección oficial en que residen personas con ingresos sobrados y gruesas cuentas corrientes como Iglesias (a quien se ingresó pasta procedente de paraísos fiscales, o sea, de origen dudoso). Se podría continuar… Estas conductas apenas difieren de las mostradas por cargos de las otras asociaciones políticas, es decir, no hace falta recordar la interminable lista de casos, la cantidad de muertos que tienen en el armario los dos partidos que han gobernado el país desde la instauración de la democracia; la única diferencia entre unos y otros es el tiempo de permanencia en la poltrona: a más tiempo más posibilidades, más tentaciones, más debilitamiento moral, más casos de corrupción. Sea como sea, de haberse producido cualquiera de esos casos en el bando opuesto las voces se oirían en Papúa Nueva Guinea.     

En lo que coinciden todos los que terminan pringados es en negar la evidencia, pero algunos, además, contraatacan acusando de montaje a rivales políticos; y sus seguidores se creen la versión de sus jefes porque están convencidos de que quien es de su partido es, por definición, honrado y trabajador, mientras que quien no es tal cosa es básicamente corrupto y ladrón. Es el problema de tener ese pensamiento prejuicioso: los que piensan como uno son buenas personas, y los que no, unos delincuentes indeseables. Sin embargo, los individuos no son honestos o dejan de serlo en función de su ideología, creencia, religión, profesión o equipo de fútbol, de manera que hay tipos de fiar en todas partes y tiparracos que piensan que, hagan lo que hagan, la moral y la integridad está con ellos, del mismo modo que los contrarios son, sin más explicación, sinvergüenzas.

Eso sí, hay que ser un auténtico hipócrita para declararse hijo de obrero siendo retoño de un político consejero de banco y usuario de ‘tarjeta black’; e igualmente se es tal cosa si, tras ganar dinero con una operación inmobiliaria de discutible moralidad y de dudosa legalidad, se sale a la calle protestando contra el sistema del que acaba de aprovecharse exhibiendo la leyenda: “Sin futuro, sin casa, sin curro”... Y sin vergüenza. Y sin educación, pues hay que ser un grosero, un patán, un engreído convencido de su superioridad para no respetar a una persona que acaba de morir. Ah!, y eso de ‘No future’ ya se gritó hace 40 años.


CARLOS DEL RIEGO