miércoles, 2 de octubre de 2024

LAS REALIDAD Y LOS HECHOS DE ESPAÑA EN AMÉRICA CONTRADICEN LAS MENTIRAS DEL PRESIDENTE DE MÉXICO

  

La primera imprenta de América la llevaron los españoles a México en 1539 

Nuevamente un presidente de alguna de las repúblicas hispanoamericanas vuelve a tratar de desviar la atención, a intentar crear una cortina de humo que oscurezca los verdaderos problemas de su país, a procurar la manipulación del pueblo con el señalamiento de un culpable. Y siempre recurren al asunto de la conquista de América. Y ello a pesar de que los datos, las evidencias y la propia Historia cuentan justamente lo contrario que esos gobernantes

 

El Presidente de México y su sucesora tienen el país patas arriba. Hay un problema de violencia aterrador, con unos 30.000 asesinatos al año (estudiantes, mujeres, políticos, periodistas…); corrupción generalizada, narcotráfico a escala industrial, enorme pobreza, abismales desigualdades, presos políticos, miles de desaparecidos…, por no hablar de lo olvidados y arrinconados que tienen a los indios, que no paran de exigir que se los atienda hoy en lugar de mirar tanto a los del pasado. Sin embargo, esos presidentes vuelven una y otra vez a lo que sucedió hace medio milenio, o sea, lo que tienen ante sí les preocupa mucho menos que lo que pasó hace siglos.

 

El caso es que, por mucho que digan los iletrados, los esclavos de la ideología, los malintencionados y los enemigos de la verdad basada en crónicas, documentos, hechos o números, lo cierto es que la acción de España en América fue, a pesar de todos los excesos que también son históricos, la mejor de todas las llevadas a cabo por las potencias coloniales. Todo esto es realidad irrefutable:

 

México no existía en 1520 (tardaría tres siglos). Allí había un pueblo dominante (aztecas) que oprimía, sacrificaba, esclavizaba y se comía a los de los pueblos vecinos. Lógicamente, todos estos pueblos se aliaron con los recién llegados (se hubieran aliado con cualquiera), de manera que el ejército de Cortés que tomó Tenochtitlán estaba integrado por un 99.5% de indios y un 0.5 de españoles. Fueron los indios los que conquistaron.

 

Las leyes promulgadas por la corona española siempre fueron en beneficio del indio. Así las Leyes de Burgos, promulgadas por Fernando el Católico en 1512, seguramente siguiendo lo dispuesto por Isabel en su testamento, en el que insistía en el buen trato que había que procurar a los indios; y las Leyes de Indias o Nuevas Leyes que firmó Carlos I en 1542 “hechas para (…) el buen tratamiento y conservación de los indios”. Es decir, la ley prohibía maltratar, engañar o robar a los nativos; el problema es que el centro de poder estaba muy lejos del lugar de los hechos, de manera que quien violaba la ley estaba protegido por muchos miles de kilómetros.

 

De esto puede deducirse que quienes cometieron las violencias y los excesos fueron delincuentes que se pasaban la ley por ahí (tal y como sucede hoy), y por eso muchos de ellos se enfrentaron a ‘juicios de residencia’. Por tanto, puede decirse que nada hay que achacar al gobierno de España y no se le puede exigir compensación o excusas. Además, los conquistadores actuaron por su cuenta, sin fondos públicos, es decir, la conquista fue iniciativa privada. 

 

Cuando se fueron los españoles de América (primera mitad del siglo XIX) casi tres cuartas partes de la población (en algunos casos más) eran indios, y actualmente hay más que cuando llegó Colón. La catástrofe demográfica sufrida en América se debió a las enfermedades, causantes del 90% o más de las muertes. Hay que tener en cuenta que, tarde o temprano, barcos europeos o asiáticos habrían llegado a América y llevado consigo las enfermedades. Tarde o temprano el tifus, viruela, gripe, sarampión… habrían llegado a América, lo que significa que antes o después los indios tendrían que pasar por la plaga y los muertos hasta conseguir la inmunización. Un proceso exactamente igual al que pasaron los habitantes del resto del planeta siglos antes. España, por tanto, no causó aquellas mortandades.

 

Acusan a los españoles de haber robado riquezas incontables, sobre todo oro. El dato irrefutable es que España extrajo de América no mucho más de 200 toneladas de oro en 300 años; más o menos la cantidad que ha sacado el Presidente de Venezuela del entorno del río Orinoco en 10 años. España utilizó más de la mitad del oro en construir más de mil hospitales (para indios, mestizos y blancos, se especificaba en los estatutos fundacionales), unas 40 universidades, cientos de escuelas de primeras letras y colegios de segunda enseñanza, vías de comunicación, infraestructuras (el primer sistema de alcantarillado del Imperio Español se construyó en América), catedrales, ciudades…; nunca se ha sabido a dónde se ha ido el oro extraído por el dueño de Venezuela, aunque se tiene ligera idea.

 

Los misioneros españoles fueron los primeros en aprender los idiomas nativos, del nahua al quechua, e incluso escribieron diccionarios bilingües y obras en las que se recogían tradiciones, costumbres y mitología local. Gracias a ellos se conserva todo aquello. También llegaron, procedentes de España, la escritura, la rueda y los metales, toneladas de herramientas, ganado y semillas, arquitectos, maestros de obra, profesores, maestros y libros (se sabe que a final del siglo XVI llegó una partida de 40.000 libros). La primera imprenta de las Américas se instaló en la ciudad de México en 1539.    

 

Lo que sí impusieron por la fuerza los españoles fue la prohibición de los sacrificios humanos y el canibalismo, y a cambio llevaron la filosofía, Grecia y Roma, una moralidad en la que el individuo está asistido por derechos, una lengua universal que une a todos y que es comprendida en todo el mundo, una organización y administración territorial, social, jurídica…

 

Es evidente que América debe mucho a España. La Historia y los hechos así lo demuestran. No hay, por tanto, razones para acusar.       

 

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 25 de septiembre de 2024

EL TIEMPO DE LA MOVIDA, RECUERDOS DE LIBERTAD

 


Andy Warhol llegó a Madrid para ver por sí mismo qué era eso de la movida. En la foto, con Carlos G. Berlanga y Bernardo Bonezzi

 

En los primeros años setenta del siglo pasado había quien afirmaba que cuando muriera Franco habría otra guerra civil. Pero murió y no hubo guerra. Al revés, llegó la apertura, la libertad y la democracia; la gente, la juventud, las calles fueron hervideros de libertad. Ese fue el contexto en el que surgió lo que se llamó ‘la movida’, que no sólo fue madrileña aunque la capital fuera su centro. Quienes estaban allí entonces recordarán aquel entorno en el que se podía pensar, actuar y cantar cómo y lo que a uno le saliera, sin la inquisitorial censura que impera en la sociedad actual 

 

Al morir Franco apareció un horizonte de libertad, incluso de libertinaje y exceso. De repente todo el mundo podía decir y hacer lo que le saliera, sobre todo en el mundillo de la música, del arte. La música pop y rock (y todos sus derivados), siguiendo el camino abierto por la ‘new wave’ (la nueva ola) que llegaba de Inglaterra tras la irrupción del punk, permitía todo, desde el rock & roll clásico hasta el tecno, pasando por el estilo mod, el rock duro, el rock-folk o el pop combinado con cualquier estilo. Todo era válido y todo tenía sus seguidores porque por encima de todo estaba la libertad creativa y de pensamiento.

 

A principios de los años ochenta Madrid se convirtió en una especie de Meca de la renovada juventud española. De las cuatro esquinas del país acudían al ‘Rock-ola’, al ‘Sol’ y tantas otras salas donde actuaban los nuevos grupos, españoles y extranjeros. Sin duda allí ocurrió algo, puesto que si el mismísimo Andy Warhol quiso conocer por sí mismo qué era aquello…

 

Casi cada día se tenía noticia de un nuevo grupo, de un nuevo disco que ofrecía, ante todo, novedad, espontaneidad, autenticidad…, libertad de creación. Y así era prácticamente en toda España. De este modo, en uno de sus primeros conciertos, un grupo se presentó diciendo “Hola, somos Gabinete Caligari y somos fascistas”. Sin duda hoy habrían sido acusados, señalados, acosados, cancelados e incluso denunciados, pero entonces la cosa se entendió como lo que era: una provocación, una forma de distinguirse, no una postura ideológica de Urrutia y compañía, pues ninguno de ellos tenía nada que ver con el fascismo. Y aquello sucedió porque en aquellos tiempos existía verdadera libertad, porque se podían decir cosas que hoy los nuevos inquisidores no permiten; por otro lado, que tire la primera piedra el que a los veinte años no soltó más de una gilimemez de la que hoy se avergonzaría. Quien estuviera entonces tendrá en su memoria aquellos recuerdos de libertad.

 

Desde hace unos años los autores de canciones de rock y géneros afines tienen un enorme cuidado con las palabras y las frases, han de analizar si eso que dice este o aquel verso puede ser interpretado como una ofensa y ocasionar problemas de cancelación, insultos en las redes, declaraciones de políticos… Es decir, los que escriben canciones se autocensuran para que luego no les caiga encima el peso de la censura, esa que se siente poseedora de la verdad absoluta y, por tanto, legitimada para dividir entre buenos y malos, o sea, entre los que coinciden con el pensamiento ‘verdadero’ y quienes se atreven a llevar la contraria.

 

Los mencionados Gabinete Caligari cantaban a los toros y a la España castiza e incluso cañí. Los hoy olvidados (y efímeros) Polansky y el Ardor tenían una canción titulada ‘Negra’ que decía “Hoy por fin lo conseguí, tengo una negra, solo para mí…”. Siempre irreverentes, divertidos y provocadores, los gallegos Siniestro Total cantaban: “Ayatola no me toques la pirola (…) sólo vine a comprar pan y me enseñasteis el Corán”; y otras de letra explícita como ‘Mata hippies en las Cíes’ o ‘El sudaca nos ataca. La Orquesta Mondragón desvelaban que “Ellos las prefieren muy muy gordas, super gordas, gordas, gordas y apretás”. En su versión del ‘You really got me’ de los Kinks, Cardiacos amenazaba: “Tú te reías de mí. Nadie se burla a mis espaldas. Te vas a enterar. Quiero leerte la cartilla. Te voy a aplicar mi ley”. Un Pingüino en mi Ascensor y su ‘Atrapados en el ascensor’, ‘La mataré’ de Loquillo, ‘Sí sí’ de Los Ronaldos… En fin, eran letras más gamberras que otra cosa que sólo buscaban provocar, incomodar, desafiar, y estaban hechas (con mal gusto en muchos casos) desde una atmósfera de libertad inexistente cuatro décadas después. Si estos títulos hubieran salido en la actualidad las redes sociales arderían de ira e indignación, y los políticos y campeones del pensamiento único se rasgarían las vestiduras exigiendo juzgado para todos ellos.     

 

Pero por encima de los fantásticos grupos de pop y rock, por encima de los discos y los conciertos, lo que más añoranza y nostalgia provoca es que fueron tiempos de libertad de expresión. Hoy parecen tan lejanos.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

¿DESDE CUÁNDO EXISTE ESPAÑA, DESDE CUÁNDO LOS ESPAÑOLES TIENEN CONCIENCIA DE SERLO?

 


Manuscrito de las Cartas de Cortés. En la octava línea se lee '...nera que quando salio destos rreynos de españa'. Y justo debajo '... paso a la ysla española'. Era sobre 1520 y ya existían conceptos como España 



 Encabezamiento de la cuarta carta de relación, donde se lee'nueva España' y 'Rey de España'

No hace mucho tiempo se decía (y se estudiaba) que España era el país europeo que antes tomó conciencia de serlo, que era una de las naciones más antiguas. Sin embargo, en las últimas décadas no sólo se niega dicha afirmación, sino que se ha retrasado siglos el asentamiento de España como ente político, e incluso hay quien afirma (contra toda evidencia) que sigue sin existir

 

Pero entonces, ¿Cuándo se tienen conciencia de la existencia de España y de españoles? Hay autores que sostienen que la idea de unidad territorial, política y legislativa ya estaba en la mente del rey godo Leovigildo (525-586) en la Spania del siglo VII d.C., aunque no se puede hablar aún de nación (además, todo el sureste de la península estaba bajo autoridad de Bizancio). Durante años los libros de texto afirmaban, erróneamente, que España existe como tal desde la unión de las coronas de Castilla y Aragón, pero esa unión no fue real, efectiva, de hecho y de derecho hasta la entronización de Carlos I. Y es precisamente durante el reinado de éste cuando se vuelven de uso corriente los términos España y españoles, lo que indica que ya se tiene conciencia de nación y de pertenencia a ella. Hay historiadores que retrasan la toma de identidad jurídica y política hasta la llegada del primer Borbón, Felipe V, a comienzos del siglo XVIII, pero se basan casi exclusivamente en cuestiones legislativas y políticas más que en el sentir del pueblo; de todos modos, ya con el Emperador Carlos I el poder y la ley afectaban por igual a todos los territorios que hoy conforman el país (también a los de ultramar, pero eso es otro asunto).

 

Dato muy significativo es el hecho de que a los nuevos territorios americanos continentales, una vez finalizada la conquista de México-Tenochtitlán, se les empezó a denominar La Nueva España, y a partir de 1535 se creó oficialmente el Virreinato de Nueva España. Parecen indicios bastante razonables de que ya existía el concepto de España, pues si no fuera así, ¿a qué venían esos nombres para las nuevas tierras americanas?

 

Cortés escribió a Carlos I varias ‘Cartas de la conquista de México’, normalmente llamadas Cartas de relación, la primera fechada en julio de 1519 y la quinta en septiembre de 1526. La tercera, en mayo de 1522, se titula elocuentemente: “Carta tercera enviada por Fernando Cortés, capitán y justicia mayor del Yucatán, llamado la Nueva España del mar océano, al muy alto y potentísimo César y invictísimo señor Don Carlos, emperador semper augusto y Rey de España, nuestro señor” (a lo largo del texto se repiten términos parecidos infinidad de veces). Si no existía la idea de España, ¿a qué se referirá Cortés al decir la Nueva España o Rey de España? Objetivamente, esas palabras señalan inequívocamente que existía noción de país llamado España, que estaba arraigado y que era de uso cotidiano.

 

Algo parecido se puede decir de la obra de Bernal Díaz del Castillo ‘Historia verdadera de la conquista de la Nueva España’. Y tanto éste como Hernán Cortés narran continuamente lo que les sucede a los españoles, no a los castellanos, aragoneses o vascos, y por ello en sus libros se leen frases como “éramos muy pocos españoles”, “aquella noche murieron muchos españoles”, “los españoles quedamos muy admirados de eso”, “hacíamos a algunos españoles se metiesen en celada”. Cuando cuentan el episodio en el que un soldado escaló el volcán Popocatépetl para recoger azufre (con que hacer pólvora), Bernal especifica que era canario, mientras que Cortés dice “…entrando un español setenta o ochenta brazas, atado a la boca abajo…”, y acto seguido dice que en adelante espera “que nos provean de España”. Al hablar Bernal de sus compañeros suele señalar su lugar de procedencia, y al final de su libro se detiene a enumerar a todos, dejando claro de qué parte de España es cada uno, pero cuando habla del contingente siempre, sin excepción, se refiere a españoles.

 

Si a aquel territorio se le llamó desde tan pronto ‘Nueva España’, si en aquellos libros escritos en el siglo XVI (el de Cortés desde 1519 hasta 1526; Bernal debió terminar el suyo hacia 1568) se refieren continuamente a esos términos, es fácil deducir que el concepto de España ya estaba más que arraigado, asumido e interiorizado, e igualmente la denominación de españoles.

 

Todo ello indica que entonces (en el primer cuarto del siglo XVI), por fuerza España tenía que existir en el sentir y en la conciencia del pueblo, de todos los pueblos y gentes que la integraban.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

“EL ROCK HA MUERTO”, REPITE DESDE HACE DIEZ AÑOS GENE SIMMONS

 


 Gene Simmons afirma desde hace años que el rock & roll está muerto

El cantante, compositor y bajista de Kiss Gene Simmons, el que sacaba dos palmos de lengua en sus conciertos, viene repitiendo desde hace diez años su teoría de que el rock & roll está muerto. Tan rotunda afirmación la apoya en dos razones estrechamente vinculadas

 

El tipo lleva en ese negocio desde la década de los setenta del siglo pasado y, por tanto, conoce a la perfección y de primera mano todos los entresijos y particularidades del asunto, es decir, sabe muy bien de qué está hablando. Así, desde 2015 viene repitiendo, a la mínima oportunidad que se le da, que el rock & roll ha muerto, y para sustentar tan contundente sentencia ofrece dos razones: los consumidores de música apenas pagan por ella (a diferencia de cuando había que comprarla en soportes físicos), y como consecuencia, ya no aparecen grandes nombres en el planeta del rock & roll. Apoya esta teoría el hecho de que coinciden en el tiempo la aparición de los archivos digitales con la desaparición de verdaderas estrellas, esas que superan barreras temporales y generacionales. ¿Tiene razón el lenguaraz miembro de Kiss?

 

Simmons dijo afirma textualmente desde hace una década: “El rock está muerto porque si echamos la vista atrás observamos que desde 1958 hasta 1988, que son 30 años, la aparición de grandes figuras del rock & roll es continua. Teníamos a Elvis, Chuck, Jerry Lee…, luego The Beatles (los vi por la tele en el show de Ed Sullivan, y jamás me hubiera dedicado a esto sin ellos), The Stones, Who, Pink Floyd, Dylan, Creedence y así sucesivamente… Luego llega la parte ‘pesada’, Purple, Maiden, AC DC… y ahí se puede poner a Kiss. Y U2, Prince, Bowie, Eagles, Guns N’ Roses, Green Day… y Motown, por supuesto. Pero desde 1988 hasta hoy, ¿quiénes están a la altura de cualquiera de esos?, ¿quién son los nuevos Beatles? Está claro, el rock ha muerto. Y eso se debe, en resumen, a que las nuevas bandas no se han tomado el tiempo (o no los han dejado) de crear glamour, emoción y material épico”.

 

El repaso es impresionante, tanto que las comparaciones no pueden ser más odiosas. “Es que no hay bandas nuevas que propongan lo que aquellos propusieron. Me encantan Nirvana, Pearl Jam e incluso Foo Fighters, pero son bandas surgidas hace unos 30 años. En definitiva, son bandas viejas”. Evidentemente, el deslenguado de Kiss dice verdades como puños.

 

Y sigue explicando el músico: “No se puede nombrar a otra gran banda de rock, de esas que continuarán escuchándose décadas después de su desaparición, y no se puede porque no las hay, porque el joven que forma su grupo no puede ganarse la vida con él y, por tanto, no puede desarrollar su talento. Y es así porque tan pronto como los fans pudieron descargar y compartir archivos gratis, las nuevas bandas no tuvieron la oportunidad de ganarse la vida. Y eso me rompe el corazón, porque hay tantos músicos y compositores jóvenes con mucho talento que nunca van a tener la oportunidad que yo tuve... Todo lo que es gratis o cuesta un centavo cuando debería costar un dólar o más, se entiende como algo sin ningún valor”.

 

Finalmente, Gene Simmons (que sin duda conoce a la perfección el terreno que pisa), concluye: “Hay cosas buenas por ahí, pero los que empiezan no van a tener la oportunidad que tuvimos nosotros. No tendrán una compañía discográfica que, por abusona que fuera, hiciera la promoción por todas partes, una compañía que te diera anticipos que nunca tenías que devolver y que eran imprescindibles para que pudieras dedicarte a tiempo completo al rock & roll y desarrollar lo que tuvieras dentro. ¿Cómo puedes haces eso si estás regalando tu música por una centésima de centavo por una descarga? Los fans mataron lo que amaban cuando empezaron a descargar y compartir archivos de forma gratuita. Dejaron sin apoyo a los que empezaban. Ese momento fue el principio del fin del rock & roll”.

 

Tales deducciones y afirmaciones, basadas en hechos indiscutibles, parecen conducir a la realidad por mucho que cueste aceptarla: Ya no hay gigantes del rock porque las bandas, los compositores, los que vivían de ese trabajo hasta 1988, hoy apenas ganan unas migajas por su trabajo y, lógicamente, no pueden dedicar a ello todo su tiempo, su talento, su vida.

 

En resumen, ¿el rock & roll ha muerto?

 

CARLOS DEL RIEGO

 

lunes, 2 de septiembre de 2024

ALIEN, 45 AÑOS DE LA APARICIÓN DEL MONSTRUO MÁS ATERRADOR JAMÁS IMAGINADO

 


Portada y anteportada diseñada por Giger para el grupo Emerson, Lake & Palmer

 


El diseño de HR Giger no pierde su terrorífica atracción

“Un superviviente al que no afectan la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad”, así definía el agonizante científico de la nave Nostromo a uno de los más aterradores bichos jamás imaginado por mente humana. Ha pasado casi medio siglo y varias secuelas y la imagen del monstruo sigue causando el mismo terror. ‘Alien, Romulus’, la más reciente secuela de la película de 1979, vuelve a llevar el terror a las pantallas

 

Quien tuvo la suerte de contemplar aquel estreno jamás lo olvidará. Fue una auténtica convulsión para los aficionados al cine, sobre todo para los amantes de las películas de ciencia ficción, de terror y suspense. A finales de 1979 un auténtico monstruo, un ser horripilante y repelente recorrió el mundo, ‘Alien’, el pasajero invasor que parece un ser y también una máquina, que tiene exoesqueleto como un insecto y una boca extensible dentro de su boca, que puede recordar a un dragón y que es cien por cien hostil…, nada imaginado o soñado en la más alucinante pesadilla puede infundir el paralizante miedo que provoca semejante atrocidad. Sin embargo, aun puede haber algo peor que quedar al alcance de sus babeantes mandíbulas y sentir cómo te arranca la cara: puede que no te mate, sino que te capture para colocarte, inmovilizado, ante un asqueroso huevo del que saldrá la cosa (el abrazacaras) que te introducirá por la boca el embrión del monstruo, el cual te romperá el pecho desde dentro para nacer (alguns actores no estaban avisados de lo que iba a pasar en ese momento, de ahí sus caras de verdadera sorpresa, es más, uno incluso se desmayó del susto). Aterrador.   

 

Además del escalofriante diseño del bicho (del suizo H. R. Giger) y de la atmósfera angustiosa y claustrofóbica que impera de principio a fin, además del modo en que es ‘concebida’ la bestia y otras muchas sorprendentes y novedosas ideas que aporta la película (héroe chica, Ripley, chicos víctimas, hombre que ‘da a luz’ tras introducirse en su boca el germen…)además de todo, tal vez sea la incertidumbre que preside todo el metraje lo que multiplica el efecto aterrador. Hay incertidumbre cuando la nave cambia su rumbo sin saber por qué, ¿la señal es de auxilio o de advertencia? Las dudas siguen cuando un ente asqueroso se pega al rostro de un tripulante y no se sabe qué hacer, ¿permitir que entre ‘eso’ en la nave o cumplir con el protocolo de cuarentena? Incluso cuando hay que abandonar y destruir la astronave y recurrir a la auxiliar, la protagonista cambia de idea e intenta volver… La inquietud por lo desconocido llena de miedo a los desafortunados viajeros.

 

Pero la mayor incertidumbre, lo que aterra tanto a los personajes como al espectador es el hecho de que ni un segundo aparece la criatura claramente y en su totalidad, no se sabe exactamente qué es, cómo es, cómo mata, qué pretende, qué les hace a sus víctimas…, sólo se atisba que es un ser feroz, repugnante y cien por cien violento. Es este uno de los grandes aciertos del emblemático título, ya que el desconocimiento conlleva miedo; lo desconocido es en este caso intuido en varios entrecortados y escasos instantes, lo justo para provocar el estremecimiento, la angustia, el espanto de todo el que mira.

Miedo extremo, pavor profundo, pánico absoluto es el sentimiento que el filme transmitió a toda la sala cuando en aquellos últimos setenta se estrenó en todo el mundo. Cómo esa especie de crustáceo repelente se pega a la cara e introduce por la boca de la víctima el embrión del monstruo, cómo emerge éste, en qué se convierte y cómo mata la alimaña adulta… Todo ese caudal de terror lo personifica el personaje de Lambert, la chica que desde el primer momento teme: “¿lo habrá querido coger vivo?” comenta ante la espantosa posibilidad de que la primera víctima esté aun con vida en poder del monstruo; pero como no podía ser de otro modo, la desdichada comprueba finalmente cómo sus temores se hacen realidad y, en una de las mejores y más expresivas escena de toda la película, la criatura se planta ante la infortunada, que se resigna paralizada por el horror y sólo puede gritar…

 

En 1979 aquella sensación de terror e incertidumbre fue muy impactante, pues hay que recordar que hasta entonces los seres procedentes del espacio casi siempre eran inteligencias superiores que procedían con un propósito (aunque fuera perverso), mientras que el octavo pasajero no piensa, sólo mata y actúa como un verdadero monstruo.

 

Pero peor que la propia criatura sea la revelación del traidor cuando, destrozado, confiesa las órdenes de la compañía: “Regresar con ese organismo. Las demás consideraciones anuladas. Tripulación sacrificable”. Después de todo, los directivos de la empresa exhiben mayor maldad que la mismísima bestia. Eso es algo que se confirma en las secuelas. Hay que destacar que en todas las películas que incorporar el término ‘Alien’ en su título el protagonista es femenino: Ripley en ‘Alien’ 1, 2, 3 y 4, la guía de la expedición en ‘Alien contra Depredador’, y en ‘Alien contra Depredador 2’ es la militar que vuelve de la guerra; siempre son ellas las que llevan la iniciativa. Y en ‘Alien Romulus’ (que no está nada mal y contiene referencias a otras pelis) vuelve a ser ella la protagonista.  

 

Pocas películas, en fin, transmiten tanto terror y producen tanto escalofrío como aquella primera entrega de ‘Alien’. Han pasado cuatro décadas y media, pero la visión de tan significada película continúa estremeciendo. Sobre todo al espectador nuevo.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

martes, 27 de agosto de 2024

60 AÑOS DEL PRIMER CONCIERTO DE BEATLES EN EEUU Y DE SU VALIENTE ACTO ANTIRRACISTA

 


The Beatles durante aquel concierto de su primera gira por EEUU en 1964

 

En agosto de 1964 Los Beatles llevaron a cabo su primera gira por EEUU. Son sesenta años, parece mucho o poco, según. En aquellos años, en la década de los sesenta del siglo pasado, el racismo estaba perfectamente implantado en la sociedad estadounidense, de hecho, las declaraciones o actos antirracistas protagonizados por blancos eran una rareza. En 1964, cuando Los Beatles llegaron, se negaron a tocar ante una audiencia segregada

 

Hacía unos meses que gran parte de las leyes de separación racial habían sido abolidas, aunque eso no borró el racismo de la sociedad estadounidense. Los blancos que no lo eran apenas ejercían de antirracistas, entre otras cosas por la presión de los muchos grupos supremacistas que existían (existen). En este contexto, casi recién llegados a EEUU, en septiembre de 1964, Los Beatles tenían que actuar en Jacksonville, Florida, pero al enterarse de que los blancos estarían en una parte del recinto y los negros en otro, los cuatro dijeron que no, que en esas condiciones no tocaban. Había que ser muy valiente…

 

La decisión fue instantánea y unánime: “No vamos a aparecer en el escenario si no se permite a los negros colocarse donde les dé la gana”, dijeron tajantemente en un comunicado unos días antes del 11 de septiembre de 1964, fecha del  concierto. “Jamás hemos actuado para audiencias segregadas y no vamos a empezar ahora. Preferimos perder el dinero”. A pesar de que los organizadores se tiraban de los pelos, no se podía decir más claro. Y es que, además de sus sentimientos absolutamente contrarios a la discriminación, los cuatro Beatles eran unos vehementes y abiertos admiradores de los grandes músicos negros, a los que tenían por sus principales referencias artísticas. La idea de menospreciar al negro era para ellos inconcebible.  

 

Un locutor de radio llamado Larry Kane acompañaba al grupo en aquella gira. “Dijeron muy claramente que si el público iba a estar separado no se presentarían. Los cuatro fueron rotundos y se mostraron inflexibles en este aspecto. Fue muy sorprendente que cuatro chicos tan jóvenes tuvieran tan fuertes convicciones y que lo mostraran tan valiente y abiertamente a pesar de que sabían que tal postura irritaría a muchos estadounidenses”, dijo Kane.

 

Una mujer negra, la doctora Kitty Oliver, tuvo la (inmensa) suerte de asistir a aquel histórico concierto siendo adolescente. Al entrar pensó que le iban a ordenar ir el sitio desde el que ver la actuación (siempre el peor, claro), pero nadie se le acercó, nadie le dijo nada. “Entré con los codos pegados al cuerpo para no rozar a nadie, pues me vi sola en un mar de caras blancas. Pero me coloqué donde quise. Al empezar el concierto el público, blanco y negro, se puso en pie al unísono, gritando y saltando. Empezó a sonar el ‘She loves you’. Me olvidé de todo y canté todo lo fuerte que pude. A mi lado había un chico blanco muy joven que bailaba y cantaba a la vez que yo. Cantamos juntos, sólo existían los Beatles. A la salida vi a otros negros, nos miramos sorprendidos porque nadie nos había dicho nada por estar mezclados con los blancos”.

 

El concierto estuvo envuelto en la tormenta. Literalmente, porque el huracán Dora azotaba las costas de Florida, y aunque había pasado lo más fuerte el día del concierto, aun había terribles ráfagas de viento, así que los timbales y tambores de Ringo fueron clavados al suelo. A todo esto alguien dijo que el batería era judío y hubo amenazas de muerte. Sin embargo, no se produjo ningún incidente de carácter racista durante el concierto. Tocaron después de dos grupos de negros y otros dos de blancos, media hora, doce temas.

 

Aquello fue un precedente, pues a partir de ese momento sus contratos incluirían una cláusula antirracista. En el año 2011 se subastó y se vendió (por 23.000 $) el contrato del concierto de Beatles en San Francisco en 1965 en el que se especificaba en uno de sus puntos: “No se obligará a los artistas a actuar ante una audiencia segregada". Años después Paul recordaba: “Carecíamos totalmente de prejuicios raciales. No íbamos a tocar ante audiencias segregadas. Los cuatro compartíamos esta actitud, y por eso jamás nos planteamos actuar en Sudáfrica o en cualquier otro país donde los negros fueran discriminados. Nuestra forma de pensar era muy simple, ¿por qué separar blancos y negros?, eso es una estupidez”. Y añadía: “Fuimos inteligentes e hicimos lo correcto. En Liverpool tocábamos muchas veces con grupos negros y con público blanco y negro”. Luego añadió: “Creo que aquel fue el primer concierto para un público no segregado. Luego nos aseguramos de que nuestros contratos incluyeran una cláusula que impidiera separar. Nos parecía de sentido común”.

 

Hoy puede parecer que aquel gesto de los Beatles en 1964 fue poca cosa, pero había que ser muy valiente para situarse frente de los abundantes y muy poderosos grupos racistas que había entonces allí. Es este otro aspecto en el que los Beatles se adelantaron a todos, incluso a su tiempo.  

 

CARLOS DEL RIEGO

 

domingo, 18 de agosto de 2024

EL EJÉRCITO JAPONÉS TAMBIÉN MASACRÓ ESPAÑOLES EN LA II GUERRA MUNDIAL

 


Dos capitanes japoneses compitieron, animados por la prensa japonesa, en un concurso para ver quién cortaba la cabeza antes a cien enemigos con la espada y de un solo tajo

 

En agosto de 1944 (hace 80 años) los contendientes de los dos bandos ya tenían claro que la II Guerra Mundial estaba decidida, por más que los perdedores trataran de retrasar la derrota. Al año siguiente, en los últimos días de la guerra en el Pacífico, muchos españoles fueron asesinados por los japoneses que, frustrados y rabiosos, se retiraban matando de Manila

 

Uno de los episodios menos conocidos de la guerra en el Pacífico es el que tuvo lugar en Manila en 1945, en los instantes finales de la II Guerra Mundial, cuando el ejército japonés sabía que su derrota era inminente; rabiosos, soldados y oficiales se volvieron contra la población civil, entre la que había españoles que se habían integrado en la sociedad filipina y llevaban allí varias generaciones.

 

Ocurrió en la capital de Filipinas en apenas un mes. El avance estadounidense era evidentemente imparable, de modo que los japoneses (tras tres años de ocupación) ya estaban convencidos de su próxima derrota. Así, con la seguridad de que el futuro era la muerte, la rendición o la huida, y afectados por la arrogancia convertida en insoportable frustración, los nipones comenzaron una política de exterminio que se saldó con el asesinato de alrededor de 60-70.000 civiles (el total de muertos en la batalla ascendió a 100.000). En su violenta retirada quemaron y destruyeron, asesinaron, torturaron, violaron, mutilaron… a filipinos, alemanes, chinos, suizos…, y españoles.

 

Según testimonios escritos por supervivientes, por periodistas e historiadores, a principios del año final de la guerra, alrededor de 300 españoles fueron asesinados con una ferocidad inaudita; hombres mujeres y niños, curas y monjas cayeron bajo las espadas y pistolas de los enloquecidos soldados de Japón. Unos fueron decapitados, como el cura que protestaba por la matanza de civiles filipinos y allí mismo, sin mediar más explicación, un coronel le rebanó el cuello con su sable; otros fueron acribillados por las bayonetas cuando atendían a heridos y moribundos. Igualmente es conocido el caso de algunos de aquellos ‘últimos de Filipinas’ que se habían escondido en un refugio antiaéreo; los militares japoneses los encerraron, vertieron bidones de gasolina y lanzaron bombas de mano… Tampoco se privaron de irrumpir en consulados y embajadas llevándose todo y a todos por delante.

 

Lo peor fue que ese comportamiento de las tropas del Ejército Imperial no era una excepción, al revés, fue una confirmación de los modos que había empleado en toda Asia durante su expansión y retirada. Así es, las atrocidades japonesas no tuvieron freno, quedando para los anales de la infamia abundantes y vergonzantes sucesos que incluyen el asesinato sistemático y la destrucción de edificios e incluso ciudades; baste recordar la toma de Shangai en 1937, el asqueroso Escuadrón 731 de Manchuria, las indescriptibles salvajadas perpetradas en Corea (incluyendo la esclavitud sexual a que sometieron a miles de coreanas) o, a finales de ese año, la monstruosa actuación del Ejército Japonés en Nankín (que ha pasado a la historia con el nombre de la Masacre o la Violación de Nankín)…  

 

Todo eso se supo tanto por los testimonios de los supervivientes como por los periodistas que estaban allí, pero incluso los propios japoneses elaboraron un informe en 1948 después de asimilar la derrota y comprender que, tarde o temprano, todo iba a saberse; ese informe detallaba todas las barbaridades cometidas por sus soldados desde Mongolia hasta Nueva Guinea. Conocida es la competición para ver quién cortaba más cabezas de un solo tajo con la katana, que dos capitanes llevaban a cabo y que era jaleada por la prensa japonesa…

 

Aquel sangriento episodio conocido como la Batalla de Manila es Historia Universal, y en el mismo dejaron su vida varios cientos de españoles que también forman parte de la Historia de España. Todo lo que España había construido en varios siglos en Manila (fábricas, sedes sociales, centros de beneficencia, colegios…) fue borrado del mapa por unos militares encolerizados, rabiosos por encontrar algo o alguien sobre quien descargar su ira, alguien a quien culpar de su derrota. Ese mismo ejército, esos soldados, oficiales y generales, junto a los políticos, fueron los que se negaron a rendirse, los que no doblaron la rodilla hasta después de la segunda bomba atómica. Aquellos españoles asesinados por los nazis del sol naciente también merecen ser recordados.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

jueves, 8 de agosto de 2024

ESTRELLAS DEL ROCK EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS (EN LA CEREMONIA DE APERTURA)

 


Paul PcCartney en los JJ OO de Londres 2012

No siempre se ha incluido la actuación de un gran artista en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos. De hecho, la costumbre es bastante reciente, pero desde la primera vez que se contó con una estrella del pop o el rock se comprobó el enorme gancho que tiene esa presencia en los fastos de apertura. Figuras de leyenda quisieron respirar el aire olímpico y dieron empaque a las primeras horas de unos JJ OO

 

En la más que dudosa ceremonia de apertura de los Juegos de París 2024 tal vez lo mejor fuera la actuación del potente grupo francés de metal rock Gojira. La banda (que originalmente se llamaba Godzilla) fue la encargada de poner el instante rock al pretencioso festejo. Antes fueron otros gigantes del rock los que se encargaron de hacer rock & roll en el Olimpo del deporte. No ganaron medalla pero…

 

Pocos temas incitan al buen rollo tanto como el ‘Imagine’ de John Lennon, que casi se ha convertido en una especie de himno olímpico no oficial (también sonó en la apertura de París 24 y en otras). Stevie Wonder hizo una maravillosa interpretación en la clausura de los juegos de Atlanta 1996; además, dedicó la canción a las víctimas de un reciente atentado terrorista.

 

Un amplio muestrario del pop y el rock australiano pisó el escenario en la clausura de los juegos de Sidney 2000; entre los presentes estaba INXS, la potente banda de los años ochenta que tocó su éxito del 85 ‘What you need’, con el solista Jon Stevens sustituyendo al fallecido Michael Hutchence. Otro gran momento de Sydney 2000 fue la actuación de Midnight Oil, grupo formado en Sydney en 1972; tocó su gran éxito ‘Beds are burning’, un tema que habla de las ‘generaciones robadas’, refiriéndose a la política de separación de niños aborígenes de sus familias que el gobierno australiano practicó durante siglos; cuando Peter Garret, cantante de Midnight Oil, se convirtió en político no paró hasta que Australia pidió perdón (en 2008) por tamaña atrocidad.

 

Jimmy Page en Pekín 2008. Cuando los Juegos de Pekín 2008 terminaban y se iniciaba el acto de entrega de la antorcha olímpica, apareció un autobús rojo de dos pisos sobre el que se veía al guitarrista de Led Zeppelin, que junto a la cantante pop Leona Lewis se marcó una versión de su ‘Whole lotta love’. “Muchos me dijeron que no debería haber hecho tal cosa, pero yo siempre respondía que sí, que hice muy bien”.

 

Tal vez sea Neil Young el músico canadiense más famoso. El eterno cantante cerró los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010 en Vancouver, donde se hizo su ‘Long may you run’ de 1976, con guitarra y armónica, mientras se apagaba el pebetero olímpico.

 

En Londres 2012 los ingleses presentaron a su máxima leyenda: Paul McCartney. El ex beatle ofreció una emocionante interpretación del clásico de los Beatles ‘Hey Jude’, que contó con el coro masivo de ochenta mil personas. Curiosamente, el momento olímpico de McCartney comenzó con una metedura de pata, ya que el músico se despistó al principio de la melodía. “Se suponía que debía esperar una señal, pero lo olvidé y empecé cuando me pareció”. Y para la ceremonia de clausura de esos juegos, Brian May y Roger Taylor (Queen) se marcaron un estruendoso ‘We will rock you’; aunque a falta de Freddie contaron con la cantante británica de pop Jessie J. Otros nombres de leyenda no quisieron perderse la ocasión, como Ray Davis (The Kinks), que hizo un brillante ‘Waterloo sunset’ (de 1967); o The Who, que se marcaron un mini concierto con tres de sus grandes éxitos.

 

Para poner punto final a los Juegos de invierno de Salt Lake City 2002 se contrató a uno de los grupos más visuales, Kiss, que hicieron un incendiario ‘I wanna rock and roll all nite’. Gene Simmons, que sacó sus dos palmos de lengua, dijo: “Fue fabuloso, aunque fue el escenario más pequeño en el que hayamos tocado nunca, era la caja de un camión. Pero lo vieron miles de millones, y eso es lo importante”. Y también tocaron otros, entre ellos Bon Jovi, que deleitó al mundo con su ‘It´s my life’.

 

Y muchos otros músicos de pop, rock y géneros afines quisieron probar el espíritu olímpico, dando ese punto ruidoso a las ceremonias, generalmente ñoñas y/o de mal gusto.

 

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 28 de julio de 2024

LA DIFERENCIA ENTRE EL CASO DE GIBRALTAR Y EL DE CEUTA Y MELILLA

 


El robo del peñón de Gibraltar fue un típico acto de piratería inglés

 

No suele pasar mucho tiempo sin que se suscite la polémica en torno a la españolidad de Gibraltar, algo que muchos españoles no dejan de reivindicar. Y en estas ocasiones también suele plantearse el asunto de Ceuta y Melilla. Sin embargo, son casos totalmente diferentes desde su origen. El Peñón fue asaltado en un acto de piratería sin que España e Inglaterra estuvieran en guerra, mientras que las ciudades norteafricanas formaban parte de España siglos antes de la existencia de Marruecos.

 

Hay muchos españoles (de esos que están siempre en contra de su país por que siguen identificando el nombre de España con el régimen anterior, o por la leyenda negra) que piensan que el caso de Gibraltar es idéntico al de Ceuta y Melilla, por lo que, afirman, antes de exigir a los ingleses la devolución del Peñón hay que ‘devolver’ Ceuta y Melilla a Marruecos. Pero esto último es imposible, porque las dos ciudades jamás pertenecieron a Marruecos, y si nunca fueron suyas no se pueden devolver; se pueden regalar, entregar, donar, vender, alquilar..., pero jamás devolver.

 

Melilla fue fundada por los fenicios pero apenas contó con población hasta que Abderramán III la incorporó al Califato de Córdoba en el s. X. En el XV pertenece al ducado de Medina Sidonia y desde el XVI ya forma parte de la corona española. Ceuta también es de fundación fenicia y allí se establecieron sucesivamente griegos, cartagineses, romanos, vándalos, bizantinos, visigodos y, finalmente, en el s. X, es conquistada por el Califato de Córdoba. Luego taifas, almohades, almorávides..., el Reino de Fez y el Reino de Granada se la disputan y la toman varias veces; en el s. XV es conquistada por Portugal y en el XVI se incorpora a la corona española; finalmente, cuando Portugal y España se separan, s. XVII, Ceuta decide seguir unida a España y no acompaña a Portugal en su secesión.

 

Marruecos existe como país desde 1956, mientras que ambas ciudades pertenecieron al califato de Córdoba hace mil años, y ambas son ciudades españolas desde hace cuatro o cinco siglos. Por tanto, jamás podrán devolverse Ceuta y Melilla a Marruecos, puesto que jamás fueron marroquís.

 

El asunto de Gibraltar tiene una historia totalmente diferente, una historia que comienza con un típico acto de piratería inglesa. A la muerte sin descendencia de Carlos II se produce en España la Guerra de Sucesión (1701-1713); así, por un lado estaban los que apoyaban a Felipe de Borbón (Felipe V), y por otro los que apoyaban al candidato austríaco, el archiduque Carlos. Los ingleses se decantaron por éste, es decir, Inglaterra no estaba en guerra contra España, sino que simplemente apoyaba a uno de los dos pretendientes al trono, o sea, no fue un ataque legítimo, y por tanto Gibraltar tampoco puede considerarse botín de guerra. El caso es que en 1704 varios navíos británicos y holandeses atacaron Gibraltar con más de 13.000 hombres y unos 1.500 cañones, ayudados por varios cientos de soldados catalanes, que se ocuparon del ataque por tierra. El por qué del asalto hay que buscarlo en el espíritu de pirata que tenían la mayoría de los marinos ingleses. Defendieron el Peñón menos de cien soldados con 40 cañones y la ayuda de 200 ó 300 voluntarios. Al terminar la Guerra de sucesión, el Tratado de Utrech establecía que Inglaterra se quedaba Gibraltar (y Menorca), y España no tuvo otro remedio que firmar, pues lo contrario significaba continuar con el conflicto, es decir, fue lo que se dice un ‘trágala’.

 

Además, se puede añadir que Gibraltar ha arrebatado terreno a España en la zona cuando sus patronos, los ingleses, han tenido oportunidad, saltándose lo firmado en aquel tratado. Y por si fuera poco, también reclaman otras posesiones que no aparecen en el mismo, como aguas territoriales o espacio aéreo. Es decir, se ciñen al tratado para quedarse con la roca, pero lo ignoran cuando les interesa. De todos modos, lo peor es que Gibraltar es algo así como un parásito de España, además de un paraíso fiscal que acoge y lava dinero de oscura procedencia. Y curiosamente, los ocupantes se consideran ingleses o soberanos gibraltareños  según les convenga. Lo malo es que el actual status no tiene visos de cambiar, pues a diferencia de los españoles, los ingleses hacen honor al dicho ‘My country wright or wrong’, o sea ‘correcto o equivocado, es my país’.

 

Como puede verse, el caso de Gibraltar no tiene nada que ver con el de Ceuta y Melilla. Inglaterra sí que podría devolver el Peñón a España, pero ésta no podría devolver las dos ciudades a Marruecos. Son situaciones que no tienen puntos en común, que no pueden considerarse como similares. El peñón fue robado y las ciudades no. Así de simple.

 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 18 de julio de 2024

EMBLEMÁTICAS FIGURAS DEL ROCK QUE MURIERON A LOS CUARENTA Y TANTOS, EN PLENA MADUREZ

 


¡Qué estaría haciendo si siguiera vivo!

 

Mucho se ha hablado y escrito sobre los músicos de rock que entraron en el indeseable ‘club de los 27’; murieron jóvenes y sin desarrollar todo su talento.  Pero también se es joven para palmar cuando se tienen cuarenta y tantos, puesto que a esa edad el artista está en plena madurez, conoce el terreno y se conoce a sí mismo. ¿Qué hubiera salido del talento de John Lennon o Freddie Mercury si hubieran seguido en este mundo unos cuantos años más?

 

Morir siendo cuarentón es morir joven, y jóvenes eran algunas grandísimas figuras del rock & roll que dejaron el mundo de los vivos a esas edades. Elvis, Freddie, Lennon, Marvin Gaye… dejaron un legado artístico inolvidable por el que todos los recordarán siempre, pero es evidente que pudieron dejar más, mucho más.

 

Aunque seguía siendo Elvis y continuaba contando con el favor de gran parte del público, durante los años sesenta y setenta el rey del rock & roll había perdido parte del carisma que tuvo en los cincuenta. Como es sabido Elvis y su esposa, Priscilla, se separaron en 1973, padecía una fuerte adicción a ciertos medicamentos que le recetaba su médico y también estaba su imparable aumento de peso. En fin, que la salud de Elvis Presley, tanto la profesional como la física y la mental, estaban en un peligroso declive hasta que el 16 de agosto de 1977 su corazón se paró. Tenía 42 años.

 

John Lennon tenía mucho rock & roll que ofrecer cuando fue asesinado. Fue el 8 de diciembre de 1980 cuando un perfecto imbécil cuyo nombre no hay que recordar (y que afortunadamente sigue entre rejas), lo mató a tiros en Nueva York. Apenas había cumplido los 40, y aquel estúpido asesino privó al mundo de un talento desbordante.

 

Talento, gracia, chispa soul, blues, rythm… es lo que tenía Marvin Gaye. El día uno de abril de 1984 Gaye fue asesinado a tiros por su propio padre después de un altercado doméstico (seguramente por dinero). Al día siguiente habría celebrado su 45 cumpleaños.

 

Ya a mediados de los años 80 se hablaba de la sexualidad y las extravagancias de Freddie Mercury. Sin embargo, él siempre fue muy reservado, casi hermético, con todo lo que tenía relación con su vida sexual y sus relaciones personales. Pero un día antes de su muerte reveló lo que casi todos sabían: padecía sida; el 24 de noviembre de 1991 murió el irrepetible Freddie Mercury, quien nunca dio carnaza a los tabloides y al sensacionalismo y jamás quiso que nadie sintiera pena por él. Tenía 45 años y, seguro, aun hubiera seguido asombrando durante muchos años.

 

Dolores O'Riordan dio con su estilo e inconfundible voz un brillo especial a una banda, The Cranberrys, que hechizó a millones en los años 90 del siglo pasado. Pero en lo personal siempre estaba en lucha consigo misma. Depresión, anorexia nerviosa, pensamientos suicidas… Como tantas veces ha ocurrido en casos parecidos, Dolores parecía haber encontrado un nuevo aliento y mostraba buena cara sólo unos días antes del 15 de enero de 2018, cuando fue encontrada muerta en su habitación de un hotel de Londres. Se dictaminó que la causa fue “ahogamiento accidental provocado por intoxicación etílica”. Tenía 46 años.

 

También merecen ser recordados otros grandes músicos que pasaron a mejor vida siendo cuarentones. La cristalina voz de Whitney Houston se apagó en febrero de 2012 a los 48 años; fue encontrada ahogada en la bañera, aunque se sabe que la cocaína y su enfermo corazón contribuyeron. Adam Yauch, uno de los tres integrantes del grupo pionero del rap-metal Beastie Boys, murió de cáncer en 2012 cuando tenía 47 años. Billie Holyday no hacía rock & roll, pero su vida fue muy de figura del rock: excesos, alcohol, drogas…; tenía 44 años cuando murió, en julio de1959.

 

¡Cuánta música robaron esas muertes prematuras!

 

CARLOS DEL RIEGO

martes, 9 de julio de 2024

INGLATERRA Y EEUU PRETENDIERON Y LOGRARON LA BALCANIZACIÓN DE HISPANOAMÉRICA

 


En casi todas las grandes batallas de emancipación de los territorios americanos españoles tomaron parte decisiva tropas inglesas mercenarias

 

En países como Puerto Rico o República Dominicana se ha tenido noticia recientemente de ciertos movimientos y opiniones sobre el deseo de algunos (pocos) de convertir estas naciones en comunidades autónomas dentro del Reino de España. Al parecer, una parte (escasa) de los políticos de esos dos lugares ha caído en la cuenta de cómo Inglaterra y EEUU hicieron todo lo posible para atomizar, desmembrar, balcanizar lo que era Hispanoamérica

 

En realidad ya hace años que se viene hablando en algunos países hispanoamericanos de esa posibilidad: dejar de ser comparsa de EEUU y volver a formar parte de España como comunidades autónomas de ultramar (y es que en todos los parlamentos españoles del siglo XIX, desde la Constitución de Cádiz hasta 1898, hubo representantes de las provincias de ultramar). A tal conclusión han llegado bastantes intelectuales al estudiar y comprobar cómo el Imperio Británico primero, y sus herederos de EEUU después, pusieron lo que fuera necesario para que jamás se constituyera algo así como unos Estados Unidos Hispanoamericanos (o Iberoamericanos), de modo que utilizaron todos los medios para que nunca hubiera unidad en el territorio que va desde Río Grande a Tierra de Fuego, y para que allí se constituyeran cuantos más pequeñas repúblicas mejor, puesto que unos Estados Unidos Hispanos serían muy difíciles de manejar y manipular, mientras que unos cuantos pequeños países serían mucho más fáciles de mangonear. 

 

Y para lograr tal fin utilizaron tres herramientas. Primero la leyenda negra, basada en el texto de Bartolomé de las Casas, un libro y un cronista hipócrita, mentiroso y manipulador (¡qué gran político hubiera sido este de las Casas!). Todos los cronistas contemporáneos de fray Bartolomé coinciden en que nunca trató bien a los indios, a los que hacía trabajar sin luego pagar sus servicios, jamás hizo nada por aprender las lenguas autóctonas, por informar de sus costumbres o por convivir con ellos; mintió descaradamente, por ejemplo cuando escribió que los indios eran mansos y no conocían la violencia…, o sea, sacrificar y extraer el corazón de la víctima viva, y luego comérsela no es violencia; y distorsionaba la verdad al contar sólo lo malo (como le increpó Motolinia, otro fraile que sí convivió con los indios, aprendió su idioma y sus costumbres y trasmitió todo en sus libros) y jamás escribió sobre todo lo que los españoles llevaron y dieron a América. Los historiadores contemporáneos califican el libro de de las Casas de “groseramente exagerado y falso”. Pero para los fines de británicos y sus herederos el libro fue una herramienta perfecta (asombra cómo los estadounidenses, desde el ciudadano anónimo hasta el catedrático pasando por el político, acusan a España olvidando cómo ellos han dejado la población indígena en el 0.6%) .

 

En segundo lugar el Imperio Británico y los EEUU usaron su poder bélico y económico para apoyar con todo lo necesario a los movimientos independentistas. Por eso los ejércitos liderados por los ‘libertadores’ Bolívar, San Martín, Miranda, Santander, Páez…, contaron con mercenarios ingleses, generales, oficiales y tropa pagados por Inglaterra, al igual que armamento y munición, suministros y pertrechos; todo costeado por el Imperio Británico con el fin de que cada territorio (desde México a la Patagonia) se convirtiera en una república fácil de manejar. Curiosamente en los ejércitos realistas eran mucho más numerosos los indios que los españoles (europeos o americanos).

 

Y en tercer lugar está la maniobra de ingleses y estadounidenses, apoyados por franceses, para suprimir cualquier alusión o mérito de España en América (todos ellos, junto a holandeses, forman el ejército de envidiosos que no soportan la idea de que un país mediterráneo, católico y del sur fuera el gran descubridor no sólo de América, sino de mares y océanos, territorios desconocidos e incluso de la forma del planeta). Y el modo de quitar todo mérito a España fue, ante todo, retirar el término Hispanoamérica y sustituirlo por el bastardo e indeseable ‘latinoamérica’. Y es que si aquel territorio es ‘latino’ mucho más lo serán España, Francia, Italia, Portugal…, de manera que estos deberían ser conocidos como países ‘latinoeuropeos’. Lo peor es que el horrible y servil palabro ‘latinoamericano’ se usa continuamente y está admitido en todas partes y en todos los contextos: se dice música latina para referirse a salsa, cumbia, samba, ranchera, son…; se dice bandas ‘latinoamericanas’ para hablar de los grupos violentos mafioso-terroristas que operan en España o en EEUU, literatura ‘latinoamericana’, población ‘latina’, comida ‘latina’…   

 

Desgraciadamente, a día de hoy, el éxito de las maniobras y manipulaciones de la Historia y la realidad llevados a cabo por británicos y sus descendientes (con la colaboración de muchos españoles acomplejados y papanatas) han logrado un enorme éxito. Han alcanzado su objetivo, basándose en mentiras, manipulaciones, maniobras políticas y en el pago de mercenarios, cierto, pero han logrado su objetivo. Al menos hasta ahora, puesto que tarde o temprano la verdad suele salir a la luz, y un día todo se pondrá en su lugar. Puede que pasen décadas o siglos, pero sin duda un día se conocerá, se admitirá y se estudiará la verdad.

 

CARLOS DEL RIEGO