jueves, 7 de febrero de 2013

UN JUEZ LEGITIMA LAS AMENAZAS E INSULTOS DE GORDILLO Ya hay pocas cosas con las que un juez pueda sorprender al emitir sus fallos o al intentar explicar disparates como el que acaba de protagonizar un tal Pasquau, que ha archivado la denuncia contra el alcalde de Marinaleda tras las coacciones, amenazas e insultos que el tal Gordillo protagonizó durante una jornada de huelga

La coacción es delito según el Código Penal,
pero algunos jueces relativizan el acto y la ley.

Otro auténtico fenómeno, otro ingeniero que se cree el más estupendo, otro juez que encuentra el modo de retorcer el sentido de las palabras, de distorsionar el significado de una acción y unas amenazas para emitir fallo contra toda lógica. Este funcionario se llama Pasquau y ha tenido a bien afirmar que los hechos realizados por el alcalde fascistoide de Marinaleda están justificados por el derecho de huelga.

Queda probado que el politicastro irrumpió en un establecimiento amenazando con que si no cerraban “tiramos todo lo que hay por ahí … Me has entendido ¿no?”, cosa admisible según el magistrado porque fue en Mercadona, que tiene mucho volumen de negocio; es decir, dependiendo de dónde se amenace el acto es o no delito. Así, si un piquete se presenta amenazante en un juzgado para que jueces, fiscales, abogados y funcionarios dejen de trabajar utilizando las mismas palabras que en el supermercado ¿tendría la misma consideración?   

Además, el político en cuestión, que se cree iluminado por la única verdad y por tanto legitimado para pasar por encima de las leyes que a él le parezcan, insultó en una oficina y amenazó en otro establecimiento diciendo “la próxima vez echaremos a todo el que esté dentro. Por las buenas o por las malas”, entre otros acciones similares. Siempre acompañado por una numerosa, aguerrida y vociferante escolta. ¿Qué hubiera fallado el juez si todo lo hubiera protagonizado, acto por acto y palabra por palabra, un grupo de extrema derecha? Por cierto, ¿no existe el derecho a trabajar incluso en día de huelga?

El Código Penal señala como delito en el artículo 315.3 “coaccionar a otras personas a iniciar o continuar con una huelga”. Aquel juez (como tantos otros de infausto recuerdo y cuyas acciones o inacciones produjeron daños irreparables), ha buscado la manera de legitimar acciones recogidas expresamente en el Código Penal. Su principal argumento es que los actos se produjeron en el ámbito de una huelga general, lo que viene a significar que ese día las leyes se vuelven laxas y no hay que hacer mucho caso de ellas.

Si las acciones intimidatorias y amenazantes del alcalde y diputado son legitimadas por personajes como aquel juez, no podrá extrañar que empiecen a proliferar los altercados de este tipo; cualquiera que piense que este comercio, aquella gasolinera o esa empresa ‘explota a los trabajadores’, o que los motivos para el asalto y la amenaza son muy loables tendrá precedentes legales para irrumpir e insultar amparado por la ley; y si eso se legaliza se estará a unos centímetros de la violencia (se ha descubierto una bomba casera en la Catedral de la Almudena de Madrid que, se cree, fue puesta por los antisistema, que sólo han ido un pasito más allá que Gordillo, sólo han dado el siguiente paso).     

Hay que recordar que la mayoría de los jueces de Alemania justificaron los asaltos a las tiendas de judíos durante el nazismo (o miraron a otro lado), y muchos utilizaron argumentos relativistas, como el que ha utilizado este arbitrucho miope. No hay comparación posible entre unos y otros actos, pero sí en la búsqueda de los argumentos necesarios para llegar a la conclusión deseada. Y esto se puede hacer con la conciencia tranquila, sin tener sensación de estar obrando mal. En los dos casos. Pero ningún hombre (incluyendo jueces y alcaldes) tiene la verdad en exclusiva.

Este magistrado del tribunal andaluz ha echado otra palada más al saco del descrédito de su oficio, que rebosa casi tanto como el de los políticos. Cuando un juez ha de emitir sentencia hay que esperar cualquier cosa, incluso los torpes intentos de explicar lo inexplicable con sutilezas, argucias de leguleyo, interpretaciones subjetivas y arbitrarias. No son pocos los jueces que provocan indignación y sonrojo.  

CARLOS DEL RIEGO