domingo, 3 de febrero de 2013

LA OBRA MAESTRA DE PINK FLOYD La primera mitad de la década de los setenta del siglo pasado fue muy brillante e imaginativa, variopinta, atrevida y, en muchos casos, genial. Y en medio de un sinfín de discos y grupos extraordinarios sobresale una de las obras maestras del rock, ‘The dark side of the moon’, editado por Pink Floyd en 1973

The dark side of the moon.

Ante todo, aquel momento fue algo único, irrepetible, puesto que jamás tendrán el rock y el pop tanto por delante. La perspectiva que da el tiempo permite valorar lo que aquellos años significaron para la música popular, pues muchas de las bandas de entonces se han convertido en leyenda, en referencia. Pink Floyd publicó ‘The dark side of the moon’ hace 40 años, pero a pesar de la velocidad de cambio en modas y sonidos, algunas de sus canciones se escuchan hoy con asiduidad y son reconocidas en el acto incluso por los jóvenes.  


En España muchos aun estaban digiriendo a Beatles y Rolling Stones y miraban con curiosidad y extrañeza a tipos estrafalarios como Bowie o los Slade. Los más iniciados ya tenían noticias de Pink Floyd, que era una banda de rock psicodélico, progresivo, sinfónico, incluso había quien la tildaba despectivamente como ‘rock de laboratorio’, pero también estaba quien afirmaba que su música entraba muy bien al coincidir el ritmo con los latidos del corazón…; sin embargo la mayoría del personal, profanos en la materia, utilizaba este nombre para hacer guasas del tipo: “¡anda pinfloi, o pinflui, o pinflai, no pongas esa música ratonera!

La portada es de lo más reconocible de la historia del rock, con el prisma y la luz, motivos de unas pegatinas que incluía el álbum y que muchos aun conservan. Con Alan Parson a los mandos (que luego publicaría sus propios discos e incluso alcanzaría algún que otro éxito), este álbum monumental tiene una intención conceptual que para el aficionado español medio quedó en muy segundo plano, si es que lo entendió. El disco (que no tiene cortes) se abre con ‘Speak to me’ y ‘Breathe’, cuya textura sonora viene a adelantar las líneas estilísticas de todo el trabajo; ambientes atmosféricos, uso combinado de sintetizadores (analógicos, claro) con guitarras y baterías, y cantidad de efectos, risas, voces… ‘On the run’ se antojaba en su momento un prodigio tecnológico, e incluso hoy resulta muy tecno, con sonidos enigmáticos y lejanas e inquietantes conversaciones, con un latido de corazón al fondo y un atenuado sonido final que parece perderse en la lejanía…, para dar paso a una explosión de relojes, ‘Time’, una canción hipnótica, irresistible, con larga entrada que desemboca en un ritmo medio y melodía fácil que (ingenuos años setenta en España) algunos chapurreaban en pretendido inglés; la combinación de guitarras y teclados, de coros y voces solitarias da un resultado verdaderamente mágico. Sin solución de continuidad aparece un ‘reprise’ de ‘Breathe’ corto, etéreo, fugaz. Y termina esta cara A con un piano cargado de pesimismo sereno y reflexivo con ‘The great gig in the sky’, una pieza semiinstrumental con una voz alta y a veces desesperada coronando otro medio tiempo que va in crescendo para luego detenerse e ir languideciendo…

La Cara B se inicia con uno de los momentos cumbre de toda la Historia del Rock, ‘Money’, un tema emblemático, una pieza muy bien surtida de matices, de ideas novísimas, con un par de cambios rítmicos magistrales, estimulantes, electrizantes, con un saxo duro, rasposo, penetrante, un tratamiento de guitarras que evidencian clase y personalidad y con un solo escalofriante, uno de esos que nadie que ame el rock ha dejado de tocar con el ‘air guitar’; se trata, en fin, de una composición que llega hasta dentro y hace hervir la sangre siempre, por más veces que se escuche. El huracán se calma con la preciosista ‘Us and them’, adornada con un saxo envolvente, casi de terciopelo, y una voz que avanza de modo casi cansino hasta llegar a un coro majestuoso y a unas voces que van y vienen…, no fueron pocos los que se atrevieron a cantar en inglés siguiendo las letras del interior de la carpeta, dada la cadencia lenta de esta pieza verdaderamente deliciosa. ‘Any colour you like’ es otro instrumental que combina jazz-rock con progresivo y psicoledia y se encadena con ‘Brain damage’, tema con melodía contenida y que habla del protagonista del disco, el lunático, pues eso de la cara oscura de la luna no se refiere al satélite, sino al trastornado al que “veré en la cara oscura de la luna”; coros y voces y risas enigmáticas se intercalan en una melodía simple y evocadora. El disco termina con ‘Eclipse’, una letanía que echa el telón con los latidos del corazón.

La intención del álbum se centra en el hombre y sus estados de ánimo, sus obligaciones y deseos, sus bajezas y enfermedades, sus sufrimientos y envejecimiento, ansiedades y tensiones, tiempo, dinero, aliento, nosotros, ellos…, todo con un tono filosófico no exento de pesimismo.

Han pasado cuatro décadas (el disco se terminó en enero y salió en marzo de 1973) que, lejos de desgastarlo, no han hecho otra cosa que revalorizarlo, elevar su categoría, evidenciar su calidad, agrandar su leyenda. Es prácticamente imposible encontrar un amante del rock que no se derrita al reconocer estas canciones que, curiosamente, siempre tienen una cara oscura que todos anhelan descubrir.

CARLOS DEL RIEGO