viernes, 15 de febrero de 2013

AVISOS DE LA FRAGILIDAD DE ESTE INSIGNIFICANTE PLANETA Los pedruscos cósmicos tienen a medio planeta pendiente del cielo; uno explota en el cielo y el otro pasa cerca, pero hay constancia de que otros ya han caído y, con certeza matemática, seguirán cayendo. Es otra demostración de que vivimos en un pequeño oasis permanentemente amenazado

Debe ser poco tranquilizador ver esto en el cielo; la pregunta ahora no es si caerá algo, sino cuándo caerá

Un meteorito se desintegra en capas altas de la atmósfera provocando con su onda expansiva escasos daños y cientos de heridos leves en un área bastante grande. Además, a eso de las 22 horas de hoy (15-II-13) podrá verse con prismáticos o telescopio, si las condiciones lo permiten, el paso de otro muy cercano a la Tierra; éste mide unos 50 metros, viaja a unos 28.000 km/h y, en caso de impacto, sus efectos serían como los de una bomba atómica. Y siempre está la amenaza de Apofis, otro cuerpo celeste bastante más grande (más de 300 metros de largo) que volverá por aquí en 2029 y 2036; afortunadamente la posibilidad de que éste choque contra el planeta son menos de una entre un millón, pero si por errores de cálculo o variación inesperada de su trayectoria impactara en la Tierra, alteraría la geografía, pues podría destruir un país entero. Claro que mucho peor lo pasaron los animales que ya estaban aquí a finales del período Cretácico, cuando desaparecieron los dinosaurios (por cierto, esto no explica totalmente la extinción de estos lagartos, pues los había del tamaño de una gallina y también se extinguieron, mientras otros animales del mismo tamaño sobrevivieron). Y también hay constancia de lo que se desintegró cerca de tierra en la región siberiana de Tunguska en 1908,  devastando una zona amplísima (destruyó más de 80 millones de árboles) y causó dos muertes.

Por ahí fuera hay millones y millones de pedruscos que pululan por el Sistema Solar, y aunque las probabilidades de que alguno de tamaño considerable se acerque con peligro para quienes ahora viven son ínfimas, la realidad es que tarde o temprano algo caerá y causará sus efectos, y si es lo suficientemente grande…, adiós. El que acabó con los dinosaurios sería de unos 10 kilómetros y mató a la mitad de todo lo que vivía entonces. Así pues, ¿qué pasaría si se nos viniera encima una piedra (o un trozo de metal) de 100 kilómetros de longitud?; la atmósfera, que desintegra o rompe los asteroides a causa de la fricción, no serviría de ayuda, pues cuando un extremo del bólido tocara tierra el otro aun estaría en el espacio; seguramente el planeta se rompería, lo que supondría un cierto  contratiempo para quienes vivieran.

En todo caso, lo que dicen estas indeseadas y periódicas visitas (la pregunta no es si algo caerá, sino cuándo caerá) es que la Tierra es una pequeña e insignificante mota de polvo perdida en una zona exterior de la galaxia y siempre en peligro de recibir alguna pedrada catastrófica. Por eso resultan incomprensibles la soberbia, la vanidad, el desprecio del semejante y el racismo, las ínfulas de superioridad y otros graves defectos exclusivamente humanos, porque pensándolo bien, si el planeta es una insignificancia cósmica, entonces ¿qué es y qué significa un hombre (aunque sea el más importante del mundo) a escala astronómica? La respuesta es evidente: nada, menos que un protozoo para la Tierra. En este sentido viene al pelo recordar lo que manifestaron muchos astronautas que tuvieron la suerte de ver a la vez el polo y el ecuador, pues varios (en varios años) afirmaron sentir algo único al ver la belleza de la Tierra y luego mirar al otro lado, hacia la incomprensible inmensidad, y entendieron la suerte de este trocito minúsculo de tierra y agua y de todos los que aquí están; muchos afirmaron que allí, cualquier problema, deseo o inquietud humana se ve de un tamaño microscópico.

Más vale que esto se asuma cuanto antes.

CARLOS DEL RIEGO