sábado, 19 de mayo de 2012

HISTORIA TONTA CON NEGROS Y BLANCOS Mucho se ha alabado el artículo de Rosa Montero sobre el negro, la rubia y la bandeja de comida, pero el relato, que se dice real, no resiste el mínimo análisis


La corrección política surge de
los complejos de los occidentales

Circula por Internet una corriente de alabanza a la tolerancia y el buenismo que se basa en un artículo de la periodista Rosa Montero en El País. Ésta cuenta que en un comedor de una universidad de Alemania, una chica coge su bandeja,  la llena de comida, bebida y postre y va a una mesa, se sienta y se da cuenta que ha olvidado los cubiertos, va a por ellos y al volver ve que un negro está comiendo de su bandeja; como no se atreve a decirle nada ella se pone a comer compartiendo dicha bandeja y sintiéndose la mejor y más tolerante persona del mundo. Al terminar se da cuenta de que tras ella, en la mesa vecina, está su abrigo y su bandeja intacta.

Para empezar, si esta historia es real, como asegura, Montero tuvo que presenciarla, tuvo que ser ella la protagonista ‘alemana’ o alguien se la contó; y claro, si te cuentan fábula semejante puedes creértela o puedes pensar que te ha llegado tras mucho boca a oído, o puedes deducir que se trata de  una leyenda urbana en el mejor de los casos o de una invención disfrazada en el peor. Si ella la presenció o protagonizó la cosa cambia, aunque se antojan bastante dudosas estas posibilidades y todo hace pensar que se la contó alguien a quien también se la habían contado.

El segundo lugar, choca mucho que al regresar a tu sitio no te asegures que todo lo tuyo, que todo lo que dejaste sin vigilancia en un lugar público sigue en su sitio, sobre todo si es el abrigo donde llevas carnets, dinero, llaves, teléfono... (no se habla de bolso), y también que a lo largo de la comida no se te haya ocurrido cerciorarte de que tus cosas están donde las dejaste.
En tercer lugar hay que ser más bien tonto para no decir al subsahariano en cuestión con una gran sonrisa: “oye perdona, pero creo que te has equivocado de bandeja”, con lo que el entuerto se resolvía en el acto. Además, callarse por pensar que un universitario africano que estudia en Alemania (o un encargado de mantenimiento que trabaja allí) es tan tonto que no sabe lo que es la propiedad es considerarse a sí mismo superior, pues equivale a pensar que el pobre hombre sigue en el paleolítico. Es un poco la forma de entender la relación con los nativos de los exploradores europeos en África en el siglo XIX, pues los trataban sintiéndose infinitamente superiores.

Los alemanes transigieron con uno de
 los asesinos suicidas de las Torres Gemelas
En cuarto lugar resulta una coincidencia que la sopa, el estofado, la ensalada, la bebida, la fruta y el yogur de la bandeja en disputa fuera todo exactamente igual a lo que ella había cogido, es decir, hay que suponer que el muchacho y la muchacha habían elegido una comida idéntica en todos sus elementos, porque de lo contrario, tarde o temprano, ella tendría que 1darse cuenta de que allí faltaba algo y sobraba algo.

Y por último, si este cuento hubiera tenido algo de realidad, lo único que estaría reflejando es esa condescendencia tonta y acomplejada que abunda en Europa y especialmente en Alemania, y que consiste en transigir con todo lo que venga de los inmigrantes, sea lo que sea, porque los pobres vienen de un país del tercer mundo y están entre los desheredados de la Tierra. Al hilo viene el caso de uno de los asesinos suicidas de las Torres Gemelas; resulta que éste estudió en Alemania, y cuando se le iba a hacer entrega de su diploma, el musulmán rehusó estrechar la mano de quien se lo daba, pues se trataba de una mujer y él no quería contaminarse al tocar a un ser impuro; así, las autoridades académicas decidieron transigir, permitir tal humillación e insulto machista, obligar a la impura mujer a hacerse a un lado y que fuera un hombre quien le entregara el título académico.

Hay muchos ciudadanos del primer mundo que piensan que la forma correcta de actuar con los inmigrantes es transigir con sus modos y costumbres, permitir que sus leyes se apliquen aunque vayan en contra de las del país de acogida, dejar que hagan según sus creencias y que impongan sus tradiciones. Eso sí, a esos mismos europeos jamás se les ocurriría pedir que los occidentales gozaran de esos privilegios en los países que emiten emigración, es más, lo considerarían una afrenta, un insulto a aquellos países y sus habitantes.


Pocas cosas hay más estúpidas que la corrección política y el buenismo, pues en el fondo no son más que complejo de superioridad con un punto de complejo de culpa.
Carlosdelriego.

viernes, 18 de mayo de 2012

EL MEJOR POLÍTICO DE LA HISTORIA DE ESPAÑA: EL MARQUÉS DE LA ENSENADA Su valía la demuestra el hecho de que, cuando fue destituido, Inglaterra condecoró a su embajador en España


Ensenada luciendo sus condecoraciones

A pesar de que pueda dejar boquiabierto a más de uno, se puede afirmar que, a lo largo de su Historia, España sí ha contado con algún político responsable, eficaz, trabajador, honesto... Ahora que la mayoría de los políticos se dedican a medrar, a labrarse una carrera, a buscar su beneficio y el de su partido, a viajar por siempre en el carro de los privilegios, hay que recordar a quien hizo todo lo contrario: buscar el bien común, el bien del país y sus habitantes. Es el caso de Zenón de Somodevilla y Bengoechea, el marqués de la Ensenada (1702-1781), que trabajó para tres de los cuatro reyes de España del siglo XVIII, ocupando los cargos más importantes y llevando a cabo infinidad de reformas y mejoras que abarcaron desde la Hacienda hasta la Astronomía. Anteponiendo siempre lo más práctico, Ensenada no quiso derribar la casa vieja hasta tener construida la nueva, es decir, sus planes, sus reformas, siempre fueron ideadas desde lo posible, no desde lo ambicioso y a la vez inalcanzable. No necesitó destruir todo lo viejo para construir todo lo nuevo.

Dicen las crónicas que era inagotable, tremendamente vitalista, con una capacidad de trabajo extraordinaria (se acostaba tarde y se levantaba muy temprano), dotado de una enorme autoexigencia, muy metódico (sus horarios eran estrictos y los cumplía a rajatabla), muy inteligente (siempre estaba analizando la situación para buscar la mejor solución), muy patriota y deseoso de “contar con un ejército y una marina decentes para que España no sea subordinada de la Francia en tierra y la Inglaterra en el mar”, culto y siempre pensando en el bien común. Baste señalar que afirmaba que no pensaba en sí mismo porque tenía muchas otras cosas en que pensar, y por el mismo motivo jamás se casó ni tuvo hijos. Durante el reinado de Fernando VI, dicen que éste apenas tenía tiempo de leer y revisar todos los proyectos que presentaba el inagotable secretario (cargo equivalente a ministro). También estaba entre sus planes “estar en paz con todos y en guerra con nadie”.

Tal vez su obra más conocida sea el Catastro de Ensenada, que fue algo así como un registro de todas las propiedades y propietarios del reino con el fin de recaudar impuestos de modo mucho más justo; es un trabajo estadístico e histórico monumental que, con el tiempo, se ha convertido en imprescindible documento de aquella España; en ese sentido también cambió leyes para quitar privilegios a la nobleza. Desgraciadamente, la oposición de ésta impidió que estas dos leyes reformadoras de Ensenada fueran ejecutadas en su totalidad. Sí se llevaron a cabo infinidad de reformas por él ideadas, que abarcaban terrenos tan dispares como obras y bosques, agricultura, nuevos tipos de impuestos (mucho más justos, proporcionados, eficaces), navegación fluvial y marítima, carreteras y urbanismo, hidrología (creó el Canal de Castilla)..., asimismo puso en marcha fábricas en varios puntos de España, se preocupó por fundar un archivo histórico, por la difusión de obras literarias en lenguas clásicas, favoreció el comercio con América eliminando el monopolio y vigilando el fraude (los beneficios se dispararon)... Creó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ideó y puso en marcha el Giro Real, antecedente del Banco de San Carlos, que fue un soplo de aire para la economía española... También llevo a cabo un ingente trabajo en terrenos como la Justicia, defensa,  costas... Instituyó la Academia de Medicina y el Observatorio Astronómico.
Astutamente, realizó intercambios de científicos y gentes ilustradas con otros reinos y naciones europeas, invitó a estudiosos y especialistas, e incluso envió algo así como espías a otros países para que observaran las novedades tecnológicas (en navegación, técnica, ingeniería, armamento...) y le presentaran un informe. Y en el colmo de la audacia, mandó a Inglaterra a un agente (experto en la materia) con la misión de enterarse de todas las mejoras y adelantos que en el campo de la navegación disfrutaban los barcos y astilleros ingleses para aplicarlos inmediatamente a los navíos españoles.

El Catastro de Ensenada buscaba
una fiscalidad más justa
En el terreno militar también destacó enormemente, hasta ser considerado peligroso por el gobierno inglés. Puso en marcha arsenales y astilleros, de modo que en poco tiempo España consiguió una flota muy potente, capaz de plantar cara a los ingleses.

Por si fuera poco, Ensenada logró que el centro de poder de toda Europa se situase en Madrid, donde los embajadores de todo el continente trabajaban a destajo. Asimismo, conocía todos los entresijos que pudieran afectar a España tanto en el terreno militar como en el político o el económico.

Por todo ello, por ese caudal de proyectos, por esa cascada de realidades con que Ensenada mejoró notablemente España, los ingleses hicieron todo lo posible para que fuera destituido, y así, el embajador inglés Benjamin Keene (junto a nobles y políticos españoles) urdió una intriga que llevó finalmente a su destitución (se le encontraron unos planes para atacar colonias inglesas de los que no tenía conocimiento el rey, pero que no eran más que eso, planes). De este modo, Keene escribió a sus superiores en tono de alivio “España no construirá más barcos”, lo que le valió una condecoración de su gobierno. Si la grandeza de una persona se mide por el poder de sus enemigos, el marqués de la Ensenada fue muy, muy grande, pues su principal enemigo era nada menos que Inglaterra.


Como puede verse (la enumeración de sus méritos ha de ser esquemática, pues de lo contrario se necesitarían cientos de páginas), sí ha habido buenos políticos, buenos gobernantes en España, lo que quiere decir que lo importante es la persona, no el partido, la ideología, las tendencias y preferencias, los credos o la forma de pensar. Si el gobernante es honrado, eficaz, trabajador e inteligente y antepone el beneficio del país a todo lo demás, el resultado será indiscutible. Pero por eso abundan tan poco en nuestra historia personajes de esta talla. Y es que sería difícil encontrar mil políticos españoles que, entre todos, pudieran presentar tantos méritos.

Pero a pesar de su valía y eficacia, el riojano Zenón de Somodevilla también tiene su cara oscura, y no es otra que la llamada Prisión General de Gitanos o Gran Redada (1749). Ideada por el Obispo de Toledo y aprobada por Fernando VI, fue ejecutada por Ensenada. A través de una ley se detuvo a unos 10.000 gitanos, de los que los mayores de siete años fueron enviados a astilleros y arsenales para trabajo forzoso, mientras que los menores y las mujeres fueron obligados a trabajos de todo tipo en cárceles y fábricas. Ya desde el principio hubo mucha confusión, con recursos y juicios con resultados contradictorios, con detenciones en un lugar y puestas en libertad en otro... La ley se derogó 14 años más tarde y provocó infinidad de problemas judiciales, de reubicación, de asimilación... A pesar de que este tipo de persecución se había promulgado y ejecutado muchas otras veces, aun no se ha aclarado de forma definitiva y concluyente el por qué de esta operación y por qué tomó parte un ilustrado de la categoría de Ensenada. Hasta los hombres más eminentes tienen cadáveres en el armario.
En un último acto de generosidad, en su testamento, dejó casi todo a beneficencia y a instituciones públicas. ¿Alguien sería capaz de mencionar a un político que haya hecho tanto por España en los últimos quinientos años?
Carlosdelriego.
 

jueves, 17 de mayo de 2012

GIBRALTAR. CEUTA y MELILLA Dos casos sin posible comparación


Melilla y Ceuta son españolas desde hace siglos

Las relaciones diplomáticas entre España e Inglaterra se han vuelto más tensas tras el anuncio de un miembro de la Casa Real inglesa de ir a visitar Gibraltar, a lo que ha respondido la Reina Sofía anulando su presencia en los actos del jubileo de Isabel II.

Hay muchos españoles (de esos que están siempre en contra de su país porque siguen identificando el nombre de España con el régimen anterior) que piensan que el caso de Gibraltar es idéntico al de Ceuta y Melilla, por lo que antes de exigir la devolución del Peñón a los ingleses hay que ‘devolver’ Ceuta y Melilla a Marruecos. Pero esto último es imposible, porque las dos ciudades jamás pertenecieron a Marruecos, y si nunca fueron suyas no se le pueden devolver; se le pueden regalar, entregar, donar, vender, alquilar..., pero jamás devolver.

Melilla, fundada por los fenicios, pero apenas contó con población hasta que Abderramán III la incorporó al Califato de Córdoba en el s. X. En el XV pertenece al ducado de Medina Sidonia y desde el XVI ya pertenece a la corona española.
Ceuta también es de fundación fenicia y allí se establecieron sucesivamente griegos, cartagineses, romanos, vándalos, bizantinos, visigodos y, finalmente, en el s. X, es conquistada por el Califato de Córdoba. Luego taifas, almohades, almorávides..., el Reino de Fez y el Reino de Granada se la disputan y la toman varias veces; en el s. XV es conquistada por Portugal y en el XVI se incorpora a la corona española; finalmente, cuando Portugal y España se separan, s. XVII, Ceuta decide seguir unida a España y no acompaña a Portugal en su secesión.

Marruecos existe como país desde hace poco más de 50 años, mientras que ambas ciudades pertenecieron al califato de Córdoba hace 1000, y ambas son ciudades españolas desde hace cuatro o cinco siglos. Por tanto, jamás podrán devolverse Ceuta y Melilla a Marruecos, puesto que jamás fueron suyas.

La toma de Gibraltar fue un auténtico acto de piratería
El asunto de Gibraltar tiene una historia totalmente diferente, una historia que comienza con un típico acto de piratería inglesa. A la muerte sin descendencia de Carlos II se produce en España la Guerra de Sucesión (1701-1713); así, por un lado estaban los que apoyaban a Felipe de Borbón (Felipe V), y por otro los que apoyaban al candidato austríaco, el archiduque Carlos. Los ingleses se decantaron por éste, es decir, Inglaterra no estaba en guerra con España, sino que simplemente apoyaba a uno de los dos pretendientes al trono, o sea, no fue un ataque legítimo, y por tanto Gibraltar tampoco puede considerarse botín de guerra. El caso es que en 1704 varios navíos británicos y holandeses atacaron Gibraltar con más de 13.000 hombres y unos 1.500 cañones, ayudados por varios cientos de soldados catalanes, que se ocuparon del ataque por tierra. El por qué del asalto hay que buscarlo en el espíritu de pirata que tenían la mayoría de los marinos ingleses. Defendieron el Peñón menos de cien soldados con 40 cañones y la ayuda de 200 ó 300 voluntarios. Al terminar la Guerra de sucesión, el Tratado de Utrech establecía que Inglaterra se quedaba Gibraltar (y Menorca), y España no tuvo otro remedio que firmar, pues lo contrario significaba continuar con el conflicto, es decir, fue lo que se dice un ‘trágala’.

Además, se puede añadir que los ingleses han arrebatado terreno a España en la zona cuando han tenido oportunidad, saltándose lo firmado en aquel tratado. Y por si fuera poco, también reclaman otras posesiones que no aparecen en el mismo, como aguas territoriales o espacio aéreo. Es decir, se ciñen al tratado para quedarse con la roca, pero se lo saltan cuando les interesa. De todos modos, lo peor es que Gibraltar es algo así como un parásito de España, además de un paraíso fiscal que acoge y lava dinero de oscura procedencia. Y curiosamente, los ocupantes se consideran ingleses o soberanos gibraltareños  según les convenga. Lo malo es que el actual status no tiene visos de cambiar, pues a diferencia de los españoles, los ingleses hacen honor al dicho ‘My country wright or wrong’, o sea ‘correcto o equivocado, es my país’.

Como puede verse, el caso de Gibraltar no tiene nada que ver con el de Ceuta y Melilla. Inglaterra sí que podría devolver el Peñón a España, pero ésta no podría devolver las dos ciudades a Marruecos. Son situaciones que no tienen puntos en común, que no pueden considerarse como similares.  
Carlosdelriego.

miércoles, 16 de mayo de 2012

LA HIPOCRESÍA DE LOS ANTISISTEMA Sólo se puede ser antisistema aprovechando las ventajas del sistema


Creerá que así puede arreglar las cosas

 Los antisistema sólo surgen dentro del sistema. Es decir, no pueden aparecer en sociedades en las que no existen las libertades básicas o en las que la principal actividad sea sobrevivir. No, los grupos que claman (no sin razón) contra banqueros y políticos, que acusan a eclesiásticos y militares, que insultan y menosprecian a quienes se atreven a manifestar ideología diferente, que ocupan viviendas e inmuebles ilegalmente, que se pasan las leyes y reglamentos por el arco de triunfo, que llaman asesinos a los policías y, en fin, que se sienten cómodos en medio de la bronca y que conocen todos los trucos para aparecer como víctimas siendo los agresores, sólo pueden hacer todo eso en un estado de derecho, en un país donde existe libertad de opinión y manifestación. Y por eso no se producen este tipo de situaciones en países donde reina la tiranía, donde la policía pasa por encima de los derechos ciudadanos sin que ocurra nada.


Si alguien trata de gritar su opinión en sitios como Cuba, Corea del Norte o China ( o en su momento la España de Franco o la Unión Soviética), puede estar seguro de que llegarán uniformados que lo llevarán a la cárcel, lo someterán a duros interrogatorios y suerte tendrá si sale entero meses después. Por eso jamás hay voces antisistema en lugares como los mencionados; lo que sí hay es valientes que se atreven a levantar la voz contra el régimen, pero lo suelen pagar con dura represión.

Les gusta aparecer como víctimas,
pero son agresores
 
Por otro lado, ¿alguien se imagina manifestaciones antisistema en poblaciones del Chad, Ruanda, Congo, Bangla Desh, Bolivia o Haití? No, la mayoría de la población está demasiado ocupada buscando la siguiente comida como para echarse a la calle a protestar por sus infames condiciones de vida.

Este tipo de protestas son propias (casi exclusivas) de democracias occidentales con economía capitalista, de países más o menos ordenados y donde existen garantías para todo el mundo, incluso para los que vociferan, se manifiestan contra él y lo maldicen. En definitiva, los antisistema solo existen dentro del sistema, y protestan contra los bancos donde tienen sus cuentas corrientes (o las han tenido o les gustaría tenerlas) y saben cómo se manejan los banqueros, se encienden al hablar de los políticos (que se merecen casi todos los insultos) pero se olvidan de que son los que les permiten vocear y cuentan con el apoyo de millones de votos, lanzan proclamas contra la misma policía a la que llaman cuando sufren robos o agresiones, echan sapos por la boca al mencionar a la Iglesia a pesar de que nunca ha tenido menos poder y menos influencia en la sociedad y en los individuos..., y en cuanto al dinero, seguro que ninguno de los antisistema echaría mano a la caja si tiene oportunidad...

Y es que la realidad se obstina en demostrar que el menos malo de los sistemas es ese contra el que claman los antisistema, sobre todo si se compara con otras opciones existentes en el mundo; no hace falta recordar cómo les va o les ha ido a quienes sufren o han sufrido sistemas distintos al que impera en las democracias occidentales. Lo más divertido es ver cómo algunos políticos que se creen de izquierdas apoyan los movimientos antisistema, eso sí, con sus enormes cuentas en el banco, con sus dos o tres viviendas, con sus sueldazo e infinitos privilegios..., pero se consideran parte de esos que protestan, se identifican con ellos e incluso se les puede ver, en el colmo de la desfachatez y la hipocresía, a la cabeza de alguna manifestación.

Pero el caso es que, realmente, los antisistema jamás abandonarían los privilegios que les otorga este sistema, jamás emigrarían a países que tuvieran otro sistema, jamás se mudarían a Corea del Norte o Arabia Saudí, donde cualquier indicio de protesta contra el sistema (el de allí) se castiga con extrema dureza. No, lo cómodo es protestar aquí, de hecho, sólo aquí es posible increpar a colectivos e instituciones de aquí.

Los antisistema, en resumen, exigen que las cosas se hagan aquí como dicen ellos, pues se sienten en posesión de la Verdad, pero jamás llevarán a cabo nada que suponga verdadero esfuerzo ni, por supuesto, aportan alternativas posibles y eficaces. Estos revolucionarios sin ideas exigen para sí todo lo que tiene la para ellos corrompida clase media, pero sin que tengan que realizar ningún trabajo ni pasar por todos los procesos para conseguir esos “bienes capitalistas”. Por cierto, habría que ver al activista antisistema si, por un golpe de fortuna, se viera con cargo público o millonario.

Hay mucha cara dura disfrazada de antiglobalización y anticapitalismo.
Carlosdelriego.
      

martes, 15 de mayo de 2012

CUIDADO CON LOS GRANDES PERSONAJES Muy a menudo, los hombres a los que la Historia sitúa en lugar privilegiado tienen mucho que esconder


El gran Edison electrocutó a un elefante.

Un eminente cirujano que ha logrado sonoros éxitos en el terreno de los trasplantes más difíciles, se ha descolgado con unas manifestaciones que dejan bien patente que el tal es machista y sexista hasta decir basta, y un sectario cargado de prejuicios, de esos que se creen en posesión de la verdad y, por tanto, se sienten legitimados para calificar a los demás o para generalizar con este o aquel colectivo. El tal se llama Cavadas, y era tenido por un excelente profesional hasta que ha abierto la boca y ha dejado ver que, en realidad, fuera de su especialidad, es otro iluminado de los que otorgan carnets de buenos y malos. En fin, lejos de lo suyo, muestra escasas luces.

Y es que hay que tener mucho cuidado con las personas a las que idealizamos, puesto que a veces llegamos a creer que no son hombres (en sentido genérico, no masculino), que están por encima de los múltiples defectos y vicios que caracterizan al homo sapiens. Esto suele suceder muy a menudo con algunos de los grandes protagonistas de la Historia que sobresalieron en un terreno concreto, en una actividad en la que demostraron gran clarividencia y esfuerzo, que se convirtieron en auténticos faros para la posteridad, pero que luego, en la corta distancia, en su trato con sus círculos más cercanos, en la vida cotidiana, demostraron ser mezquinos, hipócritas y, en fin, habituales de las mismas bajezas que los demás.

Para desmitificar a algunos de estos gloriosos personajes, pocos textos como el libro ‘Intelectuales’ del veterano periodista, historiador y ensayista británico Paul Johnson. En éste, Johnson no trata de poner en cuestión las teorías de esos grandes pensadores, sino que desvela cómo eran como personas, cómo se conducían en el día a día, cómo trataban a quienes estaban a su alrededor y cómo vivían y actuaban de modo contrario a lo que predicaban.
Un libro ideal para
 desenmascarar y desmitificar
 

Así, sorprende saber que Karl Marx, el gran defensor de los trabajadores, se casó con una rica aristócrata y vivió a costa de la herencia de ella hasta que se acabó (eso sí, escribió contra lo injusto de las herencias), jamás quiso un trabajo con el que mantener a su familia, y eso que su amigo y colaborador Engels (comunista y empresario millonario) tenía fábricas en Inglaterra en donde podría haber trabajado, pero el gran teórico del trabajo y del trabajador, Marx, no quiso jamás ni siquiera ir a visitar una fábrica; por no mencionar el hijo que tuvo con una sirvienta y que ‘endosó’ a su incondicional amigo Engels.

Del mismo modo, el escritor francés Jean Paul Sartre, adalid de las izquierdas intelectuales, que prosperó sin dejar de trabajar ni privarse de nada en la Francia ocupada sin que los nazis le molestaran jamás, y que gracias a la colaboración de su pareja, la “feminista” Simone de Beauvoir, consiguió llevarse a la cama a muchas de sus jóvenes alumnas.     

Tremendo es lo del filósofo y escritor francés Jean.Jacques Rousseau, que escribió un histórico tratado sobre la educación, pero envió a sus cinco hijos al hospicio nada más nacer. Primero dijo que era porque no podía mantenerlos, pero más tarde cambió de coartada alegando que se había desentendido de ellos para que no cayeran bajo la influencia de su familia política (¿). Además, escribió otra obra sobre las libertades, pero solía vanagloriarse de sus sádicas relaciones sexuales y de lo que se disfruta haciendo daño y humillando a las mujeres.

‘Intelectuales’ señala las mezquindades, la hipocresía de nombres tan importantes como Bertrand Russell, Comsky, Tolstoi, Heminguay, Norman Mailer, Ibsen, Shelly y muchos otros personajes ilustres de indudable mérito artístico, político o social, pero cuya vida real, no la intelectual, debería situarlos en el apartado de dudosos. Al menos.

Pero fuera de la obra de Johnson se pueden encontrar muchos otros que hacen bueno el refrán de que “una cosa es predicar y otra dar trigo”. Así, además del eminente pero retrógrado doctor del principio, se podrá recordar al gran inventor estadounidense Edison, muchas de cuyas patentes eran sospechosamente similares a otras ya existentes, y cuya enemistad con Nicola Tesla (que tenía una creatividad que Edison no soportaba) le llevó a electrocutar un elefante en Nueva York (condenado a muerte por matar a tres hombres) para demostrar que la corriente alterna desarrollada por Tesla era mucho peor que su corriente continua. También pueden entrar aquí grandes ‘luchadores por la libertad’, como el doctor Ernesto ‘Che’ Guevara, que afirmó ante los micrófonos (existe la grabación): “hemos fusilado, estamos fusilando y seguiremos fusilando”. Claro que en el campo de la ideología política la lista sería interminable. 

El inmortal Beethoven escribió su Tercera Sinfonía, la ‘Heroica’, sobre la figura de Napoleón, pero cuentan que cuando se enteró de que Bonaparte se iba a coronar emperador quitó su nombre del título diciendo con gesto de disgusto y decepción “Es sólo un hombre, como todos los demás”.

Igual que aquellos que son por muchos idolatrados fanáticamente.
Carlosdelriego.

lunes, 14 de mayo de 2012

EL 15 M: OTRO MOVIMIENTO INÚTIL Desorganizado y sin ideas, se pierde entre acampadas, tópicos y generalidades, y con la amenaza de infiltrados violentos


Al final siempre aparece la violencia

Los autodenominados ‘indignados’ que se echaron a la calle el 15 M de 2011 se preparan para celebrar el primer aniversario de aquella manifestación de protesta. No deja la cosa de tener nexos con el Mayo del 68 o el movimiento hippie. A diferencia de éstos, el 15 tiene de particular (entre otras cosas) la participación de múltiples sectores de la sociedad, no sólo de jóvenes estudiantes, o jóvenes que se saludaban diciendo ‘paz y amor hermano’. Pero presenta los mismos defectos de que adolecían las otras dos formas de protestar: la falta de organización y un vacío total a la hora de concretar ideas y propuestas.

Este movimiento es producto de Internet y, por tanto, se va formando poco a poco y creciendo en progresión geométrica, se van creando complicidades y enunciando quejas a las que es fácil sumarse (al menos a algunas): las tremendas desigualdades sociales, el paro, la globalización, el capitalismo salvaje y el insostenible sistema económico, los tejemanejes de los bancos, los privilegios y la ineficacia de los gobernantes y políticos en general... Son cuestiones que interesan y afectan a todos, por lo que muchos ciudadanos lo ven con simpatía.

El problema es sacar algo concreto de todo, de las asambleas, acampadas, manifestaciones, marchas, gritos, eslóganes, pancartas, discursos y arengas. En alguna ocasión ha trascendido lo que se dice en las asambleas y la cosa parece el código del buenismo, un catálogo de la corrección política, vaguedades, generalidades, tópicos, demagogias de todo tipo, bonitas utopías y, en fin, retórica vacía de contenido. Y es que este sistema asambleario, hoy día, es un absoluto imposible. Y por eso, de la iniciativa de los ‘indignados’ quedará poco o, lo que es peor, poco más que violencia, pero seguro que nada positivo y eficaz.

Arengas, pancartas
 y ambiente festivo, eso es todo
Para empezar, las acampadas y ‘manifas’ son terreno abonado para grupos extremistas, para los llamados antisistema, para corrientes políticas radicales, con lo que al final la masa, heterogénea de por sí, estará plagada de gente que lo único que busca es jaleo, confusión, carreras y escaparates rotos, humo, fuego y enfrentamientos con la policía, destrucción y pillaje..., ya se han visto cosas así en diversos países europeos en los últimos años.

En segundo lugar, al no existir ningún tipo de organización, no se puede llevar a cabo nada concreto; es decir, habría que idear una estructura para poner en marcha a los participantes, con personas concretas que escucharan a todo el que tuviera algo que decir, luego se presentaría todo a los que tuvieran capacidad de analizar, redactar y dar forma a todo lo dicho, más tarde habría que llevar las ideas en cuestión a quien pudiera decir lo que es posible y lo que no, lo que podría presentarse como iniciativa o lo que no es posible o no tiene el mínimo sentido... En fin, que como en toda empresa que se pone marcha, lo primero es estudiar qué se necesita, y una vez sabido, se asignan las diferentes tareas. Pero como en el 15 M no hay nada que se parezca mínimamente a una organización, no hay forma de sacar nada adelante. De todos modos, lo cierto es que aun no han presentado ni una solo propuesta de cambio, ni un solo proyecto, ni una idea concreta, directa, clara, ni una sola alternativa a lo que ahora hay; y para esto lo único que hace falta es..., tener la idea y ganas de ponerla en marcha, cosas que parecen secundarias en la acampada. Además, organizar todo esto exigiría mucho trabajo y mucho tiempo sin ningún rendimiento económico, por no hablar de que siempre habría opiniones contrarias a crear esa estructura. 
  
El 15 M hace mucho ruido,
pero de momento no da ninguna nuez
Y en tercer lugar, como los que participan en el movimiento se dicen apolíticos (a pesar de que aparecen símbolos y lenguaje político continuamente), también habría que diseñar una idea política, puesto que si se quiere combatir en ese terreno hay que usar esas armas, así que habría que poner de acuerdo a muchas formas de pensar. Eso sí, algunos ya se han organizado en grupúsculos como Democracia Real Ya o No Les Votes, que aunque sus intenciones (al menos al principio) fueran otras, tienden inmediatamente a la política, con lo que si les van bien las cosas pronto serían un partido nuevo, y más pronto aún caerían en los vicios de los que ahora reniegan. Y por si fuera poco, están los que van allí buscando tumulto, alboroto, violencia y masas de gente a la carrera, que también suelen estar muy ideologizados, cercanos al fanatismo, y con los que es imposible un debate tranquilo y argumentado porque sólo quieren gresca.

Sea como sea, todo parece indicar que el 15 M tiene como objetivo último, como fin único la acampada, la protesta sin ir más allá, la reunión lúdica, la asamblea donde reina el tópico y el buen rollito. Más allá de eso y de violencia y carreras (en las que participan los de siempre, pues la mayoría de los ‘indignados’ son totalmente pacíficos), el 15 M dejará poco. Al menos de los hippies se recuerdan, además del ‘haz el amor y no la guerra’, un montón de excelentes canciones.  
Carlosdelriego   

domingo, 13 de mayo de 2012

TIMOS Y ESTAFAS DEL GOBIERNO. EL TIMO DE LA ITV


20 minutos de trabajo en un diésel, casi 60 euros

Entre los infinitos modos en que nos tima el gobierno hay uno especialmente sangrante, el de la itv, la inspección técnica de vehículos. Sin duda es buena idea comprobar que todos los automóviles que circulan por ahí superan unas condiciones mínimas, pero eso no tiene por qué tener un coste tan por encima del mercado, por no hablar del hecho de que no hay competencia entre las empresas, de que sólo se dan licencias a amiguetes y compañeros de partido o de que en algunas estaciones poco menos que perdonan la vida al sufrido conductor.

Ir a pasar la itv, si se conduce un automóvil diésel, supone un desembolso de entre los 50 y 60 euros, una espera que normalmente llega a la media hora (si se tiene suerte) y un tiempo de inspección que no llega nunca a los 20 minutos. Si por 20 minutos de trabajo de inspección, de revisión, sin reparar nada, cobran 55 euros, el precio de esa mano de obra es de 165 euros por hora. Por otro lado, el precio de los talleres donde sí te reparan el coche está entre los 20 y los 57 euros por hora de mano de obra, siendo más baratos los talleres independientes y más caros los servicios oficiales, sobre todo en marcas asociadas al lujo. Sea como sea el taller, el precio de la inspección obligatoria (en la que no te reparan nada) casi triplica el precio de la mano de obra de los talleres oficiales más caros, y multiplica por siete el de los talleres particulares. Es más, en muchos de éstos te revisarían gratuitamente lo mismo que en las estaciones itv si cambias allí el aceite y los filtros.
Si esto no es un timo yo soy John Lennon.

Además, una divertida espera hasta que el operario te señala 
Esta es una de las más flagrantes estafas con que el gobierno saca los cuartos al ciudadano ‘paganini’, o sea a todos, pero no la única. De hecho, la lista de timos, estafas, extorsiones a que nos someten los que viajan subidos en el carrito del privilegio es casi infinita. Un ejemplo por el que ha de pasar toda la población es la obtención del DNI, que exige certificados varios, o sea, una información que ya tienen diversos ministerios y que, en todo caso, bien podría solicitar el funcionario en el acto contactando informáticamente con el ministerio correspondiente; pero no, tienes que sacar los papeles y claro, pagar por ellos; además, con lo de la cita previa has de charlar un rato con una máquina y pagar la llamada..., y eso si no tienes mala suerte y cuando te dice el día y la hora, tu teléfono hace un inoportuno pip y no te enteras a qué hora tienes que ir, así que vuelves a llamar, vuelves a humillarte ante la maquinita, vuelves a pagar  y a notar cómo se te hincha la vena.

Es sólo un ejemplo, pero piénsese en la cantidad de documentos que hemos de obtener a lo largo del año. Ya sea en una u otra administración, el ‘pagano’, el primo, el infeliz lechuguino, el mequetrefe con cara de tonto siempre es el mismo.      
Carlosdelriego.
   

sábado, 12 de mayo de 2012

II REPÚBLICA ESPAÑOLA: LO QUE MAL EMPIEZA MAL ACABA La llegada de la república en 1931 fue totalmente irregular y producto de un colosal ‘pucherazo’, de un fraude monstruoso


La II República fue acogida con entusiasmo,
 pero acabó tan mal como había empezado
El tema de la II República Española siempre desata interés y provoca polémica. Además, se puede tratar desde infinidad de ángulos. Uno de ellos es el inicio, cómo se instauró, cómo se cambió la monarquía por la república.


El denominado Pacto de San Sebastián se celebró en 1930 con el fin de derrocar el régimen monárquico e instaurar una república; en él estuvieron presentes, entre otros, nombres tan destacados como Azaña, Alcalá-Zamora, Indalecio Prieto, Casares Quiroga, Lerroux ..., y se acordó llevar a cabo las acciones necesarias para dejar a la monarquía “en los libros de Historia”. Así, se planeó una huelga general seguida de una insurrección (o sea, un golpe) militar. Pero como casi todo lo proyectado por aquellos eminentes políticos, nada llegó a buen término; la huelga ni siquiera llegó a declararse, mientras que el intento de pronunciamiento (conocido como la Sublevación de Jaca) terminó en sonrojante catástrofe, con la ejecución de Fermín Galán y García Hernández, los dos capitanes que acaudillaron la patética asonada. Por cierto, la intentona fracasó porque los capitanes (carentes de la información adecuada) se sublevaron días antes de la fecha prevista.

Y así se llega a las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que los republicanos entendieron como generales, de forma que lo que era para elegir alcaldes y concejales fue convertido (¡porque lo decimos nosotros, que estamos en posesión de la verdad absoluta!) en un referéndum sobre monarquía o república. A pesar de todo, los resultados totales les fueron contrarios a los republicanos, puesto que las cifras oficiales revelaban que en el cómputo total los monárquicos habían logrado más votos, pero en las capitales de provincia eran los republicanos los vencedores. 

Lerroux, Alcalá Zamora, Azaña, entre otros,
en el Pacto de San Sebastián
Volviendo al recurso del “¡porque lo decimos nosotros!”, los promotores del régimen republicano decidieron que como en el medio rural los votantes estaban influenciados por curas y caciques, sólo tenían validez los resultados de las capitales. Evidentemente, esto no tiene nada que ver con la democracia, sino que es una auténtica cacicada y un insulto a todos los que no vivían en las grandes ciudades. Lo correcto hubiera sido organizar un plebiscito para dirimir abiertamente el régimen que querían los españoles, tratar de vigilar para que todo se desarrollara limpiamente (o lo más posible) y asegurar que el voto de cada español tuviera el mismo valor. Pero lo que se hizo fue ir cambiando las reglas a conveniencia, de modo que si hubieran ganado los republicanos en el medio rural se hubieran proclamado igualmente vencedores alegando, que los trabajadores de las ciudades estaban atemorizados por los patronos y sus matones..., por ejemplo. A la causa se unió el rey, un personaje dudoso y cobarde que ya había dado numerosas muestras de su catadura moral y su falta de integridad.


Objetivamente, la II República Española llegó de modo totalmente fraudulento, irregular e ilegítimo, por lo que no puede extrañar cómo acabó. Como afirma el hispanista estadounidense Stanley Payne (uno de los más ecuánimes especialistas en el tema) “en aquella España no había buenos y malos, pues todos eran malos, y nadie, ni de un lado ni del otro, tenía la menor idea de lo que significa ser demócrata”.   
Carlosdelriego.

viernes, 11 de mayo de 2012

CAMBIAR POR CAMBIAR El cambio inútil de casi todo se ha impuesto hasta el punto de que se ha convertido en un valor en sí mismo.

El cambio de la tierra roja por la azul es un ejemplo de cambio inúti
Vivimos en una sociedad en la que se venera de modo irracional todo lo que suene a novedad sin que importe demasiado si tal novedad aporta algo, si mejora algo lo anterior. Por eso la gran mayoría cambia continuamente de teléfono móvil y se deja convencer por un modelo recién salido que presenta ligeras modificaciones respecto al actual, que cumple perfectamente su cometido; y de igual modo el televisor y demás electrodomésticos, la cámara de fotos, el ordenador, la impresora, el reloj, el Ipod..., y no digamos la ropa, calzado y todo este tipo de artículos de vestir. Son cambios que, objetivamente, racionalmente, fríamente, no son necesarios.


Otra cosa es que el ciudadano (convertido en consumidor) se vea obligado al cambio a causa de la “obsolescencia programada”. Término tan inquietante se refiere simplemente al programa que llevan infinidad de productos (sobre todo electrónicos y mecánicos) para que se vuelvan obsoletos cuando se cumpla el tiempo programado por los ingenieros diseñadores; es decir, algo así como un dispositivo para que, pasada la garantía, el aparato se estropee de modo irreparable o su reparación cueste más que uno nuevo, y así el cliente tenga que volver a comprar. Pero esto de la obsolescencia programada tiene mucha miga, mucha historia, así que merece comentario aparte. 

Ya sea por obligación, por presión de la propaganda, por presumir y hacer del objeto un símbolo de estatus social, o simplemente porque el cambio produce satisfacción, el caso es que muchas veces se producen cambios fácilmente, evidentemente, totalmente evitables.

Además de los cambios a los que obliga el comercio y la industria (si no poniendo una pistola en la espalda sí con una presión que roza la tortura psíquica, pues vienen a decir muchas veces que si no compras esto eres un imbécil retrasado, un marginado, algo que resulta un instrumento letal con niños y adolescentes), se producen otras mutaciones superfluas en campos diversos que no dan nada, que no mejoran nada, que ni siquiera resultan econonómicamente beneficiosas para nadie.

Un ejemplo de cambio inútil es el que se ha producido en el torneo de tenis de Madrid, donde se ha cambiado de superficie, de la tradicional tierra de color rojo se ha pasado arbitrariamente a tierra de color azul, con el consiguiente disgusto de quienes realizan sobre la misma su actividad, los tenistas. Dicen como único argumento los ingenieros que idearon tal cosa que mejora la visibilidad en televisión, pero que se sepa, nadie se había quejado de que se viera mal la bola en los muchos años de retransmisión televisiva del tenis. Por contra, esa nueva tierra azul modifica notablemente las condiciones de una pista de tierra, cosa que han denunciado los protagonistas enumerando múltiples desventajas. Otros cambios en este deporte (el juego decisivo o ‘tie break’o el ‘ojo de halcón’) sí tienen razón de ser pues mejoran el desarrollo del juego.

Cambiar aparatos sin necesidad produce eso
Otro ejemplo de ámbito deportivo, concretamente del baloncesto. Hasta hace unos años, cuando dos jugadores rivales sujetaban el balón impidiendo que se pudiera jugar, los árbitros decretaban ‘lucha’, y se producía un salto neutral entre los dos implicados en la pugna. Sin embargo, ahora no hay disputa, sino que una vez se le entrega el balón a un equipo y la siguiente al otro (el primero es el que no ganó el salto inicial) y así sucesivamente, restando un elemento puramente deportivo. La única razón que se da para una modificación de reglamento tan baldía es que agiliza el desarrollo del juego, que hay menos interrupciones; razón ciertamente estúpida, pues en baloncesto el juego se detiene cien veces por partido, y la cantidad de ‘luchas’ que se producen casi nunca es más de dos. Puestos en esa tesitura, que también se repartan equitativamente los rebotes.


Y un ejemplo más, en este caso del universo escolar. Hasta no hace mucho los exámenes se calificaban de cero a diez, pero luego se dio paso a lo de suficiente o muy deficiente, para llegar posteriormente a la sinrazón de ‘progresa adecuadamente’ o ‘necesita mejorar’; últimamente se usan dos escalas simultáneamente, la de la cifra y la de suficiente. ¿Acaso era necesario aquel primer cambio?, ¿los alumnos sacaron mejores notas sabiendo que ahora progresan adecuadamente en lugar de obtener un seis? Por cierto, ya que estamos en el recreo, ¿alguien recuerda aquella memez llamada Matemática Moderna?, ¿alguien ha encontrado uso para esa cuadratura del círculo que es el conjunto vacío? (por increíble que parezca, la Real Academia ha aceptado eso de ‘agrupación de nada’, que es lo que es un conjunto vacío, o sea, una contradicción en sí misma). 

Así las cosas, ¿por qué los cambio inservibles? Tal vez con el ánimo de destacar, tal vez para demostrar que se quienes están ahí hacen algo, pues es posible que quienes tales ocurrencias idean se pasen la mayor parte del tiempo mano sobre mano, y realizar un cambio que llame la atención aunque no suponga ningún beneficio es un buen modo de apuntarse un tanto, sobre todo de cara a la imagen. De este modo se llega a la insensatez de considerar el cambio como un fin en sí mismo, como un verdadero valor independientemente de que se prevea apropiado y beneficioso o no.


Y es que para algunos, si no hay cambio no se puede vivir. Son las presas fáciles de los expertos en mercadotecnia y manipulación de masas.  
Carlosdelriego.

jueves, 10 de mayo de 2012

EL DÍA QUE MURIÓ EL ESPÍRITU OLÍMPICO Este año se cumplen 40 años de los Juegos Olímpicos de Munich 72, donde se rompió definitivamente la tregua olímpica


Imagen de uno de los terroristas que dio la vuelta al mundo
Fue el 5 de septiembre de 1972, en el undécimo día  de los juegos de Munich 1972. Ocho terroristas del grupo Septiembre Negro entran en la villa olímpica con el equipo israelí como objetivo, y para demostrar sus intenciones desde el principio, asesinan a dos atletas que les hacen frente y secuestran a otros nueve (tres logran huir); luego comunican sus exigencias (liberación de terroristas y un avión para irse a un país musulmán con los rehenes), pero la policía les tiende una trampa que, como era de esperar, resultó una catástrofe: murieron todos los rehenes, un policía y cinco terroristas, siendo capturados otros tres (Israel se encargó de todos los responsables del atentado recurriendo al ‘ojo por ojo...’).


La bandera olímpica a media hasta en recuerdo de las víctimas
Aquel ‘martes negro’ significó la defunción definitiva del espíritu olímpico, puesto que más allá de los valores propiamente deportivos, los Juegos Olímpicos son algo más que competiciones. En sus comienzos (los primeros datos se sitúan en 776 antes de Cristo), los juegos estaban presididos por la ‘ekcheira’ o paz olímpica, de modo que todas las guerras, todos los conflictos quedaban detenidos desde una semana antes del comienzo y hasta una semana después del final, y esa paz se respetó a lo largo de más de 1000 años, excepto en tres ocasiones. Desde la restauración de los juegos, sí que hubieron de ser suspendidos en tres ocasiones, no celebrándose los de 1916, 1940 y 1944 a causa de las dos guerras mundiales.


A pesar de todo, el lugar donde se venían celebrando los juegos siempre había sido respetado, e incluso la política apenas sí había mostrado su fea cara en el espacio olímpico (ya en México 68 hubo indeseables indicios). Pero en Munich se rompió definitivamente el espíritu olímpico, puesto que se abrió la puerta a la utilización de los juegos con fines políticos aprovechando el enorme impacto mediático que tienen en todo el mundo. De este modo, luego se produjeron varios boicots que provocaron ausencias masivas en Montreal, Moscú, Los Ángeles, Seúl..., en Atlanta 96 se produjo otro atentado terrorista con dos muertos, unos países exigen la expulsión de otros del movimiento olímpico, hay deportistas que aprovechan los éxitos y las cámaras para hacer política, los atletas se cambian de nacionalidad por cuestiones económicas..., por no hablar de los tramposos dispuestos a cualquier cosa (aunque tramposos los ha habido siempre en cualquier lugar o actividad).

Campeones como Mark Spitz quedaron
 eclipsados por la masacre
La esencia del olimpismo ha desaparecido, no el espíritu deportivo, el de la competición limpia, el del atleta que participa noblemente y se comporta con sus rivales con total deportividad. No, el aspecto deportivo sigue intacto en la mayoría de los participantes y sólo depende de cada uno de ellos. El que ha sufrido el tiro de gracia es ese sentimiento que debería prevalecer desde la inauguración a la clausura al menos en el recinto olímpico, lo que se ha perdido es ese saberse a salvo en la villa olímpica gracias al respeto general y absoluto de la tregua, de la paz, de la ‘ekcheira’, que permite que se aparquen resentimientos y conflictos, guerras, odios y violencia, que permite que el participante esté a salvo de la política; en fin, que sea como una isla donde lo único que importa es la voz de inicio de la competición y el compañerismo, nobleza y deportividad de toda la comunidad olímpica. Al menos allí y durante esas dos semanas, ya que pedir más es pedir lo imposible. La realidad es que los inminentes Juegos de Londres (ya triple ciudad olímpica) van a contar con más agentes de seguridad que participantes.

Los Juegos de Munich continuaron tras un día de luto y dejaron grandes gestas, grandes nombres para los anales olímpicos: Mark Spitz y sus siete medallas de oro en natación, el fondista Lasse Viren y su exhibición en el estadio, la increíble final de baloncesto con aquellos tres segundos que llevaron a USA a su primera derrota... Pero la cita olímpica de Muncih 72 será siempre asociada a la tragedia, a la violencia, al fin del espíritu olímpico..., al menos entendido con ese halo romántico que tenía hasta aquel martes de hace 40 años, aquel ‘martes negro’. 

(Todo sobre los juegos en el libro 'Citius, altius fortius. Las Olimpiadas y sus mitos')
Carlosdelriego. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

EL INSOLUBLE PROBLEMA DE PALESTINA Parece enfriado, pero sólo es una enfermedad en estado latente que en cualquier momento mostrará su virulencia


Así quedó el hotel Rey David tras
el atentado de 1946. Hubo 91 muertos.

Aunque en los últimos meses parece que el ambiente se ha enfriado un tanto, no cabe duda de que el problema no se extinguirá por sí mismo. Y es que en esa zona del planeta la gente lleva dándose de palos desde hace muchos milenios. Por ejemplo, se da por casi seguro que la ciudad palestina de Jericó existía en el séptimo milenio antes de Cristo (probablemente incluso antes), y también que sufrió más de un ataque (además del que acabó con su famosas murallas). Después, sumerios, acadios, hititas, hurritas, babilonios, asirios... musulmanes, cruzados y muchos otros han peleado en aquellos apenas 400 kilómetros de norte a sur y 150 de este a oeste. Y así se llega al siglo XX.

La cuestión entre los palestinos (y por extensión los países árabes de la zona) y los israelíes es algo enquistado en la política internacional desde hace... Y el problema parece insoluble, pues se trata de dos pueblos que disputan el mismo terreno, dos naciones (aunque una no esté reconocida) que pretenden ocupar el mismo lugar, dos ideas de vida, dos religiones, dos mentalidades completamente opuestas que luchan por dibujar sus fronteras en un mapa que no da más de sí. Es un problema de espacio, un asunto geográfico que si no es insoluble está muy cerca de serlo.

El terrorismo no deja de golpear en Israel
La historia del conflicto actual comienza cuando Inglaterra se hace cargo de la región de  Palestina en 1920 (conferencia de San Remo); a partir de ese momento, en plan salomónico, trató de favorecer a unos y otros alternativamente, con lo que, lógicamente, no satisfizo a ninguno. Para entonces ya había atentados terroristas, que se interrumpen durante parte de la II Guerra Mundial; a su término, la Onu llevó a cabo torpes intentos de mediación que no hicieron sino enconar más las cosas, puesto que unos y otros la acusaban de favorecer al contrario (en realidad así era, aunque no fuese esa su intención): realizó declaración en un sentido y al poco se desmintió a sí misma, primero votó por el reparto de Palestina y luego anuló tal resolución. Al acabar la Guerra Mundial, los grupos terroristas judíos Irgún, Stern, Lehi, redoblan sus ataques, llegándose al terrorífico atentado del Hotel Rey David (1946), perpetrado por el Irgún y que acabó con la vida de casi cien personas (los terroristas, y muchos israelíes de hoy, siguen diciendo que los culpables de las muertes fueron los ingleses, puesto que no evacuaron el hotel a pesar del aviso; es decir, según ellos, quien puso las bombas no es responsable de los muertos, sino quien no hizo caso del supuesto aviso, pues los ingleses siguen diciendo que no hubo advertencia).

 Dos años después del ataque las tropas británicas abandonan Palestina, y dos días después el nuevo estado de Israel es reconocido por la Unión Soviética y Estados Unidos. Asimismo no se puede olvidar el asesinato (a plena luz del día) del mediador de la Onu, el sueco Folke Bernadotte, y su acompañante, el francés André Serot, acribillados por el grupo Lehi. Sus autores materiales fueron juzgados y algunos condenados, pero el primer ministro israelí los indultó al día siguiente. Prácticamente todos los integrantes de los grupos terroristas israelíes (culpables de masacres tan horribles como las perpetradas por los terroristas musulmanes) pasaron a integrar el ejército y los cuerpos policiales sin que nunca se les exigiera ninguna responsabilidad.

Por otro lado, hay autores que subrayan el hecho de que muchos de los judíos que sobrevivieron a los campos de concentración deseaban emigrar a Estados Unidos, donde pensaban tener más oportunidades, pero de uno u otro modo fueron engañados y en algunos casos casi obligados a ir a Israel.

Los más sonoros líderes de la formación del estado de Israel, como Isaac Shamir, Isaac Rabin, Menahem Begin, Mose Dayán, Ben Gurión, Golda Meir, Sharon..., participaron materialmente, conocieron, aprobaron y apoyaron los atentados y los asesinatos. Y de igual modo los grandes caudillos palestinos Arafat, Husseinni, Abu Abbás..., la OLP, Al Fatah, Septiembre Negro...

Desde entonces, ha habido momentos más calientes y períodos con menos conflicto, varias guerras (la de 1948-49, la del 56-57, la de los Seis Días de 1967, la de 1973), atentados y represalias, ocupación y colonización de territorios, represalias terroristas por casi todo el mundo, venganzas, secuestros, bombas... Ninguno de los dos bandos contendientes ha renunciado jamás a la violencia y al terrorismo.    

La estela de Naram Sin muestra la situación
 en la zona hace más de 4.200 años
Y el problema no lleva trazas de resolverse. Por un lado, los palestinos se sienten propietarios del territorio (al igual que los judíos expulsados de España en 1492, muchos palestinos conservan las llaves de las casas donde vivían antes de ser desalojados) y quieren su estado por encima de todo, y si es echando a los judíos al mar, mejor. Por su parte, los israelitas tienen enorme apoyo económico e ideológico desde Estados Unidos, también están convencidos de ser los legítimos dueños y, según parece, no tienen la menor intención de irse. Por la violencia no parece que los palestinos vayan a recuperar nada, ya que los judíos están mejor organizados, están más unidos, poseen recursos casi ilimitados (son capaces de crear ciudades prósperas en el desierto), actúan coordinadamente..., mientras que la otra parte está corroída por continuas tensiones internas, no hay un plan, un líder, una idea precisa...


Sea como sea, el problema parece insoluble o de solución extremadamente difícil. Eso sí, la culpa no es solo de una parte (estos conflictos jamás tienen un único culpable, una única causa, una solución simple), sino que ambos bandos han utilizado los mismos recursos, las mismas armas, los mismos métodos..., como cualquier contendiente en cualquier guerra. La partición del territorio o compartirlo, parece que no hay más posibilidades, pero primero tendrían que existir ganas de encontrar solución, y no está claro que haya en ningún lado, puesto que ambos creen fanáticamente en su idea.

Parece que los amorreos seguirán peleando con los acadios unos pocos milenios más.  
Carlosdelriego.