domingo, 4 de diciembre de 2016

ÉXITOS MENORES DE ARTISTAS MAYORES. Ocurre muchas veces que el público que enloquece con los temas emblemáticos de las grandes estrellas del rock presta escasa o nula atención a otros que, sin embargo, ofrecen tanto talento como aquellos. Hay ejemplos en Beatles, Queen y Ramones.

Los cuatro de Liverpool y el imprescindible George Martin durante las sesiones del 'Album blanco'..
Un cuarto de siglo de la muerte de Freddy Mercury. Parece que lo que se impone es: “¡Pero si parece que fue ayer cuando descubrimos a Queen!”, aunque en realidad de eso hace ya más de cuarenta años. En dos décadas de vida el grupo logró tremendos éxitos, canciones tan fáciles de recordar, de tararear, que parecen haber estado ahí siempre. Pero además de los que todo aficionado tiene en mente, su índice de títulos ofrece  muchos otros tesoros que sólo hay que descubrir. Esto pasa muy habitualmente: el gran público identifica y degusta apenas unas cuantas piezas de los amplios catálogos que van dejando los más ilustres de esto del rock. Y es una pena, ya que entre corte y corte de los surcos del vinilo (pues el núcleo de este género musical se creó para este formato) se suelen esconder cantidad de melodías primorosas que están esperando, como el arpa de Bécquer, que alguien las haga sonar.


Ciertamente, todo grupo o solista con algo que decir guarda en su repertorio no pocas de éstas, de modo que una lista sería algo interminable, y además, cada uno tendrá sus preferidas. Pero sí que se pueden presentar unos pocos ejemplos más o menos representativos. Por ejemplo, hablando de Freddy, una de los Queen, la arrolladora ‘Stone cold crazy’ (1974). Aunque perfectamente conocida por sus adeptos, no es obra favorita del común, y ello a pesar de que, como muchas veces se ha dicho, fue algo que abrió los ojos a los que en poco tiempo serían los pesos pesados del metal en todas su vertientes; es decir, es un tema pionero que vino a abrir un camino inexplorado que, por lo que se ha visto, ha resultado exuberante. Tiene unas guitarras asombrosas, inéditas, innovadoras, a veces profundas, densas, penetrantes, y otras punzantes, vertiginosas. Y también una parte vocal asombrosa. Freddy desatado, dominante, y como diciendo, “¡dejadme solo!”, y lo dejan, pues sus intervenciones son casi a pelo. Poco más de un par de minutos de rock con mayúsculas en los que está, condensado, todo Queen. Ah!, habla de Al Capone que huye…

Y hablando de quienes ya están en el catecismo del rock, puede incluirse una de Ramones, una más bien atípica en el estilo ramoniano. Se trata de ‘Danny says’ (1980), un homenaje a quien fuera su amigo y manager Danny Fields; además, en el texto hay referencias a una de sus piezas emblemáticas (‘Sheena is a punk rocker’) e incluso a una divertida serie de televisión de los sesenta, ‘El superagente 86’ (‘Get Smart’ en origen). Cuando se habla de este grupo siempre se piensa en un sonido desbocado, esquemático, pero los neoyorquinos también conseguían óptimos resultados con lentas y medios tiempos, sobre todo cuando alguien tan experimentado y con tanto carácter como Phil Spector se encarga de encauzar sus energías. Arranca suave, con arreglo contenido y una voz que dibuja una melodía brillante y, a la vez, pegadiza; pero la calma dura poco, y todo se lanza casi sin darse cuenta, subiendo la intensidad en ritmo y sonido, aunque sin perder nunca de vista la batuta del violento productor, que siempre asegura buen gusto. Dicen que era una de las favoritas de Joey, pero no es de las más reconocibles del cuarteto y rara vez se cita; pero si se escucha con atención resulta encantadora.     

Por último, dentro del repertorio de Beatles, una que degustan los más interesados y que rara vez se incluye en recopilatorios, antologías o selecciones, ‘Happines is a warm gun’, del excelso ‘Álbum blanco’ (1968). Se trata de una partitura complicada, retorcida, como dividida en varias partes muy distintas y con un ritmo mutante; tiene parte acústica, parte eminentemente vocal (¡qué coros!), parte con distorsión… y todo en unos 160 segundos. Aseguran que la grabación costó lo suyo, que las bases rítmicas precisaron casi cien tomas, que a Lennon le encantaba. Sea como sea, el resultado es insuperable, una de esas composiciones que, sin ser un título excesivamente popular, demuestra hasta dónde llegaba el talento de estos tipos. Claro que otro tanto se puede decir de la mayoría de sus obras… En todo caso, es otra de esas maravillas que, entre una colección de maravillas, parece no sobresalir, pero está ahí para ‘cazar’ y subyugar a todos los que un día la descubran, que nunca serán una enorme mayoría. 

En fin, que los elepés siempre tienen mucho más que los dos o tres singles de éxito multitudinario, y merece muy mucho la pena escuchar esas otras que tal vez no gocen de tanta fama.   


CARLOS DEL RIEGO