miércoles, 4 de noviembre de 2015

LA HORA DE LOS SIMPLES, HARAGANES Y MEDIANÍAS El actual es el momento de mayor auge de los manirrotos que, sin haber estado en contacto jamás con los verdaderos problemas, están convencidos de la eficacia de las soluciones simples para resolver los problemas más complejos

Corbyn, el 'podemos' a la inglesa que tan acertadamente ha retratado el escritor Martin Amis, señala el camino de su solución
El excepcional novelista inglés Martin Amis publicaba (octubre 2015) una demoledora descripción del político Jeremy Corbyn, al que acusa de tener ideas caducas, inmóviles, de tercera mano…, de ser un vago que ni siquiera fue capaz de esforzarse para terminar el primer curso de sus estudios, de tener una “mente lenta y rígida” y, entre otras cosas, de carecer de sentido del humor, “lo que lo convierte en un chiste que él no será capaz de comprender”; asimismo, le reprocha ver el mundo “en blanco y negro, sin el más mínimo matiz” y, en fin, ser “hostil a la democracia” por estar convencido de que su pensamiento es el único, ya que quedó “anclado en lo que leyó de joven” (al parecer, se refiere a Marx). A ello se puede añadir que en la biografía de Mr. Corbyn no aparece ni un solo trabajo fuera de la política, ‘actividad’ en la que lleva asentado y acomodado más de tres décadas; y para completar el retrato hay que hacer constar que en todo este tiempo no ha sido capaz de redactar una propuesta, confeccionar un proyecto o aportar una idea elaborada y trabajada…, nada de eso, lo único que ha hecho ha sido protestar, proclamar, condenar, acusar, quejarse…, es decir, hablar, sólo hablar, dejando en evidencia su manifiesta alergia al esfuerzo.   

El detallado dibujo que de la figura del dudoso político inglés hizo Amis puede aplicarse sin apenas variaciones a otros muchos neo-profesionales de la cosa pública que están emergiendo en los últimos años en todo el viejo continente. Los casos más notorios (que no los únicos) se encuentran en Grecia y en España, lugares donde criaturas de este pelaje han alcanzado importantes cuotas de poder.    

Estos sujetos se sienten iluminados, posesores de la verdad absoluta que van a destruir todo lo hecho antes de su advenimiento para, posteriormente, cambiar el destino del planeta; por eso se piensan legitimados para insultar, ofender, faltar al respeto e incluso decidir qué muerte es intolerable y cuál tiene disculpa. Se trata de mentes simples y maniqueas, persuadidas de que los problemas complejos tienen soluciones simples: ¿pobres?, se hace más dinero, se reparte, se dan las subvenciones que hagan falta; ¿gente sin casa?, se expropia una al que tenga dos y se le regala a quien la necesite; ¿desempleo?, se pone a todo el mundo a trabajar para el estado; ¿terrorismo?, dependiendo del pretexto del terrorista, si hay que ceder se cede…

Por este motivo las recetas con las que pretenden acabar con los problemas del país se basan en un concepto simplón de las cosas, y por ello creen que cambiar nombres de calles o grandes recintos, derribar estatuas y monumentos, prohibir los toros, perseguir la religión e incluso abrir totalmente las puertas a refugiados e inmigrantes va a terminar con las preocupaciones del personal; e igualmente están seguros de los indudables beneficios que traerá a la población trocar monarquía por república o modificar el actual estatus administrativo. Sin embargo, nada de eso va a proporcionar trabajo al desempleado ni va a solucionar problema alguno por más medios materiales y humanos que se empleen.

Así carbura el cerebro obtuso y/o infantiloide: resolver el problema de la pobreza fabricando más billetes. Pero claro, si se regala casa y sueldo, ¿quién va a ir a trabajar ocho horas para pagar las facturas si ve que al lado hay uno que está todo el día mano sobre mano pero ingresa poco menos que él y tiene pagados casa, luz y gas? Y si todo quisque trabaja para el estado, éste se convertirá en una monstruosa empresa que, con total seguridad, llegará a la quiebra total (la Historia lo demuestra), pues gastar muchísimo más que lo que se ingresa sólo tiene un desenlace. 

En esta hora de medianías es oportuno recordar que, en España, este tipo de personas tienen su inspiración (y el inicio de su auge) en Zapatero, un hombre con escasas luces, con pensamiento raso, soso y siempre dispuesto a la ocurrencia ocasional, con verdadera alergia al esfuerzo (hay que recordar que, aunque se lo recomendaron infinidad de veces, jamás tuvo intención de aprender un poco de inglés) y que, en fin, jamás estuvo en el mercado de trabajo.

En realidad, los remedios que presentan estos individuos armados exclusivamente con ideología (y que harán lo que sea antes que ir todos los días a la oficina) son los que propone el holgazán, puesto que son medidas que no precisan ningún esfuerzo ni exigen grandes conocimientos… Son las recetas del intelecto vulgar, son las que se le ocurrirían al chaval, al adolescente cimbreante y pisaverde, y por eso es tan inequívocamente infantil aquello de ¿por qué no hacen más billetes…?

Por cierto, la mayoría, la aplastante mayoría de quienes están convencidos de que existe un sencillo bálsamo de fierabrás que lo arregla todo, no han trabajado pie a tierra nunca, es decir, entre ellos apenas los hay que hayan pasado por el mercado laboral, puesto que entraron en política y viven de la política desde su primera juventud. Y es que, a la postre, su único activo es su discurso, su palabrería, su retórica iluminada, cosa que solo vale para la política; tal vez por eso no tienen lo que hay que tener para poner los pies en el suelo y ganarse la vida en función de su esfuerzo y su mérito.

Sin embargo, seguro que, más pronto que tarde, pasará la hora de los mediocres.


CARLOS DEL RIEGO