miércoles, 18 de noviembre de 2015

CONTRA LA BARBARIE TERRORISTA, ¿COMBATIR O APACIGUAR-JUSTIFICAR? Tras las atrocidades del viernes 13-XI-15 en París, todo el mundo se ha puesto a señalar cuáles han de ser las medidas a tomar: respuesta armada o pacto, negociación y diálogo.

 
Por increíble que parezca, hay quien piensa que a estas bestias se las puede derrotar con diálogo
Las opiniones están claramente divididas en dos propuestas, en dos formas de pensar; unos proclaman que hay que emprender acciones que eviten a toda costa el enfrentamiento, es decir, se haga lo que se haga, sin armas; por el contrario, la otra corriente opina que no hay más remedio que defenderse; en lo que ambos pensamientos coinciden es en aspectos tan lógicos como la asfixia de las fuentes de financiación de los asesinos o la vigilancia exhaustiva del mercado negro (o blanco) de armamento.

En España, al primer modo de pensar (el de la solución exclusivamente verbal) pertenecen mayoritariamente los partidos de izquierda ‘inmoderada’, los antisistema, los populistas. De este modo, voces de estas corrientes de pensamiento exponen como solución el diálogo, la educación, el envío obligatorio de ayuda (sobre todo económica), la apertura total de fronteras… En este barco viaja la alcaldesa de Madrid (que parece tan escasa de luces como si su segundo apellido fuera Zapatero) ha declarado sin rubor que “en lugar de bombardear a Daesh hay que hablar con él”…; ¿se ofrece esta señora para ir a hablar con los que degüellan, queman, lapidan, mutilan?... ¿Y qué se puede decir de su colega de Córdoba, que guardó un minuto de silencio por las víctimas y otro por los verdugos? Analizando la cosa, resulta ciertamente difícil, en realidad imposible, dialogar con un ladrillo, que es a lo que equivale el cerebro de un fanático dispuesto a detonar un cinturón de explosivos: no hay debate, no hay razón o argumento que tenga la mínima posibilidad de convencer a quien va a suicidarse y sólo tiene el deseo de llevarse consigo cuantas más víctimas mejor. Volviendo la vista atrás, ¿de verdad alguien piensa que diálogo y diplomacia hubieran frenado a los nazis?

 Lo de la educación suena a broma, puesto que educar en territorios del islamismo bestial es adoctrinar en las madrasas, donde se manipulan mentes infantiles y adolescentes con el fin de que estén listas para el sacrificio. Quien piense en la educación allí ha de empezar por hablar de derechos y libertades de la mujer, de los homosexuales, de los ateos…, reivindicaciones a las que no está dispuesto ni siquiera el islam menos extremo; de este modo, ¿quién se ofrece voluntario para ir allí a educar según valores y derechos democráticos? Por otro lado, muchos de los que hacen estallar las bombas en medio de la multitud proceden de familias de clase media, han sido educados en los mismos colegios que los autóctonos y viven económicamente desahogados; o sea, no llegan al aquelarre terrorista desde la pobreza y la marginalidad. Algunos expertos apuntan a que la caída en ese pozo negro se produce cuando el joven (de segunda o tercera generación en el país de acogida) se desconcierta al tener su vida en un sitio al que no acaba de adaptarse, mientras sus raíces, tradiciones, creencias y cultura están a miles de kilómetros; llegado un momento sienten el inevitable impulso de escoger, de tomar partido…

Lo de las ayudas económicas sólo serviría para que se llenasen los bolsillos las autoridades y todo el entramado dominante en el país receptor…, como viene demostrándose desde hace décadas cada vez que se entrega dinero a un país. En este sentido parece apropiado preguntarse si hay que enviar ayuda, condonar deuda, 'prestar' dinero a fondo perdido, acoger a todo el que se presente y proporcionarle casa, sustento, sanidad…, todo ello ¿sin exigir nada a cambio?, ¿sin pedir ninguna contraprestación?, ¿sin al menos una declaración de intenciones?; ¿es obligatorio darles todo eso a la vez que ellos evitan a toda costa integrarse en la sociedad que los acoge?; ¿no hay que reclamarles una mínima aceptación de la sociedad que les abre sus puertas?

Es verdaderamente curiosa y digna de estudio, por otra parte, la manera de entender el asunto terrorista que muestran algunos presuntos ideólogos. Así, muchos de los que casi exculpan a los salvajes matarifes se autoinculpan e inculpan a toda la sociedad occidental, y se dan golpes en el pecho diciendo: “algo habremos hecho para obligar a esta buena gente a venir a masacrarnos”. Tan injusta e inexacta reflexión procede de la incomprensible culpa que esos caletres sienten por pertenecer a una sociedad que evoluciona (sobre todo en el terreno del pensamiento) y prospera (de modo imperfecto y mejorable) mientras la de aquellos desgraciados sigue anclada en la Edad Media. Como si los culpables de este anacronismo fueran los que han promulgado los Derechos Humanos o extendido la Democracia.

En fin, nunca se consiguió derrotar al agresor con diálogo, buenas palabras y flores en las manos. La Historia muestra abundantes ejemplos de que sólo los fusiles pueden enfrentarse a los fusiles.     


CARLOS DEL RIEGO