miércoles, 25 de noviembre de 2015

EL ESTÚPIDO Y TRAIDOR ‘NO A LA GUERRA’ Cierto sector de la población (generalmente convencida de su superioridad moral) cree que no se debe responder a las agresiones armadas, y por ello exigen, tras la muerte de sus compatriotas, ‘no a la guerra’.

Ni esto, ni pancartas ni manifas son suficiente arsenal para detener la agresión
¿Alguien puede imaginarse manifestaciones en Varsovia con el lema ‘no a la guerra’ después de la invasión nazi de Polonia? ¿Quién se creería que en Nueva York el pueblo saldría con pancartas con el ‘no a la guerra’ después del bombardeo de Pearl Harbour? ¿De verdad existe el que piensa que lo que habría que haber hecho en España en julio de 1936, después del levantamiento de Franco, era echarse a la calle y exigirle al gobierno ‘no a la guerra’? Si algo así hubiera sucedido los manifestantes habrían sido considerados estúpidos traidores y tratados como tales; sin la menor duda y con toda la razón.

Pues tal cosa ocurre en España y en otros países donde existen fuerzas políticas que abominan del sistema occidental olvidando que están ahí gracias a este sistema, olvidando que con otros sistemas ni siquiera tendrían posibilidad de existir. El problema que parecen no querer ver esos individuos que disfrutan de las ventajas de la democracia y que, a la vez, le niegan la legítima defensa, es que Europa viene siendo agredida de modo salvaje desde hace años, dicho más claro: está en guerra, distinta pero guerra. Asimismo, bueno es recordar que los que se hacen estallar con un cinto de bombas y ametrallan a la multitud no tienen por costumbre preguntar por ideologías o creencias. 

Los del ‘no a la guerra’ creen poder resolver la sangrienta cuestión mediante la palabra y el diálogo; sin embargo, tratar de hablar con los del C-4 y el Kalashnikov es básicamente un disparate, puesto que si un gobierno legítimamente constituido se sienta a negociar con unos criminales les está suponiendo una legalidad democrática de la que, evidentemente, carecen; es decir, solamente el hecho de proponer reunirse de igual a igual con esa pandilla de terroristas (descerebrados y drogados) significa colocarla a la misma altura que las autoridades surgidas de la voluntad popular ,y además, se les está transmitiendo el mensaje de que sus métodos, por muy sangrientos y brutales que sean, son válidos y admisibles por el resto del mundo. 

Asimismo se puede deducir que los que salen a la calle a gritar ‘no a la guerra’, de algún modo están expresando un posicionamiento más cercano al totalitarismo que a la libertad. Por ello, los pancarteros buenistas y vocingleros estarán difundiendo el mensaje de que no se debe combatir a quienes son la máxima expresión del machismo y la homosexfobia; igualmente, los europeos que exigen resignarse, aceptar las masacres y poner la otra mejilla parecen apoyar la religiosidad fanática y violenta…, cuando por estas latitudes proclaman continuamente lo contrario con mucho menos motivo. Los abanderados de la mansedumbre suelen argumentar que las políticas y acciones de occidente obligan a actuar a los asesinos, un razonamiento más falso que un euro de madera, puesto que, por un lado, muchos de los asesinos nacieron y crecieron en Europa sin agobios económicos e incluso sin el menor interés por el Islam hasta el último momento; y por el otro, no hay que olvidar que más del noventa por cien de las víctimas de los degenerados islamistas son musulmanes, que son quienes tienen más a mano, más cerca del cuchillo; esto quiere decir que, en realidad, sólo tienen un objetivo: matar.

Salir a vociferar ‘no a la guerra’ (en las actuales circunstancias, no en otras anteriores) es una situación descabellada, como si un perro rabioso fuera mordiendo a diestro y siniestro y el que está en casita, a salvo, se desgañita e increpa a todos que se deje en paz al pobre animal, que nadie lo toque, que nadie se atreva a defenderse.
Cuando esa postura buenista, traidora y estúpida llega a su cima se producen circunstancias como la que acaba de vivirse en Bruselas, donde un solo terrorista fugado ha tenido asediada a toda la ciudad durante varios días…; es algo tan tragicómico que recuerda un episodio de Astérix, concretamente el titulado ‘El regalo del César’: Astérix se ha subido a una torre de asedio para espiar a los romanos; un legionario que lo descubre, grita “¡Hay un galo en la torre de asedio. Estamos asediados!”, a lo que el centurión responde “Calma, tenemos víveres para resistir mucho tiempo”.

Sea por miedo, por buscar una postura falsamente bondadosa, por cobardía o por un erróneo sentimiento de culpa, el ‘no a la guerra’ se antoja escasa defensa cuando estallan las bombas en la discoteca durante un concierto (el rock se ha convertido en uno de sus objetivos), en la estación o en la redacción de una revista. Y tal postura puede conducir al esperpento de que un solo terrorista ponga de rodillas a ciudades o países.

Ah!, y ¿por qué no llevan a Siria la pancarta y la manifa?  


CARLOS DEL RIEGO